El asesino está entre los trece

Título original: El asesino está entre los trece

Año: 1973 (España)

Director: Javier Aguirre

Productor: José Antonio Cascales

Guionistas: Javier Aguirre, Alberto S. Insúa

Fotografía: Francisco Fraile

Música: Alfonso Santiesteban

Intérpretes: Patty Sheppard (Lisa Mandel), Simón Andreu (Harry Stephen), Trini Alonso (Bertha), Dyanik Zurakowska (Srta. Hoven), José María Prada (Jorge), Jack Taylor (Harlan), Eduardo Calvo (Guillermo), May Heatherly (Sylvia Martin), Eusebio Poncela (Francis), Carmen Maura (Esposa de Guillermo), Alberto Fernández (Jorge), Ramiro Oliveiros (Henry), Paul Naschy (chofer), Blaky (jardinero)…

Sinopsis: Una joven y atractiva viuda reúne en su aislada casa de campo a un grupo de doce invitados entre los que supuestamente, se encuentra el asesino de su esposo recientemente fallecido, sucediéndose enseguida las muertes de varios de los invitados…

Tras El jorobado de la morgue y El gran amor del Conde Drácula, El asesino está entre los trece supuso la tercera y última colaboración entre Javier Aguirre y Paul Naschy y, con diferencia, la menos lograda de todas.

Se trata de una cinta de suspense, rodada en 1973, año en el que el giallo, tras los recientes éxitos de Darío Argento, está en pleno apogeo, llenando las pantallas europeas de películas con títulos difíciles de recordar que aportan a los viejos esquemas del cine de suspense unas dosis de sexo, sordidez y violencia inauditas para los espectadores de la época[1].

El éxito del giallo, como ya había ocurrido con el spaghetti western, sirvió para insuflar nueva vida a un viejo género y ofreció a los avispados productores italianos, tras el peplum, el spionistico o el propio spaghetti western, la enésima fórmula con la que inundar el mercado de productos miméticos, en los que se repetían esquemas argumentales y que como suele ocurrir en estos casos, generaron un star system propio. Sin embargo, mientras que el spaghetti western o el spionistico sacudieron con fuerza la industria cinematográfica nacional, el giallo fue un fenómeno casi exclusivamente italiano, y fueron pocos los productores y directores españoles que apostaron por este sub-género durante sus años de esplendor.

El asesino está entre los trece, en principio, podría considerarse uno de esos escasísimos gialli españoles, en cuanto que se trata de una trama criminal que sigue el clásico esquema de “Diez negritos” de Ágata Christie mientras que el título, por su parte, nos remite a los denominados gialli numéricos como Seis mujeres para el asesino o Cinco muñecas para la luna de agosto. Igualmente, tampoco falta el emblemático asesino de los guantes negros, icono del género. Sin embargo, mientras que los productos italianos de la época, incluso los menos brillantes, tenían una clara vocación estética que se manifestada en el diseño de producción, la planificación de los crímenes o la fotografía, Aguirre no supo – o no quiso – reproducir estos patrones, y el resultado final, desde un punto de vista formal, se muestra plano y lineal, lejos de los coloridos resultados de la mayoría de sus contemporáneos transalpinos.

Tampoco ofrece la cinta demasiados alicientes desde el punto de vista argumental pues como ya hemos indicado, estamos ante una situación prototípica del género, el clásico “whodunit” de personajes atrapados con un asesino[2]. Así, el argumento mantiene un cierto interés durante los primeros treinta minutos. Más o menos el tiempo que tarda Aguirre en plantear la trama y en esbozar los diversos personajes. A partir de ahí, todo empieza a flojear y la película se convierte en una serie de subtramas que intentan explicar, de manera fallida, las relaciones entre los invitados y sus posibles motivaciones criminales, todo ello aderezado con unos pocos asesinatos que apenas logran mantener la atención del espectador.

Sorprende este pobre resultado pues aparentemente, estamos ante un proyecto personal de Aguirre, también autor del guión junto con su colaborador habitual Alberto S. Insúa, que ya había demostrado ser un director de talento capaz de sacar adelante con éxito productos similares como El jorobado de la morgue y El gran amor del Conde Drácula. Aunque la causa, pudo deberse a la apretada agenda de rodaje a la que Aguirre ha hecho referencia en alguna ocasión[3].

Por su parte, Naschy se unió al proyecto tras recibir la petición personal del propio Javier Aguirre y todo apunta a que su personaje, que desaparece súbitamente a mitad de la historia para reaparecer brevemente durante el tramo final, originariamente pudo tener un mayor peso en la trama. Y es que su participación en la película se vio condicionada por la concesión del premio Georges Méliès en Paris, que le obligó a ausentarse del rodaje durante algunos días [4].

Finalmente hay que destacar el heterogéneo elenco de actores, un auténtico quien es quien del cinema bis entre los que destacan el inquietante Eusebio Poncela, la hermosa y distante Patty Shepard y un soberbio Eduardo Calvo cuya actuación le valió el Premio al Mejor Actor de Reparto del Sindicado Nacional del Espectáculo[5].

Por cierto, la clave de todo, al igual que en Una libélula para cada muerto, está en un botón.

David Díez Ramos

[1] En los años inmediatamente anteriores a la producción de El asesino está entre los trece se produjeron algunos de los gialli más representativos del género cómo La bestia mata a sangre fría (1971) de Fernando di Leo, Una mariposa con las alas ensangrentadas (1971) de Duccio Tessari, El gato de las nueve colas (1971) de Dario Argento o ¿Qué habéis hecho con Solange? de Máximo Dallamano.

[2] Aguirre, en la entrevista realizada por Antonio Gregori para su espectacular “El cine español según sus directores”, publicado por Cátedra, reconoció esta circunstancia señalando: “…la hice consciente de que estaba realizando el gran tópico de la película de suspense. Esa vieja cuestión de preguntar: ¿Quién es el asesino? ¿El mayordomo?” (Pág. 668).

[3] Según declaró Aguirre a Antonio Gregori El asesino está entre los trece es “una película en la que había que tener al equipo muy contento, porque, si yo quería hacerla en el tiempo que dije, tal cosa no era posible sin una entrega del equipo y sin unas horas de más que los productores nunca quieren pagar” (Pág. 668). Este comentario, se puede encuadrar en una visión más amplia que el propio director dio al fanzine Flashback sobre el acercamiento de los productores españoles al cine de terror: “… todo el montaje del cine español era absurdo, pues el productor español ponía una cantidad de dinero y la quería de inmediato duplicada, y si ve alguna dificultad, no se lanza. Como esto coincide con el boom de las películas de terror, y como por otro lado las películas españolas de este género se venden – aunque sea a precios muy bajos –, la única posibilidad que había era hacer cine de terror pero barato” (Flashback Nº 3 Otoño 1994, pág. 118). En cualquier caso, Aguirre quedó satisfecho con la película y en la obra de Gregori citada, la define como “entretenida” (Pág. 668).

[4] La espantada de Naschy, según ha comentado Miguel Ángel Agudo en “Paul Naschy. La máscara de Jacinto Molina”, molestó a Aguirre (Pág. 162) y Angel Gómez, confirmó en la ficha de la película incluida en esta obra que su participación finalmente se limitó a una semana de rodaje (Pág. 357).

[5] Cuando May Heatherly fue preguntada en el blog El Extraño Vicio del Doctor Hichcock sobre tan increíble reparto se limitó a comentar “Siempre volvías a encontrarte con la misma gente… El cine de entonces era bastante pequeño” (http://stranovizio.blogspot.com/2007/09/el-doctor-hichcock-se-enorgullece-de.html).

4 comentarios en “El asesino está entre los trece

  1. Muy buena reseña, aunque mi valoración de la película sea más positiva. Sin ser una maravilla, al menos si que resulta bastante entretenida; entre otras cosas, por la auto-conciencia de tratarse un producto rutinario, algo fácilmente detectable tanto en las aludidas declaraciones de Aguirre, como en otros detalles como la identidad del asesino o que los crímenes se sucedan a pares. Unos crímenes que, dicho sea de paso, están en consonancia con el estilo del fantaterror hispano dada su brutalidad – hachazos en la frente, roturas de cráneo con llaves inglesas…-, y que se antoja en las antípodas de la estilización habitual para este tipo de escenas del giallo italiano.

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