El visitante del más allá

Título original: Stridulum / The Visitor

Año: 1979 (Italia, Estados Unidos)

Director: Giulio Paradisi [acreditado como Michael J. Paradise]

Productor: Ovidio G. Assonitis

Guionistas: Luciano Comici y Robert Mundi, sobre una historia de Ovidio G. Assonitis y Giulio Paradisi [acreditado como Michael J. Paradise]
Fotografía: Ennio Guarnieri, Roberto D’Ettore Piazzoli [sin acreditar]

Música: Franco Micalizzi

Intérpretes: Paige Conner (Katy Collins), Joanne Nail (Barbara Collins), Lance Henriksen (Raymond Armstead), John Huston (Yaved / Jerzy Colsowicz), Mel Ferrer (Dr. Walker), Glenn Ford (Detective Jake Durham), Sam Peckinpah (Dr. Sam Collins), Shelley Winters (Jane Phillips), Ja Townsend, Jack Dorsey, Johnny Popwell, Wallace Wilkinson (Capitán de policía), Steve Somers, Lou Walker, Walter Gordon Sr., Hsio Ho Chao, Calvin Embry, Betty Turner, Steve Cunningham, Neal Boortz, Jack H. Gordon, Steve Beizer, Bill Ash, Joe Dorsey (Sheriff Paul Townsend), Kareem Abdul-Jabbar, Franco Nero (Jesucristo), Aron Siegel…

Sinopsis: Yaved, inmortal guerrero cósmico que luchó contra las fuerzas del mal, tiene que volver a enfrentarse a su demoníaco adversario. En este caso, la herencia del demonio se ha manifestado en Katy, una niña terrícola con poderes telequinéticos que trata de obligar a su madre a contraer matrimonio con el presidente de un equipo de baloncesto con el fin de que conciban un hijo con el que perpetúen el linaje del mal. Por tal motivo, Yaved se verá obligado a trasladarse a la Tierra y evitar que esto ocurra.

No cabe ninguna duda de que a más de un cinéfilo se le haría la boca agua al pensar en una película que hubiera contado con la participación de un ramillete de ilustres del séptimo arte de la talla de John Huston, Shelley Winters, Sam Peckinpah, Mel Ferrer y Glenn Ford, entre otros. Pues bien, dicho film existe y no es ninguna quimera. No obstante, El visitante del más allá, que tal es su nombre, no es ningún ignoto título del Hollywood clásico, como sería natural deducir habida cuenta del plantel reunido. Por el contrario, su propuesta se encuadra dentro de la populosa corriente de cine de exploitation que con tanto ahínco emprendiera la industria italiana a finales de la década de los setenta.

Como no podía ser de otra forma, el principal ideólogo de tan peculiar proyecto sería Ovidio G. Assonitis, productor de origen egipcio que durante aquellos años se había especializado en la elaboración de esta clase de cintas; es decir, auténticos subproductos camuflados como si de grandes superproducciones se trataran. Fruto de esta estrategia comercial habían sido Poder maléfico y Tentáculos, dos de los más populares clones de, respectivamente, El exorcista y Tiburón, gracias en gran medida al concurso de gente como Juliet Mills, Henry Fonda, Bo Hopkins o los ya mencionados Huston y Winters. Espoleado por el buen rendimiento económico obtenido por ambas, a la hora de afrontar la realización de El visitante del más allá Assonitis optó por llevar su particular estilo hasta las últimas consecuencias. Además de potenciar la presencia de viejas glorias de la gran pantalla, decidió hacer lo propio con el número de modelos a imitar; si sus anteriores trabajos se habían centrado en remedar únicamente un título en concreto, en esta ocasión su planteamiento pasaba por aludir a las principales tendencias del cine fantástico de la época. A saber: la ciencia ficción ufológica, el cine de terror de temática satánica y el protagonizado por niños “rebeldes”; toda una amalgama de referentes a la que se le unía la más que evidente influencia ejercida por títulos más añejos como Los pájaros o El pueblo de los malditos.

Ni que decir tiene que semejante totum revolutum acabó por derivar en un producto sin pies ni cabeza. Para empezar, su argumento resulta del todo desequilibrado, tanto por la elementalidad de la historia en que se apoya como por un desarrollo que bordea de forma continua la más absoluta indigencia. En lugar de eso, su guión se muestra más preocupado en acomodar los muchos componentes extraídos de otros títulos y en añadir distintos arcos argumentales que, en la mayoría de los casos, no tienen más función que la de facilitar la aparición de las distintas “estrellas invitadas”. Quizás el ejemplo más significativo a este respecto se halle en la subtrama protagonizada por el detective al que da vida Glenn Ford, despachada en un par de secuencias sin que llegue a aportar mayor interés al relato. Con toda lógica, la suma de todos estos elementos dan como resultado una narración confusa e inconexa, en la que gran parte de los acontecimientos que se van sucediendo en pantalla carecen de cualquier tipo de explicación.

Sin embargo, tras esta poco atrayente fachada, El visitante del más allá ofrece ciertos aspectos dignos de ser mencionados. De entre ellos, uno de los más interesantes está en su reinterpretación de la base de toda película de temática satánica y, por ende, de la propia mitología cristiana: la eterna batalla entre el bien y el mal o, para ser más exactos, entre Dios y el diablo. Como consecuencia de la mezcolanza genérica sobre la que se erige su trama, la naturaleza ultraterrena de ambas entidades es reemplazada, convirtiéndolas en dos antagónicas razas de alienígenas llegadas a la Tierra. Tomando como base este planteamiento, el film procede a eliminar, en primera instancia, cualquier componente espiritual y/o religioso de su metraje. No hay pues cultos, ceremonias o cualquier otro tipo de componente que pueda apuntar a las creencias de los hombres, sino un enfrentamiento abierto entre ambas potencias, hasta el punto de que la presencia diabólica es presentada como fruto de un mestizaje genético y no como un fenómeno místico. En este sentido no deja de ser llamativo el modo en que son subvertidos los habituales papeles asignados a cada uno de estos conceptos. Y es que, mientras que el esquema usual de esta clase de cintas es que sea un simple mortal el que tenga que hacer frente a la amenaza del Maligno, en este caso es el propio Dios en primera persona quien deberá de abortar los insidiosos planes de los esbirros de su némesis.

Llegados a este punto, no queda menos que destacar la configuración que se hace de los representantes de ambos bandos. Así, las, llamémoslas, huestes celestiales, están encabezadas por un anciano de barba blanca cuyo nombre originario es Yaved y que no es sino que un trasunto del mismísimo Dios. Por si hubiera alguna duda, dicho rol es interpretado por John Huston, quien ya había prestado su voz a Dios en su película La Biblia… en su principio, y el cual cuenta en su labor con la ayuda de una bandada de palomas, precisamente el animal utilizado tradicionalmente como símbolo del Espíritu Santo. Esta singular personificación de la Trinidad cristiana es completada con la anecdótica aparición de una especie de Jesucristo bajo los rasgos de Franco Nero, dedicado a instruir a una comunidad de niños con la cabeza rapada (!). Aunque menos imaginativa, tampoco la representación que se hace de los acólitos del demonio tiene desperdicio. Siguiendo con lo visto en títulos como Los ritos satánicos de Drácula, éstos son mostrados como un intrigante círculo de magnates y hombres de negocios que utilizan su poder social, político y económico para llevar a cabo sus oscuros propósitos. Dicho de otro modo: el capitalismo es formulado como un invento del diablo hecho para controlar a los hombres.

Por desgracia, todo el posible potencial que pudiera tener este material acaba por diluirse tanto por los motivos anteriormente señalados como por las múltiples incoherencias y contradicciones en las que incurre el relato, por mucho que entre ellas se encuentre algún apunte tan irónico como que uno de los objetivos del tal Yaved sea impedir que se celebre un matrimonio para que así la pareja no pueda concebir un hijo, posición ésta tan alejada de los postulados propugnados por sus representantes en la Tierra. Empero, no es del todo descartable que esta situación pudiera estar provocada por las más que presumibles interferencias llevadas a cabo por Assonitis, cuyo modus operandi solía consistir en confiar la realización de sus películas a cineastas noveles o de escasa relevancia para poder así mangonear a capricho el producto resultante. Una sensación que parece ser corroborada por la tendencia a la abstracción y el surrealismo de la puesta en escena de su director titular y coargumentista, Giulio Paradisi, cineasta de escaso recorrido que da muestras de cierta inventiva visual en secuencias como la que abre la cinta o aquella otra en la que las luces de lo que a primera vista parece ser un ovni se revelan como las del camión empleado por los satanistas para abducir a uno de los personajes.

José Luis Salvador Estébenez

4 comentarios en “El visitante del más allá

  1. ¡Vaya! Se me ha adelantado, pues pensaba hacer una crítica de esta película en breve.
    Giulio Paradisi estuvo durante un tiempo bastante ligado a Fellini (fue su ayudante en 8 y medio). De esta “El visitante del más allá” solo tuvo la oportunidad de dirigir dos semanas. Sus choques con Assonitis eran constantes, y finalmente el productor lo despidió y él mismo se encargó de finalizar la película.

  2. A pesar de la insensatez del resultado, el film tiene toques muy sugerentes y uno se pregunta qué hubiera salido de él si el productor no hubiera metido baza…
    Dentro de dos meses sale en Blu-ray y DHD, y pienso echarle un ojo a los jugosos extras que describe ‘amazon.com’:
    “Special Features:

    Trailers + Interview with Star Lance Henriksen, Screenwriter Lou Comici and Cinematographer Ennio Guarnieri”

    1. No conocía el lanzamiento de esa edición que comentas, aunque pinta estupendamente por los extras que relatas. ¿Se sabe si va a llevar subtítulos en castellano, aunque solo sea en la película?

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