Entrevista a Sebastián D’Arbó

Como él mismo se ha definido en alguna ocasión, Sebastián D’Arbó es un hombre del Renacimiento. Periodista, escritor, camarógrafo, locutor radiofónico, editor literario… Enumerar en pocas líneas las múltiples facetas que ha desempeñado a lo largo de su dilatada trayectoria resulta una misión casi imposible. Semejante ejemplo de versatilidad y polivalencia está en buena parte motivado por su carácter de investigador de temáticas paranormales, terreno este en el que está considerado como una de las voces más autorizadas gracias a sus años de dedicación y estudio.

Siguiendo con la labor divulgativa que sobre estos temas venía desarrollando en radio, prensa y televisión, a comienzo de los ochenta este profesional multimedia trasladaría estos argumentos a la gran pantalla con Viaje al más allá, primera entrega de una trilogía consagrada a la parapsicología. Se iniciaba así una carrera como cineasta que se alargaría hasta finales de la década dejando como saldo un total de cinco películas que, más de veinte años después de su fecha de realización, se han convertido en objeto de culto para los seguidores más irredentos del cine fantástico patrio.

Aprovechando su participación en el rodaje  de Mago Félix, documental acerca de la figura de Félix Llaugé Dausà, archiconocido brujo, astrónomo, showman y escritor (entre otras muchas cosas), del que próximamente tendréis más noticias,  mantuvimos con él esta entrevista en la que repasamos su relación con el denominado séptimo arte.

¿De dónde nace su interés por el cine?

Durante mi infancia, cuando vivía en Tortosa, la única evasión que tenía y que me permitía soñar era el cine. Mi familia era amiga de un proyeccionista y este me permitía entrar en la cabina para  ver películas. Un poco como en Cinema Paradiso. Entonces veía como empalmaba los rollos o los fotogramas, y así empezó a gustarme el cine. Después había una colección de libros ilustrados, me parece que era de Bruguera, donde aprendí a ver en viñetas como narrar visualmente una historia. Posteriormente, fui viendo películas que me impactaron mucho; películas de Hitchcock, de la Hammer, de la Amicus… Mientras pasaba todo esto, vino a mis tierras Samuel Bronston a rodar la película del Cid, y vi como se hacía el cine. Por casualidad, más tarde, también tuve la oportunidad de poder estar en la película de Bronston El fabuloso mundo del circo con John Wayne, que se rodó aquí en Barcelona. Estuve en varías películas de Samuel Bronston, sólo viendo, de vouyeur, aprendiendo como se hacía cine.

Más tarde, cuando me fui a vivir a Suiza, pude ver algunas películas de la nouvelle vague francesa y aprender de ellas. Cuando volví a España estudié cine y fotografía, luego entré de meritorio en los Estudios IFI, que estaban en el Paralelo. Allí aprendí a hacer cine, que era un cine en blanco y negro. Asistía a los estudios Orfea, en Montjuic, que eran los estudios más importantes de España, los únicos que rodaban cine con sonido directo y que, lamentablemente, se quemaron. Antes no había ni universidades, ni nada donde estudiar cine, todo eso era un desierto, y como no tenía dinero para ir a la escuela de cine de Madrid, aprendí a hacer cine desde abajo.

Después pude disponer del suficiente dinero como para ir a estudiar cine en Hollywood. De hecho, soy licenciado en cine por el instituto de artes y ciencias cinematográficas de Los Ángeles. Con todo esto entré en TVE. Soy el número siete de los viejos estudios de Miramar. Allí no había video y todo se hacía en cine, por lo tanto llevo muchos años en este terreno. Desde los dieciséis años hasta los sesenta, uno tiene tiempo de hacer de todo, desde lo más bajo hasta presentar las noticias en TVE. En el caso del cine, trabajé mucho con Balcázar. Hice muchos spaguetti-western de foquista, de director de fotografía, de cámara… La gente esto no lo sabe. Y en televisión trabajé en muchos documentales, musicales, reportajes… No todo son programas de misterio. Es un bagaje cultural y técnico que tengo detrás de artesano, muy grande. Por eso un crítico llegó a decir que “lo importante de las películas de Sebastià D’Arbó no es solamente lo que cuenta, sino también como lo cuenta”.

Lo primero que pedí a mis padres fue una cámara fotográfica. Después, cuando tuve dinero, lo primero que me compré fue una cámara de 8 mm. Mi pasión por el cine viene de antes de la parapsicología o el hipnotismo. Y en mi última época, es decir, a mis sesenta años, también será el cine…

Cuéntenos algo de esos spaguetti-westerns que rodó con los Balcázar.

Rodábamos en Esplugues. Esplugues City la llamaban. Luego teníamos en Castelldefels un rancho. Los desiertos en Almería y los barrancos y los ríos en Fraga. Eran unas películas quizás de contenido impresentable, pero que te daban mucho oficio. Aprendías muchas cosas porque el western es un género ideal para el cine. Además, rodando estos westerns inventamos un sistema de cine llamado “techniscope”, que era un panorámico falso creado aquí en Cataluña.

En referencia a su relación con los Balcázar, en varias bases de datos se le acredita como productor de la película erótica Con bragas y a lo loco de Gerard Lobeau. ¿Qué hay de cierto en ello?

Sí, a veces preguntan, ¿cómo es posible que D’Arbó produjera una película erótica? Pues es muy sencillo. En la época de Franco –n. del a. Con bragas y a lo loco data de 1982, por tanto, es posterior al final de la dictadura franquista, si bien es cierto que a finales de los setenta y principios de los ochenta existía la ley que comenta D’Arbó-, no podías recibir la recaudación de la taquilla hasta que no hubieras producido la siguiente película. Con esto te obligaban a que reinvirtieras, y como necesitaba capital para realizar otra y me había asociado con Balcázar, figuré como productor en la primera película que produjo este. Era una cuestión puramente administrativa del Ministerio que, por cierto, me parece una buena idea. Esto es algo que se hace en Francia y Alemania y es una manera de no gastarte el dinero de la recaudación en, por ejemplo, hacerte constructor, como han hecho muchos productores en este país. Era una manera de obligarte a producir y seguir haciendo cine. En la época de Franco también había algunas cosas buenas… Después se lo cargaron todo con la nefasta ley Miró. En lo que respecta a Con bragas y a lo loco, jamás fui al rodaje y ni siquiera leí el guión. Era una producción más…

Algunos programas para los que trabajó en los años sesenta fueron Misterios al descubierto (1966-1970) o Visado para el futuro (1963-1965). ¿Es aquí cuando surge su interés por la temática parapsicológica o, por el contrario, esta atracción ya venía de antes?

Yo no soy solamente un pionero, sino que además soy creador. Creador de programas dramáticos, de concursos, musicales… Programas de todo tipo. En TVE nos lo inventábamos todo porque no teníamos contacto con el exterior. Franco nos cerraba las puertas. Entonces en TVE apareció un profesor, creo que de farmacia, llamado Luis Miravitlles y con él empezamos a hacer los primeros programas de misterio. Y también apareció un argentino, aunque no había nacido en Argentina pero venía de allí, llamado Chicho Serrador y que era hijo de una actriz catalana que se llamaba Pepita Serrador. Empezó en el teatro, en una obra que se llamaba El sinvergüenza, y después empezó en televisión haciendo una serie llamada Historias para no dormir, que trajo de Argentina y que allí hacía su padre. Y rápidamente hubo una simbiosis entre nosotros porque nos gustaban los mismos temas. Además, cuando hice la trilogía  parapsicológica el protagonista era el padre de Chicho, Narciso Ibáñez Menta. En el caso de El ser, por ejemplo, la historia pertenecía a un guión de Historias para no dormir, ya que el guionista tanto de la película como de la serie era el mismo: Luis Murillo. Todavía tengo guiones de aquella serie que no se hicieron y que podríamos hacer en el futuro…

Fue estando en TVE donde conoce a Tomás Muñoz, uno de sus más asiduos colaboradores y al que produciría en dos ocasiones: Valdemar, el homúnculo dormido (1977), ganador del primer premio en el Festival de Sitges de ese año, y Ascensor (1978), premiado con nada menos que el Oso de Oro de Berlín. ¿Qué me pude contar de estos trabajos?

En TVE yo tenía un ayudante de cámara que era Tomás Muñoz. Cuando empecé a producir cine, empecé con mediometrajes, y uno de ellos era una obra de Edgar Allan Poe que era Valdemar (La verdad sobre el caso del señor Valdemar), basado en una historia de una persona que era hipnotizada después de la muerte para mantenerlo con vida, como en una especie de trance, para luego volver y explicar qué hay en el más allá, algo que más tarde expliqué en mi película Más allá de la muerte. Yo quería producir todas las obras de Poe, pero descubrí que Roger Corman ya las había hecho en Hollywood. Entonces ¿para qué hacer algo que ya habían hecho otros maestros?

Yo tenía el guión y mi ayudante me dijo que lo hacía y quedó muy bien. Ganamos el primer premio del Festival de Sitges. Después hicimos El ascensor, que ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín y que también era una cosa claustrofóbica recreada dentro de un ascensor. Muñoz me parecía un gran muchacho que tenía muy buenas ideas. Lamentablemente, a la larga no tuvo mucha suerte, porque no fue muy comercial. Esto demuestra que en el cine, además de cultura, se impone la industria. En  el cine hay que hacer cosas que después puedan ser comerciales, si no no se puede seguir haciendo cine.

Ya en los ochenta, coincidiendo con el languidecer del cine fantástico en España, dirige la que sería su ópera prima como director con Viaje al más allá, inicio de su denominada trilogía parapsicológica…

Cuando empecé a hacer cine dirigido por mí, pensé que lo mejor sería tocar un tema que conocía bien y que era un género nuevo: el de la parapsicología. Viaje al más allá fue mucho antes que Cuentos asombrosos de Spielberg, igual que El ser es anterior a El ente. Eran temas que conocía porque los había vivido o tocado. En Viaje al más allá eran cinco historias ocurridas aquí, juntadas por una historia global que acogía todas las demás. Y fue un impacto porque no creían que una película de pequeñas historias pudiera funcionar tan bien. Los distribuidores se quedaron muy sorprendidos. Funcionó muchísimo e incluso superó el golpe de estado que dio Tejero el 23 de febrero de 1981. Aquella noche, me acuerdo que se estaba estrenando en un cine de Girona donde yo estaba presente y les dije que aprovecharan para verla, ya que si ganaba aquel cabrón quizás al día siguiente no podrían. Gracias a Dios, no ganó y pudimos seguir haciendo películas de parapsicología y otros temas malditos por la dictadura.

Como ocurriría a lo largo de dicha trilogía, Viaje al más allá se abre con una presentación a modo de prólogo en el que usted habla sobre el contenido de la película, lo que, junto a lo ya expuesto, le da al film un claro tono divulgativo ¿Era esa su intención?

Todas las películas en las que transmito un mensaje en el que yo creo, las presento como si fuera un programa de televisión. Como hacía Chicho, por ejemplo. Porque quiero dar ese mensaje divulgativo, de seriedad, de que lo que van a ver es cierto. No por una cuestión egocéntrica, ni mucho menos. Hice otras películas de género fantástico, como Acosada, y esta no la presenté porque evidentemente el tema va por otro lado. Pero las que son de parapsicología sí, porque conozco el tema, lo domino y lo he investigado. Por eso le quiero dar ese plus de seriedad. Algún día, cuando las saque en DVD voy a aportar más información que no he aportado nunca. Se van a quedar parados muchos aficionados al tema.

¿La va a editar en DVD?

Sí, vamos a sacarlas algún día de estos.

Viaje al más allá se desarrolla bajo una forma tan propia de cine fantástico como es el film de sketches. ¿Se decantó por esta estructura por la influencia de las películas de la productora Amicus durante los 60/70?

Quizás sí que fuera influenciado inconscientemente por la Amicus. Algunos críticos decían que yo era más de Amicus que de Hammer; sin embargo mis contactos eran con la Hammer, puesto que yo conocía a Carreras, al padre y al hijo, que eran de Figueras. Y parlaven català… Los conocí en Londres, donde también conocí a Christopher Lee y a todos estos. Pero sí es verdad que me influyó Amicus. De todos modos, quizá fue una correlación de una productora a otra, porque lo que en realidad quería era explicar historias que habían ocurrido aquí, y claro, no podía hacer un largometraje de cada una de ellas, porque algunas no resistían una hora y media. Lo malo de algunos directores o productores es que a veces pretenden agrandar una idea hasta una hora y pico, y esto no es posible.

El guión de la película está firmado por usted junto con Jean Colbor, cuyo único crédito en este campo es el libreto de su posterior película Más allá de la muerte. ¿Quién era realmente Jean Colbor?

Jean Colbor era Jesús Borrás y Antonio Colomer, dos grandes guionistas que también trabajaron para televisión, que habían hecho muy buenos guiones y que aquí lo hicieron con seudónimo.

Mis guiones son muy técnicos, eso es algo que aprendí en Hollywood. Están muy planificados y esto solamente es válido para el cine fantástico. Esto no sirve para una comedia o incluso un western o un thriller. Para el terror psicológico que yo toco se necesita un guión muy tecnificado, por lo tanto sé muy bien como quiero hacerla.

En Viaje al más allá ya intervenía Narciso Ibáñez Menta, quien se convertiría en su actor fetiche y principal nexo de unión de la citada trilogía. ¿Qué nos puede contar sobre él?

Ha sido un gran actor, como todos los grandes actores que proceden de la vieja escuela: el teatro. Si  hubiera estado en Hollywood – se lo dije a él, lo digo ahora y lo diré siempre -, hubiera sido un actor mitificado a la altura del gran Boris Karloff. Era tanto o mejor que el propio Boris. Muy bueno. Sólo los que hemos trabajado con él, tanto en televisión como en cine, sabemos que fue un maestro. Era un profesional excelente. Era un actor que te repetía la secuencia entera de arriba abajo tal como estaba escrita en el guión, y que luego, una vez demostrado que sabía sus líneas, te decía: “Permítame señor director hacerle una sugerencia”. Tratándote de usted – incluso a su hijo -, con respeto delante de todo el mundo, aunque luego fuera tu amigo. Te decía: “Permítame que le haga una sugerencia, creo que la escena se podría mejorar si hago esto”. Luego lo hacía y siempre se mejoraba. Siempre. Sabía su papel y si le dabas el papel de otro también se lo sabía. ¿Cuántos actores hay en la actualidad que hagan esto? Pocos. Solo los grandes actores de teatro. Pensemos que los mejores actores del cine son los actores de teatro. Los actores ingleses. Los demás son figuras fotogénicas que pueden ser modelos. Yo he trabajado con actrices como Mercedes Sampietro, fantástica. Emilio Gutiérrez Caba, perfecto. Hay que trabajar con ese tipo de actores, que son los que realmente transmiten porque creen el personaje. Son actores de método, quizá. Se meten en la piel del personaje que interpretan y no son periquitos.

Pese al éxito obtenido, tendrían que pasar dos años hasta que se estrenara El ser, la segunda entrega de la trilogía y una película de la que siempre se suele destacar su parecido con El ente, estrenada un año antes…

El caso que se narra en El ser era un tema que conocía muy bien porque fue un suceso que ocurrió en Barcelona, en el barrio de la Sagrada Familia. Luego incluso hice un reportaje auténtico para TVE, para el programa España mágica.

Esta vez, el guión de El ser fue firmado por usted junto a Luis Murillo. Resulta destacable como la primera parte de la película se desarrolla con aires de thriller cercano en sus formas al giallo italiano. ¿Fue idea suya o de Murillo?

La idea fue de Murillo. Yo me centro más en la cuestión paranormal.

Curiosamente, la historia de su siguiente película, Acosada, guarda ciertas similitudes con la de El ser. De nuevo la historia se centra en una mujer abrumada por el recuerdo de su difunto marido… ¿Qué tal fue el rodaje con Victoria Vera, por entonces una de las principales divas de nuestro cine?

El rodaje con una gran estrella siempre es problemático. Efectivamente, tuve algún problema con ella y la verdad es que es una lástima, porque Victoria Vera es una gran actriz. Pero bueno, comprendo que una estrella es una estrella, y como tal tiene que brillar con luz propia.

Acosada es una película que hice con Bermúdez de Castro. Este productor madrileño producía también películas taurinas y cosas de este tipo, e incluso más tarde me ofreció producir la primera película de Jesulín de Ubrique. Como es lógico dije que no, y jamás se llegó ha hacer. ¿Qué tenía yo que ver con Jesulín de Ubrique? Debía de ser por la sangre, por los vampiros o algo así, no lo sé.

Tras este breve paréntesis, en 1986 acomete la que sería la última entrega de su trilogía parapsicológica con Más allá de la muerte. ¿Desde un principio la saga se pensó como una trilogía o, por el contrario, tenía planes de haberla prolongado?

Yo quería hacer una trilogía y así lo hice. Un año preparaba una película y al siguiente hacía otra. Más allá de la muerte es la historia real de los experimentos secretos del doctor Mengele, Joseph Mengele, que en Auschwitz efectuó experimentos con gente a la que llevaban en trance hasta la muerte y luego las intentaban recuperar para que explicaran si en realidad había algo más allá de la muerte. Los nazis estaban obsesionados con el tema metafísico y creían que quizá podía haber dioses, y buscaban información al respecto.

La rodamos en el Pirineo, un lugar con el que estoy muy vinculado pues es el lugar más mágico de Cataluña. Todas las películas, de hecho, tienen algún vínculo con las montañas. Viaje al más allá se rodó en Nuria, El ser se rodó en el Montseny y Más allá de la muerte en La Molina.

Como es habitual a lo largo de la trilogía, uno de los protagonistas (el interpretado por Ibáñez Menta), es un parapsicólogo. Salvando las distancias, ¿estos roles vendrían a ser una especia de alter ego suyo?

Sí. En Viaje al más allá, por ejemplo, lo que dice Ramiro Oliveros son palabras mías, cosas que yo había dicho anteriormente en algún otro lado. Él cuenta lo que yo mismo había vivido. Esto no lo sabía Luis Murillo ni Jean Colbor, desde luego.

Tras Más allá de la muerte, en 1989 rueda la que sería su última película, Cena de asesinos, una adaptación de la serie televisiva El pulpo negro escrita por Murillo. ¿Había visto la versión de la serie protagonizada en Argentina por Ibáñez Menta?

Sí, evidentemente. Dejé el cine por la desgracia de esta película. Bueno, más que por esta película por la administración y lo mal que estaba el sistema de cine aquí en España. Cena de asesinos nació de una serie argentina que se llamaba Solo para inteligentes, que luego se llamó El pulpo negro, y que interpretó Ibáñez Menta. Cuando decidimos hacer una versión aquí en co-producción con Italia, desgraciadamente Narciso Ibáñez Menta se puso enfermo. En aquel momento también estaba interpretando una obra de teatro en Madrid, y claro, no podía tenerlo por la tarde en Madrid y a la mañana siguiente rodando en Barcelona, mi centro de operaciones. Porque yo siempre opero en Cataluña y mis películas se hacen aquí con técnicos catalanes. Además queríamos rodarlo en las Islas Medas (Girona), y en Madrid no tienen mar (al menos de momento). Entonces me encontré con que no teníamos a este gran actor, y más tarde con un productor italiano, Vincenzo Salviani, que quería hacer una especie de spaguetti-western. Él venía al rodaje y rodaba unas escenas de violencia adicionales fuera de guión. Además, se llevó todos los negativos a Roma y montó la película sin mi autorización. Por lo tanto comuniqué a la prensa que abdicaba de esta película y que además el verdadero asesino de la película no era otro que el productor, al menos metafóricamente. Y así ocurrió, se la cargó. Además, justificó todos los asesinatos con un tema de drogas que no tenía nada que ver con el guión original o el de la propia serie original. Entonces, al ver que no me apoyaban ni el colegio de directores, del cual yo era un fundador, ni la Generalitat, ni el Ministerio de Cultura, y que, por lo tanto, un productor podía destrozarlo todo, decidí dejarlo y volver a la televisión, que al menos económicamente me repercutía más y mejor. Por eso lo dejé. Lo dejé a pesar de que luego me ofrecieron hacer otro tipo de películas, de Jesulín de Ubrique, de Gaudí… A mí sólo me interesa hacer los temas que yo toco. No hago cine por hacer cine.

Yo, que conozco el cine de Hollywood, reconozco que el productor es el dueño de todo. Pero estas cosas hay que pactarlas en el momento del guión. En Hollywood, si el director acepta realizar una película tiene que firmar todas las páginas del guión que se va hacer con los planos pactados y no se puede inventar nada. En Hollywood, cada mañana, a las ocho, hacen una reunión que se llama el diario, donde se habla del rodaje del día anterior y de lo que se va rodar a continuación. En esa reunión se discuten las cosas que se deben cambiar y el productor ejecutivo debe aprobarlo. Uno no se puede inventar nada y cambiar el discorso, como dicen los italianos, según la marcha. No se puede ir por libre. Es lo que se ha firmado y es lo que se tiene que hacer.

De hecho, metieron unas imágenes reales de un accidente de una avioneta…

Sí, fue en Sabadell… No tiene nada que ver conmigo… -n. del. a.: esos mismos planos pueden también verse en Viaje al más allá, amén de en la psicotrónica Made in China de John Liu-. Cuando la vi en un Festival de Sitges me quedé parado. Aunque, por cierto, esto no significaba que la película fuera mal, porque luego la compraron hasta los chinos en el mercado de Cannes. Tal vez hubiera ido peor si Cena de asesinos hubiera sido una simple historia de asesinatos. En fin, como mis películas no recibían subvenciones porque eran de género, tuve que dejarlo.

¿Cómo ve el cine español actualmente?

El cine español va mal y el catalán peor. Aunque haya películas que vayan a Hollywood y algunas sean fantásticas y extraordinarias, la industria ha desaparecido. En la época que yo empecé a hacer cine, en los sesenta, hacíamos al año ciento catorce películas en Barcelona, cuando en Hollywood hacían unas ciento veinte. Éramos casi como ellos. Spaguetti-westerns, cine de espías, comedias, eróticas…  Españoladas si uno las quiere llamar así… Pero había una industria. Estos de la ley Miró se cargaron el cine, a los productores y a las empresas, y comenzaron a apoyar al autor. Con lo cual poco a poco comenzaron a desaparecer laboratorios, las casas del servicio de cámaras, de atrezzo, de vestuario. ¿Quién es el culpable? La administración. La ley alemana, por ejemplo, tiene un dinero que invierte en cine y lo distribuye por turnos y así todo el mundo puede hacer películas. No se puede marginar a un director por hacer una película de telepatía o de poltergeist, porque detrás de ella pueden trabajar muchos técnicos que después pueden trabajar para una película de Valle-Inclán, por poner un ejemplo. Es más, puede que después esa película de vampiros de más dinero que la de Valle-Inclán.

Actualmente se subvencionan películas que después no se llegan a proyectar…

En mi época se daban subvenciones a películas que jamás se rodaron. Es una vergüenza, hundieron el cine. El día que me hicieron un homenaje en el Festival de Sitges, lo dije públicamente y se quedaron todos pálidos. El conseller de cultura me dijo “¿cómo dices estas cosas públicamente?” Hay que reconocerlo, ustedes se cargaron el cine, señores. Por eso hemos desaparecido todos. Esa es la verdadera historia. Yo tenía un plan a partir del noventa de producir películas de género para jóvenes valores, pero si se cargan la industria uno no puede hacer nada.

¿Cree que el cine español podrá salir adelante en el futuro o que no hay solución posible?

Sí. España es un país de artistas, y si nos domesticamos y hacemos una industria, podremos llegar a volver a ser importantes. Lo que pasa es que será difícil porque nos gusta improvisar. Y genios como Berlanga hay pocos…

¿Tiene pensado volver al cine?

Ahora he vuelto al cine con un documental que se llama El misterio Fassman, que quizá abra una serie de películas sobre personajes misteriosos. Fassman es un personaje cuya historia es muy desconocida y que un año se presentó a uno de los “Magiks”.

¿Qué piensa del cine independiente?

Yo estoy totalmente a favor del cine independiente. Lo que me molesta del cine independiente es que cada vez se parece más a la televisión. A la cámara en mano, a la electrónica, al pequeño formato… El cine es un gran espectáculo. Si yo pudiera rodaría todo en “Cinerama”. El cine puede ser una obra de arte, en cambio la televisión no. La televisión es un medio de comunicación. Y lo digo yo, que he sido pionero y he trabajado en los dos medios, y en la radio. Cada medio tiene su propio lenguaje.

¿Tiene pensado llevar a la gran pantalla la historia de la vampira de Barcelona, Enriqueta Martí?

Yo soy el principal artífice que todo el mundo hable de la vampira de Barcelona, Enriqueta Martí. Lo que sucede es que es una película muy cara, de principios del siglo XX, una época muy cara de recrear. La prueba es que existen un par de guiones y siempre han sido rechazados por el elevado coste. Pero existe otra manera de hacerla más barata y puede que la haga…

¿Con efectos infográficos y similares?

No, no… Otras formas… Incluso de rodaje. Creo que ha llegado el momento de inventar otro sistema de narración cinematográfica.

Juan P. Rodríguez Lazo & José Luis Salvador Estébenez

Published in: on marzo 7, 2011 at 6:37 am  Comments (9)  
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9 comentariosDeja un comentario

  1. Es Victoria Vera y no Abril.
    Por otra parte gracias por entrevistar a Sebastián, ya era hora de que alguien se acordara de él.

    • Tienes razón, menudo lapsus. Mil gracias a ti por la corrección.

  2. Estupenda entrevista!!!!!!!!!

  3. Respecto al tema de las subvenciones. En la misma época de “Más allá de la muerte” tenía un amigo que era directo de cine. Se llama Francesc Herrera. Llevábamos un proyecto cuyo título he olvidado. La protagonizaban Amparo Muñoz y Toni Isbert. Era un thriller al estilo “Escalofrío en la noche” de Clint Eastwood.
    Presentamos el proyecto a la Generalitat y al Ministerio de Cultura. Los miembros de la comisión eran los mismos en la parte catalana.
    Nos respondieron con una carta que decía “Denegamos la subvención al proyecto por ustedes presentado porque es un film demasiado comercial”.
    Yo ni siquiera me he atrevido a presentarles nada. Me dijeron directamente que si quería subvenciones que debía renunciar al cine de género.Con estas mismas palabras.
    Respecto a Sebastián D’Arbó, con quien trabajé en dos ocasiones, fue la persona que me metió en la profesión y por ello le he estado agradecido, me contó Francisco Rovira Beleta (“Los tarantos”, que también estaba en una comisión, que al ver uno de sus proyectos sobre la mesa comenzaron a gritar “¡¡¡Ni un duro para D’Arbó!!!”.
    Luego subvencionaban películas que no se estrenaban o que eran rechazadas si lo hacían. Recuerdo una que pasamos en un festival en que trabajé que vació el cine en media hora. Y el director de esa maravilla estaba en todos los comités de valoración técnica.
    Sobre esos chanchullos se publicó un libro escrito por Antoni Ribas “Contra el amiguismo y la corrupción” que se publicó hacia 1991 por Ediciones Libertarias.

  4. Lo mejor de lo de Victoria Abril, es que D’Arbó no se dio ni cuenta… Abril, Vera… Que más da! 😉

  5. Muy interesante este D´arbó,aunque tiene su cara y su cruz,por un lado cuando trata temas misteriosos con un estilo serio,pase,su faceta de productor de cine,pase,pero es que luego se saca la pasta con videncias por telefono de supuestas adivinas echadoras de cartas y eso ya no me gusta,con todos los respetos eso es de caraduras.

  6. Muy buena ENTREvista…Se está convirtiendo, si no lo es YA, en un ICONO de referencia para ToDos… por algo lo llamean El Teacher, y esperemos que pronto descubra su proyecto Secreto…

  7. […] e inquieto cineasta, periodista e investigador de temáticas paranormales Sebastián D’Arbó, al que hace escasos meses tuviéramos la oportunidad de entrevistar en esta misma abadía, se encuentra ultimando los preparativos de una nueva iniciativa. Se trata del “Festival […]

  8. Me ha parecidomuy instructivo, pursto que al profesor D arbo lo conozco por el libro de Ellnmedo poder de la hipnosis. Estoy muy agradecido,gracias aese libro, hoy enseno hipnosis. Esta faceta no la conocia y me parece muy fascinante. Desde 1977 que he pensado muchas veces que estaria haciendo, creia que tenia una consulta. Saludos.


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