El jorobado de la morgue

Título original: El jorobado de la morgue

Año: 1973 (España)

Director: Javier Aguirre

Productora: Eva Films

Guionistas: Jacinto Molina, Javier Aguirre, Alberto S. Insúa, según un argumento de Jacinto Molina

Fotografía: Raúl Pérez Cubero

Música: Carmelo A. Bernaola

Intérpretes: Paul Naschy [Jacinto Molina] (Wolfgang Gotho), Rosanna Yanni (Elke), Víctor Alcázar [Víctor Barrera] (Tauchner), Helen Harp [María Elena Arpón] (Ilsa), Maria Perschy (Frieda), Alberto Dalbés (doctor Orla), Manuel de Blas (inspector de policía), Antonio Pica, Joaquín Rodríguez ‘Kinito’, Adolfo Thous, Ángel Menéndez, Antonio Mayans, Fernando Sotuela, José Luis Chinchilla, Francisco Javier Martín ‘Blaki’…

Sinopsis: Gotho es un jorobado que sirve en el depósito de un hospital. Allí convalece una lánguida y hermosa muchacha, enferma terminal, que es la única que se compadece del hombre, y de la cual se enamorará. Cuando la chica, finalmente, fallece, el jorobado solicita a un científico que le devuelva la vida. El doctor accede, en apariencia, con el fin de servirse de la ayuda de Gotho para sus pérfidos fines, que no son sino crear un ser vivo…

Texto de Carlos Díaz Maroto:

El jorobado de la morgue es una muy sórdida película, sucia, amoral, de aire salvaje y primitivo, y una de las cintas de atmósfera necrófila más acentuadas que existe. Paul Naschy, en su personalidad de guionista con su verdadero nombre, Jacinto Molina, es un gran amante del pastiche, y en la presente cinta no se olvida de jugar con ello. Su Gotho es una suerte de mezcla entre el Quasimodo de El jorobado de Notre Dame/El jorobado de Nuestra Señora de París (The Hunchback of Notre Dame, 1923), encarnado por Lon Chaney Sr., y el Fritz de El doctor Frankenstein (Frankenstein, 1932), a quien daba vida Dwight Frye y que, en cierto modo, fue padre de otros muchos personajes similares. Del primero toma la figura del ser desvalido y humillado por los que se consideran “normales” y superiores, del segundo el recurso de ayudante deforme del mad doctor de turno, en este caso el doctor Orla (agradecido guiño al relato del gran Guy de Maupassant) al que da vida Alberto Dalbés con simpática complicidad, otro personaje que hará uso del pobre Gotho…; pues no es éste el monstruo de la película, sino los demás diríase, salvo las féminas compasivas y complacientes para con el jorobado.

El científico loco referido es requerido por Gotho para devolver la vida a su amada, mas el doctor aprovecha a éste para proveerse de los cuerpos que precisa para sus experimentos, que no son otros sino crear vida a partir de la muerte, es decir, como el mismo doctor Frankenstein en las cintas de la Universal. Sin embargo, el doctor dará a luz a algo que es más que vivo: en un nuevo guiño de Naschy, Orla referirá que el ente que ha originado es un Primordial tal como es citado en el blasfemo e impío Necronomicon.

La consecuencia es un agradecido film de género que podría proceder de uno de esos bolsilibros que por la misma época escribían autores como Curtis Garland o Clark Carrados, con unas interpretaciones, en general, superiores a la media del cine de esta índole que ofrecía nuestra industria. La dirección se debe a Javier Aguirre, que alternaba cine experimental -el anti-cine, como él mismo lo denominaba- con productos comerciales -amén de las dos con Paul, Aguirre es responsable de títulos de nuestro cine como Soltera y madre en la vida (1969), El astronauta (1970), El insólito embarazo de los Martínez (1974), Rocky Carambola (1981) o En busca del huevo perdido (1982)-; en esta ocasión, muestra un estilo algo desmañado, salvaje, que va muy bien al talante psicotrónico y descontrolado de la historia. En el lado negativo resalta una música de lo más inadecuada por parte de Carmelo Bernaola, en especial durante los títulos de crédito iniciales; quizás por estar ambientada la cinta en Alemania, la melodía que salpica los créditos parece más propia para un documental sobre la Fiesta de la Cerveza que para una cinta de horror.

Con todo, el resultado es una cinta malsana, insalubre, putrefacta y retorcida, de un modo mucho más logrado, que ataca más a la superficie y al fondo, que productos más actuales nacidos con la intención de provocar como la saga Nekromantic, nacida, precisamente, en Alemania.

Texto de Adrián Sánchez:

Guardo no poco cariño a El jorobado de la morgue que Javier Aguirre dirigiera en 1972 (casi en dupla con El gran amor del Conde Drácula) y que me resulta uno de los films más disfrutables de entre la filmografía de nuestro ya legendario (ya se sabe que hay que imprimir la leyenda) Paul Naschy, como (casi) siempre antihéroe trágico que arrastra la maldición de una deformidad que lo margina, aunque en su interior oculte un corazón tan blanco.

En este caso un desdichado jorobado manipulado por un científico “a la Frankenstein”, un prócer de la comunidad que es en realidad un monstruo sin escrúpulos enfrascado en un descabellado proyecto que dará como resultado el nacimiento de un viscoso ser preternatural, una aberración lovecraftiana (el film comete el imperdonable error de mostrarlo, cuando en este caso el horror de lo que no se ve no solo resulta insuperable sino directamente recomendable por las penurias presupuestarias) necesitada de alimento humano, y si son jovencitas reventonas, mejor.

Está dirigida con cierto gusto y deja  elegantes soluciones visuales como la transición que hermana una rosa sobre el pecho de Ilsa ( la enferma platónicamente amada por nuestro anti-héroe) recién fallecida con el ramo que Gotho deposita sobre la mesa de la morgue y cuenta con algún destacable acierto atmosférico y tétrico como el cadáver  de la joven medio comido y cubierto de ratas y es que Gotho guarda celosamente la adorada carcasa de la muchacha en un gesto de arrebatada necrofilia y con la esperanza de que el mad doctor la resucite o al menos eso es lo que le han prometido, además Aguirre lanza la celebérrima y verdaderamente espantosa imagen de ese dúo de desfigurados atados espalda contra espalda y ofrece una (otra) magnífica caracterización de un muy sentido Naschy (que pese a la chepa no se priva de seducir a una fetichista Rosanna Yanni) que logra transmitir la bondad obtusa y el sufrimiento frustrado del personaje con otra de sus expresionistas interpretaciones, ocupándose el habitual característico argentino Alberto Dalbés del maléfico doctor con más bien poca prestancia y aire mundano,  reservando una intervención secundaria para la siempre bienvenida María Perschy .

Además hacen acto de presencia algunos de los estilemas más interesantes del autor como el enfrentamiento entre ciencia y mito con la genial idea de colocar el laboratorio en una bóveda repleta de objetos de tortura de la inquisición, oculto bajo las catacumbas, explícito hermanamiento/paralelismo entre horrores del pasado y del presente a la luz del discurso naschyano sobre los peligros de la ciencia, representando las ansias de control y enfrentado a “lo natural”, un discurso estupendamente analizado por Jesús Parrado en el número que la imprescindible revista Quatermass dedicó al fantaterror español en el 2002. Así y todo no es que sea una buena película, aunque sea divertidísima, el guión es pura incongruencia y el pastiche acaba por chirriar de puro saturado (con la no siempre bien entendida querencia del Naschy guionista hacia la erudición, y es que aquí se agitan guiños a Burke y Hare, citas a Maupassant, ambientes dignos de la “EC”…) las actuaciones son risibles en la mayoría de los casos, la ambientación obliga a hacer un esfuerzo de abstracción agotador y el comienzo bordea la vergüenza ajena, pero por otra parte desborda convencimiento, amor por el género y devoción de artesano voluntarioso, que no es poco precisamente y que fue uno de los valores genuinos del terror de pipas.

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12 comentariosDeja un comentario

  1. Pues como Adrian, yo también guardo un gran cariño a “El jorobado de la morgue”. En mi caso sentimental, al ser en gran medida es la artífice de que me interesara el universo naschyano tras su visionado en “Versión española”. Pero al contrario que a él, el pastiche en que es convertido su guion me parece sumamente atrayente por la manera en que juega con fuentes tan distintas – a las ya comentadas en ambas reseñas también podría añadírsele la mas que evidente influencia de “Frankenstein creó a la mujer” -, sin que el producto final se resienta en su lógica interna.
    En fin, que no exagero si digo que, en mi opinión, se tata de una de las películas mas logradas de Naschy y la que probablemente mejor canalice sus habituales discursos y obsesiones. Además, resulta de lo más audaz el modo en que aborda temas tan escabrosos para la época en que fue hecha como la necrofilia o esa relación basada en el más mórbido fetichismo entre Naschy y Rosana Yanni. En el lado negativo, lo único que le veo es quizás se le vaya la mano en la carga melodramática durante su arranque, secundada encima por la horrorosa y anti climática banda sonora de Bernaola que comenta Carlos.

    • Lo que pasa con las referencias es que está puestas por poner, algo que solía hacer el autor. Efectivamente no torpedean el relato, principalmente porque no influyen, ni para bien, ni para mal.
      Lo que más me seduce de la película es su aire a lo tebeo de la EC, al ambiénte tétrico en todos los órdenes (dramático, escenográfico…) y que el amor por el género que respira está compartido. No solo es Naschy el que pone cariño, sino también el director y eso, por desgracia pasó muy pocas veces con sus películas, pese a ser esta característica la que, en último término, las redime de sus penurias.

  2. Pues sí, ahora que lo dices, sí tiene un aire a cómic de la EC.

  3. Otro que le resulta muy simpático este film, quizá por ese aire a comic EC que ya se ha mencionado aquí sobradamente, porque por lo demás tampoco considero que sea mucho mejor que otras del universo Naschy. Eso sí, nunca he entendido la buena fama de la interpretación de Naschy en el film a no ser por el prestigio que supone ganar el premio en París y que la falta de carisma de Alberto Dalbés potenciara la presencia del insuficiente Naschy. Las féminas son, como casi siempre, las que proporcionan mayores alegrías en el film.

  4. […] unas semanas acompañé a Carlos Díaz Maroto con un texto ya aparecido aquí sobre La entrañable El jorobado de la Morgue y ahora me toca pencar con uno de sus trabajos menos vistos (y con razón), el bodrio con […]

  5. […] No es pues extraño que dicho rol arroje tal cúmulo de semejanzas con el Gotho que protagonizara El jorobado de la morgue (1972); dos seres marginados de la sociedad por sus taras físicas y/o mentales y su siniestra […]

  6. […] Javier Aguirre, director de dos títulos de la importancia dentro de la filmografía naschyana como El jorobado de la morgue y El gran amor del Conde Drácula, pero cuya participación en el montaje final se limita a unas […]

  7. […] de Cine Fantástico de París, donde concedieron a Naschy el Premio al Mejor Actor por El jorobado de la Morgue (un encuentro documentado en el libro Paul Naschy. La máscara de Jacinto Molina, escrito por […]

  8. […] le seguirá un programa doble compuesto por dos de los más emblemáticos títulos de Naschy: El jorobado de la morgue  (1973) de Javier Aguierre a las 20.15 h y El espanto surge de la tumba (1973) de Carlos Aured a las […]

  9. […] con el que también colaboraría de forma asidua sería Paul Naschy, junto al que interpretaría El jorobado de la Morgue, La rebelión de las muertas y Los ojos azules de la muñeca rota. A modo de curiosidad, cabe […]

  10. […] de fotos de los films ¿Quién puede matar a un niño?, El buque maldito, La semana del asesino o El jorobado de la morgue. Todo aquello despertó una pasión que, a día de hoy, […]

  11. […] se limita al film de Ossorio, sino que la encontramos en títulos tales como Necronomicon (1967), El jorobado de la morgue (1972) o La mansión de Cthulhu […]


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