Los espías matan en silencio

Título original: Los espías matan en silencio / Le spie uccidono in silenzio

Año: 1966 (España, Italia)

Director: Mario Caiano

Productor: Arturo Marcos

Guionistas: Mario Caiano [no acreditado en la versión española], Guido Malatesta [no acreditado en la versión española], David Moreno

Fotografía: Julio Ortas

Música: Francesco De Mas

Intérpretes: Lang Jeffries (Michael Drum), Emma Danieli (Grace Holt), Andrea Bosic (Rachid), Erika Blanc (Pamela Kohler), José Bódalo (Craig), Mario Lanfranchi, José Marco, Gaetano Quartararo, Enzo Consoli (Edward), María Badmajew, Ennio Balbo, Umberto Ceriani, Jesús Tordesillas (Prof. Roland Bergson), José Villasante…

Sinopsis: Un científico inglés que estudia un método para curar el cáncer recibe cartas anónimas en las que es amenazado de muerte si no abandona sus experimentos. Para continuar trabajando con seguridad, el profesor se traslada a Beirut con su hija, que es vigilada por Craig, un funcionario de la Embajada. Pero Jane es asesinada ante los ojos de Craig, de su novio, de la secretaria del padre y de Rashid, un amigo del profesor, mientras todos se encuentran en la piscina de un gran hotel. Para indagar la muerte de Jane y proteger la vida del profesor es enviado desde Inglaterra un agente de los servicios secretos de Su Majestad.

Aunque a día de hoy pueda antojarse como un fenómeno hasta cierto punto sorprendente debido al perpetuo clima de tensión política y religiosa que en la actualidad asola esta parte del planeta, lo cierto es que durante la mitad de los años sesenta Oriente Próximo llegó a convertirse en uno de los focos productivos más importantes del cine europeo. De entre los distintos países que conforman esta región sería El Líbano, y más concretamente su capital, Beirut, la que detentaría el oficioso título de meca del cine del viejo continente, convirtiéndose en una especie de equivalente de Almería en el mundo árabe en la que se llevaría a cabo títulos como Crucero de verano (1964) de Luis Lucia, Flashman contra el hombre invisible (Flashman / Flashman contre les hommes invisibles, 1967) de Mino Loy, El código de los inmorales (Only When I Larf, 1968) de Basil Dearden o Los cuatro budas de Kriminal / Il marchio di Kriminal (1968) de Fernando Cerchio & Nando Cicero, entre algunos otros.

No obstante, sería el subgénero popularmente conocido como de pseudo-bonds o euroespías el que más contribuiría a esta situación merced a su eterna búsqueda de localizaciones exóticas en las que ambientar sus propuestas. Al menos media docena de películas de estas características albergarían total o parcialmente sus rodajes en las calles de la ciudad sudasiática, siendo mayoría aquellas que contaban con participación italiana. Tal sería el caso de Espías en Beirut [tv: Los espías matan en Beirut](Le spie uccidono a Beirut / Les espions meurent a Beyrouth, 1965) de Luciano Martino, Agente 505, muerte en Beirut (Agent 505 – Todesfalle Beirut / La trappola scatta a Beyrut / Baroud á Beyrotuh pour F.B.I. 505, 1966) de Manfred R. Köhler, El hombre del golpe perfecto / L’uomo del colpo perfetto (1967) de Aldo Florio o Los espías matan en silencio / Le spie uccidono in silenzio (1966), coproducción con España dirigida por el todoterreno Mario Caiano.

Como la inmensa mayoría de títulos encuadrados dentro de este estilo, el argumento de Los espías matan en silencio no va más allá del mero conglomerado de lugares comunes del subgénero. En este caso, su mayor rasgo distintivo reside en la configuración de su villano principal, una especie de Doctor Mabuse llamado Rachid que planea ejercer una dictadura total en el mundo una vez se haya erigido en su dueño y señor. Para ello, en lugar de los poderes hipnóticos y telepáticos utilizados por el personaje creado por el novelista Norbert Jacques, nuestro megalómano genio del mal se sirve de una especie de droga que convierte en un autómata a su servicio a todo aquel al que se le administre, en espera de perfeccionar la que será su arma definitiva: un rayo de análogas propiedades pero mayor eficacia, capaz de ser utilizado sobre poblaciones enteras sin mayores dificultades.

Pero si el fin último perseguido por las actividades criminales emprendidas por el tal Rachid resulta meridianamente claro, más difícil es discernir el porqué de sus pasos intermedios para alcanzar dicho objetivo. Y es que poca relación puede buscarse entre sus planes de dominación mundial con la serie de asesinatos de eminentes científicos llevados a cabo por su organización que sirven de desencadenantes al grueso de la narración de la película. Puestos a buscarles alguna lógica, es de suponer que éstos responden a un intento de su autor intelectual de eliminar a todos aquellos cuyo entendimiento pudiera poner en entredicho el poderío de su ciencia, si bien este punto nunca llegue a ser aclarado en ningún momento de la cinta. Tan incongruente detalle no es el único de tal naturaleza que se da cita a lo largo de un guión en cuya redacción intervino Guido Malatesta, lo que, conociendo sus antecedentes, bien podría justificar la inconsistencia de la que hace gala el libreto en cuestión. Ahí tenemos la extraña evolución experimentada por el personaje interpretado por José Bódalo, que de ser presentado como un inspector de policía agregado a la embajada británica que recela de la intervención de un agente secreto en el caso que él investiga, pasará en el último tramo del film a tener línea directa con el jefe de los servicios secretos de su gobierno, sin que se sepa ni el cómo ni el porqué de este cambio.

Por lo demás, el resto de la película transita sin mayores sorpresas por los cauces acostumbrados en este tipo de productos, si bien se perciba un mayor interés narrativo por parte de sus responsables en desarrollar la intriga detectivesca que sustenta su trama en detrimento de la consabida concatenación de escenas de acción y relaciones amorosas a cargo de su espía protagonista. Consecuencia de esta decisión es el que dicho personaje se encuentre algo alejado del perfil que solía ser habitual en el resto de sosias de James Bond que poblaron el género, al carecer de su exagerado apetito sexual y marcada socarronería. Y ello, a pesar de que el actor encargado de darle vida en la pantalla, el canadiense Lang Jeffries, fuera uno de los más contumaces especialistas en este tipo de papeles, como atestigua su participación en títulos como Agente X 1-7: Operación Océano (Agente X 1-7 operazione Oceano, 1965) de Tanio Boccia, Z-7 Operación Rembrandt / Rembrandt 7 antwortet nicht… / Marc Donen agente Z7 (1966) de Giancarlo Romitelli, Nuestro agente en Casablanca / Il nostro agente a Casablanca (1966) de Tulio Demicheli o Entre las redes / Moresque: obiettivo alucinante / Coplan ouvre le feu à Mexico (1967) de Riccardo Freda.

Junto a estas ligeras variaciones con respecto al usual esquema empleado en la práctica totalidad de pseudo-bonds, el otro aspecto destacable de Los espías matan en silencio está en ciertos aspectos relacionados con la convencional puesta en escena de Mario Caiano. Por un lado, la idea de que los alienados compinches de Rachid sean reconocibles por usar gafas de sol tras las que evitan ser descubiertos por su mirada perdida. Y, por otro, por los ramalazos expresionistas de la escena en la que el protagonista se encuentra maniatado a una silla en la guarida de su antagonista, tanto por esos primeros planos de ojos gigantescos y vigilantes, como por la propia escenografía de la estancia.

José Luis Salvador Estébenez

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2 comentariosDeja un comentario

  1. Se emitirá esta noche en el Canal “Somos”, a las 21, 30 horas…..

  2. […] de tiros y king fu con Kinski piniendo cara de circunstancias ya en 1973) espías a la moda (Los espías matan en silencio, 1966), atracos perfectos al punto (El gran golpe de Niza, 1967)…en el 65 deja una […]


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