Científicamente perfectos

Título original: Científicament perfectes

Año: 1996 (España)

Director: Francesc Xavier Capell

Productor: Francesc Xavier Capell

Guionista: Francesc Xavier Capell, inspirado en Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley

Fotografía: Lluís Milara, Francesc Xavier Capell

Música: Archivo

Intérpretes: Francesc Xavier Capell (Xavi F.), Sílvia Escuder (Anna Rius), Paul Naschy (Comisario), Xavi Serrat (Profesor Serrés), Elisa Vidal (Alquimista), Maite Capell, Teresa Porqueras, José Antonio Moreno, Montse Espunyes, Maria del Mar Buil, Marc Navarro.

Sinopsis: Xavi es un mutante. Le han convertido en una suerte de “monstruo de Frankenstein” perfecto [sic] debido a los experimentos de ingeniería genética de una antigua alquimista. Ambos se han estado alimentando de una sustancia presente en los cerebros de los humanos jóvenes, él durante años, ella durante siglos, con lo que la cuenta de muertes que han causado entre los dos es espeluznante. Ahora, la alquimista persigue a Xavi para acabar con él, sirviéndose de un comisario de policía al que domina mentalmente. Anna Rius, una estudiante, y el padre de esta, un científico solitario, sufrirán las consecuencias.

“¡Hola! Soy el productor-director-guionista-autor de los FX-protagonista de la peli, un tío guaperas y con mucho sentido del humor…”
“¡Hola! Soy el productor-director-guionista-autor de los FX-protagonista de la peli, un tío guaperas y con mucho sentido del humor…”
La alquimista. No lleva gafas oscuras porque lo pida el personaje, sino porque no quiere que la reconozcan luego en el pueblo.
“Yo soy la alquimista. Y me alegro de que mi personaje lleve gafas oscuras, así podré negar que salgo en esta peli”.
“¡Qué suerte, alquimista! A mí me ha dicho Francesc que aparecer cagando en una escena me ayudará en mi carrera como actriz… No sé yo…”
“¡Qué suerte, alquimista! A mí me ha dicho Francesc que aparecer cagando en una escena me ayudará en mi carrera como actriz… No sé yo…”
“¡No os quejéis, guapas! Yo soy un ejemplo de lo que llama ‘vistosos y llamativos efectos’…  ¡Qué cruz! Escolti!”
“¡No os quejéis, guapas! Yo soy un ejemplo de lo que llama ‘vistosos y llamativos efectos’… ¡Qué cruz! Escolti!”

Para qué empezar describiendo Científicamente perfectos si su director, Francesc Xavier Capell, ya lo hace en su web de forma bastante atinada, si bien con esa clase de humor que desconcierta porque no sabes hasta qué punto pretende ser voluntario. Eso es lo que intentaremos desentrañar en esta reseña. Escribe Capell: “Rodada entre 1993 i 1996, esta película de ingeniería genética, cirugia estética y dopage, de estilo surreal y naif, mezclando paródia y homenajes a los clásicos de la serie B y la Ci-Fi, con un laborioso trabajo realizando unos vistosos y llamativos efectos [sic] aplicando las mísmas técnicas artesanales, supuso el retorno de Paul Naschy, e inició el resurgir del cine independiente y de género [SIC gigantesco], inspirando a muchos jóvenes cineastas [ultramegaSIC] a hacer cine sustituyendo la falta de presupuestos con imaginación y mucho sentido del humor.”[1] Hemos respetado las faltas de ortografía y esos gerundios que no vienen a cuento porque este párrafo, ni más ni menos, supone una perfecta trasposición al medio escrito de lo que es Científicamente perfectos. Uno de los films más fistros de la historia del cine. Un lobo con piel de cordero. Un monstruo de dos cabezas en el que conviven discursos antitéticos en lo que respecta a intenciones y resultados. Por un lado, apariencia de desenfado, de cachondeo, de sana ausencia de sentido del ridículo: ya nos dice Capell que no es que la película sea ingenua, sino que está hecha con “estilo naif”. No os riáis de mi película, borricos, que todo está hecho aposta. ¡Vale, Francesc! Te creemos. Ahora leamos, por el contrario, qué opina el director sobre la globalidad de sus propios films: “Los recomiendo por poco paladar cinéfilo que se tenga. Tienen mucho sentido del humor, ironía, y una estética y ritmo diferentes.”[2] Hombre, una estética y un ritmo diferentes sí que tienen. Para que os hagáis una idea, Capell fue dibujante, entre otras series de animación, de Los Fruittis. Y precisamente Los Fruittis tenían un sentido del humor, una ironía, una estética y un ritmo diferentes de lo que ofrecían las otras series animadas del momento. Y un sentido del delirio que tardaría años en igualarse. Por ahí van los tiros. Entre esto y lo de que logró hacer resurgir el cine independiente, no puedo negar que Francesc me ha acabado cayendo mejor que bien, y que soy desde hoy un ávido buscador de sus siguientes títulos. Necesito verlos. Apuntad: el vodevil de romanos Per Júpiter! (2001), el thriller Los ojos del engaño (2004), en el que rescataba a Mirta Miller, y por último El caballero del antifaz (2010), film de culto ya desde que apareció su tráiler en youtube, y que algunos afortunados han podido ver recientemente en pantalla grande en el Pequeño Cine Estudio de Madrid. ¿Será una experiencia a la altura de Kibris, la ley del equilibrio de Germán Monzó?

“No te duermas, tonta, que te contaré un chiste. Mira, esto es un catalán que se encuentra una tirita… y se hace un corte para aprovecharla.”
“No te duermas, tonta, que te contaré un chiste. Mira, esto es un catalán que se encuentra una tirita… y se hace un corte para aprovecharla.”
Como Naschy en sus años mozos y no tan mozos, Capell también es irresistible para las hembras de sus películas.
Como Naschy en sus años mozos y no tan mozos, Capell también es irresistible para las hembras de sus películas.

Volvamos a Científicamente perfectos y a las barreras de la voluntariedad de su humor. En verdad, la película está dialogada como una comedia. Todos los personajes son arquetipos llevados al extremo de la parodia, parcialmente en el aspecto visual (apenas hay gags físicos) y exhaustivamente en el planteamiento verbal, en virtud del cual todos recitan sus líneas con unas pocas coñas por minuto. Por ejemplo: Xavi es un ligón espectacular que va preguntando alegremente eso de “¿Follamos?” sin haber dicho ni su nombre. Y es a la vez capaz de cantar “Las mañanitas” al pie de una ventana despertando a un vecindario. Y es a la vez un despiadado asesino que se alimenta de cerebros de universitarias porque solo puede mantenerlo vivo una sustancia presente en la masa cerebral de individuos jóvenes. Y es a la vez un mutante que nació deforme y débil y ahora es perfecto [de nuevo sic] gracias a un experimento de dopaje llevado a cabo por una alquimista centenaria, con la que además estuvo liado. ¿He nombrado a la alquimista? Se trata de una mujer con gafas de sol, que se pasa la película hablando en un muy peculiar tono monocorde. Y no es que tenga poco diálogo. Su entonación robótica con acento de Lleida nos relata, tomándose todo el tiempo del mundo, que es una antigua bruja que descubrió el secreto de la vida eterna en los cerebros, y que a lo largo de los siglos se ha dedicado a promover todos los avances científicos de la humanidad. Podría seguir con esto pero solo me sale una frase: Francesc Xavier, por lo que más quieras, preséntame a tu camello.

“Francesc, oye, que acepto salir en tu peli. ¿Cuánto puedes pagarme?”
“Francesc, oye, que acepto salir en tu peli. ¿Cuánto puedes pagarme?”
“¿Nada? Bueno, pero el hotelito estará bien, ¿no? ¿Cómo? ¿Que duermo en tu casa?”
“¿Nada? Bueno, pero el hotelito estará bien, ¿no? ¿Cómo? ¿Que duermo en tu casa?”
“Hacerme dormir en un sofá de cuando Landa perseguía suecas… A mí, que me han comparado con Karloff y Cushing…”
“Hacerme dormir en un sofá de cuando Landa perseguía suecas… A mí, que me han comparado con Karloff y Cushing…”

Mención especial merece la participación de Paul Naschy. Explicaba Capell al respecto: “¡Pobre! (…) Colaboró desinteresadamente como el resto de actores. Fue todo muy bien, aunque había partes de humor negro que no le gustaban. Él se tomaba en serio el género y nosotros más a cachondeo.”[3] Así es. Debió ser encomiable la paciencia con este pequeño proyecto que tuvo alguien que se tomaba el género tan en serio como Naschy. En principio el nombre de Paul es lo que tenía que dignificar la película, pero el comisario de policía que le reserva el director no es precisamente un sueño: empieza como un tipo afable y carajillero, vemos pronto que también le tira los tejos a cualquiera que respire, y acaba convertido en una especie de gañán salido. Primero intenta ligarse nada menos que a la alquimista, pero esta le suelta un zurriagazo en forma de rayo mágico para que se esté quieto. Escarmentado, cambiará de táctica cuando se encuentre con Anna, la protagonista femenina: en lugar de ir por las buenas, a esta intenta violarla directamente. Entendemos perfectamente cómo debió sentirse alguien como Naschy en medio de todo esto, si bien todo tiene una lectura positiva: este delirio quintuplicaba en psicotronía a cualquier proyecto en el que hubiese participado antes, lo que ya es algo[4].

“Qué malo es este director, rediós. Me está encuadrando como Ed Wood encuadraba a Tor Johnson...”
“Qué malo es este director, rediós. Me está encuadrando como Ed Wood encuadraba a Tor Johnson...”
“Yo me vuelvo a Madrid, que me han dicho que ya tienen director para Licántropo. Eso sí será una película buena, joder.”
“Yo me vuelvo a Madrid, que me han dicho que ya tienen director para Licántropo. Eso sí será una película buena, joder.”

Y es que sobre el papel, Capell parecía querer emular diálogos del primer Woody Allen en medio de un amasijo de referencias fantásticas: Scanners de Cronenberg, La resurrección de Frankenstein de Corman, algunos asesinatos de planificación giallesca, así como cierto contagio del espíritu autosuficiente característico de los años 90 según el cual numerosos aspirantes a director soñaban, con presupuestos y equipos bajo mínimos, con acercarse a la repercusión mediática de El mariachi,  de Robert Rodriguez. En la práctica, imaginad que todo un Ed Wood yendo hasta las trancas de whisky y vodka bien hubiese podido pergeñar las peripecias de la alquimista, el mutante y el comisario, mientras que Capell escribió su guión tirando de ironía y estilo naif. Hasta ahí, Francesc, ya te hemos dicho que te creemos. Pero si nos pusiéramos a escarbar en la planificación, los encuadres, la iluminación, el montaje, etc., cosa que mejor dejamos para otro momento, podríamos aventurar que Ed Wood, tal vez como Elvis, tal vez como Kennedy, sigue vivo y escondido. Y lo hemos descubierto. Está haciendo películas, con pseudónimo catalán, en Lleida. Y que dure.

Manuel Campeche

[1] http://www.fxcapell.com/cientperf.html El propio Capell es también el principal sospechoso de haber aportado los datos presentes en la entrada dedicada a él en Wikipedia: “[Científicament perfectes] tendría una buena acogida de la crítica, y sería estrenada en Estados Unidos con el título Scientifically perfect”, dice.

[2] Entrevista de José López Pérez a FX Capell en http://www.elblogdecineespanol.com/?p=3355

[3] Entrevista de Eva Melús a FX Capell: «En el cine de bajo presupuesto rodamos cuando juega el Barça», El Periódico de Catalunya, 23 de septiembre de 2010.

[4] En 2002 llegó El lado oscuro de Luciano Berriatúa y el mítico pase en la Semana de Donosti, pero eso ya es otra historia.

6 comentarios en “Científicamente perfectos

  1. Antes de que nadie se rasgue las vestiduras a los pies de página, una puntualización. El autor de la reseña es catalán, así que nadie quiera buscarle tres pies al gato a ciertos comentarios interpretándolos como todos sabemos. ¿De acuerdo?

  2. Por Dios, y pensar que la tengo por casa y nunca me ha dado por verla pensando que era «mala»… Menuda pinta que tiene!

    Por cierto, una reseña excelente. Hacía tiempo que no me reía tanto!! 😉 😛

  3. Yo creo que os habéis pasado un poco, ya sabemos que no es un peliculón y que está hecho con cuatro duros y que si habláis de ella es por la presencia de Naschy, por tanto me resulta un poco reiterativo hablar de lo mala que es y más esos chistes a pie de foto. Es mi opinión.

  4. Pues yo opino que lo mejor que podía hacer es precisamente darle ese toque de humor.
    Después de leerla me han entrado unas ganas locas de verla! Sin embargo si la reseña hubiera mas «seria» no tendría el mismo golpe de efecto. Al menos para mi.
    Supongo que existen películas que se tienen que enfocar de otro modo, y Campeche lo ha hecho de maravilla. Además, tampoco creo que haya insultado ha nadie…
    Aunque esto también es mi opinión, claro.

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