Licántropo. El asesino de la luna llena

Título original: Licántropo. El asesino de la luna llena

Año: 1996 (España)

Director: Francisco R. Gordillo

Productor: Primitivo Rodríguez

Guionistas: Jacinto Molina, con diálogos adicionales de Rory Mullen

Fotografía: Manuel Mateos

Música: José Ignacio Cuenca, Tonky de la Peña

Intérpretes: Paul Naschy [Jacinto Molina] (Waldemar Daninsky), Amparo Muñoz (doctora Mina Westenra), Antonio Pica (comisario Lacombe), José María Caffarel (doctor Jeremías Westenra), Eva Isanta (Kinga Daninsky), Luis Maluenda (reverendo Jonathan Leroux), Jesús Calle (inspector Demage), Jorge R. Lucas (Laurent Leroux), Javier Loyola, Rosa Fontana, Ester Ponce, Berta Casal, Bill Holden, Teófilo Calle…

Sinopsis: Europa Central, 1944. Los amores entre una cíngara y un oficial nazi dan a luz trillizos, el tercero de los cuales sufrirá el estigma del licántropo. En la época actual, en Visaria, Waldemar Daninsky, un escritor, verá cómo extraños dolores comienzan a manifestársele mientras la ciudad es asolada por unos atroces crímenes.

Tras casi quince años, y después de La bestia y la espada mágica (1983), Waldemar Daninsky volvió una vez más. El concepto de cine que representaba el personaje había muerto con los programas dobles, el cine de género de serie B y un crecimiento de la industria española que, sin embargo, se volvió hacia unas constantes que siempre eran las mismas, dejando a un lado un tipo de cine de no coincidiera con los cánones de protección del Ministerio de Cultura, de la Academia de Cine que con los Goya instauraba la celebración y obsequio de una industria que se premiaba a sí misma, independientemente de la mayor o menor valía de un cine por encima del otro.

Dentro de esta corriente, Licántropo nació en una época que no era la suya, nadó a contracorriente y, lo peor de todo, es que apenas satisfizo a nadie, ni siquiera al propio Paul Naschy. Había pasado por un infarto y, en su recuperación, comenzó a pergeñar el guión de la película que, tal como había hecho en El aullido del diablo (1987), incorporaba elementos autobiográficos. Tras varios años de descansar en un cajón, fue acogido por el productor Primitivo Rodríguez para llevarlo a la pantalla. Según parece, en un principio había de dirigir el propio Molina, pero la labor recayó finalmente en Francisco R. Gordillo. Según confiesa Naschy en sus memorias: “…productor y director veían la película con un prisma muy diferente al mío”.

Muchos son los problemas que se acumulan sobre la película, pero el más acusado es la pésima realización de Gordillo. Incluso el más mediocre de los realizadores con los que con anterioridad trabajara Naschy lograba insuflar a la pantalla un sentido del delirio y una óptica fantastique que aquí brillan por su ausencia. La mirada de Gordillo se efectúa prosaica, sin magia, y ofrece una estética ramplona más acorde con un spot publicitario que con la que precisa el cine para transmitir una idea y una emoción. El tratamiento de Gordillo, en definitiva, se hace en exceso cansino y aburrido.

Muchos más conflictos se acumulan en el film, como es un reparto a todas luces insatisfactorio, donde los mejores actores parecen escogidos para los cometidos menos notorios: un actor del talento de José María Cafarell -alguien que llegó a trabajar con el mismísimo David Lean- aparece escasamente en un papel de soporte como un forense semi-cómico embutido en una perenne bufanda; Amparo Muñoz apenas se muestra en tres o cuatro secuencias, con lo cual su proceso de enamoramiento hacia Waldemar Daninsky resulta en absoluto convincente; y, para colmo, el propio Waldemar Daninsky recibe un tratamiento de comparsa, a tal punto que el hombre lobo no aparece hasta pasados cuarenta y cinco minutos de metraje, y se percibe que el guión ha servido de excusa para derivar la historia hacia otros derroteros; a saber, la historia de un grupo de cretinos adolescentes que parecen sacados de la serie Al salir de clase.

En medio de ello, se perciben algunas buenas ideas, perdidas en el vacío: el enfrentamiento entre el horror sobrenatural -engendrado por la intolerancia- y el horror cotidiano -un psycho-killer puritano y represor que recuerda un tanto al de la mediocre película de aquel mismo año Scream – Vigila quién llama (Scream) de Wes Craven-. Junto a ello, una esforzada interpretación de Molina, que, como se dijo, incorpora elementos autobiográficos, mostrando un personaje que se pasa toda la película en un constante rictus de sufrimiento -la manifestación de su maldición se ve expuesta con fases de angustia, pesadillas y dolores en el pecho-.

La trama, por su parte, se inicia en la Europa Central en 1944, desvelando los amores entre una cíngara y un oficial nazi, dando a luz trillizos, el tercero de los cuales sufrirá el estigma del licántropo. Ya en la época actual, en Visaria, conoceremos a un Waldemar Daninsky escritor, que verá cómo extraños dolores comienzan a manifestarse mientras la ciudad es asolada por unos atroces crímenes. Molina vuelve a adornar el guión con alusiones a la literatura y el cine que ama: la doctora encarnada por Amparo Muñoz se llama Mina Westenra, al igual que una de las protagonistas del Drácula de Bram Stoker; uno de los personajes -y sus familiares- se apellidará Leroux, en alusión al autor de El fantasma de la ópera, Gaston Leroux; e incluso en un momento dado Cafarell mencionará a un tal profesor Cronenberg…

Los tiempos cambian, por supuesto, y la apariencia de nuestro hombre lobo también. El maquillaje, curiosamente, se ve restringido, aportando un aspecto un tanto similar al de Jack Nicholson en Lobo, con muy curiosos resultados -pelambrera rodeando el rostro y unas brillantes lentillas verdosas-. Los escasos efectos de transformación se efectuan mediante el proceso de morphing, tanto en un plano de conversión en lobo -plano detalle de los ojos dilatando sus pupilas y adquiriendo tonalidad verde y de los dientes mutándose en colmillos- como en el proceso final de metamorfosis de lobo a hombre -un primer plano de Naschy-.

Carlos Díaz Maroto

 

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5 comentariosDeja un comentario

  1. Tienes razón, es malilla, pero el final no me lo esperaba, me gustó esa mixtura de géneros. La mayoría de actores están mal, supongo que por el doblaje. Al menos recuperó a Amparo Muñoz que estaba muy abandonada por el cine.

  2. […] dinámica y efectiva que la apreciada en los últimos filmes protagonizados por el actor (léase de Licántropo a Mucha sangre pasando por School Killer, proyectos todos ellos fallidos a la hora de revitalizar […]

  3. […] entrega de la saga Waldemar Daninsky, que se despedía de una manera decepcionante con la nefasta Licántropo: el asesino de la luna llena (1996) de Francisco Rodríguez Gordillo. Por ese motivo, puede que los amantes del género estemos […]

  4. […] de las cámaras más de diez años después para encarnar a uno de los personajes principales de Licántropo: el asesino de la luna llena, película en la que volvería a coincidir con Paul […]

  5. […] en cortos dirigidos por nuevos cineastas, perdió la oportunidad de reverdecer laureles en 1996 con Licántropo. El asesino de la luna llena (Francisco Rodríguez Gordillo, 1996), un frustrado intento de volver a su personaje más […]


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