La herencia Valdemar II: La sombra prohibida

Título original: La herencia Valdemar II: La sombra prohibida

Año: 2010 (España)

Director: José Luis Alemán

Productores: José Luis Alemán, Miguel Ángel González, Íñigo Marco

Guionistas: José Luis Alemán

Fotografía: David Azcano

Música: Arnau Bataller

Intérpretes: Silvia Abascal (Luisa Lorente), Óscar Jaenada (Nicolás Trémel), Daniele Liotti (Lázaro Valdemar), Laia Marull (Leonor Valdemar), Paul Naschy [Jacinto Molina] (Jervás), Jesús Olmedo (Chambelán), Eusebio Poncela (Maximilian), Santi Prego (Santiago), Ana Risueño (Dra. Cerviá), María Alfonsa Rosso (Gitana), Norma Ruíz (Ana), Rodolfo Sancho (Eduardo),  José Torija (Engendro), José Luis Torrijo (Dámaso), Luis Zahera (Lovecraft)…

Sinopsis: Luisa Llorente es una tasadora de fincas que desaparece sin más al recibir el encargo de tasar la misteriosa mansión Valdemar. Salen en su búsqueda por un lado, Nicolás Trámel, detective que contrata el jefe de Inmoverance, empresa para la que trabaja Luisa. Y por otro lado sus compañeros de trabajo, Ana y Eduardo. Tendrán que desentrañar el escalofriante pasado para resolver el no menos espeluznante presente…

El estreno de La herencia Valdemar dio píe a un curioso fenómeno de ensañamiento –a todas luces inmerecido y exagerado– desde cierto sector del público, que aprovechó el altavoz que le proporcionaba la blogosfera y demás submundos virtuales para dejar pequeño ese dicho tan español que dice aquello de nadie es profeta en su tierra; fiesta a la que se unió dichoso algún supuestamente respetable medio en papel de tirada diaria; un deporte nacional como otro cualquiera, tan distinto del proverbial chauvinismo francés, ejemplo éste de defensa y ensalzamiento cómplice y sustentador de lo propio, ya sea en detrimento o no de lo ajeno. Cuestiones de carácter genético al margen, ¡cuánto tenemos que aprender del otro lado de los Pirineos!

Rodada simultáneamente con La herencia Valdemar, un año después llegaba su segunda parte, titulada La sombra prohibida. Si a muchos, entre los que no me incluyo, sorprendió negativamente (más que defraudó) el abrupto final inconcluso de la primera parte, más les mortificará el comienzo de esta segunda si los pilla in albis –un comienzo atropellado por frenético, aunque no pudiera ser de otra manera–, que sirve para poner en situación al respetable con un somero retazo de la historia de la que trae camino. La sombra prohibida en ningún caso es más de lo mismo, sino que viene a ser una película radicalmente distinta a La herencia Valdemar, ésta más homogénea y centrada en el relato de época, con una historia tonal y argumentalmente más equilibrada que la que atesora esta nueva entrega de José Luís Alemán. Tan distinta la una de la otra que cualquier comentario no puede hacer sino pasar necesariamente por la vía de la comparación. Segunda parte que lo es en realidad y con todas las consecuencias; no la derivación de una franquicia, sino una película totalmente dependiente argumentalmente de su predecesora, sin cuya visión previa es difícil –por no decir imposible– comprender la trama. Nos adentramos así en un relato directamente deudor de ese pastiche tan característico que era gran parte de aquel cine fantástico español de los años setenta, naif muchas veces, del que las dos partes que ofrece Alemán (cada una por motivos diferentes) son herederas directas de forma gustosa y premeditada; no en vano la presencia de Paul Naschy es una declaración de intenciones sotto voce, con la que su guionista, director y productor sienta las bases de una invitación a recordar viejos tiempos. Una herencia que de rebote lo es también de lo que representó el cine de terror de la Universal, especialmente en los últimos coletazos dados durante los años cuarenta. En ningún caso está presente el espíritu de la Hammer –ahí disiento de la opinión de Alemán, por otro lado respetable y acreditada como ninguna–, productora que jamás pecó de ingenua ni de tradicional.

La presencia en la historia de una gitana echadora de cartas, de esa gruta en la que el grupo protagonista es perseguido por el monstruo, de la inclusión de esos maniquíes a los que uno de los personajes cree amigos reales, de la ceremonia de tintes satánicos (en este caso llevada a cabo por adoradores de otra deidad: Cthulhu), del sacrificio ritual, de esas paredes abarrotadas con fotos de antiguos atormentados y de la alusión al canibalismo, entre otros, son puntos que evocan muchos de los elementos que ese cine fantástico español dio en tocar antaño. De alguna manera, tal concentración de alusiones adquiere importancia por acumulación, se entienda más o menos gratuita y más o menos oportuna. Todo se encastra en la intención de crear un divertimento mimético a un tipo de cine que ya no existe, del que únicamente le diferencia un presupuesto más abultado de los que se estilaban entonces, aquellos más por imperiosa necesidad que por otra cosa, pero que por lo demás, en su forma y en el concepto que representa, es continuador de aquella tradición.

La ausencia del enorme y bien visible esfuerzo de producción del que hacía gala la primera parte, dado su carácter eminentemente de época, resta a esta continuación del delicioso empaque que exhibía aquella; algo impuesto por la propia trama. En ese mismo orden de cosas, es curioso ver como las interpretaciones –estando aquí los personajes a los que se da vida más dispersos, con un carácter más coral, carente por tanto el conjunto de protagonismos principales– están más correctas que en La herencia Valdemar. Algo sin sentido cuando se conoce que ambas películas se rodaron simultáneamente, no de forma sucesiva, y cuya única explicación es su mejor adecuación al contexto contemporáneo dominante, ausente como está en este caso el más sugerente y plásticamente atractivo marco del siglo XIX. Siguiendo con las ausencias, la falta del componente emotivo que aportaba a La herencia Valdemar la historia de amor y fidelidad entre Lázaro (Daniele Liotti) y Leonor (Laia Marull) allana la profundidad de la trama, entregada aquí a una más sencilla y heterogénea aventura.

Hasta ahí José Luís Alemán ha conseguido su objetivo, sincero, sin concesiones y, sobre todo, valiente; o loco, como él mismo se define (admirable locura la suya); todo lo cual son muchos puntos a su favor, merecedores todos de un apoyo incondicional, como rara avis que es dentro del contexto cinematográfico de nuestro país (industria y público), tan ingrato con ciertas propuestas. Quizás se echa en falta un mayor toque subversivo o siniestralizador (valga el palabro), posiblemente necesario para actualizar la propuesta mínimamente a los tiempos que vivimos, relajando así la ingenuidad presente en todo momento; caso en el que sí nos hubiéramos acordado de la Hammer. Del mismo modo, hubiera venido de perlas una mejor medida del tempo de algunos pasajes (los más triviales y realistas) que en ocasiones se dilatan en exceso.

   Juan Andrés Pedrero Santos

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6 comentariosDeja un comentario

  1. Y a mi que las dos películas me han gustado y todo.
    Raro que es uno…

  2. Yo no creo que el “ensañamiento” fuera inmerecido… Sin haber visto la segunda parte, la primera me pareció sonrojante, pues tras su pretenciosidad solo había un guión torpe, una sobreacumulación de elementos mal hilvanados y una dirección de actores pésima: Paul Naschy era quien menos vergüenza daba, interpretativamente hablando, y eso que era un actor mucho más limitado que alguno de los que figuraban en el reparto. Pero claro, Paul estaba acostumbrado a dirigirse a sí mismo, así que ante la falta de pericia de Alemán, al menos tenía recursos para reconducir su personaje. Solo que el acabado formal distraía por momentos de sus muchísimas carencias… pero con ese presupuesto, el acabado formal es lo mínimo exigible (y aún así, el mezclar lo impecable del CGI con cosas como el muerto viviente de goma y sus fosas nasales a lo Skeletor de Frank Langella, pues como que denota una indefinición en el tipo de película que se pretende conseguir y cierto grado de cutrerío).

    Lo dicho, una cinta equiparable a lo más desparramado del fantaterror de los setenta, pero con el agravante de una pretenciosidad que hizo que ella sola y su director se colocaran en un punto de mira en el que, de tener mayor modestia, no habrían estado nunca (véase Rojo Sangre).

  3. […] antes de su fallecimiento fueran un par de proyectos tan similares y, a la vez, tan diferentes como La herencia Valdemar y Empusa. Una coincidencia de lo más significativa por cuanto cada uno de ellos simboliza la mitad […]

  4. […] conocidos dentro del mundillo: José Luis Alemán, director del díptico La herencia Valdemar y La sombra prohibida, el editor de la especializada revista Scifiworld Luis Rosales, y Sergio Molina, hijo del mítico […]

  5. […] ya con anterioridad había sido incluido como parte de la edición en Bluray de La sombra prohibida, la segunda entrega del díptico dirigido por José Luis Alemán La herencia Valdemar, esta vez lo […]

  6. […] proyectos, todos muy diferentes entre sí: Empusa (Jacinto Molina, 2010), La herencia Valdemar / La sombra prohibida (José Luis Alemán, 2010), O apóstolo (Fernando Cortizo, 2012) y Las imágenes perdidas, la otra […]


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