“Los cronocrímenes”: La máquina de meditar de Vigalondo

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ATENCIÓN: EL PRESENTE ARTÍCULO CONTIENE SPOILERS DE LA PELÍCULA

Nacho Vigalondo dirigió en 2007 una de las películas más fascinantes que ha dado el cine sobre la temática de los viajes en el tiempo. Se trata de Los cronocrímenes y en ella se narra un pequeño viaje al pasado de una hora aproximadamente, pero que, tal y como expondremos a continuación, tiene un trasfondo gigantesco. La sinopsis explica lo siguiente: Héctor[1] (Héctor 1) y su esposa Clara están instalándose en su nueva casa situada en mitad del campo. Aprovechando la ausencia de su mujer, el hombre observa con sus prismáticos cómo allá en la lejanía una misteriosa y atractiva joven comienza a desnudarse. Atraído por la escena, Héctor decide adentrarse en el bosque. Pero cuando por fin se topa con la chica cómo Dios la trajo al mundo, un siniestro hombre que cubre su rostro con unas vendas de color rosa le ataca, apuñalándole con unas tijeras en el brazo. Héctor huye despavorido hasta llegar a un edificio en el que se encuentra un científico que le obliga a ocultarse en un habitáculo para conseguir librarse de su perseguidor. Sin embargo, es engañado, pues al abrirse de nuevo el habitáculo comprueba que ha ido a parar al pasado; concretamente una hora y unos minutos antes de que se introdujera en la máquina. Es entonces cuando el científico, algo sorprendido por su presencia, le explica que él no es en realidad Héctor, si no Héctor 2 y que debe aguardar a que se repitan los acontecimientos que obligaron al primer Héctor a introducirse en la máquina del tiempo y cerrar así el bucle temporal que ha abierto accidentalmente. Pero Héctor 2, lejos de hacer caso al científico, decide abandonar el edificio en furgoneta. Mientras conduce se cruza con la chica del bosque que anteriormente había visto desnuda, siendo repentinamente envestido por otro vehículo y cayendo por un precipicio. En el interior del vehículo, Héctor 2 comprueba que se ha hecho una brecha en la cabeza, por lo que se cubre la herida con una venda que no tarda en tomar un extraño color rosa. Es en ese instante cuando entiende que esa enigmática momia rosa que le había atacado era él, así que, con la cara ya vendada, roba las tijeras de peluquera a la chica del bosque y la obliga a desnudarse justo en el lugar en el que previamente le había visto. Acto seguido, Héctor 2 aguarda la llegada de Héctor 1 y lo ataca del mismo modo que había ocurrido antes, persiguiéndolo hasta conducirlo al edificio donde se encuentra la máquina del tiempo. Ya tiene prácticamente hecho el trabajo, pero la chica se le escapa y huye hacia su casa. Entonces Héctor 2 la persigue por las habitaciones hasta que escucha un grito y una caída desde el tejado. Al asomarse por la ventana, Héctor 2 descubre a su esposa Clara muerta en el suelo. Derrumbado por la pérdida, decide volver a utilizar la máquina del tiempo y esta vez obliga al científico a devolverlo una vez más al pasado, precisamente unos minutos antes de su anterior llegada. De ese modo irrumpe en escena Héctor 3 que, al ser el primero en aparecer, informa al científico de todo lo que va a suceder durante el día; es decir, de la llegada de Héctor 2 y Héctor 1, tramando un arduo plan consistente en embestir con su vehículo a la furgoneta que conduce Héctor 2 y llevar a la chica del bosque a su casa. Una vez allí la viste como a su mujer y le corta el pelo (con las mismas tijeras que antes le habían servido para apuñalarse) para que, cuando caiga desde el tejado, Héctor 2 crea que la mujer muerta que hay tirada en el suelo con el cuello torcido es su esposa. De esa manera Héctor 3 consigue librarse de todos sus fantasmas y volver con su mujer.

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En un momento de Los cronocrímenes el científico-pardillo al que encarna el propio Vigalondo dice a Héctor 2: “Te estás mirando en un espejo, sólo que ese espejo refleja lo que estabas haciendo hace una hora aproximadamente”. El hecho de que emplee el término “espejo” nos hace pensar en el doppelgänger, es decir, en el doble malvado de Héctor. Si tomamos como ejemplo el episodio de la serie televisiva La dimensión desconocida, llamado ni más ni menos La imagen del espejo, seremos testigos de los extraños acontecimientos que vive una joven[2] que aguarda en una estación la llegada de su autobús y que le llevan a creerse loca al descubrir que otra persona idéntica a ella está usurpando su identidad. En dicho episodio, la joven se plantea la probabilidad de que existan otros universos paralelos en el que todas las personas tengan su réplica y que en algunos casos (que no llega a concretar) ambos universos se entrecruzan (¿un viaje en el tiempo, tal vez?). Es en estos casos cuando la copia intenta reemplazar a la existente ya que, según explica, no puede haber dos personas iguales ocupando el mismo lugar/espacio. Esta teoría podría explicar el hecho de que “Héctor” (entrecomillado para darle una entidad global y así agrupar a todos los Héctores) deba terminar con sus otros yo, aunque más bien, la principal razón por la que los diferentes Héctores intentan deshacerse los unos de los otros, es porque estamos ante un viaje en el tiempo autoconsistente, es decir, un viaje en el que el viajero, “Héctor”, no altera el pasado y sólo se limita a repetir lo que ha vivido durante una hora, aunque eso no significa que todos sus actos sean necesariamente conscientes. Por ejemplo: Héctor 2 se caracteriza de momia rosa y ataca a Héctor 1 porque antes la había visto, pero también realiza una llamada a su casa sin ser consciente que esa misma llamada ya la había recibido cuando todavía era Héctor 1. Más ejemplos, está vez al margen de la película; pensemos en la posibilidad de que Leonard, el personaje principal de Memento (Christopher Nolan, 2000), fuera enviado unas horas al pasado con un tatuaje en su antebrazo en el que ponga “tienes que obligar a tu otro yo a meterse en la máquina del tiempo” y luego un mapa al estilo Prison Break donde se indique la situación exacta en la cual está la máquina del tiempo. Pues bien, al tener un sujeto desmemoriado que sólo recuerda los últimos cinco minutos vividos, posiblemente realizará un sinfín de actos inconscientes que, aún así, terminarán por cerrar el bucle, tal y como ocurre en la película de Vigalondo[3], aunque, con toda probabilidad, el rodeo que dará Leonard a la hora de cerrar el loop será mucho mayor que el efectuado por “Héctor”. Según le advierte el científico, la posibilidad de que dos personas (o tres) idénticas ocupen el mismo espacio-tiempo, podría tener consecuencias catastróficas, por lo tanto, es necesario que “Héctor” se deshaga de sus otros yo. Pero aún así, hay algo dentro de esta paradoja temporal que queda en el aire y que no somos capaces de explicar. Vayamos por partes.

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Después de que Héctor 1 decida adentrarse en el bosque para seguir a esa hermosa chica que ha visto a través de sus prismáticos, la primera cuestión que plantea la cinta es, ¿qué empuja a Héctor 2 a clavarle a Héctor 1 unas tijeras en el brazo? Efectivamente, porque lo ha vivido anteriormente y debe repetir todos los acontecimientos acaecidos para cerrar el bucle y así conseguir que Héctor 1 viaje en el tiempo del mismo modo que le había ocurrido a él. Pero la incógnita sigue ahí, ¿por qué Héctor 2 le clava unas tijeras a Héctor 1? ¿Por qué? ¡No podemos encontrarle una explicación aparente! Siguiendo este planteamiento, también nos podemos formular la siguiente cuestión, ¿era necesario que Héctor 3 disfrazara a la chica del bosque, a la cual, como ya se ha dicho, corta el pelo y coloca un abrigo de Clara (he aquí un guiño a Vértigo de Hitchcock), para que Héctor 2 crea que su esposa ha muerto? La respuesta fácil la volvemos a encontrar en el hecho de que Héctor 3 deba cerrar el bucle y que, por lo tanto, tenga que repetir todos los acontecimientos vividos para que Héctor 2 desaparezca gracias a la máquina del tiempo. Sin embargo, la misma pregunta podríamos hacerla sin cesar porque no se resuelve: ¿qué demonios empuja a Héctor 3 a simular la muerte de su propia esposa? Héctor 3 es el que lleva a la chica a su casa y por lo tanto, el culpable de que Héctor 2 crea que la joven se haya infiltrado en su hogar. Por consecuencia, si Héctor 3 no la hubiera llevado jamás hubiera visto a nadie morir, y si no hubiera atropellado a Héctor 2, la misteriosa momia de color rosa probablemente no existiría. También podemos asegurar que si Héctor 2 no hubiera obligado a la chica del bosque a desnudarse, Héctor 1 no habría recibido un tijeretazo en el brazo y su viaje en el tiempo no tendría lugar. Pero claro, aquí entramos de nuevo en la trampa del bucle: ¡eso ya lo habíamos visto antes, así que debe repetirse! Es el pez que se muerde la cola. Aquí es donde entra en función el factor jinn, un concepto que proviene del árabe, cuyo significado es genio, ya que aparece dentro por arte de magia. J. Richard Gott apunta que “(Ígor) Novikov ha señalado que incluso la información que viaja a través de un bucle cerrado puede constituir un jinn, y utiliza el siguiente ejemplo: “supongamos que viajo en el tiempo hasta 1905 y le cuento a Einstein todo sobre la relatividad especial. Einstein podría entonces publicarlo en su artículo de 1905. Pero yo conozco la relatividad especial gracias a haber leído mucho después ese artículo”[4].

Ígor Novikov

Ígor Novikov

En el caso de Los cronocrímenes, esa información que viaja en el tiempo y que no tiene ninguna razón de ser (jinn), son causados por Héctor. Por consiguiente, podríamos concluir este enigma de una manera menos enrevesada y más sensata: todo lo que le ocurre a “Héctor” es por consecuencia directa de él mismo. El principal causante de todos los males que se dan durante la película es el propio “Héctor” y tanto la chica del bosque, como el científico-pardillo (aunque en este caso no nos lo parezca tanto) son simples víctimas de sus actos.

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Llegados a este punto, el siguiente paso sería intentar buscar una explicación psicológica a los actos de “Héctor” y así hallar una posible solución a ese jinn que se crea a través del tiempo. En primer lugar, el hecho de que Héctor 1 decida aprovechar la ausencia de su esposa para observar con sus prismáticos a una chica desnuda en mitad del bosque e ir después en su busca, puede ser tomado como una actitud de deseo sexual fuera del matrimonio. “Héctor” no es el marido ideal que pensamos al principio, pues poco a poco y gracias a sus diferentes yo, vamos desgranando puntos de su personalidad. Cuando Héctor 1 pasa a ser Héctor 2, entra en cólera al comprobar que su mujer está con otro que no es él (aunque paradójicamente sea un reflejo de él mismo), por lo que apuntaremos también que “Héctor” es una persona posesiva, celosa e impulsiva, ya que aún habiéndole advertido, Héctor 2 no hace caso al científico-pardillo y abandona el edificio para ir a su hogar, cosa que desencadenará que sea embestido por Héctor 3 y que comprenda que él era esa momia rosa que le había atacado. Ese ataque puede entenderse a su vez como un castigo; una venganza de Héctor 2 a Héctor 1 por haber tenido pensamientos impuros fuera del matrimonio. Inmediatamente después la chica del bosque a quien había raptado logra escapar y Héctor 2 la persigue hasta llegar a su casa, la cual encuentra con las luces encendidas. Seguramente Héctor 2 tema que su mujer encuentre a la chica con la que había fantaseado nada más llegar a su hogar, así que decide ir corriendo en su busca. Pero una vez allí, se encuentra con una estampa atroz: Clara ha caído desde el tejado mientras huía de la momia rosa. Seguidamente, Héctor 2 vuelve a la máquina del tiempo y origina que Héctor 3 aparezca para enmendar sus errores y poder evitar la pérdida de su amada esposa. Como vemos, hemos pasado de un “Héctor” que flirtea con otra a espaldas de su cónyuge y que va a parar inconscientemente a la máquina del tiempo, a otro que, ante el desasosiego que le provoca la pérdida de su mujer, decide voluntariamente hacer un nuevo viaje en el tiempo. De ese modo irrumpe Héctor 3, un hombre más frío y calculador que moverá los hilos, provocando una serie de acontecimientos que tengan como desenlace un final “feliz” para su matrimonio… ¡aunque para ello deba sacrificar la vida de una inocente y utilice a un mero científico-pardillo que tuvo la mala suerte de ir al trabajo el día equivocado!

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Entonces, ¿podemos decir que “Héctor” es un hombre malvado? Pues no mucho más que cualquier persona normal y corriente. Aunque Los cronocrímenes  tenga sus reminiscencias a los “crímenes perfectos” de Hitchcock y al giallo, no estamos ante ningún asesino o serial killer; “Hector” no ha asesinado a nadie, o al menos de un modo directo; simplemente ha colocado las fichas sobre el tablero de tal manera que después salga vencedor. Más que un crimen, lo que en realidad parece que quiera “Héctor” es apartar de su vida lo que no le conviene, y no, con esto no quiero decir que quiera deshacerse de la chica del bosque (o al menos no de un modo criminal), sino que, más bien, de lo que se quiere librar es de ese jinn que se ha creado dentro del viaje en el tiempo. Me explico. A la hora de analizar los posibles aspectos psicológicos de ese jinn, hemos comprobado que existe un cambio en “Héctor” cada vez que se mete en la máquina del tiempo. Cuando aparece Héctor 2 sabe que tiene que castigar el flirteo de Héctor 1, de la misma manera que Héctor 3, mucho más sabio que sus dos anteriores yo, sabe cómo hacer aparecer a Héctor 2 (y por tanto, la momia rosa) y cómo erradicar el miedo y la frustración que éste siente ante la aparente muerte de su esposa. Por lo tanto, llegamos a un punto de inflexión importante, pues quizás la máquina del tiempo tenga otra función además de para la que fue construida.

Jiddu Krishnamurti

Jiddu Krishnamurti

El escritor y poeta libanés Khalil Gibrar escribió dentro de sus Pensamientos y meditaciones lo siguiente: “mi alma me habló y me dijo: <<no midas el tiempo diciendo: Hubo un ayer y habrá un mañana. Antes de que mi alma me hablara creía que el pasado era una época que nunca volvería y que el futuro nunca podría ser alcanzado. Ahora me doy cuenta de que el presente contiene a todo tiempo y que en él se encuentra todo lo que puede esperarse, todo lo realizado y todo lo cumplido>>”[5]. Es decir, quizás la otra función de la máquina del tiempo sea precisamente la de hablarle al alma de “Héctor”. Pero no nos precipitemos y expliquemos bien a qué se refiere Gibrar con su pasaje, citando unas de las reflexiones sobre el tiempo más impresionantes que he leído y que corre a cargo del gran sabio indio Jiddu Krishnamurti: “Casi todos consideramos el tiempo como el período de duración entre el momento actual y algún momento en el futuro, y usamos ese tiempo para cultivar el carácter, parar librarnos de cierto hábito, para desarrollar un músculo o un punto de vista. (…) Pensamos que el tiempo es indispensable para todo lo que tenemos que hacer o comprender. Por lo tanto, el tiempo se vuelve una carga, una barrera para la genuina percepción; nos impide ver inmediatamente la verdad de algo, porque pensamos que debemos dedicar tiempo a ello. Decimos: <<Mañana, o dentro de un par de años, comprenderé este problema con extraordinaria claridad>>. Tan pronto admitimos el tiempo, estamos cultivando la indolencia, esa peculiar pereza que nos impide ver instantáneamente la cosa tal como es. (…) Creemos que necesitamos el tiempo para abrirnos paso por el condicionamiento que la sociedad – con sus religiones organizadas, sus códigos de moralidad, sus dogmas, su arrogancia y su espíritu competitivo – ha impuesto sobre la mente. Pensamos en términos de tiempo, porque el pensamiento es el tiempo. Es la respuesta de la memoria, siendo la memoria el trasfondo acumulado, heredado adquirido por la raza, la comunidad, el grupo, la familia y el individuo. (..) Y entonces el problema es si el tiempo puede cesar. Si somos capaces de ver todo el proceso de nuestra propia actividad (…), no mañana, sino inmediatamente, entonces esa percepción misma es la acción que pone fin al tiempo”[6].

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En nuestra sociedad tendemos a creer que los sentimientos forman parte de nosotros mismos y los aceptamos como propios, pero en realidad todas las emociones – tanto afectivas (como por ejemplo, el deseo sexual que despierta en “Héctor” la chica desnuda del bosque), como desagradables (la impotencia o el miedo que siente cuando cree que ha fallecido Clara) -, contaminan nuestro espíritu y son la principal causa de nuestro sufrimiento. Por lo tanto Krishnamurti, con su reflexión, nos dice que tenemos que apartar todos nuestros pensamientos para ver la realidad y así solucionar nuestros problemas de inmediato, algo similar a lo que intentó transmitir Buda mediante sus enseñanzas. Los seguidores de Buda deben liberarse de esas emociones y experiencias que pasan por su interior, para comprender que la idea de entidad personal del yo[7] está creada por su mente y que por lo tanto, como idea que es, puede desaparecer permitiéndoles de ese modo ser capaces de estar por encima de cualquier adversidad. Los sentimientos de tristeza, felicidad[8], ira, deseo u odio, por ejemplo, son tratados como simples sentimientos e impiden que les afecten. La vacuidad de su yo les permite solucionar sus problemas de inmediato y sin necesidad, claro está, de que tenga que pasar un tiempo prudencial para comprenderlo o resolverlo. En eso consiste precisamente la meditación – y no en tumbarse y relajarse, como piensan algunos -, en cultivar la idea de la “ausencia del yo” e impedir que nuestros sentimientos entorpezcan el camino hacia la Iluminación. Un monje de Sri Lanka expresó todo esto de un modo muy simple: “si no hay yo, no hay problema”.[9]

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Héctor 3 nos parece un “Héctor” más frío y calculador que los dos anteriores, incluso su aspecto físico, lleno de heridas y golpes, nos puede horrorizar, pero tal vez sea que haya alcanzado la iluminación que necesitaba en ese momento. La máquina del tiempo de Vigalondo, además de para viajar en el tiempo, parece también haber sido fabricada para cumplir con otra función que es la de empujar a “Héctor” a extirpar esos otros yo que le perjudicaban. Puede entenderse por consiguiente que la máquina del tiempo atrapa en un bucle eterno los yo (el jinn) y devuelve al punto de origen a un “Héctor” mucho más sabio que sus predecesores reflejos. Terminaremos pues el presente ensayo con la siguiente conclusión: si la meta de la meditación es la ausencia del yo y erradicar de nuestro interior todos esos sentimientos nocivos de inmediato y sin necesidad de esperar a que pase el tiempo, también podríamos apuntar que la máquina del tiempo de Los cronocrímenes  es, efectivamente, una máquina de meditar.

Juan Pedro Rodríguez Lazo

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[1] Es decir, el primer Héctor; Héctor 1

[2] Encarnada por Vera Miles, actriz que, como curiosidad, pudimos ver en Psicosis o Falso culpable de Alfred Hitchcock.

[3]J. Richard Gott apunta en su libro Los viajes en el tiempo y el universo de Einstein (Ed. Tusquets. Colección Metatemas, 2003) que: “la autoconsistencia es la alternativa conservadora: podemos visitar el pasado, pero no podemos alterarlo. Personalmente considero que este punto de vista es el más atractivo. (…) Según (Kip) Thorne y sus colegas, los partidarios del enfoque conservador piensan que, incluso en el marco de la teoría de los universos múltiples, se debería mantener el principio de autoconsciencia, todas las bifurcaciones tendrían que ser autoconscientes. De ese modo podrían existir en paralelo muchas alternativas autoconscientes de desarrollarse un mismo suceso, algunas de las cuales involucrarían viajeros del tiempo. En cada universo paralelo sucederían cosas distintas (…) pero todas las vías serían autoconscientes (…) A todos les es imposible cambiar el pasado que recuerdan”. Pág. 34.

[4] Id. Nota (2)

[5]Pensamientos y meditaciones. “Mi alma me habló”, Khalil Gibran. (Ed. Edicomunicación. Colección Clásicos Universales, 2006). Pág. 39-40.

[6]Sobre la vida y la muerte. Jiddu Krishnamurti. (Ed. Kairós. Colección Fontana, 1997) Pág. 12-13.

[7]En este caso particular bifurcado gracias a la máquina del tiempo.

[8]Me gustaría hacer hincapié en este aspecto ya que, aunque a primera vista no lo parezca, la felicidad también entorpece nuestro camino hacia la iluminación. Al ser la felicidad una sensación placentera tendemos a aferrarnos a ella, pero Buda enseñó que sólo llegaremos a ser libres si no mostramos apego hacia esas sensaciones confortables.

[9] Según apunta Joseph Goldstein en su libro Meditación Vipásana (Ed. Dharma, 1998).

Published in: on junio 10, 2013 at 8:49 pm  Comments (22)  
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22 comentariosDeja un comentario

  1. Interesante.

    Me gustaría mencionar un aspecto que no quiero que se quede en vacío. El científico encarnado por Vigalondo no estaba “de guardia” sino cometiendo un error garrafal al más puro estilo “científico loco”. El laboratorio estaba cerrado por ser fin de semana. Y el cartulo del científico, con mucha prisa y curiosidad por culminar el experimento se va el sólo al laboratorio y lo pone en marcha.

    ¿Y con que se encuentra? Si no me falla la memoria, con Hector 3. Pero hay que tener en cuenta que para el científico Hector 3 es Hector 1. Es decir que no tiene sentido hablar de un tercero si no existen los dos anteriores. Por curioso que parezca, y es una paradoja que se da en muchas ocasiones cuando se trabajan los viajes en el tiempo, el científico se ve abordado de repente por un pasado que todavía no ha ocurrido. En ese momento se desencadenan las terribles costuras de la naturaleza del universo determinista. El universo ES independiente del tiempo. Su naturaleza en inamovible. Lo que tenga que ocurrir ocurrirá siempre. Aunque luchemos por cambiarlo.

    Desde ese momento el científico se ve sometido a las fuerzas del destino con la forma de Hector.

    Ese mismo viaje que el científico se ve obligado a hacer (poner en marcha la máquina hasta dos veces, no por voluntad propia como la primera vez, sino por imposición de un pasado/futuro) es el que realiza Hector.

    Culmina el acto con un crimen. Por omisión, esta vez. Hector mata a la peluquera provocando su caida. Colabora consigo mismo hasta desenlazar. Ya ha comprendido que lo que tenga que suceder sucederá, pero que aún puede engañarse a si mismo en el pasado, montando trampas. Aún habiendo vivido cosas espantosas de primera mano, nunca sabrá del todo la verdad. Pero cuanto más viaja y más información saca, más criminal se vuelve.

  2. Culmina con un “crimen” que era inevitable y que se repetirá aternamente en ese bucle temporal que se da en la película.
    Imagina que “Héctor” hubiera vuelto al pasado una vez más y hubiera aparecido un Héctor 4. Seguramente hubiera fabricado nuevas trampas y, efectivamente, se hubiera seguido haciendo daño a él y a los que le rodean. Pero nuevamente se vería obligado a volver a la máquina del tiempo para encontrar la solución a todos sus males. Para encontrar respuestas a todo lo sucedido. En Los cronocrímenes es el deseo y el miedo, lo que provoca que “Héctor” se meta en la máquina del tiempo. Más que volverse un criminal, al volver al pasado comprende sus errores, ¿no crees?

    • Hombre, todo depende también de la interpretación que le des al plano final. En mi caso, lo interpreto cómo que Héctor 3 decide desentenderse de todo y tumbarse junto a su mujer, dejando que el resto de acontecimientos pasados y futuros sigan su curso. Es decir, comprende la imposibilidad de cambiar los hechos ya consumados; fíjate que sus intentos por solucionar los problemas originados durante su viaje en el tiempo lo único que le traen son más problemas, y aún mayores a los que tenía en un principio.

      • Es que el hecho de que se desentienda de todo, tal y como dices, no implica que Héctor no haya comprendido sus errores, que es a lo que yo me refiero.

      • Es a lo que voy. Por el contrario, ha aprendido tan bien sus errores y es tan consciente de que lo único que hace cada vez que viaja en el tiempo para enmendar los errores pasados es “liar más la pelota”, como se dice en los Madriles, que decide dejar que la historia siga su curso libremente, sin que él vuelva a intervenir para nada.

  3. A ver, no exactamente. No es el viaje en el tiempo lo que hace que tenga problemas… Es el propio Héctor el que se los crea… Y todo empieza desde el mismo momento que coge los prismáticos para ver a una señorita en paños menores, ¿me explico? Si Héctor no decide ponerse a fisgonear y obedece a su mujer (¿recuerdas que lo manda ir a comprar y se niega?) nada de lo que pasa en la película hubiera ocurrido por mucha máquina del tiempo que exista.

    • Pues claro. Y ahí entra todo el subtexto que te comenté en su momento sobre la relectura en clave adultera de que finalmente Héctor acabe por sustituir el cuerpo de su esposa por el de la mujer con la que previamente la había sustituido en su deseo sexual.

      Y yo en ningún momento he dicho que sea el viaje en sí lo que cree los problemas, si no las acciones que realiza Héctor a consecuencia de sus diferentes viajes.

      Pd.: Estamos quedando como dos frikis de mucho cuidado, que lo sepas. ;P

      • Ya te digo. Me están pitando los oídos y todo. 😛

  4. Si no te dan el nobel de física por este artículo será porque han caído en un agujero negro (elemento imprescindible para 1 viaje en el tiempo)…. al final se cumple la segunda ley … la entropía siempre aumenta !!!!

    • Ya te digo. Y eso que no te has leído otros ensayos que tengo suyos pendiente de publicar de temática teológica… Nos está saliendo un hombre del Renacimiento. ¡Entiende de todo!

      • En la próxima entrega de “El rincón del monaguillo”: Jungla de Cristal. 😛

  5. Le has dedicado un artículo que ese film ni siquiera merece, porque es simplemente una obra para pasar el rato. Partiendo de la premisa de que el tiempo no es tangible, es decir, la humanidad lo usa como unidad de medida para los cambios de la materia; y dada la imposibilidad de hacer retroceder algo intangible (¿cómo hacer retroceder un pensamiento ya pensado?), el film parte de una hipótesis errónea, manipuladora y efectista. Lo importante entonces es la narración y el buen oficio del director.
    No obstante, buen apunte sobre el “yo”, al que añado una cita de René Daumal: “el individuo alcanza su absoluto a través de la negación constante”.

  6. No entiendo… Para pasar el rato, casi mejor me hago una sopa de letras o un sudoku. ¿Por qué no merece “Los cronocrímenes” un artículo como este? TODAS las películas pueden ser reinterpretadas al margen de lo que cuenten y que te lo creas o no (¿acaso no se han reinterpretado algunas películas de terror, por ejemplo?), además de ser evaluadas por su narración o el buen o mal oficio del director, claro.
    Aún así, muchas gracias por leer el artículo y por añadir esa cita. Tengo un gran respeto a los asesinos en serie. 😉

  7. Muchas gracias por este gran artículo.
    Mis pelis favoritas son precisamente las que cuentan con un enfoque más o menos ligero, pero tienen un trasfondo interesante (como esta).

  8. La próxima vez que hables así de una película, por favor, avisa claramente de que la vas a contar entera (spoilers, etc). Hacia mucho tiempo que no me jodían una peli de esta manera. Gracias, ahora tendré que esperar a que no recuerde este articulo para verla…

  9. UN TRUÑO

    • Tienes razón Eva‚ yo ya se lo he dicho al q hizo el articulo q es un truño para mentes extrañas y muy pensantes y el cine no es eso.

  10. […] En sus dos anteriores películas, Los cronocrímenes y Extraterrestre se daban unas relaciones hombre-mujer de lo más […]

  11. Mi pregunta es: de donde salen 3 hectors? y para que disfraza a la chica, si después de todo la mujer nunca murió? pues cuando sale que supuestamente hector mata a la esposa, claramente a la que le agarran los pies es a la ciclista. Entonces, no comprendo.

    • Creo que tanto en el post como en los comentarios queda respondida tu pregunta, aunque quizás será mejor que la vuelvas a ver… 😉

  12. Si el origen es Hector, tuvo que haber una vez (la 1 de todas) en el que solo habia un solo Hector. Entonces como termina ese unico Hector metido en la maquina del tiempo para regresar convertido por primera vez en Hector 2?

    En esa 1 vez no existe aun Hector 2 que le clave las tijeras o le haga huir al laboratorio, podria haber vuelto tranquilamente a su casa… que paso que lo llevo al laboratorio la 1 vez?

    • Hola amigo,
      Creo que si vuelves a leer el artículo detenidamente hallarás la respuesta.
      No hay ninguna vez en que Héctor esté solo, el 1 acaba en la máquina empujado por Héctor 2…
      El único modo de que Héctor no hubiera viajado en el tiempo, sería con toda seguirdad no habiendo mirado por sus prismáticos. Lee el artículo de nuevo, ya verás.
      Gracias.


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