El mariscal del infierno

Título original: El mariscal del infierno / Los poseídos de Satán

Año: 1974 (España, Argentina)

Director: León Klimovsky

Productores: José Antonio Pérez Giner, Néstor Gaffet

Guionista: Jacinto Molina

Fotografía: Francisco Sánchez

Música: Carlos Vizziello

Intérpretes: Paul Naschy (Gilles de Lancré), Guillermo Bredeston (Gaston de Malebranche), Norma Sebre (Georgelle), Mariano Vidal Molina (Sillé), Graciela Nilson (Graciela), Eduardo Calvo (Simón de Braqueville), Luis Induni (Paul), José Luis Chinchilla (Daniel)…

Sinopsis: Gastón de Malebranche, noble militar galo, regresa tras varios años de cautiverio para descubrir que su antiguo compañero de armas, el Varón Gilles de Lancre, repudiado por el Rey de Francia y obsesionado con la alquimia y los ritos satánicos, ha instaurado en su región natal un reinado de sangre y de terror.

Gilles de Rais, el mariscal del infierno. Una figura a mitad de camino entre los héroes del Panteón de Paris y La historia universal de la infamia de Borges. Un icono o más, una obsesión para Paul Naschy, que tal vez viera en la poliédrica personalidad del (in)noble francés un reflejo de sí mismo. Héroe y villano.

Fueron tres las películas que de un modo u otro, nuestro añorado hombre lobo dedicó a Gilles de Rais e innumerables las referencias que se encuentran a lo largo de toda su obra[1]. Es precisamente por esto por lo que sorprende que a la hora de la verdad, cuando Naschy tuvo la posibilidad de afrontar un biopic sobre tan controvertida figura, desechara el enfoque fantástico a favor de un tono más cercano a los clásicos del cine de aventuras, y en particular a las películas de Errol Flynn o Burt Lancaster lo cual, definitivamente, lastra el resultado final.

El celebrado toque Naschy, que tan bien funciona en el ámbito fantástico y terrorífico. Esa entretenida mezcla de referencias cinéfilas, erudición bizarra y absoluta falta de complejos que hizo de su acercamiento al cine de monstruos, con sus virtudes y sus defectos, uno de los más originales de la cinematografía mundial, simple y llanamente hace aguas cuando se enfrenta al género de capa y espada.

El guión presenta una clara falta de equilibrio entre la parte aventurera, llena de tópicos y la parte fantástica, que a pesar de estar mucho mejor resuelta, se ve demasiado condicionada por la primera. Así, el descenso a los infiernos de la locura del Mariscal o la orgía de sangre que desató junto a su corte de alquimistas y aduladores son elementos apenas trazados por un guión en el priman las piruetas y chanzas del galán argentino Guillermo Bredeston – que interpreta a Gastón de Malebranche, un sosias de Robin Hood empeñado en derrocar al tirano –, no pudiendo evitarse una cierta sensación de oportunidad perdida.

Pudo influir en la orientación del guión la participación de la argentina Orbe Producciones, que tal vez buscara un producto más edulcorado y apto para su mercado nacional, o que simplemente exigiera un papel de un héroe para su estrella Bredeston. Pero en cualquier caso no deja de sorprender que Naschy, que nunca fue precisamente esquivo a tocar temas arriesgados a lo largo de su carrera[2], optara por realizar un acercamiento tan conservador a uno de sus personajes más queridos. Especialmente, si lo comparamos con el interesante biopic que de una figura histórica tan cercana a Gilles de Rais como fue la Condesa Bathory abordara Jorge Grau apenas un par de años antes[3].

Por otro lado, a la referida falta de equilibrio del guión también se le une la pobre puesta en escena marca de la casa – muy patente sobre todo en el asalto final al castillo – y una dirección a ratos desganada del entrañable León Klimovsky. Todas estas circunstancias hacen que El mariscal del infierno sea un producto menor del ciclo Naschy / Profilmes y que de hecho, tampoco levante demasiadas pasiones entre sus propios fans[4]. Muestra de ello es que es una de las películas que han quedado relegadas a un segundo plano en la tarea revisión y/o reivindicación que de la obra de Naschy se ha venido realizando en los últimos años.

En el lado positivo, hay que destacar que la cinta tiene varios momentos lo suficientemente aprovechables cómo para justificar su visionado, como el duelo final entre Naschy / Gilles de Lancré y Bredeston / Gastón de Malebranche, especialmente ágil y dinámico, o las apariciones del tétrico alquimista Simón de Braqueville, interpretado por Eduardo Calvo y con claras reminiscencias del impresionismo alemán[5]. Mención especial merece el potente plantel de secundarios, entre los que destacan la argentina Norma Sebre, rubia de gélida belleza, estupenda en el papel de la malvada amante del Mariscal, el ubicuo Luis Induni o una joven y turgente Sandra Mozarovsky en un papelito minúsculo. En fin, que como pasa con la mayoría del cine de género europeo de los años 60 y 70, el que no se contenta es porque no quiere.

David Díez Ramos

[1] El personaje de Gilles de Rais aparece, además de en  El mariscal del infierno, en la seminal El espanto surge de la tumba y en su secuela Latidos de pánico. Aunque nunca apareció con su nombre real, sino convertido en Gilles de Lancre y Alaric de Marmac respectivamente. Por otro lado, aparecen claros guiños al personaje en Los ojos azules de la muñeca rota, cuyo protagonista se llama Gilles o incluso en el Bernard de Fossey de Inquisición, que ha sido considerado como un trasunto del malvado Mariscal por algún autor como Adolfo Camilo Diaz en El cine fantaterrorífico español. Una aproximación al género fantaterrorífico en España a través del cine de Paul Naschy.

[2] A finales de los 70 y principios de los 80 Paul Naschy escribió y/o dirigió algunas películas con argumentos cuanto menos audaces para la época como El transexual (1977), El francotirador (1978), El huerto del Francés (1978) o El carnaval de las bestias (1980).

[3] Nos estamos refiriendo, lógicamente, a Ceremonia sangrienta dirigida en 1972 por el catalán Jorge Grau.

[4] Este hecho ya fue apuntado por Ángel Gómez en la ficha incluida en el reciente y muy recomendable Paul Naschy. La máscara de Jacinto Molina. Sin embargo Paul Naschy siempre guardó un buen recuerdo de la cinta y en 1993, en el nº 0 del fanzine Quatermass se refería a ella “es una película muy divertida. … que se adelanta bastante a las películas de capa y espada actuales, brujería… Me resultó muy gratificante”.

[5] Esta circunstancia no es de extrañar si tenemos en cuenta que Klimovsky era un fan reconocido de los clásicos del terror mudo como el Nosferatu de Murnau o La caida de la casa de Usher de Epstein.

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12 comentariosDeja un comentario

  1. Pues a mi particularmente me gustó mucho. Además creo recordar que las escenas de espada estaban muy coreografiadas.
    Saludos!

  2. Perdón quería decir están muy “bien” coreografiadas.

  3. Hace años que la vi y no recuerdo nada de nada…

    • Hombre, no es de lo mejor de Naschy, pero merece la pena dedicarla los mas o menos 90 minutos que dura…

      • He dicho que no la recuerdo, no que sea mala… 🙂

  4. A mi también me decepcionó un rato, me esperaba un poco más de mala leche.

    • A mi desde luego me parece muy floja. Creo que Naschy se equivocó en el tono.

  5. Pues sí, podría haber dado más de sí, sobre todo teniendo en cuenta que, por lo que se le adivina, este Gilles de Lancré pasa por ser el personaje más complejo y mejor dibujado de toda la filmografía naschyana. Aunque, bueno, por lo menos a pintoresca no le gana nadie.

  6. […] sugerente El espanto surge de la tumba (1972) de Carlos Aured y en el que se puede incluir también El mariscal del infierno (1974), pese al cambio de nombre del personaje, dado que tanto Marnac como De Lancre no son otra […]

  7. […] país – o al menos directamente – como el péplum (Los cántabros), la capa y espada (El mariscal del infierno), o, tal y como demuestra el título que traemos a colofón, el de los “justicieros urbanos”. […]

  8. […] en lo que hubiera lucido en pantalla con un presupuesto más digno, o esas secuencias bélicas de El mariscal del infierno, que pedían a gritos una mayor cantidad de extras. Cuando se contó con un presupuesto digno, lo […]

  9. Pufff, sinceramente en estos casos la realidad supera a la ficción, que no daría por una gran obra sobre el verdadero descenso de “Gilles de Rais” el argumento de esta película es una versión light, fantástica y caricaturizada sobre el verdadero mariscal del terror o aveces mal llamado “Barba Azul”.


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