El único evadido

Título original: The One That Got Away

Año: 1957 (Gran Bretaña)

Director: Roy [Ward] Barker

Productor: Julian Wintle

Guionista: Howard Clewens, según la novela basada en hechos reales El único evadido de Kendal Burt & James Leasor

Fotografía: Eric Cross

Música: Hubert Clifford

Intérpretes: Hardy Krüger (Franz Von Werra), Colin Gordon (Interrogador del Ejército), Michael Goodliffe (Interrogador de la R.A.F.F.), Terence Alexander (Oficial de inteligencia de la R.A.F.F.),  Jack Gwillim (Comandante), Andrew Faulds (Teniente), Julian Somers (Taquillero de la estación), Alec McCowen (Oficial de guardia), Harry Lockart, Robert Crewdson, George Mikell, George Roubicek, John Van Eyssen, Frederick Jaeger, Richard Marner, Paul Hansard (Prisioneros alemanes), Gerald Anderson, Arthur Bentley, Victor Brooks, Adrian Cairns, Edward Cast, Robert Cawdron, Cyril Chamberlain, Peggy Ann Clifford, Jan Conrad, Reed De Rouen, Robert Dorning, Michael Golden, Celia Hewitt, George Hirste, Bernard Horsfall, Glyn Houston, Stratford Johns, Charles Morgan, Al Mulock, Etain O’Dell, Robert Raglan, Michael Ripper, Norman Rossington, Anthony Sagar, Jack Taylor, Ben Williams, Frank Williams…

Sinopsis: Después de que su avión sea abatido durante la Batalla de Inglaterra, el piloto alemán Franz Von Werra es enviado a un campo de prisioneros. Desde el primer momento su único objetivo será la fuga. Tras diversos intentos fallidos, es enviado a un nuevo campo de concentración en Canadá. En esta ocasión consigue huir y, después de atravesar la frontera, llega a Estados Unidos, donde pide asilo político al tratarse de un país neutral.

No andan muy desencaminados aquellos comentaristas que señalan la innegable referencia que proporcionó en su momento El único evadido (The One That Got Away, 1957) cuando pocos años después el ya veterano John Sturges realizó el que sería enorme éxito La gran evasión (The Great Escape, 1963). No cabe duda que las concomitancias entre el protagonista que encarna en el film de Baker –antes de iniciar su periodo con la Hammer Films– el alemán Hardy Kruger y en el de Sturges – Steve McQueen, se encuentran definidos con rasgos bastantes similares. Solo podríamos modificar, en ambos casos, el “bando” de cada uno de los protagonistas –alemán en el primero y norteamericano en el segundo-, limitando el alcance del film británico primigenio a las andanzas de su personaje principal, y en el segundo abriendo una galería de prototipos complementarios. Curiosamente, esta circunstancia no evita que Kruger componga un retrato atractivo de su rol protagonista, mientras que bajo su aparente acogida y alcance coral, La gran evasión suponga uno de los primeros exponentes del narcisismo que presidió la carrera y la propia imagen cinematográfica del por tantos –no por mí- venerado Steve McQueen. Tal vez sea por ello por lo que finalmente prefiera esta simpática y pequeña producción inglesa, en la medida de suponer un relato atractivo, quizá demasiado centrado en su elaboración como mero producto de entretenimiento, faceta en la que no obstante puede decirse que logra cumplir su cometido sobradamente. El mérito en esta ocasión, se centra en una precisión como relato, la falta de pretensiones en su plasmación, un alcance físico que tendrá su especial significación en el episodio final, y la eficacia de un cuadro técnico y artístico –aspecto en el que me gustaría destacar el montaje –responsabilidad del posterior director Sidney Hayers-, y la sensación evidente en todo momento, de que cualquier atisbo de pretenciosidad en el relato queda por completo relegada, al servicio de un mecanismo de relojería bien engrasado y, sobre todo, servido con suficiente distanciación.

El único evadido nos cuenta la andadura de Franz von Werra, conocido aviador alemán que será atrapado por el ejército inglés en 1940, en medio de un aterrizaje forzoso de este en un vuelo. Prosaica detención a la que afrontará von Werra con cierta altanería, albergando desde el primer momento la intención de escaparse del campo de concentración en el que sea internado –intención que no ocultará al oficial británico que lo intente interrogar-. A partir de ese deseo, y en connivencia con sus compañeros alemanes presos, se escapará de uno de los ejercicios exteriores realizados por estos, siendo buscado afanosamente hasta ser encontrado desfallecido escondido en un barrizal. Tras ser incomunicado y trasladado de internamiento, articulará una nueva fuga, en esta ocasión practicando un túnel por debajo de los barracones en los que están internados los presos. El plan será un éxito, y a punto le llevará a tripular un vuelo en el aeródromo de la R.A.F.F. Sin embargo, finalmente será capturado de nuevo –junto a los otros participantes en la huída-, siendo trasladado hasta otro internamiento en Canadá. Será precisamente durante el largo trayecto en tren tras el viaje en barco que llevaría a los presos de Inglaterra al continente americano que el aviador logrará huir del ferrocarril cuando este se encuentra a plena marcha y estando el entorno absolutamente nevado. Será una nueva y dura prueba para nuestro protagonista, que finalmente tendrá entre sus posibilidades poder cruzar la frontera con los Estados Unidos, que le podría proporcionar inmunidad como país neutral que era aún entonces en el conflicto bélico.

A la hora de destacar las cualidades que finalmente conforman el atractivo del film de Baker, cabría señalar en primer lugar su aspecto de crónica desapasionada en torno a la figura –realmente existente- de su protagonista. En ningún momento la película levanta el tono, supone cántico alguno relacionado con el patriotismo ni, por otro lado, en modo alguno se erige como alegato antinazi. Dejando de lado todas estas características, es evidente que los responsables del film optaron por una crónica sencilla y desapasionada, una mirada –si cabe la expresión- muy british, en la que la presencia de un cierto sentido de la ironía –especialmente en la relación que von Werra tendrá con los oficiales británicos que les tocará en suerte-. Pero al mismo tiempo, El único evadido va elevando sus cuotas de interés, al centrarse en las diferentes fugas protagonizadas por el aviador, que son mostradas casi desprovistas de dramatismo alguno –incluso en ellas se aportan matices que despojan de cualquier matiz heroico las mismas; las muchachas que intentarán avisar a las autoridades cuando el protagonista realice su primera intentona en pleno campo-, en un entorno dominado por una notable sobriedad. Se trata, que duda cabe, de un look visual bastante común al cine británico de aquellos años, quizá cuestionado en su momento, pero que con el paso de los años deja ver el alcance de su efectividad –como nos podrían definir títulos como El experimento del Dr. Quatermass (The Quatermass Xperiment, 1956) de Val Guest o El pueblo de los malditos (Village of the Damned, 1960) de Wolf Rilla, ambos ya integrados en el contexto de la primigenia Hammer Films-. Una eficacia esta centrada en la fisicidad de sus imágenes, en la mirada sobria y distanciada, y en la oportuna intercalación de apuntes de comedia y suspense –la conversación que von Werra mantiene con el responsable de la estación de tren, y la llegada a la misma de la policía-. En medio de ese contexto, quizá se eche de menos un mayor enfrentamiento entre nuestro protagonista y los superiores británicos con los que ha tenido que tratar. Algo que finalmente solo quedará en esa apuesta que establece con uno de ellos, y que finalmente protagonizará los últimos instantes del film. Sin embargo, quizá una de las mayores objeciones que se puede formular a la película, es la de haber obviado casi por completo ese desafío que podría haber alcanzado tintes casi metafísicos.

Pese a dicha circunstancia, lo cierto es que el film de Baker –que un año después realizaría otra película también con tintes de acción; La última noche del Titanic (A Night to Remember, 1958)- se degusta plenamente, elemento en que –reitero- tiene una notable importancia la labor de montaje, unido a una ajustada planificación por parte del director. En este sentido, y cuando uno se introduce en el relato y deja de lado ese alcance casi insustancial que en definitiva lo caracteriza, resulta casi obligado destacar algunos elementos y secuencias que ejercen como brillantes set pièces, erigiéndose como fragmentos especialmente conseguidos. En esta línea se encuentra el episodio que concluirá en el paso del río para alcanzar la frontera norteamericana, dejando atrás la canadiense, y erigiéndose como el más brillante de la película, lo cual permite que su resultado alcance una personalidad especial, al estar situado en su último tramo. Serán unos minutos progresivamente angustiosos, centrados en mostrar el tremendo esfuerzo físico que el protagonista tendrá que realizar, en plena nevada, para llegar a trasladarse con una barca que ha encontrado, a ese río que se encuentra rodeado de grandes bloques de hielo. El fragmento, que carece de diálogos, nos permite casi sentir el tremendo esfuerzo de von Werra, y su progresivo desfallecimiento alcanzando finalmente un rasgo de epopeya, que no dudo en comparar con algunos de los episodios que brindaba el cada vez más menguado Scott Carey en el sótano de su casa, en la gloriosa El increíble hombre menguante (The Iincredible Shrinking Man) de Jack Arnold. Ambas películas están fechadas en 1957, por lo que no sabría señalar una influencia más o menos razonada de uno u otro film. Lo único que puedo señalar a este respecto, es que las semejanzas existen de manera concluyente. Y serán además, los únicos momentos en los que el argumento del film intente justificar un alcance casi existencial a la andadura del protagonista, sobresaliendo la parte final de la película, del carácter de film de entretenimiento con el que fue concebido. Una etiqueta a la que respondió plenamente, pero que sin duda también en ese mismo momento, desperdició la ocasión de formular una aventura apasionante. No lo es, pero sin embargo nos quedamos con un pequeño título, más que estimulante en su limitado alcance.

Juan Carlos Vizcaíno

* Texto aparecido originalmente en el blog Cinema de perra gorda y reproducido con el consentimiento de su autor.

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