Tiburón

Título original: Jaws

Año: 1975 (Estados Unidos)

Director: Steven Spielberg

Productores: David Brown y Richard D. Zanuck

Guionistas: Peter Benchley y Carl Gottlieb, según la novela de Peter Benchley

Fotografía: Bill Butler

Música: John Williams

Intérpretes: Roy Scheider (jefe Brody), Robert Shaw (Quint), Richard Dreyfuss (Matt Hooper), Lorraine Gary (Ellen Brody), Murray Hamilton (alcalde Larry Vaughn), Carl Gottlieb (Ben Meadows), Jeffrey Kramer (diputado Leonard Hendricks), Susan Backlinie (Christine Watkins), Jonathan Filley (Tom Cassidy), Chris Rebello (Michael Brody), Jay Mello (Sean Brody), Lee Fierro (Sra. Kintner), Jeffrey Voorhees (Alex Kintner), Craig Kingsbury (Ben Gardner), Peter Benchley (presentador de televisión)…

Sinopsis: En la costa de un pequeño pueblo del este de Estados Unidos un enorme tiburón ataca a varias personas. Temiendo las fatales consecuencias que esto puede provocar en el negocio turístico, el alcalde se niega a cerrar las playas y a difundir la noticia. Pero un nuevo ataque del tiburón, en la propia playa, termina con la vida de otro bañista. El terror se ha hecho público, así que un veterano cazador de tiburones, un científico y el jefe de la policía local se unen para dar caza al temible escualo.

A mediados de la década de los setenta, un joven director proveniente del medio televisivo, llamado a convertirse con el transcurrir de los años en uno de los nombres de referencia de la cinematografía mundial, revolucionaba el cine de terror, y más concretamente el subgénero de monstruos, con su segundo film. El director era Steven Spielberg y la película Tiburón (Jaws, 1975), adaptación del best-seller homónimo del novelista neoyorkino Peter Benchley, quien junto al también actor Carl Gottlieb se encargó de dar forma al guión de la misma(1). Para hacerse una idea del impacto que supuso la aparición de Tiburón, baste comentar que, además de ser el film más taquillero de la historia en su momento, erigiéndose en el punto de partida de una saga y de innumerables imitaciones a lo largo y ancho del globo que se extienden hasta la actualidad, produjo tal psicosis en los espectadores de la época que no fueron pocos los bañistas que en los años siguientes a su estreno prefirieron quedarse en la orilla de la playa y no adentrarse en el mar, ante el temor de que en cualquier momento un escualo pudiera aparecer causando los estragos recogidos en la cinta.

Pero el camino hasta el éxito no fue nada fácil para el equipo de la película. Su producción se demoró hasta los seis meses, debido a las dificultades derivadas de rodar en el mar, la más importante de las cuales fue que el muñeco mecánico que debía de hacer las veces de réplica del tiburón protagonista no funcionara correctamente, lo que obligó a Spielberg a afinar aun más su imaginación a la hora de planificar, prescindiendo en la medida de lo posible de los planos en los que el tiburón tuviera protagonismo con el fin de que poder avanzar en el rodaje. Pero lo que en un principio había supuesto una solución de emergencia acabó por revelarse uno de los grandes aciertos de la cinta, beneficiándose en su eficacia de la inestimable ayuda que le brinda en este sentido el emblemático tema principal de la banda sonora de John Williams, ganadora del Oscar de aquel año en la categoría y convertida hoy en día, con todo merecimiento, en todo un icono del género a la altura de la partitura que Bernard Herrmann compusiera para Psicosis (Psycho, 1960) de Alfred Hitchcock, la cual sabe potenciar y acentuar la sensación de angustia de las imágenes a las que acompaña, al tiempo que sirve para delatar la presencia del animal en escena, pese a que la mayoría de las veces éste no aparezca físicamente.

Separado en dos grandes tramas, el núcleo central del relato se centra en la amenaza que supone la presencia del escualo para la población costera en la que se desarrolla la historia, y la consiguiente caza del animal, puesta en escena por Spielberg con una pericia nada habitual teniendo en cuenta la bisoñez del director por aquella época, pleno de inventiva visual, y haciendo un manejo envidiable de la tensión y el suspense. Dentro de este apartado, el futuro director de En busca del arca perdida aprovecha para incluir de forma sutil un claro alegato ecologista, reflejado en momentos tan espeluznantes como la escena de la primera batida de cazadores en busca del tiburón, donde, tal y como es presentada, uno no puede más que plantearse quién es en verdad más salvaje, si el animal irracional que mata por su propio instinto de supervivencia, o el supuesto animal racional que mata por deporte.

Este arco argumental es conjuntado por la historia de sus tres personajes principales, encabezados de forma encomiable por Roy Scheider en el papel del jefe de policía del pequeño pueblo turístico que intenta hacer prevalecer la seguridad de sus habitantes ante las trabas de unas autoridades locales más preocupadas en velar por los intereses económicos de la localidad, y afectado a su vez de una terrible fobia al mar derivada de un trauma sufrido en la infancia –no en vano, no es hasta la última escena, y tras acabar con el escualo, cuando le vemos zambullirse en el agua por primera vez-. Junto a él, completan el trío protagonista Richard Dreyfuss, como un científico que, a pesar de su aparente frágil aspecto, resulta esconder en su interior a un valiente aventurero, y un enorme Robert Shaw, interpretando a un marinero con ecos del capitán Ahab de Moby Dick, quien, con el monólogo en el que relata su dramática primera toma de contacto con los tiburones, protagoniza sin duda la mejor escena del film, tanto por su apoteósica interpretación, como por lo que su concurso representa para la trama, ya que, por un lado, certifica el grado de unión y confianza que han alcanzado las relaciones de estos tres hombres en principio tan diferentes, solos frente a la inmensidad del océano, y por otro, funciona de momento de calma que precede a la tempestad, siendo rodada por Spielberg con la sobriedad que requiere el momento, lejos de los alardes visuales desplegados anteriormente.

Su comentado impacto comercial provocó que con Tiburón nacería lo que hoy conocemos como el fenómeno blockbuster, término que con el devenir del tiempo ha llegado a convertirse en un adjetivo peyorativo, debido a las actuales producciones encuadradas en esta corriente, la mayoría de las cuales parecen haber sacrificado toda aspiración artística a favor de la espectacularidad y comercialidad más vacua. Sin embargo, el visionado de la película que inauguró el estilo nos recuerda que no siempre fue así; en ella su director fue capaz de encontrar la fórmula de conjugar espectacularidad y comercialidad sin eludir la calidad artística, dando como fruto uno de esos pocos títulos marcados con el estigma de la leyenda.

José Luis Salvador Estébenez

(1) Inteligentemente, en su adaptación Benchley y Gottlieb eliminaron lo peor del libro, el episodio del adulterio.

Published in: on agosto 27, 2012 at 6:36 am  Comments (6)  

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6 comentariosDeja un comentario

  1. Fíjate que este título me suena… y no se ahora de que jajaajjaa

    PELICULON

  2. Vista estas vacaciones, en casa de un amigo. La versión en blu-ray, proyectada en pantalla grande en el jardín, de noche. Como si estuviéramos en el cine, en todos los sentidos…

  3. Maravillosa proyección y estupenda peli…

    • ¿Qué pasa, que vais a dedicaros los dos a pasarme por los morros que habéis estado de vacaciones? 😛

  4. […] se encontraba de pleno esplendor dentro de la cultura popular gracias al impacto suscitado por el Tiburón (Jaws, 1975) de Spielberg, el cual a su vez adaptaba el homónimo literario de Peter Benchley, […]

  5. El novelista Peter Benchley parece que solo tiene libros relacionados con el mar y monstruos submarinos. Tambiénn suya es la novela de Tiburón 2 y una novela de piratas que han sobrevivido ocultos trescientos años en una isla de las Bermudas, así como otra novela sobre un monstruo de las profundidades.


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