Craig Hill: El adiós de un forajido

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Instalado en la ciudad de Barcelona desde la década de los ochenta debido a su unión sentimental con la actriz Teresa Gimpera, el actor estadounidense Craig Hill (1926-2014), tipo apuesto, seductor, espigado, de ojos claros, estructura facial sólida y encantador (puedo afirmar con certeza el último atributo gracias a las muchas visitas al hogar de tan entrañable matrimonio), se iniciaba en el mundo de la interpretación en su adolescencia a través del teatro, en Laguna Beach, ciudad perteneciente al estado de California (EE.UU.). Territorio, como dirían los vaqueros, que recordaba muy a menudo en sus conversaciones y que debido a su estado no visitaba junto a su amada Gimpera desde hacía ya algunos años; si bien antaño allí pasaban largas temporadas veraniegas junto a su familia.

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Tras su paso por la Armada, y una vez finalizada la II Guerra Mundial, empezó a tomarse más en serio el mundo de la interpretación. Así, intervino como secundario en diversos títulos, como Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950), Brigada 21 (Willian Wyler, 1951), Fixed bayonets! (Samuel Fuller, 1951) o What price Glory (John Ford, 1951). Sin lograr sobresalir más allá de los roles determinados, en parte debido a que actores como Rock Hudson (con el que Gimpera y Craig mantenían una gran amistad y que duró hasta su fallecimiento en 1985)acaparaban los papeles protagonistas de las grandes producciones, decidió probar suerte en la televisión, medio donde llegó su ascenso: su personaje como P.T. Moore en la exitosa serie televisiva Whirlybirds, emitida en EE.UU. entre 1957 y 1960, y con 111 capítulos a sus espaldas, lo catapultó. La pequeña pantalla fue balsámica.

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La década de los sesenta sería determinante para Craig. Según comentaba: “Un día, cuando iba a hacer el examen para obtener mi licencia, recibí una llamada de Roma, del agente de mi representante en California, que me dijo: “Tenemos una película para ti en Roma”, yo le pregunté “Ok, ¿cuándo tengo que estar allí?” y él me respondió “¡Ayer!”[1]. De esta manera empezó su periplo en el western, también en Europa, género que siempre estuvo ligado a su persona y que daba comienzo en Ocaso de un pistolero (1965), dirigida por Rafael Romero-Marchent en régimen de coproducción entre España e Italia. Posteriormente llegarían Cazador de recompensas (Tonino Valerii, 1967), Con el corazón en la garganta (Mario Caiano, 1967), Lo quiero muerto (Paolo Bianchini, 1968) o el tardío díptico a las órdenes del realizador catalán Joan Bosch Los buitres cavarán tu fosa (1971) y Tu fosa será la exacta… amigo (1974); figurando en todas ellas como protagonista absoluto.

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Sería en 1966 cuando Craig conocería a Teresa Gimpera, a partir de entonces su eterno amor, gracias a la película de Marcello Ciorciolini Amenaza black box. El flechazo entre ambos durante el rodaje fue instantáneo, pero la actriz catalana tenía que superar un último obstáculo antes de jurarse amor eterno: que el apuesto galán americano no abandonara Europa. De inicio no lo logró y una vez finalizado el rodaje en Roma Craig hizo las maletas y volvió a California; Teresa hizo las suyas y volvió a la ciudad Condal. Tras unos intensos tres meses donde Gimpera no paró de luchar por volver a tener a su amado cerca de ella, proclamando su amor por todos los costados, finalmente lo logró y Craig volvió a Europa para reunirse con ella. Los siguientes años fueron un vaivén para la pareja, sin una residencia fija (aunque las ciudades de Roma y Barcelona servían como tal) y viajando por medio mundo debido a motivos profesionales. Hill cabalgó por el giallo, con Solamente nero (Antonio Bido, 1978); el terror, con El refugio del miedo (José Ulloa, 1974), donde volvió a coincidir en el reparto junto a Gimperay confeccionó uno de los mejores papeles de su carrera; el cine bélico, con Consigna: Matar al comandante en jefe (José Luis Merino, 1970); o la comedia musical, con Cinco almohadas para una noche (Pedro Lazaga, 1974).

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Finalmente, en 1978 deciden tomarse un descanso y se instalan durante una larga temporada, y bajo el mismo techo, en la localidad catalana de Begur. Allí regentarían un establecimiento hostelero. Ambos, prácticamente, abandonaban la profesión. El trabajo de la actriz en La ocasión (1978) de José Ramón Larrazla lleva a replantearse su carrera cinematográfica hasta el punto que, a día de hoy, se pueden contar con los dedos de una mano sus siguientes intervenciones en el cine…Craig, por su parte, todavía concede alguna oportunidad más a sus admiradores con papeles en Estigma (José Ramón Larraz, 1980), Angustia (Bigas Luna, 1986), e incluso en diversos films del también fallecido director Jesús Franco, como La bahía esmeralda (1989) o Ciudad baja (1992). Luego de instalarse definitivamente en la ciudad Condal en 1983, y casarse en 1990 después de un larguísimo noviazgo junto a la actriz catalana, el actor estadounidense apenas se deja ver en la gran pantalla. Son los realizadores Paco Plaza y Óscar Aibar, con El segundo nombre (2002), donde el matrimonio coincide por última vez en una película (sin compartir secuencia), y Platillos volantes (2003), respectivamente, los que logran arrastrarlo nuevamente al mundo del celuloide.

Craig Hill en una simpática fotografía tomada durante la proyección de "El refugio del miedo" organizada por "El buque maldito" en el Espai Jove Garcilaso de Barcelona el 19 de septiembre de 2009. A su derecha se encuentra el director de la película, José Ulloa, y a la izquierda su esposa y compañera en el citado film, Teresa Gimpera.

Craig Hill en una simpática fotografía tomada durante la proyección de “El refugio del miedo” organizada por “El buque maldito” en el Espai Jove Garcilaso de Barcelona el 19 de septiembre de 2009. A su derecha se encuentra el director de la película, José Ulloa, y a la izquierda su esposa y compañera en el citado film, Teresa Gimpera.

Tras muchos años viendo su rostro en pantalla, en septiembre del 2009, y gracias a la proyección que organicé en el Espai Jove Garcilaso (Barcelona) de El refugio del miedo, por fin tuve la oportunidad de conocer a Craig. Recuerdo perfectamente la llegada a su casa de Barcelona y ese primer encuentro con el matrimonio. Ya en el coche con ellos, y rumbo a la proyección, las preguntas a ambos surgían por mi parte de forma imparable; ¡estaba junto a dos estrellas del séptimo arte que habían habitado muchas de aquellas cintas que llevaba visionando desde que era un chaval! Una Teresa muy dicharachera y un Craig amable, sonriente y cauto en palabras, iban contestando a las cuestiones que surgían. Todo en un ambiente distendido y repleto de humor. La proyección, en la que también estaba como invitado el realizador José Ulloa, se convirtió en un bonito reencuentro entre amigos; con susto inclusive. Por aquel entonces Craig ya tenía algún problema a la hora de caminar y a punto estuvo de caer desde la tarima del escenario una vez finalizado el coloquio. Todo quedó en un susto.

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A partir de aquí fueron muchas las ocasiones que visitaba a tan cercano matrimonio. Bien para tomar un café y charlar con ambos, llevar algunas de aquellas películas de terror que protagonizó Teresa y que el tiempo las había borrado de su memoria e incluso acercar un ejemplar del fanzine Exhumed Movies a Craig, que tan amablemente me enviaron sus autores, para que viera aquel apuesto actor que un buen día llegó a Europa que todavía estaba en la memoria de los fans. Valga recordar, a modo de anécdota, un pequeño “enfado” de Craig al leer la entrevista; según él estaba mal transcrita una respuesta. Teresa, al final, le hizo ver que todo estaba de forma correcta y en orden. Pese a sus achaques seguía siendo una persona muy sonriente y atenta, que aún recibía alguna que otra oferta para asistir a festivales. Incluso, en estos últimos tiempos le ofrecieron un papel para un film. Lógicamente, se trataba de un western.

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En mi memoria quedará eternamente la imagen de Craig en su despacho a la altura del comedor leyendo La Vanguardia; dándome la bienvenida con ese extraño acento que caracteriza al estadounidense que nunca ha perdido su idioma y donde el castellano le ha ganado un poco de terreno en el habla; y cómo no, ese bonito dibujo enmarcado en el pasillo de su rostro, extraído de algún lejano western que protagonizó, como si de un verdadero pistolero se tratara, decorando el dulce hogar. Una eterna estampa congelada en el tiempo que a buen seguro Teresa nunca descolgará.

Diego L

 [1]David Diez Ramos en Entrevista a Craig Hill en Exhumed Movies, Año 1-nº4. Mayo 2013.

Published in: on mayo 12, 2014 at 5:16 am  Comments (1)  

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