Sharknado

sharknado

Título original: Sharknado

Año: 2013 (Estados Unidos)

Director: Anthony C. Ferrante

Productor: David Michael Latt

Guionista: Thunder Levin

Fotografía: Ben Demaree

Música: Ramin Kousha

Intérpretes: Ian Ziering (Fin Shepard), Tara Reid (April Wexler), John Heard (George), Cassie Scerbo (Nova Clarke), Jaason Simmons (Baz Hogan), Alex Arleo (Bobby), Neil H. Berkow (Carl Hubert), Heather Jocelyn Blair (Candice), Sumiko Braun (Deanna), Diane Chambers (Agnes), Julie McCullough (Joni Waves), Marcus Choi (Palmer), Israel Sáez de Miguel (Capitán Carlos Santiago), Tiffany Cole (Derek), Trish Coren (Enfermera Holden), Chuck Hittinger (Matt), Aubrey Peeples (Claudia), Michael Teh (Weinstein), Connor Weil (Luellyn), Christopher Wolfe (Colin), Steve Moulton, Robbie Rist, David Bittick, Derek Caldwell, Adrian Bustamante, Samantha Rafanello

Sinopsis: Un tornado arrasa Los Ángeles provocando una lluvia de tiburones vivos y sedientos de sangre sobre la ciudad. En este contexto, Fin Sheppard, antiguo campeón del mundo de surf y actual propietario de un restaurante en la costa, tratará de reunirse con su familia acompañado de su mejor amigo, una camarera y uno de los parroquianos habituales de su establecimiento.

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Aunque no se trate, ni mucho menos, de un fenómeno nuevo, la implantación de Internet y las nuevas tecnologías ha propiciado un auge sin precedentes de las denominadas películas “malas pero buenas”. Numerosos foros, páginas webs y blogs creados por aficionados a tal efecto se han encargado de pregonar las bondades de estos films de escasos valores cinematográficos, pero acreedores en cambio de grandes dosis de diversión y esparcimiento debido a la torpeza de sus resultados, despertando con ello el interés de muchos espectadores por acceder a algunos de estos títulos. Como no podía ser de otro modo, la industria no ha sido ajena a este contexto, y diversas productoras dedicadas a la serie B y Z se han lanzado a la confección premeditada de este tipo de productos con los que cubrir la demanda existente. Una de las más activas en este sentido ha sido la popular Asylum, que a sus característicos remedos de los blockbusters del momento ha unido en los últimos tiempos una línea editorial consagrada a tales menesteres en la que, en una jugada comercial muy inteligente, ha transformado en virtud los tradicionales defectos de sus producciones.

Sharknado - 2013

Realizadas para su consumo catódico, los acuerdos suscritos por la Asylum con determinados canales temáticos han ayudado a que estas cintas gocen de un elevado nivel de ´difusión, llegado a un público más amplio del que en principio estaban destinadas. Una circunstancia que ha alcanzado su punto culminante hasta la fecha con el revuelo mediático cosechado por Sharknado tras su pase televisivo en Estados Unidos el pasado 11 de julio. Según figura en la nota de prensa facilitada por la división española de Syfy con motivo de su emisión en nuestro país, durante la noche de su estreno Sharknado se convirtió en “la película más tuiteada de la historia”, cosechando en las redes sociales picos de más de cinco mil mensajes por minuto, una cifra que, para hacernos una idea, supera los datos obtenidos por series de la popularidad de la magnífica Juego de tronos. Por si fuera poco, entre algunos de estos comentaristas se encontraban celebridades de la talla de Mia Farrow, la también actriz Olivia Wilde, o Damon Lindelof, uno de los creadores de Perdidos y guionista de Prometheus, Star Trek: En la oscuridad o Guerra mundial Z, entre otras, quien incluso se ofreció para escribir una futurible segunda parte que, por cierto, ya ha sido anunciado para julio del 2014 bajo el título de Sharknado 2: The Second One.

Sharknado - 2013

Realmente, ¿es para tanto? Dejando a un lado las dosis de snobismo y de campaña publicitaria encubierta que pudiera subyacer en lo expuesto en el anterior párrafo, lo cierto es que sí, aunque no exactamente del modo que cabría esperarse. Como es fácil deducir a tenor de su acrónimo título, formado por la unión de las palabras shark (tiburón en inglés) y tornado – es decir, “Tornado de tiburones”, o “Tornarón”-, el planteamiento argumental de la película se apoya en la fusión de dos subgéneros con gran predicamento dentro del panorama fantástico actual y, muy especialmente, en el formato telefilm: el de catástrofes naturales y  el de ataques de escualos. Con la premisa de un huracán que descarga sobre la ciudad de Los Ángeles toda clase de tiburones marinos, Sharknado es pródiga en situaciones ridículas de un nivel tal que empequeñecen a los peces voladores de Piraña 2: Los vampiros del mar o a la famosa escena del ataque al helicóptero de la apócrifa Tiburón 3 de Enzo G. Castellari, por remitirnos a un par de títulos de similares características. Valga como ejemplo la escena final, en la que, tras ser engullido por un gigantesco escualo, el protagonista sale de sus entrañas como si tal cosa sierra mecánica en mano (detalle que, por cierto, remite al Bad Taste de Peter Jackson), rescatando de paso totalmente ileso a otro personaje que había corrido la misma suerte minutos antes.

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El problema estriba en que, salvo muy contados momentos, la puesta en escena de su realizador, Anthony C. Ferrante, es incapaz de transmitir la comicidad que demandan este tipo de situaciones más allá de su carga implícita. Por el contrario, en todo momento la película se desarrolla bajo una pátina de sorprendente seriedad que, junto a un ritmo narrativo plomizo, hace que, en lugar de una experiencia gozosa, su visionado resulte algo verdaderamente insufrible. Para colmo de males, su acabado técnico también deja mucho que desear, no solo por los muchos fallos de continuidad ambiental que se dan cita, lo artificioso de sus efectos infográficos, el abuso de material de archivo empleado para mostrar las consecuencias de la situación climática invocada o la falta de etalonaje registrada durante las primeras secuencias, sino, sobre todo, por la nefasta realización de las escenas de acción del tal Ferrante, donde la total ausencia dentro de su planificación de cualquier plano de carácter descriptivo hace que sea totalmente imposible seguir lo que ocurre en pantalla. Fallos todos ellos que, más que ser simulados de forma voluntaria, hablan bien a las claras y sin rodeos de la incompetencia de sus principales responsables.

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Pero además de para constatar la enorme popularidad de la que gozan este tipo de producciones en estos momentos, Sharknado es también un ejemplo notorio de las limitaciones de la fórmula y, ¿por qué no?, de la crisis de espectadores que sufren las salas cinematográficas en la actualidad. Espoleados por la respuesta mediática conseguida, los dirigentes de la Asylum se apresuraron en organizar su desembarco en cines, siendo el primer título de la productora en hacerlo, o al menos desde su reformulación actual. A pesar de que, al parecer, agotó las entradas en algunas ciudades como Nueva York, Boston y Seattle[1], en las más de doscientas salas en las que fue proyectada la recaudación global tan solo ascendió a unos irrisorios doscientos mil dólares, cantidad bastante alejada del millón de dólares en el que se estima su presupuesto. Y es que, tal y como señalaba la noticia difundida por Europa Press, “una cosa es comentar una película en Twitter para hacer mofa y befa de ella… y otra muy distinta gastarte tus euros (o tus dólares) para pasar por taquilla[2]”. Amén.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Según aparece en la entrada de Sharknado en la Wikipedia, información extraída a su vez de de la web “Deadline” (http://www.deadline.com/2013/08/sharknado-midnight-movie-sales-bloody-good/).

Published in: on octubre 17, 2013 at 7:23 am  Comments (3)  

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3 comentariosDeja un comentario

  1. Ay, pues esta no la he visto… Tengo que ir a verla porque dicen que en sus preestrenos regalan camisetas.

    • Si no la has visto entonces tienes un gemelo o un fantasma, que lo sepas. Pero vamos, no te encapriches de las camisetas que la más grande era una L, y eso no nos vale ni a ti ni a mi. ;P

  2. […] llegada de una secuela que prolongara la repercusión obtenida por Sharknado era algo que se veía venir desde lejos, y no solo porque sus propios responsables se apresuraran […]


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