The Kiss of the Vampire [tv: El beso del vampiro]

Título original: The Kiss of the Vampire

Año: 1963 (Gran Bretaña)

Director: Don Sharp

Productor: Anthony Hinds

Guionista: John Elder [Anthony Hinds]

Fotografía: Alan Hume

Música: James Bernard

Intérpretes: Clifford Evans (Profesor Zimmer), Noel Willman (Dr. Ravna), Edward De Souza (Gerald Harcourt), Jennifer Daniel (Marianne), Barry Warren (Carl), Jacquie Wallis (Sabena), Isobel Black (Tania), Peter Madden (Bruno), Vera Cook (Anna), Noel Howlett (Padre Xavier), John Harvey (Sargento), Olga Dickie, Horst Ebersberg, Dolly Read, Stan Simmons, Elizabeth Valentine…

Sinopsis: Una pareja de recién casados se encuentra de luna de miel por Centroeuropa. Durante su viaje, su automóvil se queda sin gasolina, por lo que se ven obligados a hospedarse en el hotel de una población cercana. Casi al momento de su llegada, el matrimonio recibe una invitación para pasar la velada en el castillo del doctor Ravna, el hombre más eminente de la zona. Aceptada la propuesta, pronto sintonizan con el doctor y su familia, ignorando que, en realidad, se tratan de los cabecillas de una secta vampírica que pretende iniciar en su culto a la mujer.

The Kiss of the Vampire [tv: El beso del vampiro, 1963] supuso la tercera incursión en el mundo de los vampiros por parte de la Hammer, tras la fundacional Drácula (Dracula, 1958) y Las novias de Drácula (The Brides of Dracula, 1960), siendo la primera de ellas que no contaría con la participación de los que habían sido los principales responsables en el plano ideológico de estas dos primeras aproximaciones: el director Terence Fisher y el guionista Jimmy Sangster. Tal circunstancia, unida al hecho de que su reparto no esté encabezado ni por Peter Cushing ni por Christopher Lee, sin lugar a dudas los dos rostros mas carismáticos asociados a la marca, se antoja crucial para que The Kiss of the Vampire haya pasado a la historia como un título menor dentro de la filmografía hammeriana. Una consideración del todo injusta, ya que se perfila como el verdadero primer esfuerzo acometido por la mítica productora británica por abordar la temática vampírica, lejos de la óptica “draculiana” que había presidido sus anteriores visitas[1].

La dirección de tan singular proyecto recaería en Don Sharp, realizador por aquel entonces prácticamente desconocido que iniciaba así una colaboración con la casa del martillo que se prolongaría por dos títulos más, The Devil-Ship Pirates [tv: Los piratas del Diablo, 1964] y Rasputín (Rasputin: The Mad Monk, 1966), a los que se les añadiría años más tarde un capítulo para la televisiva serie La Casa del Terror (Hammer House of Horror, 1980), titulado “El guardián del abismo” (Guardian of the Abyss). En The Kiss of the Vampire Sharp consigue uno de sus mejores trabajos, gracias a una narración en la que, en contraposición a los anteriores títulos terroríficos dela Hammer, hace gala de un estilo contenido, dosificando las escenas violentas y raciones de hemoglobina que se habían convertido en los rasgos mas reconocibles de las propuestas de la casa. Dentro de la inspirada labor del australiano caben destacar varias resoluciones visuales donde, valiéndose de los elementos de atrezzo, juega con la situación de encierro en la que, de un modo u otro, se encuentran sumidos todos sus personajes; de entre ellas, quizás la más interesante, dado su significado, sea la analogía que establece a la llegada de los recién casados al castillo, relacionándolos dentro del mismo encuadre con el par de pájaros enjaulados que presiden la estancia, idea esta que ha sido prologada momentos antes por un plano en el que el doctor Ravna observa a través de su telescopio a la pareja de forasteros internarse en sus dominios, como si de un cazador se tratara.

En cuanto al guion, correría por cuenta de John Elder, apodo tras el que se escondía el también productor Anthony Hinds. Según parece, para darle forma Hinds echaría mano de un antiguo libreto escrito por Peter Bryan para un proyecto que nunca llegó a materializarse, en parte por la negativa de Lee de volver a encarnar al Príncipe de las Tinieblas, llamado Dracula and the Damned, al que se le añadiría la escena final inicialmente prevista para la citada Las novias de Drácula, suprimida por razones de índole presupuestaria. Uno de los principales aciertos que guarda este libreto se encuentra en la ocurrencia de mostrar a los vampiros como una especie de culto satánico en lugar del tradicional grupúsculo de seres aislados, situación ésta no muy explotada a lo largo de la historia del género[2]. Ello da pie para articular una doble lectura de su trama, en base a la conocida crítica a la sociedad victoriana marca de la casa. Y es que no es difícil ver en la secta una alegoría de la alta sociedad de la que forman parte sus integrantes, que por medio de la socialización y la sofisticación pretende seducir a nuevos adeptos de los que valerse[3]. Así, una cortés y, en principio, inocente invitación a cenar será el inicio del acoso y derribo planeado por los vampiros para tomar bajo su poder a la inexperta esposa, en un cortejo que tendrá su punto culminante en otra reunión social, significativamente, un baile de máscaras[4]. Por si aún quedaran dudas con respecto a tales intenciones, cabe recordar cómo el arma utilizada por los vampiros para engatusar a la joven es un elemento de la raigambre cultural de la música, la cual aquí adquiere poderes hipnóticos  cuando es ejecutada al piano por el vástago de Ravna.

Cambiando de tercio pero sin abandonar su libreto, tampoco pueden ser pasadas por alto las muchas semejanzas que este arroja con el de Las novias de Drácula. No es que sólo, como ya se ha dicho, reutilice de él una escena desechada; es que su estructura argumental viene a ser la misma. Tanto en una como en otra la víctima potencial es empujada por las circunstancias a pasar la noche en una posada, donde recibirá una invitación para cenar en la morada de los vampiros; una vez en el lugar, deberá luchar por no convertirse en una de ellos con la ayuda de un médico especialista en acabar con estos seres. A tal punto llegan los parecidos que en las dos películas hay una escena en la que los vampiros se dirigen al cementerio para despertar de su letargo a sus nuevos adeptos, y en ambas sus cazadores resultan mordidos, circunstancia que resolverán purificando la herida con fuego, si bien con diferentes métodos, muy indicativos de la personalidad de cada uno de ellos: mientras que en la cinta de Fisher el heterodoxo Van Helsing emplea agua bendecida, en el título que nos ocupa el borracho profesor Zimmer[5] lo hace bañando en alcohol la dentellada. Siguiendo con esta serie de conexiones, es de recalcar que, siquiera por casualidad, The Kiss of the Vampire adelanta varios elementos – cf. la escena de la invocación y, en general, todo lo referido a la secta- que años más tarde serían recuperados por el propio Fisher en la excepcional e infravalorada The Devil Rides Out [tv/dvd: La novia del diablo; vd: La batalla de Satán, 1968], cinta igualmente producida porla Hammer y guionizada por Richard Matheson a partir de una novela Dennis Weathley.

Sin embargo, a pesar de los muchos valores que atesora, The Kiss of the Vampire no da de sí todo lo que podría esperarse debido a un final un tanto apresurado que rompe con el ritmo de una primera hora soberbia, plagada de detalles, que no tiene nada que envidiar a los mejores clásicos de la casa. Asimismo, también cabe reprocharle la exageradamente insulsa interpretación de los actores encargados de encarnar a la pareja de recién casados, llegando en el caso de Edward De Souza a rozar la vergüenza ajena, algo tampoco demasiado extraño vistas sus prestaciones en la versión de El fantasma de la ópera (The Phantom of the Opera, 1962), de, una vez más, Terence Fisher. Todo ello no quita para que sus resultados sean los de un film bastante superior a lo que ha venido siendo considerado tradicionalmente por la crítica; un título a redescubrir y a reivindicar en suma, que muestra con diáfana claridad cómo, en sus años de esplendor, la Hammer fue mucha Hammer.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Si bien es cierto que en la anterior Las novias de Drácula se prescindía del personaje del conde transilvano en todo su metraje, no menos cierto es que utilizaba su nombre como reclamo comercial en el título, existiendo incluso un prólogo no rodado en el que el príncipe de las tinieblas contagiaba al vampiro protagonista de aquella cinta, el Barón Meinster.

[2] Este elemento también se daría en El baile de los vampiros (The Fearless Vampire Killers, 1967), de Roman Polanski, parodia que, en realidad, suponía una declaración de amor del polaco por el cine de la Hammer y en referencia directa a la presente película.

[3] Dicho subtexto tampoco está a salvo de cierta carga clasista; no tanto por parte del dúo protagonista, que al fin y al cabo pertenecen a una familia acomodada, sino por la sumisión de los dueños del hotel, una vez tengan conocimiento de que su desaparecida hija se encuentra en el castillo a las “órdenes” de los Ravna. En el mismo sentido, también puede señalarse el extraño servilismo que muestran los criados humanos de los Ravna hacia sus amos vampiros, o el escepticismo que el oficial de policía mostrará a la denuncia en la que el marido acusa al doctor Ravna de haber secuestrado a su esposa, aludiendo a su condición de hombre más respetable de la comarca.

[4] A pesar de que sea algo bien sabido, no está de más recordar que dicha escena sería el origen de uno de los momentos más emblemáticos de, precisamente, El baile de los vampiros.

[5] Cuya apariencia, dicho sea de paso, recuerda al Zé Do Caixao que diera vida por primera vez un año más tarde el brasileño José Mojica Marins en la fundacional À meia-noite levarei sua alma [vd: A media noche me llevaré tu alma, 1964].

Published in: on diciembre 30, 2011 at 9:57 am  Comments (3)  

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3 comentariosDeja un comentario

  1. Como homenaje al desaparecido Don Sharp, publicamos hoy está versión corregida y aumentada de la reseña aparecida originalmente en Pasadizo de la que es, en mi opinión, su mejor película: “The Kiss of the Vampire”. Espero que no se note mucho el “refrito”…

    Ya de paso, aprovecho para felicitaros a todos las fiestas. ¡Feliz salida y entrada de año!

    • Pues ídem para usted (y oportunísimo, que no oportunista, este rescata de un director-obrero de lo más simpático)

  2. Buenísima El beso del Vampiro, la había visto hace muchos años en cine, y no la podía encontrar, me parece genial, soberbia sobre todo el clima creado en los primeros 30 minutos, una clase de cine que nunca mas se hará. No lo recuerdo bien pero creo haber leído en algún comentario que en la escena del comienzo -cuando introduce la pala en ataúd- en la versión original no brotaba sangre y luego fue agregado ese detalle en posteriores copias?

    Felicitaciones
    Ricardo


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