Ha muerto Joaquín Luis Romero Marchent

Si hace unos días comentábamos la muerte de Sancho Gracia, actor que diera vida al popular Curro Jiménez, hoy tenemos que hacer lo propio con el óbito del que fuera uno de los principales ideólogos y responsables del éxito de la serie. Joaquín Luis Romero Marchent falleció ayer tras una larga enfermedad, cuando se encontraba próximo a cumplir los 91 años.

El cine español pierde así a una de sus más importantes nombres. Y es que, sin su aportación, la historia del cine, no solo a nivel nacional sino también continental, habría sido muy diferente a como hoy la conocemos. No en vano, sería él quien descubriría las enormes posibilidades que presentaba el western en el Viejo Continente, gracias a sus primerizas adaptaciones de personajes literarios como El Coyote y El Zorro. El éxito obtenido por sus  primeras incursiones dentro del género, entre las que se encuentran dos obras maestras con mayúsculas del estilo a todos los niveles, como son El sabor de la venganza y Antes llega la muerte, abriría la brecha dentro de la industria europea que propiciaría poco tiempo después el surgimiento del denominado spaghetti-western. Sin ir más lejos, el coproductor italiano de sus primeros títulos, Alberto Grimaldi, lo sería también de la fundacional Trilogía del Dólar que sentaría las bases de la nueva corriente que revolucionara el género de la mano de Sergio Leone. El resto es historia.

Sin embargo, este acontecimiento terminaría por trastocar la hasta entonces brillante carrera de Joaquín dentro del western. Su concepción del género, mucho más cercano al western clásico norteamericano, atento antes a la concepción dramática y al perfil psicológico de los personajes que al posible manierismo de su puesta en escena o a la preponderancia de sus componentes sádicos, se encontraba en las antípodas del nuevo estilo imperante, lo que hizo que, poco a poco, sus incursiones en el género al que había dado hálito se fueran espaciando cada vez más en el tiempo. Quizás por ello, su despedida de los terrenos del western se produciría con un film seco, crudo, nihilista, sin concesiones y brutalmente violento que, en cierta manera, parecía una revancha en toda regla del cineasta madrileño a los rumbos emprendidos por el género en Europa desde sus orígenes. Aunque en su momento la acogida comercial de Condenados a vivir  resultara más bien tibia, con el tiempo a logrado granjearse un status de pieza de culto en medio mundo debido al festín hemoglobínico que anida en sus imágenes, siendo señalada por algunos autores como uno de los más claros precedentes europeos del slasher norteamericano.

Pero la consideración de la obra de Joaquín no solo se cimenta en la decisiva influencia que su desarrollo tuvo en el devenir de la industria del cine de género europeo. Más allá de ello, su verdadera valía se encuentra en la solidez de una filmografía compuesta por dos decenas largas de títulos. Si bien el ejemplo más palpable de ello se encuentre en las ya referidas El sabor de la venganza y Antes llega la muerte, tampoco hay que olvidar el alcance de otros de sus trabajos más significativos, como bien pueden ser Fulano y Mengano o El hombre que viajaba despacito, films que a pesar de pasar sin pena ni gloria en su estreno y del desconocimiento que aún hoy persiste sobre ellos, se erigen en dos de las más altas cimas de la tragicomedia típicamente hispana. En ellas, como en cualquier otro de sus films, se da buena medida del arte y el oficio de este irrepetible hombre de cine. Descanse en paz, maestro.

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