Robot Holocaust / I robot conquistano il mondo [vd: Robot holocausto]

Título original: Robot Holocaust / I robot conquistano il mondo

Año: 1986 (Estados Unidos, Italia)

Director: Tim Kincaid

Productora: Cynthia De Paula

Guionista: Tim Kincaid

Fotografía: Arthur D. Marks

Música: Richard Band [sin acreditar], Joel Goldsmith [sin acreditar]

Intérpretes: Norris Culf (Neo), Nadine Hartstein (Deeja), J. Buzz Von Ornsteiner (Klyton), Jennifer Delora (Nyla), Andrew Howarth (Kai), Angelika Jager (Valaria), Michael Downend (Jorn), Rick Gianasi (Torque), George Grey (Bray), Nicholas Reiner (Haim), Michael Azzolina (Roan), John Blaylock (Korla), Michael Zezima, Edward R. Mallia, Amy Brentano, Dave Martin, Keith Schwabinger…

Sinopsis: Tras una terrible guerra la Tierra ha quedado prácticamente destruida y la humanidad esclavizada por un grupo de robots comandados por el Señor Oscuro, quien ha envenenado el aire para controlar a los humanos. Sin embargo, un científico ha logrado inventar un aparato capaz de inmunizar a su portador de la atmósfera venenosa. Cuando el científico es secuestrado por el Señor Oscuro, su hija pide ayuda a un extranjero llamado Neo junto al que parte con un grupo de rebeldes hacia la fortaleza del Señor Oscuro con el objetivo de liberar a su padre.

La práctica totalidad de las fuentes consultadas coinciden en señalar a Robot Holocaust / I robot conquistano il mondo [vd: Robot holocausto, 1986] como una coproducción entre los Estados Unidos e Italia. Algo en principio sorprendente a poco que se examine la clara raigambre anglosajona que guardan los nombres participantes; no tanto por lo concerniente a su apartado técnico-artístico, lo que, de un modo u otro, era bastante habitual en la industria trasalpina, sino por el hecho de que sus compañías productoras fueran todas de origen norteamericano. Puestos a buscarle una explicación al porqué de tan curiosa circunstancia, lo más probable es que dicha consideración esté derivada de la participación de la Empire Pictures, mítica productora fundada por Charles Band que, por aquel entonces, había establecido su base de operaciones en el país con forma de bota y que también se encargaría de su distribución comercial. A este respecto resulta bastante revelador el que, mientras que en Estados Unidos Robot Holocausto aterrizará directamente en el mercado doméstico, en Italia, por el contrario, llegará a ser estrenada en salas comerciales con todos los honores.

Pero dejando a un lado estas vicisitudes administrativas tan inherentes al binomio cine de género – Europa, lo cierto es que el espíritu del film que nos ocupa está más cercano al del cine exploit perpetrado en la península itálica entre finales de los setenta y principios de los noventa que al norteamericano de idéntica época. Una situación que queda puesta de manifiesto a través de la evidente referencia que su título hace a Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust, 1980), uniéndose así a la amplia nómina de cintas trasalpinas que trataron de aprovechar en su beneficio la popularidad obtenida por la película de Deodato recurriendo a idénticas prácticas [1]. No solo eso; también a lo largo de su metraje encontramos una escena tan tradicional del cine fantástico italiano como es aquella en la que los protagonistas deben de hacer frente a una gigantesca tela de araña y al artrópodo que en ella habita, vista con anterioridad en Il boia scarlatto / Bloody Pit of Horror [vd: El verdugo escarlata, 1965] de Massimo Pupilo y Ator el poderoso (Ator l’invencibile,1982) de Joe D’Amato, por poner solo dos casos.

En vista de estos referentes no debe pues resultar extraño que los principales rasgos tanto estéticos como narrativos de Robot holocausto estén en sintonía con el estilo acuñado por la ola de películas de temática post-apocalíptica realizadas en Italia apenas un par de años antes al rebufo de la saga Mad Max. Como era habitual dentro del subgénero, la cinta se abre con un prólogo en el que una voz en off se encarga de poner en antecedentes al respetable acerca del contexto en el que se sitúa su historia, si bien exista cierta diferenciación. Si en los ejemplos originarios su empleo se limitaba a cumplir una función episódica e informativa, en Robot holocausto esta figura acaba por ejercer el papel de narrador absoluto, enunciando con sus intervenciones el progreso de la trama en un claro intento de aportar mayor unidad y coherencia al desvaído conjunto.

No obstante, este es el elemento que mayor discordancia presenta frente al modelo empleado. Siguiendo las coordenadas típicas de esta corriente, su argumento es articulado mediante una trama itinerante cuya escenografía principal es dividida en dos escenarios: una especie de fábrica industrial para los interiores, en tanto que sus exteriores se corresponden a un parque localizado, según parece, en nada menos que el Central Park de Manhattan. Y es que, al igual que algunos de los títulos más populares del cine post-apocalíptico italiano, como 2019 – Tras la caída de Nueva York (2019 – Dopo la caduta di New York / 2019 après la chute de New York, 1983) de Sergio Martino, Bronx, lucha final (Endgame – Bronx: lotta finale, 1983) de Joe D’Amato, o el díptico del Bronx de Enzo G. Castellari, su acción se desarrolla en una futura Nueva York devastada por culpa del enfrentamiento bélico que puso fin a la sociedad tal cual la conocemos.

A todo este cúmulo de referentes hay también que añadirle otro de los rasgos más característicos de este tipo de productos: la expoliación de ingredientes directamente extraídos de varios títulos de éxito; no solo de aquellos que por temática pudieran estar más o menos próximos a sus planteamientos, como pudiera ser la referida saga Mad Max o 1997: rescate en Nueva York (Escape from New York, 1981) de John Carpenter, sino de otros films que en primera instancia poco o nada tenían que ver con su contenido. Tal particularidad es representada por la presencia de un sosia de C3PO, encargado como este de aportar la nota cómica y, sobre todo, en las continuas alusiones referentes a Terminator (The Terminator, 1984)[2], ya sea a través de su punto de partida argumental, un mundo venidero en el que los robots se han rebelado contra sus creadores destruyendo la civilización y esclavizando a los hombres, como por el personaje de Valeria, una fémina en apariencia humana que revelará su auténtica naturaleza una vez quede al descubierto su faz robótica.

Pero a pesar de los muchos puntos en común existentes entre unas y otra, las películas confeccionadas partiendo de idénticos mimbres por cineastas del escaso prestigio de Giuliano Carnimeo, Romolo Guerrieri o Giuseppe Vari, casi parecen obras maestras comparadas con lo conseguido por Robot holocausto. Ello es debido, en gran medida, al sonrojante grado de incapacidad y amateurismo con el que está ejecutado el proyecto en cada uno de sus apartados, haciendo que su poco más de hora y cuarto transite en todo momento bajo el signo del despropósito. Vayan como muestra un par de ejemplos de los muchos que podrían ponerse en este sentido. El primero de ellos se encuentra en la oligofrénica escena de la “máquina del placer”, cuya toda función, aparte de aportar las consabidas dosis de epidermis femenina, parece ser la de colmar las posibles inquietudes artísticas que pudiera tener su director y guionista, Tim Kincaid[3], representadas en esa pareja de bailarines salida de no se sabe dónde que danza desnuda en las inmediaciones del artilugio entre cortinas de humo.

Con todo, mucho más ilustrativa del nivel de ridiculez que llega a alcanzar el producto es la forma en la que es mostrado el hecho desencadenante de su historia: la detención por parte de los robots del inventor de un aparato semejante a un sonotone capaz de hacer respirable el contaminado aire del planeta a todo aquel que lo utilice, significando su existencia el final del sometimiento de los humanos. Después de que el resto de esclavos permanezcan varios instantes tendidos inconscientes, una vez el Señor Oscuro haya desconectado como castigo la artificial atmósfera en la que viven, el inventor ordenará a su hija que se tumbe en el suelo con el fin de evitar sospechas, a lo que esta obedecerá no sin cierta torpeza y falta de naturalidad. Sin embargo, en lugar de aplicarse el cuento, como sería lo más lógico, él permanecerá impertérrito de pie hasta ser descubierto por los cyborgs y trasladado hasta la guarida del villano para su interrogatorio, brindando así la excusa perfecta para que el resto de personajes puedan partir en su rescate.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Zombi holocausto (Zombi Holocaust, 1980) de Marino Girolami, Apocalipsis caníbal / Virus (1980) de Bruno Mattei, Sexo caníbal / Il cacciatore di uomini / Chasseur de l’enfer (1980) de Jesús Franco, o Terror caníbal / Terreur cannibale (1981) de Julio Pérez Tabernero, Alain Deruelle y Olivier Mathot, son solo algunos de los títulos en los que se dejaría notar esta moda. Eso sin olvidar aquellas otras películas que serían distribuidas internacionalmente en algunos países como falsas secuelas de Holocausto caníbal; tal sería el caso de Comidos vivos (Mangiati vivi!, 1980) de Umberto Lenzi, Schiave bianche: violenza in Amazzonia (1985) de Mario Gariazzo, Natura contro [dvd: Holocausta canibal II, 1988) de Antonio Climati o Nella terra dei cannibali (2003) de Mattei, entre algunas otras.

[2] Curiosamente, tres años después Bruno Mattei llevaría a cabo otro crossover entre la película de James Cameron y el cine post-apocalíptico con Terminator II / Shocking Dark [vd: Terminator II, 1989].

[3] Nacido en 1944 en la localidad californiana de Santa Bárbara, Tim Kinkaid había dado sus primeros pasos tras las cámaras dentro del mundo del cine pornográfico gay, labrándose cierto nombre bajo el seudónimo de Joe Gage. Tras probar fortuna en el cine convencional dentro de los márgenes de la serie B-Z con títulos como Breeders [vd: La muerte ataca en Nueva York (Alien Violator), 1986], Mutant Hunt (1987) o The Occultist [vd: Brujería oculta, 1987], a finales de los ochenta desaparecería del medio hasta la llegada del nuevo milenio, en el que espoleado por su leyenda retornaría al cine para adultos de temática homosexual. Como curiosidad, es de destacar que varias bases de datos le acreditan como uno de los directores en la sombra de la accidentada producción de la Cannon Simbad, el rey de los mares (Sinbad of the Seven Seas, 1989), normalmente atribuida a Enzo G. Castellari y Luigi Cozzi.

3 comentarios en “Robot Holocaust / I robot conquistano il mondo [vd: Robot holocausto]

  1. Tim Kincaid se convirtió en uno de mis directores malos favoritos gracias a este “Robot Holocaust”. Había visto “La muerte ataca en Nueva York” y “Bad Girls Dormitory” pero esto lo supera todo. Desconocía lo de su carrera en el cine guarrindongo O_o

    1. No me extraña que le tuvieras en tan alta estima tras ver esta peli. La escenita de los gusanos de pared que se notan a la legua que son en realidad brazos enguantados de extras tiene tela. Por no hablar del nivel interpretativo o de los clamorosos fallos de continuidad visual y narrativa. Lo que me parece más extraño es que no conocieras su faceta de director de pornografía, no se por qué… 😛 😉

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