Con la muerte a la espalda

Título original: Con la muerte a la espalda / Con la morte alle spale / Typhon sur Hambourg

Año: España, Italia, Francia (1967)

Director: Alfonso Balcázar

Productor: Italo Zingarelli

Guionistas: Alfonso Balcázar, José Antonio de la Loma, Giovanni Simonelli [sin acreditar en la versión española]

Fotografía: Víctor Monreal

Música: Claude Bolling

Intérpretes: George Martin (Gary), Vivi Bach (Monica), Daniele Vargas (EleKtra), Rosalba Neri (Silvana), Michel Montfort (Bill, agente del FBI), Ignazio Leone (Ivan, agente del KGB), Klaus Jürgen Wussow (Klaus), Gérard Landry (Comisionado), María Badmajew (Sra. Van Halen), Georges Chamarat (Profesor Roland), Robert Party (Coronel Randolph), Antonio Ho De Lima, Paola Natale, Juan Llusa, Lorenzo Robledo…

Sinopsis: Una organización criminal comandada por un tal Elektra ha descubierto un suero capaz de desatar la agresividad de todo aquél al que se le suministre. Enterados de la noticia, los gobiernos soviético y estadounidense deciden aunar esfuerzos para detener a tan peligrosa amenaza, ya que sospechan que la fórmula pueda ser vendida por Elektra a una tercera potencia. Para tal fin, contactan con un científico alemán que ha encontrado un antídoto para la droga. Sin embargo, el día pactado para la entrega de la pócima el científico es asesinado por los hombres de Elektra, mientras que su invento acaba en manos de un ladrón de guante blanco que cree haber robado un valioso cargamento de joyas. A partir de ese momento, el caco será perseguido sin tregua por agentes de la CIA, la KGB y Elektra.

Una de las reminiscencias más habituales del cine de superhéroes y supervillanos realizado en el viejo continente a mediados de los años sesenta fue el de las coetáneas cintas de euroespías. De esta corriente surgida a la estela de las primeras entregas cinematográficas de James Bond tomaría algunos de sus rasgos más característicos como pueden ser el sesgo de sus historias, sus ambientaciones exóticas y trotamundísticas, su ingenuo erotismo, o el tono socarrón de sus protagonistas. En esta tesitura, entraba pues dentro de lo lógico que esta influencia fuera recíproca, como bien demuestra la existencia de un título como Con la muerte a la espalda / Con la morte alle spale / Typhon sur Hambourg (1967), coproducción a tres bandas entre España, Italia y Francia dirigida por Alfonso Balcázar.

A grandes rasgos, Con la muerte a la espalda no difiere en demasía del modelo utilizado por el cine de euroespías. Su armazón argumental, o la pretendida semejanza de alguno de sus elementos con la aludida saga creada a partir de la obra de Ian Fleming, en este caso representado por un villano llamado Elektra en clara alusión a la bondiana Spektra, remiten de forma directa a las pautas bajo las que se solían desarrollar los también llamados seudo-bonds. Por el contrario, es en la configuración de su personaje principal donde el film se aparta del tono acostumbrado. El agente secreto de turno es aquí sustituido por un ladrón de guante blanco a lo Arsenio Lupin, más cercano por tanto en su conducta y características a Kriminal o Diabolik que a los diferentes sosias del infalible agente 007 que habitaron este subgénero.

George Martin flipándola en colores con la belleza de Rosalba Neri. No es para menos.

George Martin flipándola en colores con la belleza de Rosalba Neri. No es para menos.

Este cambio en el perfil de su personaje protagonista provoca asimismo que el esqueleto argumental de la cinta varíe sensiblemente. Si el rutinario esquema de esta clase de films solía narrar las diferentes andanzas de su espía titular para rescatar de las garras enemigas a un científico secuestrado o,  en su defecto, la revolucionaria invención de éste, en esta oportunidad el argumento cambia radicalmente de óptica al centrarse en las peripecias del protagonista por poner a salvo de sus diferentes perseguidores el antídoto de una droga capaz de producir una conducta agresiva en el individuo al que se le administre. Con ello, su trama reinterpreta varios de los lugares comunes del género, a la vez que brinda momentos tan impensables en un spionistico al uso como que su protagonista se dedique a ofrecer el macguffin de la historia a los distintos países y organizaciones interesados en hacerse con él.

En este mismo sentido es también digna de destacar la potenciación del tono ligero de la cinta, en especial durante un tercer cuarto más cercano a los terrenos de la comedia que al de cualquier otra cosa. Fruto de esta circunstancia es el ingrediente más reseñable del conjunto, la simpática relación establecida entre el agente del KGB y del FBI, dos enemigos naturales que deberán de aunar esfuerzos en pos del bien común. No obstante, dicha relación esta planteada no sin cierta ironía, tal y como ejemplifica el que ambos espías no logren aparcar sus diferencias personales e ideológicas, y se dediquen a interferir en el trabajo de su colega, olvidando que lo que está en juego es la seguridad del mundo. Una situación que, a su manera, viene a reflejar el clima de tensión que se vivía en aquella época,  cuando la supervivencia del planeta dependió, en buena medida, de lo cordiales que fueran las relaciones entre la URSS y los Estados Unidos.

Lo más curioso del caso es que toda esta serie de innovaciones argumentales chocan frontalmente con el tipo de narración adoptado por el cabeza visible del imperio Balcázar. Tanto, que no podría estar mejor escogido el título que da nombre a la cinta, ya que esta Con la muerte a la espalda[1] puede ser resumida sin mayores problemas como un interminable juego del gato y el ratón entre perseguidores y perseguidos. Así, todo el posible potencial de la propuesta es confiado a la continua concatenación de largas persecuciones automovilísticas y secuencias de acción con las que su actor protagonista, el español George Martin, pueda dar rienda suelta a sus antiguas habilidades gimnásticas. Sorprende pues en este contexto que dichas escenas se vean aquejadas por una pobretona puesta en escena, así como por un montaje atroz y entrecortado.

A buen seguro que en esta apuesta por la espectacularidad del film en perjuicio de una mayor complejidad narrativa tendría que ver, y mucho, el hecho de que fuera rodada en un sistema tridimensional “que si los espectadores alemanes pudieron apreciar en su integridad [los exteriores de la película están rodados en Hamburgo], no fue lo mismo en España debido a que los cines no disponían del equipo apropiado”[2]. De este modo, al mismo tiempo en que se erige en el punto álgido de las ambiciones comerciales de la mítica productora catalana Balcázar, Con la muerte a la espalda supone un claro precedente de la tendencia de cierta clase de películas actuales por todos conocidos en las que cualquier atisbo de calidad artística es sacrificado en busca del más hueco efectismo que puedan producir en el espectador las modernas tecnologías empleadas en su realización y/o visualización. Y es que lejos de evolucionar, lo único que ha hecho este tipo de cine cuatro décadas más tarde ha sido involucionar hasta límites insospechados.

José Luis Salvador Estébenez

¿"Con la muerte en los talones"? No, "Con la muerte a la espalda".

¿"Con la muerte en los talones"? No, "Con la muerte a la espalda".

[1] Como no es muy difícil de adivinar, el nombre de la película busca emparentarse sin demasiado disimulo con el título español del clásico Con la muerte en los talones (North by Northwest, 1959), situación subrayada por la aparición durante su clímax de un plano calcado al de la imagen más icónica del film de Alfred Hitchcock, aquella en la que un aeroplano perseguía en un campo de trigo a Cary Grant. Precisamente, el nombre del personaje protagonista de la historia, Gary, puede interpretarse como un juego de palabras a costa del nombre de pila y el apellido del recordado actor norteamericano. Por si fueran pocas las sincronías entre una y otra película, puede también añadirse el que en ambas la participación de su personaje protagonista en el grueso de la historia esté motivado por un equívoco.

[2] “Balcázar Producciones Cinematográficas. Más allá de Esplugas City” (Publicacions i edicions de la Universitat de Barcelona, Barcelona, 2005) de Rafael de España & Salvador Juan i Babot, pág. 65.

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4 comentariosDeja un comentario

  1. ¿Quién era George Martin?

  2. Quien es, que todavía vive. Pues anda que no hemos hablado veces de él… Era un gimnasta que se reconvirtió en especialista de cine por intermediación de Frank Braña, según me comentó éste último. Con el auge de las coproducciones tuvo el mérito de ser prácticamente el único español que llegó a protagonizar de forma regular westerns, spionisticos, y similares. La mayoría de ellos serían para los Balcázar de los que durante un tiempo fue algo así como su actor fetiche, pero también trabajaría para producciones netamente italianas.

    Más tarde, ya a principios de los setenta,se dedicó a producir y, en ocasiones, dirigir sus propios proyectos hasta que se caso con una rica norteamericana y se retiró a Miami donde actualmente posee una cadena hotelera de super lujo. Ah, y su nombre auténtico es Francisco Martínez Celeiro y en algunas de sus primeras películas como “La tumba del pistolero” se hacía llamar Jorge Martín. ¿Te vale así o quieres saber algo más? 😛

  3. Madre mía, sí que sabes del tal Jorge Martín. Me doy por satisfecho. ¿Cómo se llama la cadena de hoteles?

    • Si nunca vas a poder ir, ¿para qué quieres saberlo? 😛


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