Los pasajeros

Título original: Los pasajeros

Año: 1975(España)

Director: José Antonio Barrero

Productor: Heinrich Starhemberg

Guionista: José Miguel Hernán sobre una historia de José Antonio Barrero

Fotografía: Francisco Sánchez

Música: Luis Eduardo Aute

Intérpretes: Aurora Bautista, Paul Naschy [Jacinto Molina} (Akenaton), Luis Greco, Eva León, Henry Gregor [Heinrich Starhemberg], Loreta Tovar…

Sinopsis: Unos autoestopistas son recogidos por un curioso chofer y llevados a una extraña mansión, decorada con todo tipo de obras de arte y en la que habita un misterioso actor de nombre Akenatón. Allí, los peculiares pasajeros y algunos más que se les unen al sarao, son invitados a acompañar al actor en sus extrañas escenificaciones, mientras van pereciendo en peculiares circunstancias.

A medida que fue avanzando la década de los 70, la trayectoria cinematográfica de Paul Naschy se fue diversificando, abordando nuevos retos que sin alejarle completamente del género fantástico, al menos le permitieron seguir trabajando de una manera continuada. Este proceso coincide con importantes cambios políticos en nuestro país y lógicamente, con nuevos rumbos temáticos dirigidos por los productores para agradar al público que llenaba las salas con el fin de evadirse de la citada situación. En el año en que Naschy participa en esta insólita propuesta, el actor se deja ver en un par de simpáticos films de terror (Exorcismo, La maldición de la bestia), una incursión en el bande dessinée de aventuras (Ambición fallida), un thriller policíaco de aires patrios (Muerte de un quinqui) y su nombre también aparece en los créditos de la polémica La cruz del Diablo. Mayor variedad imposible.

Aurora Bautista y Paul Naschy en una foto promocional de la película.

Aún así Los pasajeros (1975)  se lleva con toda justicia todos los (de)méritos por ser una de las más extrañas operas primas de toda la historia del cine español. Su director, José Antonio Barrero, tan solo repetiría en la realización años después con otro film igualmente extraño y de idéntica suerte comercial: La sombra de un recuerdo (1978). La participación de Jacinto Molina en esta obra primeriza se debe como bien comentó él, a motivos casi mitómanos: el poder trabajar con Aurora Bautista, una de las grandes damas de nuestra cinematografía patria. Esta unión parece ser el único aspecto lógico de la propuesta, desbarre delirante de cine autoral mal asumido y peor desarrollado.

Los pasajeros, film resbaladizo en todos los sentidos, juega a ser una comedia surrealista de contornos negros y reconstructivos, sin olvidar su tendencia al destape. El resultado sin embargo es un conjunto de secuencias inconexas, a cual más delirante pero sin ningún merito positivo.

El film podría ser visto como una tardía propuesta de las películas contraculturales de finales de los 60 y comienzos de los 70, o en su defecto, como una obra que anticipa algunas propuestas patrias de marcado tono underground realizadas por diversos cineastas españoles a finales de los 70. En ambos casos y aún intentando ser magnánimo con la película, Los pasajeros es una obra que parece contradecirse así misma, entrando en un marcado juego de espejos y puestas en escena, que navega en muchas ocasiones en el ridículo más absoluto. No obstante, esta podría ser una de las motivaciones de su director, buscando un estadio de ilógica, vinculada con el surrealismo (Dalí es citado/homenajeado/fagocitado en una de las escenas), que parece destruir la propia obra en cuestión. Quizás deberíamos considerar Los pasajeros como una película postdadaista para poder acercarnos a ella de alguna forma y que sus propósitos puedan tener algún tipo de eco en el espectador.

Sin embargo tal totum revolutum ideológico/estético acaba afectando a la película en cuestión. Los actores hacen lo que pueden para dar credibilidad a sus no-personajes sometidos a una dirección que en muchas ocasiones peca de amateurismo. Si una desinhibida Aurora Bautista parece disfrutar del despiste generalizando regalándonos algunos momentos ciertamente inclasificables (entre ellos el tan cacareado desnudo), Naschy encarna a una figura de gusto carnavalesco, cuyas motivaciones y pretensiones jamás llegamos a conocer. La sucesión de disfraces que el finado actor nos regala es tan variopinta como intrascendente y ver en ello un antecedente de El aullido del diablo (1988) y Rojo sangre (2004), resulta algo tan forzado como evidente.

Para recordar: algún momento onírico, una extraña escena donde se desarrolla una comilona entre dos de los personajes de la función alargada sin motivo alguno, y la aparición de un torero stripper que deja perplejo al más curtido cinéfago habituado a los universos psicotrónicos. Para olvidar: el resto de la película.

Fernando Rodríguez Tapia

Published in: on noviembre 26, 2010 at 6:29 am  Comments (3)  
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3 comentariosDeja un comentario

  1. El cartel es super engañoso, ¿no?

    • Quizás la composición puede serlo pero, vamos, esas imágenes se dan en el film (bueno, Aurora Bautista hace auto stop con más ropa).

  2. Vi esta película al poco de ser estrenada, y la vi ya en un programa doble, en cine de reestreno, en Barcelona, junto a Rollerball (el clásico, claro…) Creo que no he pasado momentos más divertidos en el cine junto un entrañable amigo – que todavía conservo – carcajeándonos de las absurdas escenas que veíamos con el torero, Paul Nachy y al estrip-tease de Aurora Bautista…
    Un momento inolvidable…


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