Django desencadenado

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Título original: Django Unchained

Año: 2012 (Estados Unidos)

Director: Quentin Tarantino

Guionista: Quentin Tarantino

Fotografía: Robert Richardson

Música: Varios autores

Intérpretes: Jaime Foxx (Django), Christopher Waltz (Dr. King Schultz), Leonardo DiCaprio (Calvin Candie), Kerry Washington (Broomhilda), Samuel L. Jackson (Stephen), Walton Goggins (Billy Crash), Don Johnson (Big Daddy), Franco Nero (Amerigo Vessepi).

Sinopsis: Un dentista reconvertido en cazarrecompensas llamado Dr. King Schultz, le promete a Django, un esclavo negro, dejarlo en libertad si éste le ayuda a dar caza a unos asesinos que le separaron de su esposa Broomhilda.

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Si existe un género clásico por excelencia, ese es el western. Puede que por ese motivo cualquier intento de “modernizarlo” haya sido duramente criticado. De eso sabe bastante Alex Cox, director de Directos al infierno y de uno de los westerns más arriesgados (e incomprendidos) de la historia del cine, Walker (una historia verdadera), o, sin ir más lejos, el mismísimo Sergio Leone, creador del “spaghetti western”, lo que en su momento le valió ser objeto de duras críticas. Ha tenido que pasar un tiempo prudencial para que se reconociera la calidad de sus filmes y para que su nombre comenzara a asociarse sin temor al de otros maestros del género de la talla de John Ford o Howard Hawks. Sin embargo, la cantidad de producciones baratas que surgieron a raíz de la Trilogía del Dólar lo tuvieron más difícil; de hecho, el mismísimo director de Por un puñado de dólares renegaba de la mayor parte de ellos[1].

Django Unchained Tarantino

Aunque hubiera algunos ejemplos de gran calidad que intentaban de algún modo seguir el camino de Leone, la crítica, siempre reticente, ha tenido que aguardar bastantes decenios para saber apreciarlos como es debido. De entre todas esas apuestas, una de las más significativas es Django, que aun no siendo demasiado original en su trama, tiene ciertos aspectos que dotan al conjunto de un aura deprimente y funesto (el protagonista, encarnado por Franco Nero, viaja con un ataúd en el que esconde una ametralladora), cambiando el típico paisaje seco del western por un poblado enfangado y lleno de barro, y subvirtiendo la iconografía propia del género por medio de un protagonista que, en vez de a caballo, se desplaza de un lugar a otro andando. El tremendo éxito cosechado por este film de Sergio Corbucci – que más tarde ambientó otro western en otro paisaje atípico (en la nieve) en la excelente El gran silencio -, propició a su vez que más de una treintena de films bastardos aprovecharan el nombre del protagonista para tener una mejor comercialización en el extranjero, caso de Oro maldito (Giulio Questi, 1967) – retitulada como Django Kill! en Reino Unido, o Una larga fila de cruces (Sergio Garrone, 1967), conocida como Hanging for Django.

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Con la entrada del nuevo milenio, el nombre de Django todavía sigue al pie del cañón (y nunca mejor dicho) e incluso ha cruzado gran parte del globo terráqueo para que Takashi Miike hiciera su particular revisión en Sukiyaki Western Django[2], un neowestern en el que, no es casualidad, ya salía Quentin Tarantino en un breve y divertidísimo papel. Pero esa no era la única vez que el director de Pulp Fiction se inmiscuía en una película con ecos al film de Corbucci. Ahí tienen a ese mariachi que guardaba armas en la maleta de su guitarra, de su buen amigo Robert Rodríguez, y en la que no tuvo objeción alguna en realizar un breve papel en Desperado, segunda parte de la trilogía que compone junto a El mariachi y El mexicano. No es de extrañar que Tarantino, fan confeso del spaguetti western[3], se haya decidido a abordarlo y, tal y como ya hiciera en su anterior trabajo, aproveche el título de una película italiana de género para aderezarlo con multitud de influencias cinematográficas que nada tienen que ver con ella, dando como resultado un film totalmente diferente. Pero no, mejor no tratar lo multirreferencial que es QT, de eso ya se ha hablado hasta la saciedad, sino de la capacidad de éste para reinterpretar algo tan sagrado como es el “western” y, lo más importante, que lo haya hecho con éxito.

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Tarantino, que -recordemos- debutó tras las cámaras de la mano de Monte Hellman – director del western A través del huracán [vd/dvd: Forajidos salvajes], el eurowestern Clayton Drumm o el arriesgado neowestern El tiroteo -, parece haber pulido su faceta de guionista hasta llegar a armar toda una historia de la que se queda uno cautivado a los pocos minutos de haberla empezado. Estamos de acuerdo en que Django desencadenado no es su mejor trabajo: su Django (Jamie Foxx) no está todo lo bien construido como debiera y queda ensombrecido por unos secundarios deslumbrantes (desde Christopher Waltz a Leonardo DiCaprio, pasando por un Samuel L. Jackson en plena forma); Broomhilda, el amor de Django que interpreta la bella Kerry Washington, apenas tiene unas líneas de diálogos y su presencia a veces pasa desapercibida algo que, si volvemos la vista atrás, nunca antes había ocurrido en las anteriores películas de Tarantino con un personaje femenino de cierta relevancia[4]; el (sangriento) tiroteo final está muy alejado de las intrépidas escenas de acción vistas en Kill Bill Vol. 1 o Malditos bastardos, y da la impresión de haber sido alargada innecesariamente; o, ya para finalizar, el cameo de Franco Nero (recordemos, el Django original) es de lo más decepcionante, hasta el punto de que casi hubiera sido mejor que Tarantino hubiera hecho algo similar a lo que hizo con Castellari en la ya mencionada Malditos bastardos.

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Sin embargo, pese a todos estos inconvenientes, Django desencadenado es la película en la que Tarantino muestra mejor capacidad para tratar las situaciones que se viven en ella, y los diálogos entre los distintos personajes son del todo ceremoniosos. Cada una de las palabras de Django desencadenado son música para los oídos, y eso es lo que definitivamente ha cambiado en el cine de Tarantino. Algo que poco a poco hemos ido viendo progresivamente a lo largo de su filmografía, y que en Malditos bastardos era más que plausible. Quentin Tarantino es más que un artista multirreferencial, es un escritor en toda regla capaz de engatusarte con lo que dice y, lo más importante, por cómo lo dice. Al principio de su carrera parecía imposible (o poco probable) que el autor de Reservoir Dogs fuera capaz de crear momentos tan deliciosamente cómicos y desternillantes como el de las capuchas y Don Johnson, o mantenerte en tensión durante una cena en la mansión del personaje interpretado por DiCaprio[5], sin necesidad de que haya disparos.

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QT es un amante del spaguetti-western, pero su película favorita es Río Bravo. El título hace referencia al Django de Corbucci – y también al título anglosajón de otro  clásico del cine popular italiano, Hércules y la reina de Lidia (Pietro Francisci, 1959), esto es, Hercules Unchained, detalle este que parece haber sido pasado por alto por gran parte de la crítica especializada-, pero no se olvida de Mandingo… El cine de Tarantino ha llegado a tal nivel que seguir hablando de referencias no tiene sentido, y no lo tiene porque si prestamos atención a estas cosas nos estamos perdiendo a uno de los más grandes narradores de la actualidad.

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Django Desencadenado sale airosa en todos los puntos en los que han fracasado otros neowesterns[6]: consigue esa armonía imposible entre el cine de autor y el comercial, aúna el spaghetti-western con el “western” clásico y la comedia, el exploit con el cine mainstream, la hipérbole sangrienta con las situaciones más sobrias o, ya para colmo, mezclar en su banda sonora el fabuloso tema que Luis Bacalov compusiera para el film emulado, junto con otros de Ennio Morricone, RZA o 2Pac. Sí, el resultado no llega a la altura de los anteriores trabajos de QT, pero la tarea que tenía que desempeñar no era nada fácil. Quizás el único cometido de Tarantino era el de abrir una brecha en el muro que otros “westerns” habían intentado romper sin demasiado éxito. El Topo o Dead Man no fueron más que films de autor que, pese a su calidad, no consiguieron llegar al público; el mundo del cómic intentó inmiscuirse en el género con las fallidas Cowboys & Aliens o Jonah Hex; o simplemente otras tentativas más arriesgadas y valientes de directores nada convencionales como Álex de la Iglesia, Sam Raimi o el ya citado Alex Cox no han dado el fruto esperado (o, al menos, no el esperado por la mayoría). Por lo tanto, no hay que restar ni un ápice de su valor al último trabajo de Tarantino y, quizás, una vez más, haya que esperar un buen lustro para darnos cuenta de la enorme función que ha realizado. Tiempo al tiempo.

Juan Pedro Rodríguez Lazo

[1] Aún así, cabría señalar que Sergio Leone siempre ha estado cargado de contradicciones. Sirva de ejemplo que, aunque detestaba las comedias protagonizadas por Terence Hill y Bud Spencer, finalmente produjo dos películas protagonizadas por el primero: Mi nombre es Ninguno y El genio.

[2] Sukiyaki es un plato típico japonés.

[3] De hecho, el díptico de Kill Bill o Malditos bastardos contienen sendos homenajes al género, o Pulp Fiction fue definida por Tarantino como un “rock-and-roll spaghetti-western”, que ya tiene narices.

[4] Aunque quizás sea una forma de homenajear el escaso peso dramático que tradicionalmente tuvieron las mujeres en el western europeo, cosa poco probable viendo lo poco que le importan este tipo de cosas a Tarantino a la hora de hacer este tipo de cosas. ¿Enseñó acaso las tetas de Pam Grier en Jackie Brown, tal y como hacía ésta en las blaxploitation de los setenta?

[5] Como curiosidad, en dicha escena Leo DiCaprio se cortó de verdad golpeando la mesa.

[6] Y matizaré por si acaso: cuando hablo de neowesterns me refiero al empeño de algunos por reinventarlo y no a las películas modernas que han mantenido el empaque clásico de antaño, como por ejemplo Sin perdón, Appaloosa o la más reciente Valor de ley de los hermanos Coen.

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3 comentariosDeja un comentario

  1. A mí me pareció muy regulera, también es verdad que no me gustan los westerns, pero además de interminable creo que hay diálogos que no conducen a ninguna parte- además de ser menos ingeniosos de los que ha realizado Tarantino-, el enfrentamiento entre DiCaprio y Waltz se termina reduciendo a nada. Únicamente destacaría tres momentos, entre ellos el de las capuchas de Don Johnson. Eso sí, las actuaciones son impecables así como la realización, aunque abuse de la bromita del zoom.

  2. […] buen amigo de esta casa. Los títulos reunidos abarcarán desde títulos de la popularidad de Django desencadenado, la última película de Quentin Tarantino, hasta propuestas tan singulares como la argentina El […]

  3. […] base para realizar sus películas. Y digo base y no remake ya que tanto Malditos bastardos como Django desencadenado están lejos de las cintas originales dirigidas por Enzo G. Castellari y Sergio Corbucci, […]


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