Zombi holocausto

Título original: Zombi Holocaust

Año: 1980 (Italia)

Director: Marino Girolami [acreditado como Frank Martin]

Productores: Gianfranco Couyoumdjian, Fabrizio De Angelis

Guionistas: Fabrizio De Angelis, Marino Girolami, Romano Scandariato

Fotografía: Fausto Zuccoli

Música: Nico Fidenco

Intérpretes: Ian McCulloch (Dr. Peter Chandler), Alexandra Delli Colli (Lori Ridgeway), Sherry Buchanan (Susan Kelly), Peter O’Neal (George Harper), Donald O’Brien (Dr. Obrero), Dakar (Molotto), Walter Patriarca (Dr. Dreylock), Linda Fumis, Roberto Resta, Franco Ukmar, Giovanni Ukmar, Angelo Ragusa, Romano Scandariato (Experto en antropología)…

Sinopsis: Una serie de misteriosos acontecimientos se están sucediendo en un hospital de Nueva York; alguien se está dedicando a mutilar los cuerpos que permanecen en el depósito de cadáveres. Fortuitamente, se descubre que su responsable es un enfermero del centro que pertenece a una especie de secta dedicada al canibalismo. Con el fin de aclarar éste y otros casos de similares características acaecidos recientemente en la metrópolis, un grupo formado por una antropóloga, dos miembros del Ministerio de Sanidad y una periodista parten hacia la lejana isla de donde parecen proceder todos los integrantes de la secta de antropófagos…

Hacia comienzos de los años ochenta el cine de terror italiano se encontraba dominado por dos grandes corrientes. Por un lado, el cine de temática zombi, fenómeno surgido a raíz de la producción de Dario Argento Zombi (Dawn of the Dead, 1978) de George Romero. Y, por otro, las películas de caníbales, vertiente ficcionada del amarillista mondo inaugurada por Umberto Lenzi en 1972 con El país del sexo salvaje (El paese del sesso selvaggio). En este contexto, y teniendo en cuenta tanto el eminente espíritu exploiter que por entonces imperaba en la industria trasalpina como los muchos puntos en común existentes entre sus personajes principales, el que ambos subgéneros acabarán confluyendo era sólo cuestión de tiempo.

Y la verdad es que no fueron pocos los proyectos que llevaron a cabo dicha mezcolanza. Pero el que quizás lo hizo de una forma más clara fue Zombi Holocausto (Zombi Holocaust, 1980), film con el que los productores Gianfranco Couyoumdjian y Fabrizio De Angelis trataban de repetir el éxito obtenido una temporada antes con la mítica Nueva York bajo el terror de los zombis (Zombi 2, 1979) de Lucio Fulci. Tanto es así, que el principal espejo en el que se miraría su propuesta sería el de la película de Fulci, con la que compartiría actores[1], localizaciones e incluso un esqueleto narrativo de lo más parecido[2]. De nuevo la investigación de una serie de sanguinolentos asesinatos sucedidos en Nueva York será el detonante que lleve a los protagonistas hasta un exótico y recóndito paraje en el que descubrirán el origen del mal que asola a la metrópolis.

Sobre esta base, la película va añadiendo diversos ingredientes extraídos de algunos de los más populares ejemplos que el cine de caníbales había dado hasta la fecha. De entre ellas, ninguna tan emblemática como Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust, 1979), película de la que, más allá de su pretensión de emparentarse con ella a través de su título, toma el personaje de la periodista que no mostrará ningún tipo de escrúpulos a la hora de realizar su trabajo, si bien no está de más recordar que un rol muy similar ya se daba en la referida Nueva York bajo el terror de los zombis. Junto a la polémica cinta de Deodato, otros films cuya influencia se deja notar a lo largo del metraje son Emanuelle e gli ultimi cannibali (1977) de Joe D’Amato, una anterior producción sobre el tema de Couyoumdjian de la que, entre otros elementos, hereda parte de la banda sonora compuesta por Nico Fidenco[3], y La montaña del dios caníbal (La montagna del dio cannibale, 1978) de Sergio Martino, presente a través de varias ideas argumentales, la más importante de las cuales es aquella de que su protagonista femenina sea tomada por una especie de deidad por la tribu de caníbales.

Pero esta posible reminiscencia de la obra de Martino sobre el título que nos ocupa no es un hecho aislado, sino que también se hace extensible a otra película del director de Vicios prohibidos lindante con las aventuras selváticas como es La isla de los hombres peces (La isola degli uomini pesce, 1979), y más concretamente a una de sus más que presumibles fuentes de inspiración: La isla del doctor Moreau de H. G. Wells. Al igual que en la novela, el papel negativo de la historia recae en un enloquecido mad doctor cuyos experimentos le han llevado a crear una nueva raza de mutantes. Pero en lugar de los hombres-bestia imaginados por el escritor británico, en este caso se trata de una especie de muertos vivientes cuyas características, dicho sea de paso, se encuentran en sintonía con la mitología clásica del zombi; en lugar de devoradores de carne humana al estilo romeriano, son una especie de esclavos de ultratumba al servicio de un amo que, paradójicamente, es bautizado en la versión original como Doctor Obrero[4].

Como no podía ser de otra forma, dicho pastiche argumental acaba por provocar que la trama resultante no tenga ni pies ni cabeza. Muchas de las acciones que se van dando cita en su argumento no parecen guardar mayor causa-efecto que la de hacer progresar la narración del modo que sea. Así, a medida que avanza, su guión va abriendo diferentes subtramas que, una vez han cumplido su prefijado papel para con la historia, son abandonadas a su suerte sin procurarles si quiera una mínima resolución. Buena muestra del grado de ingenuidad e incoherencia al que llega la cinta son detalles como que en un momento determinado la sola presencia de los zombis haga huir a los caníbales que se encuentran atacando al grupo protagonista. Una reacción de lo más ilógica si, como se dice más tarde, los indígenas se han prestado voluntarios a las experimentaciones del mad doctor ante la promesa de lograr así prolongar su vida más allá de los límites naturales.

No obstante, reconsiderando los referentes que maneja la cinta, está claro que las intenciones de sus responsables no eran tanto las de articular una historia coherente como las de hacer del efectismo más descarnado la auténtica razón de ser de su propuesta. Algo que queda ya de manifiesto desde su propio arranque, en el que con todo lujo de detalles se muestra como un misterioso individuo secciona la mano de un cadáver. Este es el pistoletazo de salida para un auténtico carrusel de gore que incluye evisceraciones, trepanaciones, empalamientos y demás lindezas entre las que, al menos, no hay cabida para la inclusión de escenas de violencia real contra animales como, por desgracia, solía ser tan habitual en este tipo de productos.  Lo más sorprendente del caso a la vista de tales planteamientos es el total distanciamiento con que estas secuencias están planificadas por parte de su director, un veterano Marino Girolami que no parece creerse en ningún momento nada de lo que está plasmando. De este modo, instantes pensados para impresionar o repugnar por sus dosis de truculencia no consiguen alcanzar su objetivo debido a la evidente artificiosidad de la que adolece su ejecución.

Tal vez por ello sus resultados no acabaran de satisfacer a la práctica totalidad de los profesionales que intervinieron en su rodaje. Ni a Fabrizio De Angelis, el cual afirmaría que Zombi Holocausto “contaba con los medios para haber sido mejor”[5]; ni a Maurizio Trani, uno de sus técnicos de efectos especiales cuyas quejas irían dirigidas al poco provecho que de sus trucajes hiciera Girolami en comparación con como los habría empleado Fulci; ni al propio Girolami, quien años después llegaría al extremo de repudiar el fruto de su trabajo.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Tanto el escocés Ian McCulloch como el actor de color Dakar repiten unos roles muy similares a los que ya desempeñaran en Nueva York bajo el terror de los zombis. El primero como actor protagonista con un personaje que, curiosamente, vuelve a responder al nombre de Peter, y el segundo como asistente del científico de turno.

[2] Significativamente, uno de los numerosos títulos por el que la película es conocida en Estados Unidos es el de Zombie 3.

[3] Esta partitura sería sustituida en la versión norteamericana, conocida como Dr. Butcher M.D., por otra a cargo de Walter E. Sear. Otros cambios reseñables de dicho remontaje sería la inclusión de un prólogo formado por material proveniente del proyecto inacabado de Roy Frumkes Tales That”ll Tear your Heart Apart en el que se ve a un zombi levantarse de su tumba y deambular por entre las lápidas de un cementerio.

[4] En la comentada versión estadounidense se renombraría al doctor de forma más gráfica como Dr. Butcher, lo que se puede traducir como Dr. Carnicero o Dr. Asesino.

[5] Declaraciones extraídas de la entrevista a De Angelis aparecida en el libro Spaghetti Nightmares de Luca M. Palmerini y Gaetano Mistretta, según la traducción al castellano aparecida en “El extraño vicio del Dr. Hichcock” (http://stranovizio.blogspot.com/2007/04/entrevista-fabrizio-de-angelis.html)

Trailers de la versión original y de la estadounidense:

6 comentarios en “Zombi holocausto

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