El club de los monstruos


Título original: The Monster Club

Año: 1981 (Gran Bretaña)

Director: Roy Ward Baker

 Productor: Milton Subotsky

Guionistas: Edward Abraham, Valerie Abraham, basándose en relatos de R. Chetwynd-Hayes

Fotografía: Peter Jessop

Música: Douglas Gamley (segmento “Shadmock”), John Georgiadis (segmento “Vampire”), Alan Hawkshaw (segmento “Humgoo”)

Intérpretes: Vincent Price (Eramus), John Carradine (R.Chetwynd-Hayes), Donald Pleasence (Pickering), Stuart Whitman (Sam), Richard Johnson (Padre de Busotsky), Barbara Kellerman (Angela), Britt Ekland (Madre de Busotsky), Simon Ward (George, novio de Angela), Anthony Valentine (Mooney), Patrick Magee (Padre de Luna), Anthony Steel (Lintom Busotsky), Fran Fullenwider (Buxom Beauty), Roger Sloman (Secretario del club), James Laurenson (Raven), Geoffrey Bayldon (Psiquiatra), Warren Saire (Lintom niño), Neil McCarthy (Watson), Lesley Dunlop (Luna), The Viewers, B.A. Robertson, Night, The Pretty Things, UB40, Suzanna Willis (Stripper), Sean Barry-Weske (Ghoul), Prentis Hancock (Policía), Liz Smith…

Sinopsis: El escritor Ronald Chetwynd-Hayes sirve de alimento a Eramus, un vampiro en horas bajas. Para agradecerle el detalle, el chupasangres le invita a un selecto club habitado por una pandilla de monstruos en el que podrá escuchar la mejor música de la época. Allí, en mitad del bullicio, Eramus aprovechará la ocasión a su vez para contarle a Ronald algunos de los secretos y entresijos de los monstruos con tres historias de terror.

Roy Ward Baker, director cuya carrera se vio estrechamente ligada a la Hammer con joyas como Kung fu contra los siete vampiros de oro, Las cicatrices de Drácula o Dr. Jekyll y su hermana Hyde, también tuvo algo de que ver con la productora rival de ésta, la Amicus, ya que en 1972 dirigió bajo su sello Refugio macabro y en 1980 realizó la primera película producida por Milton Subotsky tras la muerte de la Amicus Productions, y cuyo nombre es El club de los monstruos.

Dicha película cuenta tres historias de terror diferentes que están basadas en los relatos de Ronald Chetwynd-Hayes recogidos en su libro homónimo The Monster Club. Con ella, Subotsky intentaba recobrar el espíritu de terror de la mítica productora y darle un aire renovado interconectando los cortos de terror con unos temas musicales más actuales de grupos como Night, The Pretty Things, Brian A. Robertson o UB 40, obteniendo unos resultados de lo más irregulares. Y es que, si bien las canciones son de una calidad indudable, todos están filmados de una manera tosca, pobrísima y sin ningún atisbo de originalidad salvo, quizás, el tema de The Stripper Song de Night, en el que veremos un striptease con final “sorpresa” recreado mediante animación, y que, si lo comparamos con el Sucker for your Love entonado por Brian A. Robertson, rodado en un solo plano lleno de zooms sin sentido, nos parecerá una master piece.

Pero bueno, dejando de lado los momentos musicales del film que resulta más que obvio que son lo menos interesante, habría que centrarse en las historias de terror que un cortés vampiro encarnado por el mítico Vincent Price le cuenta a John Carradine. Tres historias de lo más variopintas y que giran en torno a un árbol genealógico encabezado por los tres monstruos principales del imaginario popular: el vampiro, el hombre lobo y el fantasma.

La primera historia, se podría decir que la más floja de todas, nos relata el intento de robo de una mujer a un misterioso anticuario (mitad licántropo, vampiro y fantasma), cuyo silbido mortal resultará el arma perfecta para llevar a cabo su venganza. La segunda, presentada en el disco-club por un productor de cine llamado Lintom Busotsky, en clara referencia al propio productor de la cinta, trata sobre una familia de vampiros que se verá perseguida por una especie de Van Helsing encarnado por Donald Pleasence y que resultará la única de las tres historias adornada con unas notas de humor bastante socarrón. Por último, en la tercera historia, la más conseguida de todas, un director de cine encarnado por Stuart Whitman buscará algunos exteriores para su película de terror e irá a parar a un pueblo habitado por unos misteriosos encapuchados zombificados que parecen salidos de El último hombre… vivo (The Omega Man, 1971) de Boris Sagal, que impedirán que se marche del pueblo.

Si bien parece que la película no consigue encontrar una línea definida, – las “psicodélicas” escenas de la discoteca brillan por ser precariamente chapuceras (el maquillaje de los monstruos, sin ir más lejos, parecen simples caretas de pega) -, habría que (saber) reconocer cierto merito al menos en la ambientación de las historias de terror y el esmero que Roy Ward Baker pone en cada una ellas. Así pues, la desgana que se percibe durante los momentos “discotequeros” en los que Vincent Price y un desmejorado John Carradine (con las manos deformadas por la artrosis) hacen lo que pueden, eclipsan los aciertos casuales (o no) que pudiéramos encontrar durante los tres cortes terroríficos. Es por ese motivo que ni el director, ni su plantel de viejas estrellas consiguen sacar adelante una película ya de por sí demasiado difícil. De ahí la suerte que corrió comercialmente y como Subotsky tuvo que abandonar su intento de retomar las películas de episodios de la Amicus con el rabo entre las piernas. Puede que el terror de aquella época, más abocado al slasher que a las historias clásicas de miedo con vampiros, hombres lobo y fantasmas, hicieran que El club de los monstruos fracasara estrepitosamente y que su exquisito mensaje final, mostrando al ser humano como el monstruo más sanguinario de todos, no sorprendiera a nadie. ¿A caso Viernes 13 [Sean S. Cunningham, 1980] o La noche de Halloween [John Carpenter, 1978] no nos habían mostrado ya de que eran capaces los hombres?

Juan Pedro Rodríguez Lazo

7 comentarios en “El club de los monstruos

  1. La recuerdo como muy poquita cosa. Me pareció simpatiquilla, pero más por el reparto y por la idea de resucitar el estilo de la Amicus que por sus propios resultados. Coincido con Juan Pedro en que el capítulo que más merecía la pena era el último de todos, en especial por la idea de recrear las criaturas mediante dibujos durante el principio.

  2. Solamente los INGLESES,tienen ese estilo,tan unico,de hacer terror,y con esos legendarios actores:PRICE,CARADAINE,y PLEACENSE,esta pelicula es un verdadero clasico del horror EUROPEO.

  3. EL CLUB DE LOS MONSTRUOS, ¡EXCELENTE!
    (Monster Club, 1980)
    Un Club secreto funciona clandestinamente en una ciudad inglesa, ahí busca diversión la minoritaria comunidad de monstruos, que coexiste insertada desapercibidamente en la sociedad humana…
    A esta película inglesa de terror yo la veía en la tele b/n; hoy, décadas después, reencontrarla en la web, verla en color detalladamente y con mi actual mentalidad de hombre ya formado, me permitió descubrir su genialidad y la gran calidad de sus historias, guión, actores, ambientación, vestuario y hasta de la banda sonora, que es sobresaliente. Vincent Price -nada menos-, John Carradine, Donald Pleasence y otros, lograron interpretar esta genialidad, que no carece de profundidad y actualidad.
    JAVIER DANTE VITOLO

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