El transexual

Título original: El transexual

Año: 1977 (España)

Director: José Jara

Productor: Enrique González Macho

Guionistas: Jacinto Molina, Juan José Porto, Antonio Fos

Fotografía: Leopoldo Villaseñor

Música: Carlos Montero

Intérpretes: Agata Lys (Lona), Paul Naschy [Jacinto Molina] (Sergio), Sandra Alberti, Eva Robin, Vicente Parra (Eduardo), Manuel Pereiro, José Nieto, Yeda Brown, Paco España…

Sinopsis: Un periodista se encuentra tras el rastro de Lona, una cabaretera transexual desaparecida de forma misteriosa que le prometió un suculento reportaje en el que hablaría de su cambio de sexo.

Es bien sabido que la abolición de la censura cinematográfica en nuestro país trajo consigo la libertad creativa y por tanto una apertura extrema en cuestión de temáticas que hubiera sido imposible abordar, en cualquiera de los casos, durante el régimen franquista.

El transexual recoge uno de esos temas tabú para la sociedad de la época, algo tan oculto que incluso hasta el propio término podía resultar desconocido o erróneo, aún en la actualidad, para gran parte de la sociedad. Es por ello que la auténtica transexual brasileña Yeda Brown- que por cierto, iniciaría con esta película una discreta carrera en el cine- se encarga en la introducción que abre el filme de realizar la diferenciación entre homosexual, travestí y transexual, en un discurso totalmente didáctico.

En la presente cinta, Jacinto Molina, junto con Juan José Porto y Antonio Fos, crean un libreto para tratar este tema tan delicado, aunque a decir verdad, con ello no darían ningún tipo de primicia ya que se les adelantaría Vicente Aranda con la brillante Cambio de sexo (1977).

En la cinta de Jara se le daría un enfoque de mayor dramatismo a través de una óptica semi documental, iniciada con las confesiones reales ofrecidas por Yeda Brown en una entrevista a cámara -posteriormente ella misma será la encargada de cerrarla con un número de cabaret-, siendo la acción alternada con la investigación de un periodista, interpretado por Jacinto Molina, en su búsqueda de Lona, la cabaretera desaparecida tras someterse a un cambio de género.

El argumento del que partía Molina se basaba en la historia real de Lorena Capelli, transexual que moriría de una peritonitis tras realizarse una vaginoplastia, operación esta que en aquellos tiempos era realizada en total clandestinidad. Ésta es interpretada por Ágata Lys, creíble en el papel por su exuberante físico y voz grave, que además, interpreta una versión de Dos gardenias para ti en el cabaret Gay club de Madrid, donde transcurre gran parte de la acción.

El problema de El transexual es que camina entre varias aguas; cine policiaco,  drama, documental y musical transitan a lo largo del metraje sin que su director, José Jara, se decida por apostar fuerte por ninguno de ellos, ofreciéndonos así pequeñas píldoras de cada. Además, el peso del relato es llevado por Paul Naschy a través de su investigación sobre el paradero de Lona, cuando en realidad es el personaje que más desvía y desentona la trama: un periodista chulo, machista y sin escrúpulos -algo que queda de manifiesto en la bofetada que le propina a Sandra Alberti o cuando en la cama le espeta un irrisorio: “Coño, me has clavado un pendiente”-, siendo éste un elemento que no hace más que desvirtuar el mensaje del filme, por lo que el personaje principal, la transexual Lona y su enfrentamiento con la familia, el amor o la sociedad, queda registrado con bastante levedad.

Por el contrario, es en el tono documental donde reside el mayor acierto de la película, conteniendo un reparto formado por caras que integraban el ambiente de la época, como Paco España o la ya citada Yeda, y los números ofrecidos en el Gay Club, -el Me debes un beso de Pepe Blanco y Carmen Morell-, que recrean una atmósfera íntima, oscura y decadente.

Por otro lado, hay secuencias que añaden una ración de surrealismo a la trama, como aquellas correspondientes al parto o a la boda entre algunos de los integrantes del bar, algo que el propio Molina asegura haber vivido en primera persona, pero que ofrecen una visión un tanto equívoca y extravagante del conjunto. Un conjunto que se presenta bastante desequilibrado, pero cuyo mensaje podría resumirse en el estupendo diálogo que tiene lugar entre Lona y la enfermera que le prepara para la operación: “Por mucha operación que te hagas nunca vas a ser una mujer como yo” y que refleja a la perfección la intolerancia que aún hoy en día se vive respecto a este tipo de conflicto sexual.

Jesús Palop

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