Slugs

Portada SLUGS

Título: Slugs

Autor: Shaun Hutson. Traducción de Javier Martos

Editorial: Tyrannosaurus Books

Datos técnicos: 246 páginas (Barcelona, 2013)

Shaun Hutson es el nombre de un escritor inglés especializado en terror y thriller. Apodado por su estilo literario con apelativos del calibre de “El Shakespeare del gore”, es autor de una treintena de libros de los que tan solo cinco han sido editados en nuestro país, al menos por el momento. Sin embargo, la escasa difusión de su obra no ha impedido que su figura goce de cierto reconocimiento entre los aficionados españoles por ser el responsable del texto que inspirara la película de Juan Piquer Simón Slugs, muerte viscosa (1988). Escrito en 1982 en un momento en el que el subgénero protagonizado por animales asesinos se encontraba de pleno esplendor dentro de la cultura popular gracias al impacto suscitado por el Tiburón (Jaws, 1975) de Spielberg, el cual a su vez adaptaba el homónimo literario de Peter Benchley, Slugs narra la invasión de una apacible localidad por parte de una extraña variante de babosas carnívoras, con especial debilidad por la carne humana. Veinticinco años después de su primera y, hasta ahora, única publicación en España de la mano de Ediciones B con el título de Las babosas, hace escasas fechas la novela ha sido recuperada por Tyrannosaurus Books bajo su denominación original, en lo que ha supuesto la primera inclusión de un autor extranjero dentro de su línea “narrativa / terror”.

Para todos aquellos que, como un servidor, se acerquen al libro animados por el recuerdo de su equivalente cinematográfico, les sorprenderá comprobar las diferencias sustanciales existentes entre ambas obras, no tanto en la forma como en el fondo. Y eso que, a grandes rasgos, la cinta de Piquer Simón respeta los acontecimientos principales de la novela, reproduciendo incluso diálogos exactos. A decir del director valenciano, las modificaciones efectuadas con respecto al original se debieron a que “no tiene una historia coherente, sino que son fragmentos, pequeñas estampas con los bichos”[1], lo que hizo que tuviera “que trabajarla bastante,  coordinar un poco la historia y hacerla coherente a nivel cinematográfico”[2]. Dichos cambios, que en su momento provocarían el malestar del escritor británico, consistirían, básicamente, en la adecuación del material de partida a los patrones imperantes dentro de determinado cine de terror coetáneo. Buena muestra de ello es la evolución laboral experimentada por la esposa del protagonista, que pasaría de trabajar en una guardería a convertirse en toda una profesora de instituto, posibilitando al film de este modo la oportunidad de recrear el ambiente estudiantil tan característico del cine de horror norteamericano de la época. Siguiendo por esta senda, el marco de acción se trasladaría de una población del sur de Londres a la típica, impersonal e indeterminada localidad de los Estados Unidos vista en tantas y tantas películas.

A través de estas dos simples alteraciones quedan puestas de relieve las distintas sensibilidades con las que fueron concebidas Slugs la película y Slugs la novela. Con todo, quizás el ejemplo más representativo a este respecto se encuentre en el tratamiento que una y otra hacen de las víctimas de los ataques de los hambrientos gasterópodos. Mientras que para el director de Mil gritos tiene la noche son solo carnaza con la que construir sangrientas escenas en la tradición del más canónico slasher, Hutson por el contrario va un poco más allá en sus pretensiones. Por supuesto que en su caso son también la base sobre la que ratifica la pertinencia de los sobrenombres por los que es conocido, por medio de unas descripciones de lo más visuales y prolijas en detalles enfermizos. Pero junto a este interés, también evidencia una especial preocupación por definir la personalidad y circunstancias de los futuros cadáveres y el entorno que los rodea, componiendo un retrato cotidiano bastante aproximado de lo que debía de ser la sociedad de la Inglaterra de provincias a comienzos de los años ochenta, dentro de un mosaico de caracteres entre los que predominan, en mayor o menor medida, los marginados por el sistema, ya sea ese borracho desahuciado con el que se inicia la oleada de muertes, o el antiguo presidiario reconvertido en sepulturero que es sorprendido por las babosas cuando se encuentra desvalijando a uno de sus últimos “clientes”. Una elección que, dicho sea de paso, lejos de ser arbitraria conecta con la propia peripecia vital de un Hutson que fue expulsado de la escuela cuando cursaba sus estudios, para más tarde vivir en carne propia el drama del alcoholismo.

Por otra parte, el concurso de estos capítulos permite además otorgar al inglés un mayor grado de dinamismo a la historia. Intercalados entre la trama principal, tal distribución redunda en el atinado sentido de la progresión bajo el que se desarrolla el relato, y que junto al empleo de un lenguaje sencillo y directo, aunque no carente de cierta poética para lo macabro, convierte su lectura en amena y ágil. Cierto es que, desde un punto de vista académico, el alcance de Slugs en términos literarios se antoja bastante limitado. Las metáforas formuladas acaban por resultar repetitivas y el acentuado componente erótico llega a ser expresado de una forma tan pueril y chabacana que da la impresión de haber sido extraído de la literatura más barata de este estilo que uno pueda imaginarse. Pero no menos cierto es que, junto a estos defectos, conviven una serie de indudables virtudes. La principal y más valiosa, el conseguir hacer creíble al lector la amenaza de un animal en principio tan inofensivo como la babosa, pero también la demostrada capacidad del autor para la creación de atmósferas, su gusto por el detalle o la riqueza de las descripciones, elementos todos ellos que contribuyen a que el fruto resultante se aparte de los cauces del ridículo y lo grotesco a los que parecía estar abocado dados sus ingredientes.

Retomando la edición de Tyrannosaurus Books, es de aplaudir el esfuerzo acometido por el pequeño sello barcelonés en su afán por acercar la novela a los aficionados. Desde su eficaz portada hasta la nueva traducción encargada para la ocasión a Javier Martos, se destila el mimo y esmero puesto por sus responsables para que la consecución del proyecto se saldara con el mejor de los resultados posibles. El único pero achacable en este sentido se encuentra en la aparición en el texto de erratas tipográficas en un número mayor al que sería deseable, algo que habría sido fácilmente solucionable con un corrector de estilo, pero que en ningún caso dificulta la correcta comprensión de la lectura. Así las cosas, solo queda felicitar a la gente de Tyrannosaurus Books por su trabajo y animarlos a lanzar la inédita por estos lares Breeding Ground, continuación de Slugs pergeñada por Hutson tres años más tarde de esta en vista de su éxito, en la que aprovechando el final abierto de la presente, las mucosidades de las babosas llegaban hasta el alcantarillado de la capital inglesa. Por cierto que, a modo de curiosidad, cabe comentar que los derechos cinematográficos de esta secuela serían adquiridos de igual modo por Piquer Simón con la idea de realizar una segunda parte de su película, posibilidad que por diversos motivos no llegaría a plasmarse.

José Luis Salvador Estébenez

[1]  Extraído de “Entrevista a Juan Piquer Simón” de Manuel Valencia en el libro coral coordinado por Carlos Aguilar,  Cine fantástico y de terror español 1900-1983 (Donostia Kultura, 1999), pág. 440.

[2] Íbid.

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