La venganza de Clark Harrison

Título original: La venganza de Clark Harrison / La spietata colt del gringo

Año: 1966(España, Italia)

Director: José Luis Madrid

Director general de producción: Valentín Fernández Tubau

Guionistas: José Luis Madrid, Antonio Santillán, Cándido Ledesma, según la novela “El que sabe matar” de Jesús Navarro Carrión-Cervera.

Fotografía: Jaime Deu Casas, Marcello Gatti

Música: Enrique Escobar, Francesco de Masi

Intérpretes: Luigi Giuliani (Clark Harrison), Marta Padovan (Lois Duvall), Germana MonteverdiMercedes (Cora), Alberto Gadea (Bliss), Carlos Otero (Halloway), Gustavo Re (Juez Wilker), Gaspar “Indio” González (Coleman), Antonio Jiménez Escribano (Juez), Dámaso Muní (Comisario), Isidro Novellas (Sheriff), Hilario Ocon (Walton), Carlos Moyan, José Manuel Pinillos, Moisés Augusto Rocha, Juan Miguel Solano, Juan Torres (Esbirros de Coleman), Carlo Fabrizi, Luis Induni, César Ojinaga…

Sinopsis: Unos bandidos asesinan al Sr. Duvall cuando intentan robar los títulos de propiedad de su mina. Todas las culpas recaen sobre el vigilante Clark Harrison, quien es acusado por  los auténticos criminales durante el juicio. Tras pasar cinco años en la cárcel por una muerte que no ha cometido, Harrison recupera su libertad con la única idea de vengarse de aquellos que con sus testimonios le metieron entre rejas.

Si algún interés reviste La venganza de Clark Harrison es el de ser una tardía muestra del modelo imperante en el western europeo antes de la llegada de Sergio Leone. En un momento en el que el impacto de las dos primeras entregas de la Trilogía del Dólar marcaba la pauta a seguir dentro del estilo, José Luis Madrid se descolgaba con una propuesta que, tanto en la forma como en el fondo, remitía a las que hasta pocos meses antes habían sido las coordenadas del género en su expresión mediterránea. A tal circunstancia no sería ajena el que la base literaria del proyecto se encontrara en un bolsilibro de Jesús Navarro Carrión-Cervera[1] titulado El que sabe matar[2]. Y es que si hubo un rasgo que de algún modo sirviera de nexo de unión entre la producción previa de ascendencia española fue el que en muchas ocasiones se trataran de adaptaciones de las populares novelitas de “a duro” que por aquella época inundaban los kioscos de toda España[3]. Cuando esto no sucedía, era frecuente el recurrir a autores procedentes de aquel campo para que intervinieran en los guiones.

La participación de dichos profesionales acabaría trayendo consigo cierta homogeneidad dentro de esta primera hornada de títulos. Por lo general sus argumentos solían girar en torno a intrigas de corte policíaco, desarrolladas según un formulario esquema común más o menos predefinido, por el que el protagonista debía de desenmascarar la identidad de un asesino o al responsable de un robo, al tiempo que conquistaba el amor de una virginal muchacha que, la mayoría de las veces, estaba relacionada con el hecho principal; o bien era familiar de la víctima, o los robos afectaban a su patrimonio personal. Entre medias, el relato visitaba los lugares comunes acuñados durante décadas por el cine norteamericano. El asalto al banco, la pelea en el saloon, las largas cabalgadas, los duelos y tiroteos, se convertían así en ingredientes sine qua non para este tipo de productos.

Sin saber hasta qué punto se trata de una versión fidedigna del original que toma, La venganza de Clark Harrison no es ninguna excepción a la norma. Y eso pese a que uno de sus guionistas (y asimismo productor) fuera Antonio Santillán,  responsable de algunas joyas menores de nuestro cine negro del calibre de El presidio, Cuatro en la frontera o, sobre todo, El ojo de cristal, adaptación del relato de William Irish (seudónimo del escritor norteamericano Cornell Woolrich) “A través del ojo de un muerto”. De este modo, la película nos sitúa tras los pasos del tal Clark Harrison, vigilante de una mina acusado con falsos testimonios de haber asesinado a su patrón. Tras pasar cinco años entre rejas, Harrison sale de la cárcel con la determinación de vengarse de aquellos que testificaron contra él en el juicio. Para ello se dirige a Paraíso, la ciudad en la que ocurrió todo y donde muchos están convencidos de su inocencia. Una vez allí descubrirá como su encausamiento forma parte de las artimañas dirigidas en la sombra por un misterioso personaje que ambiciona hacerse con la titularidad de la mina.

Como se puede apreciar, nada demasiado novedoso ni destacable más allá de las incoherencias en las que incurre el relato, entre las que destaca por derecho propio la torpeza de unos malhechores que en un lustro no han conseguido avanzar un ápice en sus planes. Así las cosas, los únicos elementos en los que pudiera discernirse algo de impregnación de los nuevos rumbos tomados por el género no pasan de ser el progresivamente diluido carácter de antihéroe que posee su protagonista – cif. lo primero que hace nada más llegar al pueblo es dirigirse a la mina, donde acabará con la vida de dos de los testigos, si bien de forma justificada; a uno le matará en el transcurso de un duelo y al otro en defensa propia cuando intente dispararle por la espalda-, así como su alusión al sempiterno tema de la venganza, leitmotiv por excelencia del spaghetti-western. Con todo, hay que señalar que este tema tampoco había sido obviado durante la era pre-Leone. Sin ir más lejos, esa era la base de la magistral El sabor de la venganza, el primer título de verdadero peso dentro de la historia del western europeo y que, curiosamente, estaba co-escrito por el propio Navarro.

El tratamiento que de este material hace José Luis Madrid discurre según los cauces previstos. Si bien su puesta en escena no esté a salvo de la proverbial chapucería de la que haría gala su director a lo largo de su carrera – cif. las pistolas que de forma inverosímil encuentran los personajes en los momentos más oportunos -, su realización resulta más aseada que de costumbre, no diferenciándose en demasía de la impersonal labor efectuada en algunos de los primeros westerns patrios por gente como Ramón Torrado, Alfonso Balcázar o Rogelio Blasco. Al igual que ellos, Madrid se afana por reproducir como buenamente puede el estilo visual y estético de las coetáneas cintas de serie B llegadas del otro lado del charco, con la intención de ofrecer un producto que a los ojos del público se antojara lo más parecido posible. En este contexto, no deja de ser sorprendente que en sus títulos de crédito no se esconda la verdadera procedencia hispano-italiana de la película, al contrario de como era costumbre. O al menos en la copia española, ya que, al parecer, en la trasalpina sí que se recurre a la habitual práctica de anglificar los nombres del elenco técnico-artístico con el fin de simular tratarse de un film cien por cien norteamericano. No contentos con ello, aparte de los consabidos bailes de nombres en los cometidos técnicos con respecto a la versión española, el personaje principal también sería rebautizado para su desembarco en Italia, pasando a llamarse Sol Lester.

Sin embargo, lo caduco de su apuesta y sus escasos valores cinematográficos no evitaron que, contra todo pronóstico, La venganza de Clark Harrison acabara por ser un negocio de lo más rentable en términos financieros. En España recaudaría la elevada cantidad de doce millones de pesetas aportados por los más de ochocientos mil espectadores que pudieron verla en salas, presumiblemente como complemento de sesiones dobles. Además, la película lograría desembarcar en varios mercados tan atractivos como el francés o el alemán, lo que por si solo ya amortizaba la escasa inversión realizada por sus productores. No es pues extraño que, visto lo visto, Madrid decidiría volver a probar fortuna pocos meses después con otro western de corte clásico en lo que supondría su despedida del género: La balada de Johnny Ringo, coproducción con Alemania que contaría con el aliciente de estar protagonizada por quien entonces pasaba por ser la gran figura mediática del cine germano, el antiguo Tarzán Lex Barker.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Con permiso de José Mallorquí, Jesús Navarro Carrión-Cervera sería uno de los más activos autores de literatura pulp que trabajaron en el medio cinematográfico. Si hacemos caso a los datos recogidos en la imdb, Navarro participaría directamente en la escritura de media docena de films, a los que hay que añadir al menos otro par de traslaciones de textos previos aparte dela presente. La popular base de datos le acredita igualmente como autor de diálogos adicionales para la fundacional La noche del terror ciego, primera entrega de la célebre Tetralogía de los Templarios de Amando de Ossorio, sin que dicha información haya podido ser constatada por el abajo firmante. En el aspecto literario, publicaría más de quinientas novelitas entre 1947 y 1985, con el referido seudónimo de Cliff Bradley en el western y como Jesús Carrión en la novela femenina.

[2] Publicada por Bruguera en 1964, en la colección Bisonte nº 872, con el seudónimo de Cliff Bradley.

[3] No hay que olvidar que el más claro antecedente con el que contó el género en nuestra cinematografía era el díptico que a mediados de los cincuenta dirigiera Joaquín Luis Romero Marchent sobre el personaje literario creado por Mallorquí “El Coyote”.

Un comentario en “La venganza de Clark Harrison

  1. El protagonista, Luigi Giuliani, hizo una película con la Dúrcal, Más bonita que ninguna, otra con Sara, La reina del Chantecler, y hasta con Sofía Loren, Boccaccio´70.

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