Hypnos – Follia di un massacro

Título original: Hypnos – Follia di un massacro

Año: 1967 (Italia)

Director: Paolo Bianchini [acreditado como Paul Maxwell]

Productor: Gabriele Crisanti

Guionistas: Paolo Bianchini [acreditado como Paul Maxwell], Max Carot

Fotografía: Erico Menczer [acreditado como Henry Marchall]

Música: Carlo Savina

Intérpretes: Robert Wood (Henry Spengler), Rada Rassimov (Nicole Bouvier), Giovanni Cianfriglia [acreditado como Ken Wood] (Inspector Griffith), Fernando Sancho (Profesor Kennitz), Piero Gerlini (Comisario Cazale), Lino Coletta (Maurice, el falso policía), Nino Vingelli…

Sinopsis: Una ola de suicidios y asesinatos está teniendo lugar en una ciudad indefinida. La policía se encuentra desorientada y el único dato que posee para relacionar estos crímenes entre sí es que todos ellos se producen los jueves. Después de que su novia trate de atacarle tras ver un programa de televisión, el psiquiatra Henry Spengler tratará de desentrañar el origen de estos sucesos.

Muchos años antes de que David Cronenberg firmara su profética Videodrome (Videodrome, 1986), un oscuro film italiano ya había especulado de forma muy similar con la posibilidad de que la televisión fuera empleada como un instrumento con el que controlar la voluntad y los impulsos de los ciudadanos. Al igual que ocurría en la prestigiosa cinta del director canadiense, el argumento de dicha cinta, Hypnos – Follia di un massacro (1967), gira en torno al uso de imágenes subliminales en las retransmisiones catódicas por parte de una siniestra organización que pretende así manipular las conciencias de los telespectadores, llevándoles a cometer actos de violencia como suicidios y asesinatos[1]. Tal es el grado de comunión existente entre ambas cintas, que también aquí se da la curiosa circunstancia de que el método empleado para tal fin sea obra de un científico, interpretado por nuestro Fernando Sancho, el cual es utilizado en contra de su voluntad por un tercero con fines alienantes y políticos.

No obstante, en este punto empiezan y acaban todas las conexiones posibles entre una y otra película. Y es que mientras en el film de Cronenberg toda esta base argumental era utilizada para crear un “tratado sintético y modélico sobre el poder manipulador de la televisión”, en palabras de Quim Casas[2], en Hypnos – Follia di un massacro no es más que un macguffin a partir del cual desarrollar el recorrido de su historia. No hay pues intención alguna en su empleo por establecer una crítica o doble lectura, sino que su función en la trama viene a ser la misma que en títulos de análogas características lo era el robo de un revolucionario invento científico o las sangrientas andanzas de un asesino en serie. Pero no por ello sus resultados pueden tildarse de decepcionantes.

De hecho, a su audaz e innovador punto de partida hay que sumarle su carácter sintetizador de algunas de las principales corrientes en las que se dividía el cine de género trasalpino de la época. Giallo, pseudo-bond y fumetti se entremezclan con sumo desparpajo en un film que, a pesar de la nula repercusión obtenida en el momento de su estreno, se antoja a día de hoy como determinante para entender la evolución de esta corriente cinematográfica, erigiéndose al mismo tiempo en un puente de unión entre el caduco cine de euro-espías y el recién nacido thriller all’italiana, inaugurado oficialmente tres años antes por Mario Bava con Seis mujeres para el asesino (Sei donne per l’assassino / Six femmes pour l’assassin / Blutgide Seide, 1964)[3]. De este modo, del spionistico toma todo su núcleo central, con las investigaciones de su dúo protagonista para desentrañar el origen del misterio, así como su desenlace, en la que ayudados por la policía éstos procederán a desmantelar los delirantes planes de dominación mundial de un villano megalómano que, como si de un personaje de fumetto se tratara, lleva su rostro cubierto con una máscara dorada y del que nunca conoceremos su verdadera identidad.

Por su parte, el giallo está representado tanto por la intriga policiaca desarrollada para determinar al responsable de la ola de crímenes que sacude la ciudad, como por el hecho de que sus protagonistas sean una pareja de psiquiatras, rasgo este que entronca de forma directa con un género poblado por serial killers aquejados de los más diversos traumas mentales. Una influencia a la que tampoco es ajena la experimental puesta en escena de su director, Paolo Bianchini, modesto y olvidado cineasta aún en activo, acreedor de una urgente revisión de su obra[4]. Algo que se deja notar de manera especial durante su prólogo, en el que, como pronto sería habitual dentro de este estilo, la cámara toma el punto de vista subjetivo del asesino durante los diferentes crímenes. Sin embargo, antes que obedecer al canon impuesto, dicha planificación acaba por revelar la verdadera naturaleza del asesino: es la cámara, como ente grabador de las imágenes posteriormente proyectadas y recibidas por la retina del espectador, la auténtica causante de las muertes.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Un argumento muy parecido se había dado ya con anterioridad en Extraña invasión / Stay Tuned for Terror (1965) del argentino Emilio Vieyra. En este caso, las interferencias en las ondas catódicas eran provocadas por unas plantas mutadas debido a un extraño vertido en un pantano.

[2] David Cronenberg. Los misterios del organismo (Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, San Sebastián – Donostia, 2006), coordinado por Quim Casas, pág. 46.

[3] Al respecto existen diversas opiniones, ya que otros autores del prestigio de Carlos Aguilar señalan a otro film de Bava, la hitchcockiana La muchacha que sabía demasiado (La ragazza che sapeva troppo, 1963), como el auténtico originador del género.

[4] Además de esta Hypnos – Follia di un massacro, Bianchini cuenta al menos con otros dos títulos de temática fantástica que gozan de cierto prestigio: Devilman Story (1967) y Superargo, el gigante / L’invincibile Superman (1968). Fuera del terreno fantástico son también dignas de mención sus incursiones dentro del spaghetti-western con films como Dio il crea… Io li amazzo! (1968), Lo quiero muerto / Lo voglio morto (1968), o La ametralladora / Quel caldo maledetto giorno di fuoco (1968), cinta que tiene en Quentin Tarantino a uno de sus más fervientes admiradores.

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  1. Gracias por la reseña; cabo de verla descargada del ‘emule’ y me ha parecido que valía la pena su visión.


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