Un vampiro para dos

Título original: Un vampiro para dos

Año: 1965 (España)

Director: Pedro Lazaga

Productor: Nazario Belmar Martínez

Guionistas: José María Palacio, Pedro Lazaga

Fotografía: Eloy Mella

Música: Antón García Abril

Intérpretes: Gracita Morales (Luisa), José Luis López Vázquez (Pablo), Fernando Fernán Gómez (Barón de Rosenthal), Goyo Lebrero (Wolf), Trini Alonso (Nosferata), Adriano Domínguez, José Orjas (Don Tomas), Manuel Arbó, Guillermo Méndez, José Villasante, Ángel Menéndez, Ana Carvajal, Claudia Gravy, Aníbal Vela, Rafael Alcántara, el perro Sultán (Wolf)…

Sinopsis: Pablo y Luisa son un matrimonio de recién casados que ve peligrar su relación a causa de los horarios de sus respectivos trabajos en el metro de Madrid, los cuales les impiden verse. Por ello, deciden emigrar a Alemania en busca de un empleo mejor que les permita pasar más tiempo juntos. Una vez allí, encontrarán colocación en casa del barón de Rosenthal, un peculiar y taciturno aristócrata de origen húngaro que resulta ser un vampiro.

Hasta el nacimiento del denominado fantaterror hacia finales de los años sesenta con el estreno de La marca del hombre lobo (1968) de Enrique López Eguiluz, el bagaje del género fantástico dentro del cine español, salvo casos aislados como los de La torre de los siete jorobados (1944) de Edgar Neville, Gritos en la noche (1961) de Jesús Franco, El sonido de la muerte (1965) de José Antonio Nieves-Conde, o los diversos trabajos en la época silente de Segundo de Chomón, se había limitado a servir de comparsa en películas de todo tipo, ya fueran estas comedias de corte fantástico, caso de las sendas adaptaciones de la pieza teatral de Enrique Jardiel Poncela Las cinco advertencias de Satanás, la de 1937 a cargo de Isidro Socias o la de 1969 dirigida por José Luis Merino[1]; melodramas con toques góticos, como la reivindicable El clavo (1944) de Rafael Gil; de corte religioso, como esa obra maestra de nuestro cine que es Marcelino, pan y vino (1954)de Ladislao Vadja;musicales como la rara avis Parsifal (1951) de Daniel Mangrané y Carlos Serrano de Osma; excentricidades inclasificables como Fata Morgana (1966) de Vicente Aranda, o parodias cómicas del propio género como es el film que nos ocupa.

La dirección de Un vampiro para dos (1965) recae en el catalán Pedro Lazaga, artesano responsable de más de noventa películas en terrenos tan dispares como el cine bélico – La fiel infantería (1960) o Posición avanzada (1966)-, el péplumLos siete gladiadores (I Sette Gladiatori, 1962)-, el musical – A 45 revoluciones por minuto (1969) -, o el drama[2]El otro árbol de Guernica (1969) –, siendo la comedia, habitualmente de tono familiar y moralista, su estilo más frecuentado y con el que mayores éxitos obtuvo. Suyos son títulos tan propios de Cine de barrio como Abuelo Made in Spain (1969), Sor Citröen (1967)o la magnífica Los tramposos (1959). En cuanto a su reparto, éste está encabezado por una de las parejas artísticas más de moda en aquellos tiempos, formada por José Luis López Vázquez y Gracita Morales, Gracita Morales y José Luis López Vázquez, tanto monta, monta tanto, cuya unión profesional se prolongaría durante más de treinta películas, siendo acompañados en esta ocasión por Fernando Fernán Gómez como el Barón-vampiro de Rosenthal, y, en el papel de sirviente de este, Goyo Lebrero, uno de los actores de reparto más injustamente olvidados del cine español.

Centrándonos en la película en cuestión, se trata de una simpática comedia que no se queda en la simple parodia del tema del vampirismo, si no que también sirve de retrato sociopolítico de la España de la época a través de las innumerables referencias que a lo largo de su metraje aluden tanto a nuestra cultura como a nuestra imagen exterior, cubierto todo ello por un patriotismo latente que bascula entre lo serio y lo irónico. Bastantes escenas y situaciones dan fe de lo expuesto anteriormente: el marido pluriempleado; el momento en que la pareja protagonista va a tomar un taxi en Alemania y el conductor al cerciorarse de que son españoles les cobra por adelantado; la escena en que José Luis López Vázquez explica al Barón como es una corrida de toros, a lo que éste responde, con evidente cara de mal cuerpo, “españoles sanguinarios”; o la secuencia de la muerte del vampiro por el reflejo del tricornio de charol de un guardia civil situado en la frontera entre España y Francia, la cual también sirve para ilustrar la situación del género fantástico en nuestro país por aquellos momentos. Y es que en aquella España gris no había sitio para los monstruos de novela, y por añadidura, para la fantasía.

En cuanto a la parodia del mito propiamente dicha, ésta está centrada en el personaje del citado Barón de Rosenthal, un infeliz trasunto del Conde Drácula incapaz de hacer daño a nadie y que vive dominado bajo el influjo de su hermana. Sobre esta base, Lazaga va desarrollando diversas escenas a cuesta de la imaginería vampírica que abarcan desde momentos tan logrados como aquel en el que el Barón acude a una farmacia para comprar plasma y así poder alimentarse; brillantes, como que el vampiro habite en la ciudad de Dusseldorf, en clara referencia a la magistral M, el vampiro de Dusseldorf  (M, 1931) de Fritz Lang; fallidos, como cuando éste al no verse reflejado en un espejo se dirige a la cámara para explicar lo que resulta obvio; zafios, como la manera de repeler el ataque de una vampira al ser eructada en la cara por el personaje de López Vázquez, el cual previamente había tomado sopas de ajo; o directamente delirantes, como la mutación al que son sometidas varias canciones populares de nuestro folclore, caso de “Asturias, patria querida”, o “Desde Santurce a Bilbao”, a cuenta de la nacionalidad húngara del personaje interpretado por Fernando Fernán Gómez.

En definitiva, con sus virtudes y sus defectos, se trata de un título menor pero bastante superior a la media de las comedias de esos años. Un producto entrañable en suma, que merece ser reivindicado como testamento de una época, los sesenta, donde los españolitos se veían abocados a marcharse al extranjero para poder ganarse la vida.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Existe una tercera versión en discordia de nacionalidad mexicana, dirigida en 1945 por Julián Soler.

[2] Incluso ciertas fuentes barajan la posibilidad de que Lazaga hubiera sido el director en la sombra de una de las joyas de nuestro fantaterror, la atmosférica La mansión de la niebla / Quando Marta urló nella tumba (1972)  de Paco Lara Polop.

Published in: on noviembre 12, 2012 at 7:20 am  Dejar un comentario  

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