46 Festival Internacional de Cinema Fantástic de Catalunya – SITGES

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Entre el 11 y el 20 del pasado mes de octubre, Sitges volvió a vestir sus mejores galas para la 46 edición del Festival Internacional de Cinema Fantástic de Catalunya – SITGES. Durante diez días, la ciudad costera volvió a convertirse un año más en el epicentro mundial del cine fantástico, ofreciendo un perfecto escaparate en el que tomar el pulso a la última hornada de producción genérica, gracias al centenar largo de títulos proyectados en sus cuatro sedes y repartidos entre sus diferentes secciones. Ante la imposibilidad material de comentar todos los films que allí se proyectaron, a continuación presentamos una selección representativa a través de la cual pretendemos ofrecer nuestra personal visión de lo que fue el certamen y de las realidades que en él se vivieron.

COHERENCE (James Wardh Byrkit, 2013) 

Qué mejor que comenzar nuestro particular repaso por lo que dio de sí esta cuadragésimo sexta edición del Festival de Sitges que hacerlo con la que sería una de sus inesperadas triunfadoras. Nos referimos a Coherence, acreedora del galardón al mejor guion, además del destinado a la mejor película por el jurado joven. Encuadrada dentro de esa veta fantástica que de un tiempo a esta parte viene floreciendo dentro de los márgenes del cine indie estadounidense, la irrupción de un cuerpo celeste en las cercanías de nuestra órbita, al igual que ocurría en otros ejemplares de la corriente vistos en este mismo marco como Melancolía, 4:44 Last Day on Earth u Otra Tierra, es el punto de partida de este modélico ejemplar de ciencia ficción doméstica que elude la aparatosidad que parece estar asociada al género. Amparándose en una puesta en escena funcional y sencilla, en la que la cámara en mano deviene en figura de estilo y la proliferación de, en principio, molestos fundidos en negro adquieren un papel dramático, Coherence demuestra cómo para hacer una buena película solo es necesario tener buenas ideas y saber cómo plasmarlas. Algo que su director y coguionista, James Ward Byrkit, consigue con nota gracias a un libreto muy estudiado y al entregado trabajo de un reducido elenco compuesto por apenas ocho actores. Con un manejo de la tensión impropio de un principiante, Byrkit sumerge al espectador en un cautivante relato a caballo entre la meta-ficción y las paradojas cuánticas, que nos habla de la trascendencia de nuestras decisiones y de cómo el azar puede interferir en nuestras vidas a un nivel que ni sospechamos. Temas complejos y profundos que son expuestos con una facilidad pasmosa y sin que la historia caiga nunca en terrenos farragosos. Por el contrario, su narración se las ingenia para arrastrarnos poco a poco y sin que nos demos cuenta en una tela de araña con forma de rompecabezas, cada vez más y más adictivo, que en sus últimos compases tiene el valor añadido de no tirar por el camino fácil y tratar de dejar todo cerrado, sino que lleva sus planteamientos hasta sus últimas consecuencias, que no son otras que las de dejar la puerta abierta a nuevas posibilidades.

UPSTREAM COLOR (Shane Carruth, 2013)

Otro título de ciencia ficción indie, Upstream Color, sería el paradójico ganador del premio Citizen Kane al mejor director novel con el que la crítica reconocía la labor de Shane Carruth, famoso por su debut en 2004 con la críptica para muchos Primer. En esta su segunda película (completa), el cineasta narra una historia diríase abstracta pero en tono fantacientífico, sobre un misterioso gusano que da origen a una droga sintetizada que provoca que quienes la consuman sean controlados hipnóticamente por una especie de demiurgo. Con más de un elemento diríase absurdo (como lo de los cerdos), Carruth logra otorgar una especie de coherencia interna a todo, o credibilidad diríase, y efectúa una reflexión sobre el poder de control. Todo ello con unas maneras visuales muy atractivas (la fotografía también es de él), y un tratamiento narrativo que muchos han calificado como una especie de mezcla entre David Lynch y Steven Soderbergh. Una película no apta para todos los paladares, pero que demuestra que el género de la ciencia ficción, en su calificación más amplia, puede servir para los enfoques más diversos. Esperemos que, tras esta, Carruth logre completar su inacabada A Topiary, de la cual se ven planos en la presente en los momentos en los cuales el protagonista (Carruth otra vez) está montando un film.

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LESSON OF EVIL (Takashi Miike, 2012)

Fueron muchos los motivos por los que Takashi Miike se convirtió, por derecho propio, en el gran protagonista de esta edición de Sitges. No contento con la retrospectiva-homenaje que le brindó el Festival, ni de llenar la sala Tramuntana del Hotel Meliá con motivo de su masterclass, el prolífico cineasta presentaría dos de sus últimas películas: Shield of Straw y Lesson of Evil o, para definirlas con sus títulos originales, Wara no tate y Aku no kyôten. De ambas, la más entonada resultaría ser la segunda de ellas, adaptación de una novela que diríase inspirada en las masacres indiscriminadas que, desgraciadamente, parecen ser moneda común en los colegios estadounidenses a decir de los noticiarios. Al igual que sucediera en su magistral 13 asesinos, con la que la presente guarda evidentes similitudes, a tal punto de antojarse una respuesta del propio director bajo su estilo personal al inesperado clasicismo que luciera aquélla, Miike divide la narración en dos mitades bien diferenciadas: una primera, calma y reposada, dedicada a presentar a los personajes y las relaciones existentes entre ellos, y una segunda, frenética, en la que se desata la matanza. Es en esta segunda parte, íntegramente dedicada a un largo y trepidante clímax, donde se aglutina lo mejor del film, haciendo gala de una violencia seca y percutante, que contrasta con la irónica utilización de temas musicales, quizás en un intento por contrarrestar la crudeza de las imágenes a las que acompañan. Pero sería un error reducir el alcance de Lesson of Evil al de puro espectáculo pirotécnico, máxime tratando un tema tan serio como el que afronta. En este sentido, es de destacar su acertada ilustración del ambiente estudiantil, tema harto recurrente dentro del reciente cine de género nipón, mostrando el bullying, la injerencia de las nuevas tecnologías en la vida de los jóvenes y los problemas que de ello se deriva, pero, sobre todo, por el retrato que hace de su protagonista, un profesor sin la menor empatía por el sufrimiento humano al que la espiral de acontecimientos llevará a dar rienda suelta a la bestia que lleva dentro.

 

AL CHEERLEADERS DIE (Lucky McKee & Chris Sivertson, 2013)

También en el marco universitario se desarrollaría la propuesta de Al Cheerleaders Die, el regreso de Lucky McKee tras su justamente celebrada The Woman. Para tan magna ocasión, McKee ha vuelto a unir fuerzas con su amigo Chris Sivertson, al que algunos recordarán por ser el responsable de aquella mamarrachada titulada Sé quién me mató, para revisar más de una década después la que supusiera la ópera prima de ambos. Sin embargo, ni la utilización de un material ya conocido, ni la comparecencia de un tema tan afín a la filmografía de McKee como es la figura del inadaptado, evitan que el alcance del producto vaya más allá de su idea inicial de revisitar los lugares comunes de la comedia estudiantil estadounidense bajo una óptica fantástica, quedando lejos de lo que cabría esperar de un trabajo que viene (co)firmado por quien hoy por hoy es una de las voces más interesantes con las que cuenta el género.

 

WE ARE WHAT WE ARE (Jim Mickle, 2013)

En el pasado 2010, un debutante Jim Mickle sorprendió a propios y extraños con Stake Land, convertido a día de hoy en todo un título de culto. En aquella misma edición también pudo verse Somos lo que hay, cinta mexicana que ha servido de base para el esperado segundo trabajo de Mickle. A pesar de partir de un material ajeno, puede decirse que, en muchos sentidos,  We Are What We Are se erige en una consecuente prolongación de lo expuesto por el cineasta en su antecesora. No solo por su apuesta por un desarrollo contenido y un tono melancólico, bien apoyado en la fotografía en colores apagados de Ryan Samil, sino también por la recuperación de una serie de temas y elementos que, visto lo visto, configuran el personal discurso de Mickle. Si en Stake Land utilizaba su formato de road movie junto con la ambientación post-apocalíptica para articular una parábola acerca de la situación social generada en los Estados Unidos a consecuencia de los terribles atentados del 11 de septiembre, en esta ocasión traslada la acción hasta una indeterminada localidad de la América profunda para lanzar una mirada nada complaciente hacia el mitificado pasado de un país cimentado sobre la violencia y la muerte, expuesta mediante las vivencias de esa familia de ritos antropófagos que centra su relato. La exploración de los vínculos afectivos existentes entre sus personajes, la indefensión de la juventud frente al mundo adulto, o los peligros de los fanatismos religiosos, son algunos de los ingredientes que vuelven a asomar en un conjunto beneficiado por el trabajo de un elenco actoral en estado de gracia y que revalida a su responsable como uno de los nombres más interesantes dentro del panorama del fantástico actual.

L’ÉTRANGE COULEUR DES LARMES DE TON CORPS (Hélène Cattet & Bruno Forzani, 2013)

Siguiendo con el repaso a los cineastas que volvieron a Sitges envueltos en una gran expectación tras el buen sabor de boca dejado por sus óperas primas, la pareja formada en la vida real por Hélène Cattet y Bruno Forzani presentaron L’étrange couleur des larmes de ton corps. Tras iniciar con Amer el proceso de reivindicación del viejo giallo por parte de las nuevas generaciones de cineastas al que hemos asistido en los últimos tiempos, con la presente Cattet y  Forzani realizan una consecuente prolongación de los fundamentos de su predecesora. De nuevo, los motivos estéticos del thriller all’italiana constituyen la base sobre la que se cimenta toda una experiencia sensorial, si acaso más digerible que su predecesora, al poseer un mínimo esqueleto argumental que sirve como hilo conductor a los consabidos delirios visuales y sonoros a los que tiende la puesta en escena, dentro de un conjunto que se erige en todo un homenaje al universo giallesco de Sergio Martino, comenzando por el aire poético de su título (y que vendría a significar “El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo”), y continuando por la utilización como fondo sonoro en los títulos de crédito finales de “Sabba”, el magnífico tema que Bruno Nicolai compusiera para la banda sonora de Todos los colores de la oscuridad, entre otros muchos guiños.

 

WOLF CREEK 2 (Greg McLean, 2013)

Bien distinto a los anteriormente expuestos resultaría el caso de Greg McLean, de quien apenas se tenían noticias desde que en 2007 estrenara la mediocre Rogue (El territorio de la bestia). Más de un lustro más tarde, el australiano ha roto su silencio con esta secuela del título que le diera a conocer al mundo a la que, debido a sus innegables similitudes estructurales y argumentales, muchos la reprocharon el limitarse a ser una repetición literal de su antecesora. Una acusación un tanto injusta, pues pese a sus lógicas sincronías, Wolf Creek 2 posee la suficiente originalidad para distanciarse de aquélla, al articularse por medio de una rocambolesca y prolongada persecución entre el cazador y sus potenciales víctimas, repleta de sorpresas y giros argumentales con tendencia al más difícil todavía. Como suele suceder en estos casos, el argumento ahonda en la personalidad de su racista psycho-killer, explicitando en gran medida todo lo que en la primera parte apenas quedaba esbozado. Sin ser nada del otro mundo, el resultado es mucho más redondo y disfrutable que el de su supravalorada predecesora, viéndose beneficiados por el carisma y la química existente entre sus dos protagonistas, John Jarratt y Ryan Corr, pero sobre todo por escenas tan antológicas como la del surrealista concurso entre víctima y verdugo localizado hacia el final de la cinta, a base de preguntas sobre cultura popular de nuestras antípodas.

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HAUNTER (Vincenzo Natali, 2013)

Regreso, en cierto sentido, de Vincenzo Natali, quien saltara a la fama con Cube en 1997, y que también nos ofreciera en tiempos Cypher (2002) y Splice (2009). En esta ocasión abandona la ciencia ficción imperante en sus anteriores trabajos para aportar una historia de fantasmas de corte tradicional, pero otorgándole una peculiar vuelta de tuerca. Natali “simplifica” en cierto sentido los elementos de que dispone, y utiliza un escenario único que aprovecha al máximo, una casa encantada donde coexisten diversas épocas diferentes, cada una representada por una habitación. De ese modo, los planos temporales se superponen, y Natali logra aprovechar los mínimos elementos con una gran habilidad. De bajo presupuesto, el film se resiente de unos efectos especiales no muy convincentes, pero ello no es óbice para calibrar los logros de una obra como la presente.

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INSIDIOUS 2 (James Wan, 2013)

Secuela por parte de James Wan de Insidious (2010), con el intermedio que supone el haber rodado en el ínterin The Conjuring (2013), que no era sino una especie de versión revisada y corregida de aquélla. Frente al actual aluvión de secuelas que no son sino en realidad remakes con la cara lavada, en esta ocasión tenemos una continuación con todas las de la ley, que engarza literalmente con el final de la entrega anterior. Y si en aquélla era el niño el personaje que hacia pivotar la trama, ahora es el padre el que supone el foco de atención. Regresan también los personajes de Leigh Whannell y Angus Sampson, los investigadores de lo paranormal y que son los que aportan el lado cómico del argumento, para disgusto de muchos aficionados.

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THE CONGRESS (Ari Folman, 2013)

Nueva película de animación de Ari Folman, después de Vals con Bashir, donde vuelve a emplear este método de narración (pues eso es, antes que género) de un modo muy poco habitual. Adaptación de la célebre novela de Stanislaw Lem Congreso de futurología, trasladando la acción al mundo del cine, la película fusiona la imagen real con los dibujos animados para narrar una historia protagonizada, literalmente, por Robin Wright. El inicio en imagen real da paso después a las escenas animadas, donde el realizador de Saint Clara intenta ofrecer un tributo a los míticos hermanos Fleischer, por muy distintos que sean los resultados. El interesante punto de partida ofrece a Robin Wright vendiendo su imagen, la cual es escaneada y utilizada en diversas películas. Veinte años después, la actriz asiste a un congreso, lo cual desembocará en una serie de curiosas situaciones. Ganadora del premio “José Luis Guarner” otorgado por el jurado de la crítica.

 

BYZANTIUM (Neil Jordan, 2012)

El auge que de un tiempo a esta parte viene experimentando el cine de vampiros, no en vano a día de hoy la corriente más fructífera y transitada del género por encima de los ya demasiado quemados zombis, quedó ejemplificada por una serie de títulos que abordaron la figura del chupasangres desde diferentes perspectivas y provistas en la mayoría de los casos de ansias renovadoras. Tal fue el caso de la tremenda Only Lovers After Live de Jim Jarmusch, premio especial del Jurado, la suiza Chiméres, o Kiss of the Damned, sensual, salvaje y estética aproximación al mito dirigida por Xan Cassavetes. En este grupo también se situaría la nueva propuesta de quien fuera el Gran Premio Honorífico del pasado año, Neil Jordan, que con Byzantium regresa a la temática que tan buenos resultados le diera hace casi dos décadas en su ya legendaria Entrevista con el vampiro. Precisamente el recuerdo de tan ilustre precedente es uno de los principales hándicaps con los que tiene que hacer frente su nueva incursión debido a las innegables similitudes existentes entre ambas; en especial, por la utilización de esos flashbacks ambientados en épocas pasadas que sirven para reconstruir la historia y el pasado de sus no muertos protagonistas. Una comparación de la que, en buena lógica, sale perdiendo Byzantium, entre otras cosas al carecer de una base literaria a la altura de la brindada por Anne Rice. Eso no quiere decir que la película no posea sus propios aciertos. El lirismo de la puesta en escena de Jordan, la belleza visual que emana de los parajes naturales donde se localiza esa “isla de los vampiros”, o la hipnótica presencia de la bien dotada Gemma Arterton, son solo algunos de ellos.

 

RIGOR MORTIS (Juno Mak, 2013)

En este caso procedente del continente asiático, Rigor Mortis, título occidentalizado de la hongkonesa Geung Si, ofrecería una visión más ortodoxa de la mitología propia de la temática. Primer trabajo tras las cámaras de Juno Mak, para su debut, el hasta ahora ocasional actor y pop star se propone rendir un confesado tributo al cine chino de vampiros de los años ochenta, del que recupera la presencia de Sin-Hou Chin, intérprete característico de la saga de Mr. Vampire. No obstante, bien alejado se encuentra el contenido de su ópera prima con la forma, el tono y el estilo acuñado por aquellos títulos. En realidad, nos encontramos ante un drama costumbrista ambientado en un decadente bloque de apartamentos, donde las entremezcladas historias de sus inquilinos dan pie para la aparición del elemento fantástico, articulando a través de él un repleto muestrario de la mitología sobrenatural china. Sobre el papel, un planteamiento sumamente atractivo, pero que su puesta en imágenes no consigue llevar a buen puerto. Técnicamente apabullante, en especial por su facilidad para crear estampas de una belleza embriagadora, la película naufraga por culpa de la incapacidad de su inexperto director a la hora de lidiar con un material demasiado sensible, a pesar de contar con la supervisión del japonés Takashi Shimizu, creador de la exitosa franquicia de La maldición, entre otras. Su falta de tablas y las debilidades de un guion superpoblado de subtramas dan como resultado una narración lenta, inconexa y aburrida, lo que unido a su preciosismo estético hacen del producto resultante lo más parecido a un videoclip musical en verdad interminable, algo, por otra parte, en consonancia con los antecedentes profesionales de su responsable. Mención aparte merece el epílogo que en forma de vuelta de tuerca final cierra la cinta, tan absurdo e innecesario que sobrevuela la sensación de tratarse de una auténtica tomadura de pelo.

 

SOULMATE (Axelle Carolyn, 2013)

Otro debut del que fuimos testigo fue el de Axelle Carolyn, esposa en la vida real de Neil Marshall, a la sazón productor del proyecto, quien con Soulmate ha dado el salto detrás de las cámaras tras haber desempeñado hasta el momento papeles secundarios como actriz. Con un arranque atrayente, esta película de fantasmas británica logra crear un clima y una atmósfera alrededor de una mujer que, tras intentar suicidarse a causa de la muerte de su marido, se retira a una casa en el campo, donde percibirá una presencia. De ritmo pausado, el film se ve inicialmente con interés para irse después deslizando hacia el desvarío, con el fantasma clamando amor mientras la mujer le responde lindezas como “Solo me interesas como amigo”. Una espléndida oportunidad desperdiciada, porque a la novel cineasta se le percibe capacidad para la creación de ambientes.

 

ALMOST HUMAN (Joe Begos, 2013)

Una de esas pequeñas joyitas que todos los años nos suele dejar el Festival a los espectadores más curtidos en el género llegaría con la norteamericana Almost Human. Su secreto: dar al espectador desde una óptica cómplice aquello que pudiera buscar en una cinta de sus características, sin ampararse en ambages ni cortapisas. Y es que, si algo singulariza a esta pequeña producción, es la humildad y consecuencia con la que asume su naturaleza y, por tanto, sus modestas pretensiones. Consciente de las limitaciones presupuestarias del proyecto, su director y guionista, el novato Joe Begos, se las ingenia para armar una película tremendamente sencilla, directa y honesta, que destaca por la efectividad con la que están resueltos todos y cada uno de sus apartados. Una duración ajustada, un argumento funcional y un ritmo constante es todo lo que necesita este entretenido ejemplar de cine actual con regusto a la Serie B de toda la vida, hecho por y para los aficionados. En algo tendrá que ver el que su objetivo nada disimulado sea el de reivindicar las bondades del cine fantástico realizado durante los años ochenta al que homenajea a muy diferentes niveles. No es solo que su historia se ubique temporalmente en aquella década, sino que también su acabado formal emula su estética visual y sonora. Pero, sobre todo, el mejor ejemplo está en la afinidad de guiños y citas cinéfilas desperdigadas a lo largo de su metraje, y que abarcan desde La invasión de los ladrones de cuerpos a La matanza de Texas, pasando por Terminator, La noche de Halloween o La cosa, dentro de una coctelera argumental que combina con total desparpajo ciencia ficción, terror, gore y slasher.

THE DEMON’S ROOK (James Sizemore, 2013)

Sin ser un plato de todos los gustos, en similares coordenadas se movería The Demon’s Rook, representante de cierta rama del último fantástico norteamericano, por lo general independiente, caracterizada por su mirada nostálgica al cine de terror realizado en los setenta y los ochenta, encabezada por gente como Rob Zombie y Ti West. Escrita, producida, dirigida y protagonizada por el novato James Sizemore, quien al parecer también se ha encargado de su cartel promocional, la cinta propone una singular experiencia que bascula entre la abstracción, lo autoral, la experimentación y la referencialidad, arrojando unos resultados tremendamente desiguales. Si bien su primer tramo logra captar la atención de los aficionados gracias a su gusto por la creación de atmósferas pero, también, por el uso de una imaginería e imaginario propios, que a su manera remite a clásicos ochenteros como Demons, Night of the Demons e, incluso, La noche de los muertos vivientes en la versión de Tom Savini, traspasado su ecuador la falta de ideas reduce el desarrollo de la trama a una concatenación de escenas de muerte de personajes anónimos, bastante inconexas dramáticamente, que torpedean el correcto discurrir del relato. Ello no quita para que la valoración global del conjunto resulte positiva, en especial por descubrir a un director con una marcada personalidad al que, a tenor de lo visto, habrá que seguir los pasos en espera de que consiga encauzar el innegable talento que sin duda atesora.

 

THE SACRAMENT (Ti West, 2013)

Y ya que le hemos mencionado, buena muestra de la relevancia que a estas alturas detenta Ti West dentro del género fantástico residiría en la selección de The Sacrament, su más reciente trabajo, como película protagonista de la siempre mediática gala de clausura. Continuando en cierto modo con lo apuntado en su participación en la cinta coral V/H/S, de la que, por cierto, pudo verse su inferior secuela, el director de La casa del diablo cambia de registro para rememorar cámara en mano el suicidio colectivo del “Templo del pueblo” promovido por el reverendo Jones en Jamestown el 18 de noviembre de 1978, luctuoso acontecimiento que ya en el pasado fuera llevado en varias ocasiones a la gran pantalla, siendo quizás la más conocida de ellas la perpetrada por el azteca René Cardona Jr. en coproducción con España. Lejos de tratarse de un capricho formal, la elección de esa estructura se antoja acorde con la apuesta del film por un tratamiento realista, a pesar de lo discutible de su amarillista frase publicitaria. En consecuencia, el terror de origen sobrenatural que en mayor o menor medida había acompañado a West hasta el momento es sustituido por un horror naturalista que proviene de la locura y el fanatismo de los hombres, a través de un desarrollo menos contenido y más ágil que de costumbre pero que, como es norma de la casa, acaba por explotar en un clímax final sostenido lleno de momentos impactantes. En cualquier caso, lejos quedan sus resultados de los logros obtenidos por sus referentes, ya sean estos las anteriores películas de sus responsables, o la aludida versión de Cardona Jr., cuya larga escena del suicido, con toda su tosquedad, poseía mucho más fuerza que la aquí expuesta.

 

FRANKENSTEIN’S ARMY (Richard Raaphorst, 2013)

Ambientada durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, Frankenstein’s Army sigue la estela de títulos recientes como Outpost, Iron Sky o Dead Snow,  entremezclando los desquiciados experimentos llevados a cabo por el régimen nazi con la figura del icónico doctor Frankenstein. A pesar del atractivo de su premisa, el resultado es el de un título irregular y, ¿por qué no decirlo?, bastante contradictorio en lo concerniente a su enfoque. Y es que su demencial argumento de inconfundible sabor pulp contrasta con la solemnidad con la que es desarrollada su trama, más allá de algunos agradecidos apuntes irónicos. En el lado positivo cabe destacar su excelente diseño visual y artístico, sobre todo viniendo de una producción que se antoja bastante modesta, destacando por encima de todo el diseño de aires steampunk de los engendros que engrosan las filas del ejército de Frankenstein. Paradójicamente, ahí es donde radica uno de los principales inconvenientes. En bastantes momentos da la sensación de que su novel director, Richard Raaphorst, artista conceptual de films como Dagon, la secta del mar, Beyond Re-Animator o, saliéndonos del fantástico, El libro negro, parece tan ensimismado en mostrar el mayor número de criaturas por él diseñadas que se olvida de ocuparse de las necesidades dramáticas de la historia. La narración queda así abandonada a su suerte a manos de una puesta en escena que se debate entre movimientos de cámara rápidos y confusos, largas escenas gore y momentos que, en la forma y en el fondo, retrotraen a videojuegos del estilo de Doom y similares. Lástima, porque su planteamiento de base poseía atributos suficientes como para dar algo más que una simpática rareza que, no obstante, se vería agraciada con una mención especial dentro de la sección “Panorama”.

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CAPA CAÍDA (Santiago Alvarado, 2013)

Sin abandonar el formato de falso documental, la española Capa caída se alzaría con el premio a la mejor película dentro de la sección “Noves visions emergents”. Dicho galardón habla por sí solo de la naturaleza de una producción que se encuadra dentro de la fructífera oleada de cine low cost que viene sucediéndose en los últimos años en nuestro país. Las consabidas limitaciones presupuestarias inherentes a una cinta de sus características son aquí solventadas por medio de un interesante uso de las nuevas tecnologías. Véase al respecto las escenas recreadas en diferentes formatos y texturas destinadas a repasar la peripecia vital de su protagonista, Magno, el primer superhéroe de la historia. A través del recorrido por su auge y caída, la cinta saca a relucir temas como la corrupción política o una costumbre tan típicamente hispana como ensalzar para después hundir a sus personajes públicos una vez han caído en desgracia. El problema es que en términos narrativos la película no se encuentra a la misma altura, y una vez superada la sorpresa inicial causada por las peculiaridades de Magno, su desarrollo da inequívocos síntomas de alargamiento innecesario.

 

FARADAY (Norberto Ramos Del Val, 2013)

Al igual que Capa caída, Faraday sería otro de los films patrios programados perteneciente a esa oleada de producciones lo-fi realizadas al margen de los canales oficiales, de la que su director, Norberto Ramos del Val, se erige en uno de sus más distinguidos representantes. En su quinto largometraje, el cineasta santanderino se interna por los recovecos de un registro tan característico de nuestro cine como es la comedia de costumbres para retratar la exagerada importancia que las nuevas tecnologías ejercen en la forma de relacionarse de buena parte de la sociedad actual. El inicio de la vida en común de una joven pareja formada por un calamitoso aficionado de lo paranormal y su video-bloguera novia en un piso en el que habita el fantasma de su antigua inquilina es el punto de partida que la película utiliza para arremeter contra esa caterva de popes de la modernidad que han encontrado en la red de redes la plataforma perfecta para darse a conocer al mundo. Una loable iniciativa a la que es imposible no adherirse, pero que no llega a cuajar del modo en que debiera a causa de la falta de profundidad con la que es formulado un discurso que, por otra parte, se contradice con la tendencia al famoseo y al amiguismo que muestran sus responsables a la hora de insertar cameos de personajes populares. Despojado pues de sus pretensiones, lo que queda es una cinta moderadamente divertida y hasta cierto punto simpática, pero mucho menos inteligente de lo que ella misma se cree. Con todo, contiene algún hallazgo interesante singularizado en la celebración de esa fiesta que es retransmitida vía internet y sobre cuyas imágenes aparecen sobreimpresionados los comentarios chateados en tiempo real por espectadores y participantes, que tanto por ejecución como por intenciones dan la medida de lo que debiera haber dado de sí todo el conjunto.

 

LA ÚLTIMA PELÍCULA DE JESS FRANCO (Pedro Temboury, 2013)

Como no podía ser de otra manera, la muerte de Jesús Franco el pasado 2 de abril no fue pasada por alto por el Festival de Sitges. Además de albergar la premiere mundial de Revenge of the Alligators Ladies, su obra póstuma concluida por su inseparable compañero de fechorías Antonio Mayans, fueron varias las sesiones programadas en su recuerdo que brindaron a los aficionados la oportunidad de disfrutar en pantalla grande algunos de sus más afamados clásicos. Como acompañamiento, junto a alguno de ellos pudo verse La última película de Jess Franco, un trabajo estilísticamente bastante alejado de la filmografía previa de su director, Pedro Temboury. Frente a la autoconsciente bizarría y cutrez de Kárate a muerte en Torremolinos y Ellos robaron la picha de Hitler, La última película de Jess Franco se erige en un ortodoxo documental acerca de la figura de quien fuera el mentor de Temboury. Si bien se echa a faltar la participación de varias personalidades estrechamente ligadas al universo franquiano, la sola comparecencia de gente de la talla de Carlos Aguilar, Brigitte Lahaie, Roger Corman o el propio Mayans se basta y se sobra para hacer del producto resultante un muy aceptable acercamiento a la vida y obra de su controvertido protagonista, consiguiendo con ello el marcado objetivo de hacer de su proyección un cariñoso homenaje a nuestro más prolífico e irrepetible cineasta: Jesús Franco Manera. 

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FRANKENSTEIN NO ASUSTA EN COLOMBIA (Érik Zúñiga, 2013)

La especial atención que esta edición del Festival de Sitges tuvo con las cinematografías emergentes quedó reflejada en gran parte de la programación de Brigadoon, la sección alternativa y gratuita del certamen. Buen ejemplo de ello fue la retrospectiva dedicada a la obra de Jairo Pinilla, precursor del cine de terror en Colombia. Precisamente, la historia del cine fantástico en el país sudamericano sería la base del documental Frankenstein no asusta en Colombia. Con una estructura un tanto anárquica, directores y especialistas teorizan sobre las razones por las que el cine de terror ha costado tanto arraigar en aquellas tierras, al tiempo que hace un recorrido por sus principales exponentes y figuras. El resultado es una pieza ilustrativa sumamente interesante que sirve para conocer una cinematografía tan ignota, a pesar de su pretendido enfoque teórico e intelectualoide, poniendo un especial énfasis en relacionar la imposibilidad de realizar un cine de terror sobrenatural en el país cafetero con la convulsa situación sociopolítica en la que se encuentra sumido desde hace ya demasiados años.

 

WITHER (Sonny Laguna & Tommy Wiklund, 2013)

Fruto de las buenas relaciones existentes entre “Nocturna” y el Festival de Sitges, dentro de Brigadoon pudo verse la gran triunfadora de la primera edición del certamen madrileño, la sueca Wither, acreedora de los galardones destinados a la mejor película de la selección oficial, la mejor dirección y los mejores efectos especiales. Partiendo de unas fuentes perfectamente reconocibles con Posesión infernal a la cabeza, a la que no sin razón se la ha comparado definiéndole como una suerte de respuesta al reciente remake estrenado este mismo año, el tándem formado por Sonny Laguna y Tommy Wiklund ofrece un trabajo que encarna como pocos el espíritu festivo de determinado estilo de cine de terror. Muertes violentas, ramalazos gore y unas pinceladas de soterrado humor negro se dan de la mano en un film de estética grindhouse que esconde una de sus mejores bazas en una imparable progresión dramática, carente de puntos muertos, y que alude a su lugar de origen por medio de la comparecencia de ese demonio que habita en los bosques sacado directamente de la mitología escandinava, en un detalle que por otra parte entronca con la última y fructífera hornada de cine fantástico fabricado en aquellas latitudes. Si no, que se lo pregunten a la finlandesa Rare Export o a la noruega Troll Hunter, por solo citar dos casos.

 

ZOMBIE MASSACRE (Marco Boni & Luca Ristori, 2013)

Tres años más tarde de programar Eaters, su ópera prima, Brigadoon acogió la segunda película de la pareja de directores formada por los italianos Marco Boni y Luca Ristori. El buen sabor de boca dejado por aquella cinta, que en más de un sentido recogía y actualizaba el legado de las míticas películas trasalpinas sobre zombis de los años ochenta, propició que fuéramos muchos los que depositáramos nuestras esperanzas en lo que nos podía deparar el devenir de estos dos jóvenes cineastas. Producida por Uwe Boll, quien ya con anterioridad se había encargado de distribuir la previa, la base del proyecto se encuentra en la adaptación de un homónimo videojuego de acción en primera persona de finales de los noventa, traído de nuevo a la actualidad gracias al lanzamiento de una nueva versión destinada a una conocida plataforma. La mayor capacidad productiva, cifrada en aproximadamente un millón de dólares, unida a las innegables semejanzas argumentales existentes entre ambas, hacía prever que los resultados de esta Zombie Massacre fueran netamente superiores a los de su predecesora. O, al menos, eso es lo que dictaba la teoría, ya que a la hora de la verdad la segunda película de Marco y Luca ha revelado ser la cara adversa de Eaters; mientras aquélla encarnaba los mejores valores del cine explotaition italiano, el título que nos ocupa personifica sus peores aspectos. Todos los defectos y limitaciones que Eaters sabía bordear a base de oficio, imaginación y talento, Zombie Massacre es incapaz de superar en todo momento. Tanto es así que la constante confluencia de momentos disparatados, forzados y exageradamente ridículos en su enfatización, dispuestos a través de un esquema itinerante que lleva a los protagonistas a superar diferentes dificultades hasta llegar al enemigo final, hace recordar, y mucho, las incursiones en la temática de Bruno Mattei, aunque con un mejor acabado formal. La película se salda así como un producto impersonal, aburrido y terriblemente predecible, que en nada se diferencia de la multitud de cintas de similares características lindantes con la serie Z que se vienen produciendo como churros durante los últimos años, siendo su único aspecto destacable en el lado positivo los maquillajes empleados para dar vida a las huestes de no muertos.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on diciembre 6, 2013 at 9:54 am  Dejar un comentario  
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