Lobos de Arga

Título original: Lobos de Arga

Año: 2011 (España)

Director: Juan Martínez Moreno

Productores: Tomás Cimadevilla, Emma Lustres

Guionista: Juan Martínez Moreno

Fotografía: Carlos Ferro

Música: Sergio Moure

Intérpretes: Gorka Otxoa (Tomás Mariño)Carlos Areces (Calisto), Secun de la Rosa (Mario), Manuel Manquiña (Evaristo), Mabel Rivera (Rosa Mariño), Luis Zahera (cabo de la Guardia Civil), Marcos Ruíz (Diego), Ramses (Vito), Coté Soler (Guardia Civil)…

Sinopsis: Tomás, un joven escritor con no demasiado éxito, vuelve a Arga, un pequeño pueblo de Galicia donde pasó su infancia y que al cabo de los años pretende convertirlo en hijo predilecto. Una vez allí, Tomás no tarda en reencontrarse con viejos conocidos como Calisto, un amigo de la infancia, o su tío Evaristo, quien se ha convertido en el alcalde y cura del pueblo. Mientras espera con orgullo recibir el reconocimiento, el desgraciado novelista verá que la verdadera intención de los habitantes de Arga es sacrificarlo, pues es el último vástago de los Mariño, una familia sobre la cual pesa una terrible maldición.

Si repasamos la filmografía española comprobaremos que no existe un solo título que sea netamente de hombres lobo desde la última entrega de la saga Waldemar Daninsky, que se despedía de una manera decepcionante con la nefasta Licántropo: el asesino de la luna llena (1996) de Francisco Rodríguez Gordillo. Por ese motivo, puede que los amantes del género estemos de enhorabuena. Y no sólo porque nos hallemos ante una película con un diseño de producción envidiable en la que el humor y el horror se dan de la mano con bastante buen tino, si no porque se podría decir que Lobos de Arga es el único film español que ha ambientado la licantropía en su territorio nacional con todas sus consecuencias fantásticas. Y es que si volvemos a echar la vista atrás, las únicas películas que tratan este subgénero son las ya nombradas películas de Paul Naschy – cuyo personaje Waldemar Daninsky, recordemos, tenía orígenes polacos -, y de manera muy distinta la excelente El bosque del lobo (1970) de Pedro Olea y Romasanta, la caza de la bestia (2004) de Paco Plaza, dos filmes que abordaban al lobisomem gallego de una manera más realista y alejada del fantástico, basándose en la figura de Manuel Blanco Romasanta – el único hombre condenado por licantropía en España del que se tiene constancia -, aunque habría que apuntar que el filme de Plaza se queda en tierra de nadie al mostrar de repente una extraña y breve transformación de hombre a lobo (muy potente, por cierto) que no encaja para nada con el tono usado durante el resto del film. Lejos de estos ejemplos, tan sólo podemos apuntar breves apariciones sin importancia en títulos como Un vampiro para dos (1965) de Pedro Lazaga o Buenas noches, señor monstruo (1982) de Antonio Mercero, así que podemos asegurar que al fin se ha hecho en este país una película de “hombres lobo” verdaderamente castiza.

Juan Martínez Moreno, director de la interesante Dos tipos duros (2003), toma prestado el humor gamberro de Zombies Party (Shaun of the Dead, 2004) de Edgar Wright(1) para contarnos esta rocambolesca historia de licántropos que viene encabezada por un excelente y solemne prólogo narrado mediante unas impecables ilustraciones. Dicho prólogo nos adentra en la típica película de hombres lobo de aires góticos – con su gitano correspondiente y la imprescindible maldición que cae sobre la familia de turno, en esto caso la de los Mariño – para después saltar un siglo y relatarnos las desventuras de Tomás en un tono mucho más jocoso e informal. De hecho, aunque Martínez Moreno haya declarado que entre sus fuentes de inspiración se encontraba la imperecedera Un hombre lobo americano en Londres (An American Werewolf in London, 1981) de John Landis -con su cuidada mezcla de humor y terror -, durante el visionado de Lobos de Arga se hace plausible que el realizador y guionista ha echado mano de la nombrada cinta de Wright, film que también le sirvió de guía a la hora de escribirlo, tal y como ha confesado. Así pues, en lo que a comedia se refiere, Lobos de Arga es algo irregular pues tiene momentos que funcionan muy bien, como por ejemplo, la escena en la que Tomás es obligado a cortarse un dedo; y otros totalmente fortuitos y cansinos, como la reincidencia que se da durante la película sobre el pasado como follaovejas de Calisto. Los disparatados personajes del film son algo estereotipados – el escritor fracasado, el editor embaucador, el amigo tonto del pueblo… – y quizás carezcan de algo de profundidad, pero los actores sacan provecho de una vis cómica en estado de gracia y Gorka Otxoa nos regala la mejor actuación de su carrera desde el Chema de Pagafantas (2009) de Borja Cobeaga. A pesar de lo dicho, algún personaje se sale de madre, como el guardia civil interpretado por Luis Zuhera, que pasa de ser un funcionario más bien simplón a un héroe que parece salido de Jungla de cristal o Rambo (aunque al menos rompe con el estereotipo de picoleto cuadriculado del que hace gala su torpe compañero, ya que, según cuenta, lee a Poe y a Lovecraft).

El apartado terrorífico del film es el que mejor funciona, pues Lobos de Arga tiene el enorme acierto de no utilizar los dichosos efectos infográficos para recrear a los hombres lobo y sus transformaciones – recurso que ha venido lastrando la mayoría de producciones de este género durante los últimos años -, aunque si que se utiliza algún morphing de manera escueta. Estamos por tanto ante una película que hace un buen uso del maquillaje y que tiene un diseño de las bestias que haría palidecer al mismísimo Rick Baker. Pero además consigue escenas de una gran tensión como las recreadas en las mazmorras – que quizás quieran evocar a las producciones daninskianas de los setenta-, aunque a veces, todo hay que decirlo, el continúo sentido del humor socarrón de la película las eche por tierra como ya apuntábamos anteriormente.

También habría que apuntar que Lobos de Arga se toma algunas licencias respecto a otras películas de hombres lobo, pues en el caso que nos ocupa no es necesario la plata para terminar con los licántropos, si no que por el contrario cualquier arma sirve para liquidarlos llegando al punto de llegar a utilizar ¡¡estacas!!. Por lo demás nos hallamos ante una historia solvente que sabe jugar con la incertidumbre que se crea entorno a los designios de la maldición, pues como comprobaremos, no resulta tan fácil terminar con ella como con los alobados del film.

Juan Pedro Rodríguez Lazo

(1)De hecho parece un tanto paradójico que el título que se le ha dado a la película en el Reino Unido sea Party of Wolves. ¿Estamos ante una venganza por el ridículo título que se le dio a la película de Wright en el mercado español?

Published in: on agosto 6, 2012 at 6:12 am  Comments (1)  
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