La sonrisa del lobo

unnamed (1)

Título original: La sonrisa del lobo

Año: 2009 (España)

Director: Javier Perea

 Productora: Imagen D.E.A.T.H.

Documentación: Diego López

Fotografía: Rafael Martín Rubio

Música: Contraband

Intervinientes: Paul Naschy [Jacinto Molina], Juan Pablo Orduñez “El pirata” (Voz en off)…

Sinopsis: En 1968 daba comienzo la unión entre Paul Naschy y su personaje mas emblemático: Wadelmar Daninsky. Desde entonces y hasta la actualidad, Paul y Waldemar siempre han estado unidos. Cuarenta años después, y de las garras de Naschy, nos adentramos en la fantástica y misteriosa ciudad de Toledo para revivir con Paul todas aquellas oscuras y terroríficas películas y así, poder vivir con él, aventuras y desventuras en la sonrisa del lobo…

La sonrisa del lobo se arroga la particularidad de ser el primer documental existente en torno a la obra de Jacinto Molina aka Paul Naschy. La autoría de tan novedoso proyecto recae en la figura de Javier Perea, uno de los nombres propios del underground fantástico español, gracias a su labor al frente del colectivo “Imagen D.E.A.T.H.”. Activo desde la década de los noventa, a lo largo de este tiempo su carrera ha ido recorriendo todas las facetas posibles dentro del mundillo: vendedor, distribuidor, editor, organizador y, en los últimos años, productor y ocasional director de largometrajes de bajo presupuesto realizados al margen de la industria, en su mayoría confiados a jóvenes talentos procedentes del campo del cortometraje.

Dada su condición de producto independiente, La sonrisa del lobo se ve aquejada por una serie de problemas comunes a esta clase de propuestas. Quizás el principal se encuentre en la ausencia de una distribución normalizada. Desde que viera la luz, apenas sí ha sido proyectado en un par de festivales especializados como los de Sitges y Toledo (este último organizado por el propio Perea), permaneciendo desde entonces a la espera de una futurible edición comercial en formato doméstico que lo rescate del limbo. Por otra parte, su acabado formal se resiente de unos modos amateurísticos que afean, y mucho, sus resultados. Una situación que, dadas las características propias de la obra, más parece debida a la falta de pericia de su equipo técnico que a cualquier otro tipo de condicionante. Muestra de ello son los múltiples ruidos e interferencias que asolan su sonido en directo, un montaje de lo más abrupto o la acusada carencia de insertos procedentes de los films aludidos, dando la sensación de que las escasas imágenes que finalmente comparecen responden a los títulos que sus responsables tenían más a mano.

No obstante, todos estos defectos no invalidan el innegable valor como documento testimonial que atesora La sonrisa del lobo, al ser Paul en primera persona quien ejerza de guía por este recorrido a través de su filmografía licantrópica. Bajo su habitual inmodestia y con la ciudad de Toledo como telón de fondo, Paul desgrana por medio de vivencias, anécdotas y recuerdos los quince títulos en los que se puso bajo la piel del hombre lobo; desde la inaugural La marca del hombre lobo (1968) hasta la pintoresca Um lobisomen na Amazônia (2005), reinterpretación en clave musical del clásico de H. G. Wells La isla del Dr. Moreau, pasando por la decisiva La noche de Walpurgis y sin olvidar sus interpretaciones del personaje lejos del icónico Waldemar Daninsky para las comedias Buenas noches, señor monstruo y Aquí huele a muerto… (¡Pues yo no he sido!).

Como cabría de esperar, los testimonios de Naschy coinciden con lo recogido en sus Memorias de un hombre lobo, tanto en la forma como en el fondo. No faltan pues los momentos en los que el madrileño aprovecha la coyuntura para arremeter contra antiguos compañeros y/o colaboradores, rememorando afrentas pasadas. En este sentido son especialmente significativas sus explicaciones acerca del carácter stajanovista del que fuera el director de algunas de sus películas más reconocidas, León Klimovsky, por cuanto tienen de (involuntario) reflejo del clima de incertidumbre con el que los artesanos de la época debían de desarrollar su oficio. En todo caso, lo más interesante del conjunto reside en la detallada reconstrucción que Naschy hace de las vicisitudes que rodearon la producción de dos de sus títulos malditos: la invisible Las noches del hombre lobo y Los monstruos del terror.

Lamentablemente, lo ajustado del metraje propicia que en otras muchas ocasiones la información suministrada sobre algún título en concreto no pase de lo anecdótico. Y es que, según está planteado, sus apenas cuarenta y cinco minutos se antojan del todo insuficientes para albergar de un modo satisfactorio semejante repaso por las muchas encarnaciones cinematográficas de nuestro hombre lobo patrio. En este sentido, todo el alcance de La sonrisa del lobo queda reducido al de mera curiosidad de cara a completistas y seguidores de la obra naschyana o, en su defecto, al de publirreportaje turístico de la que un día fuera capital del Imperio; consideración que, a juzgar por lo visto, no parece muy alejada de las pretensiones subyacentes con las que fue concebido.

Pedro Príncipe

Published in: on septiembre 2, 2011 at 5:14 am  Dejar un comentario  
Tags: ,

The URI to TrackBack this entry is: https://cerebrin.wordpress.com/2011/09/02/la-sonrisa-del-lobo/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: