Crónica del 2º Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid “Nocturna”

El Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid “Nocturna 2014” se presentaba con unos planteamientos bien claros. Tras darse a conocer al mundo el año pasado, esta segunda edición debía servir para que el certamen terminara de definir sus líneas maestras y, en consecuencia, su propia personalidad. Por fortuna, y sin miedo a equivocarnos, podemos decir bien alto que habemus festival. La buena impresión cosechada en su debut hace ahora doce meses se ha visto ratificada con una propuesta que en tan corto espacio de tiempo ha crecido exponencialmente, acercándose a buen seguro a la idea que sus responsables pretenden que sea. Durante sus siete días de duración, “Nocturna” volvió a ser un espacio abierto que hizo de su cercanía con el público una de sus principales señas características, dentro de una programación que mostró su querencia por las cintas de carácter independiente y, muy especialmente, aquellas realizadas en territorio nacional.

LAS PELÍCULAS

El equipo de "La cueva" presentando la película antes de su pase.

El equipo de “La cueva” presentando la película antes de su pase.

Casualidad o no, lo cierto es que dicha apuesta acabaría por reflejarse en la elección del jurado de la Sección Oficial de entregar el galardón a la mejor película bajo su nueva denominación de “Premio Paul Naschy” a la española La cueva, un título que en muchos sentidos conectaba con el objetivo confeso por parte de “Nocturna” de servir de altavoz para producciones modestas ante la cada vez mayor dificultad de estas para darse a conocer a la audiencia. Algo de lo que el segundo film del balear Alfredo Montero puede hablar con conocimiento de causa. Financiado de forma autosuficiente, su estreno originario se produciría en el Festival de Sitges del pasado 2012, donde encandilaría a los asistentes del único pase programado, convirtiéndose en una de las grandes sorpresas del certamen. Sin embargo, la buena acogida que cosechó entre crítica y público no pareció ser aval suficiente para encontrar la ansiada distribución comercial, la cual no ha conseguido hasta casi dos años más tarde y después de regrabar prácticamente la mitad de su metraje. No obstante, el sacrificio ha valido la pena, y la constancia y la fe de sus responsables en su trabajo se han visto recompensadas con los diferentes galardones que la cinta ha ido acumulando en su paso por festivales, a los que cabe añadirles la mención especial que el jurado de “Nocturna” haría del trabajo de la actriz Eva García-Vacas. Justos reconocimientos en cualquier caso para un trabajo en el que destaca la capacidad y sencillez con la que su director, valiéndose del formato found footage, consigue sumergir a los espectadores en una experiencia angustiosa y terrorífica trufada de instantes de auténtico desasosiego, al tiempo que establece un jugoso debate extrapolable a estos convulsos tiempos socioeconómicos en los que vivimos: ¿es preferible sobrevivir, aún a costa de ceder a nuestros instintos más primarios o, por el contrario, perecer si ello conlleva perder aquellos rasgos que nos hacen humanos?

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Curiosamente, otra de las películas más redondas vistas a lo largo del certamen compartiría no pocas similitudes con la cinta española. Si esta sigue los pasos de un grupo de campistas desorientados en la laberíntica cueva que le da título, la estadounidense Beneath se basa en supuestos hechos reales para narrar las vicisitudes vividas por un grupo de mineros encerrados en la galería en la que trabajaban debido a un derrumbe. Como es de prever ante semejante punto de partida, el resto se dedica a mostrar el proceso de descomposición de la pequeña comunidad que forman sus personajes. Lo que no es tan previsible es el modo en que se produce la consabida dinamitación del grupo a causa de sus tensiones internas. Combinando terror psicológico y físico, su director, Ben Ketai, en cuyo curriculum figura la olvidable 30 días de oscuridad 2: Tinieblas, aprovecha para ello los condicionantes de la historia, impregnando al conjunto de una agradecida atmósfera fantastique sin que esto signifique el abandono de la óptica realista, como se deduce de un desenlace que hace bueno aquello de que nuestros peores enemigos somos nosotros mismos. El reducido grupo humano enfrentado a una situación límite en un emplazamiento aislado sería también la base de The Station, film que, a título de curiosidad, daría el pistoletazo de salida a esta segunda edición del certamen. Con un claro regusto a Serie B de toda la vida, la ópera prima de Marvin Klen revisa el esqueleto central de La cosa de John Carpenter para articular un mensaje ecologista y antiabortista dentro de un conjunto dominado por la efectividad, en el que el claustrofóbico enclaustramiento de sus referentes es sustituido a favor de espacios abiertos localizados en el Tirol italiano.

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Retomando el repaso a la lista de ganadores, Wolf Creek 2 acapararía hasta tres galardones, convirtiéndose en el título más premiado del certamen. Hasta Australia viajarían los reconocimientos a la mejor dirección, la mejor interpretación, compartida entre sus protagonistas John Jarratt y Ryan Corr, así como el correspondiente al mejor guion, este último no sin cierta polémica. Y es que, por más que no se trate de una repetición literal de su antecesora como algunos la acusaron, lo cierto es que el desarrollo de la cinta se limita, básicamente, a una rocambolesca persecución entre el cazador y sus potenciales víctimas, apoyada más en la puesta en escena que en las supuestas virtudes de un libreto con tendencia al más difícil todavía centrado en explicitar aquello que en la primera parte apenas quedaba esbozado. El palmarés de la Sección Oficial se completaría con Extraterrestrial, acreedora del galardón a los mejores efectos especiales. A decir verdad este es el aspecto más conseguido del segundo film detrás de las cámaras de los Vicious Brothers, en el que los responsables de Grave Encounters vuelven a reincidir en la fenomenología paranormal, adaptando el patrón argumental del slasher más canónico al tema de las abducciones extraterrestres. Un planteamiento sumamente atrayente, pero que en la práctica se revela cada vez más y más risible cuanto más nos tomemos en serio la película. Ni la presencia del mítico Michael Ironside en su reparto, ni los numerosos guiños -o eso queremos creer- que en forma de planos, momentos y situaciones reciclados de populares títulos inundan el metraje, sirvieron para crear la complicidad necesaria con un público que en su mayoría abandonó el recinto nada más aparecer los títulos de crédito, abortando con ello el prometido coloquio que los productores del film, presentes en la sala, pretendían mantener con los asistentes.

En una edición que tuvo en Tobe Hooper y su emblemática La matanza de Texas dos de sus principales iconos, no deja de ser lógico que el siempre democrático y significativo premio otorgado por los votos del público fuera a parar a una cinta como Savaged. A grandes rasgos, su argumento es el de tantas y tantas representantes del American Gothic que a partir de mediados de los setenta acuñaran títulos tan influyentes como el del mentado film de Hooper. El mérito de Savaged reside, precisamente, en cómo partiendo de estas raíces tan definidas el debutante Michael S. Ojeda, en su triple función de realizador, guionista y director de fotografía, logra insuflar nuevos bríos a tan desgastados materiales a través de una visión posmodernista que entremezcla el estilo con el coetáneo rape & revenge, las películas de zombis y unas gotas de atmósfera sobrenatural. Y no en el American Gothic exactamente, sino en su hermano pequeño, el slasher, se encuadraría la propuesta de Pinup Dolls on Ice, sorprendente vencedora de “Madness”, la sección alternativa destinada a aquellas películas caracterizadas por su violencia y/o humor negro. Dicho galardón no ocultaría las enormes carencias de la que fuera protagonista de la única sesión golfa de este año. En realidad, la secuela de la amateurística Bikini Girls on Ice se revelaría un quiero y no puedo que, a pesar de pretenderse simple, directa y gamberra, no llega a cubrir los mínimos exigibles: ni sus muertes son tan sangrientas e imaginativas como se anunciaban, ni su supuesto erotismo pasa de un par de timoratos desnudos, ni su ademán de reformular los postulados del subgénero en clave feminista es llevado hasta sus últimas consecuencias, por no hablar de la total ausencia de algo parecido a una historia. Así las cosas, en su elección parecieron pesar más su espíritu festivo y el juego que su pareja de directores, Geoff Klein y Melissa Mira, dieron durante su estancia en el festival, que las verdaderas cualidades del producto.

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Por su parte, la también canadiense Cruel & Unusual se alzaría con el galardón de “Dark Visions”, la restante sección competitiva encargada de aglutinar las propuestas más transgresoras e innovadoras. En consonancia con estas coordenadas, Merlin Dervisevic aborda en su ovacionada ópera prima cuestiones del calado y la trascendencia de lo que somos y lo que creemos ser, las segundas oportunidades y nuestra capacidad para sacrificarnos por las personas que amamos a través de la historia de un hombre que, llegado al infierno, es obligado a revivir la noche en que fallecieran él y su esposa. En contra de lo que pudiera parecer, tan interesante discurso es plasmado de una forma amena y sencilla, sin que la densidad de lo tratado llegue a resultar en ningún momento pesado o plomizo. El infierno y el (los) demonio(s) también compondrían parte del núcleo central de otra historia de redención y culpa como Fractured, suerte de actualización del esqueleto argumental del noir clásico, aliñado con elementos fantásticos y estampas gore. Por más que sobre el papel el experimento se antoje de lo más sugerente, sus resultados naufragan a causa de una resolución insatisfactoria en la que la óptica fantástica adoptada es la excusa perfecta para justificar lo arbitrario de una conclusión que acaba por adquirir las formas de un panfleto religioso.

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Nuevamente los demonios volverían a hacer acto de aparición en otras dos películas. Una de ellas, además, encuadrada también en la sección “Dark Visions”, al igual que las dos previas. Nos referimos a The Demon’s Rook, representante de cierta rama del último fantástico norteamericano, por lo general independiente, caracterizada por su mirada nostálgica al cine de terror realizado en los setenta y los ochenta y encabezada por gente como Rob Zombie y Ti West, de quien, dicho sea de paso, pudo verse su más reciente trabajo, The Sacrament, en el que en un impersonal intento por reinventarse a sí mismo, el director de La casa del diablo cambia de registro para rememorar cámara en mano el suicidio colectivo del “Templo del pueblo” promovido por el reverendo Jones en Jamestown el 18 de noviembre de 1978. En lo que respecta a The Demon’s Rock, su escritor, productor, director y protagonista, James Sizemore, propone una personalísima experiencia sensorial que bascula entre la abstracción, lo autoral, la experimentación y la referencialidad, arrojando unos resultados tremendamente desiguales. Si bien su primer tramo logra captar la atención de los aficionados gracias a su gusto por la creación de atmósferas pero, también, por el uso de una imaginería e imaginario propios, que a su manera remite a clásicos ochenteros como Demons, Night of the Demons e, incluso, La noche de los muertos vivientes en la versión de Tom Savini, traspasado su ecuador la falta de ideas reduce el desarrollo de la trama a una concatenación de escenas de muerte bastante inconexas dramáticamente. Con todo, se trata de un film estimable que revela a un director al que, a tenor de lo visto, habrá que seguir los pasos en espera de que consiga encauzar el innegable talento que sin duda posee.

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La otra película en cuestión sería Delivery, esta vez perteneciente a la variante de las posesiones demoníacas, en la que bajo las formas de un falso documental se narra el embarazo de una pareja primeriza. Puede que su apuesta por un desarrollo sostenido, que potencia la creación de un clima de desasosiego por encima de los puntuales sustos tan característicos de productos de similares características, le haga un plato de difícil digestión para algunos paladares. Pero de lo que no hay duda es de su potencial como reflejo de la desestructuración de una pareja en crisis ante las neuras que les provoca la llegada de su esperado primer hijo, no faltando tampoco espacio para las puyas a la bajeza moral y falta de escrúpulos de los reality shows televisivos. Ya sin demonios de por medio, otro título centrado en la evolución de la relación de pareja que mantienen sus protagonistas sería la suiza Chimères, renovador acercamiento a la figura del vampiro no exento de pretensiones, pese a los guiños que dedica al cine de género italiano mediante la presencia en su reparto de la que fuera musa de Lucio Fulci, Catriona MacColl, y Ruggero Deodato, este último en un pequeño cameo en el que no sin cierta ironía da vida a un carnicero.

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En contra de lo que podría deducirse a tenor de lo ya apuntado, no fueron los demonios los protagonistas temáticos de esta segunda edición de “Nocturna”. Quizás como respuesta a la gran revelación del año pasado, I Am a Ghost, merecedora del premio del público, dicha consideración recaería en los films sobre espectros y casas encantadas. Puede decirse que hubo para todos los gustos y de todos los colores. Desde ejemplos tan rutinarios como Second Coming, efectista y más bien tramposa historia china de fantasmas que tuvo el honor de ser la única película vista en formato estereoscópico de todo el certamen, hasta otros con un enfoque pretendidamente novedoso, como puede ser el caso de Soulmate, en la que Axelle Carolyn, esposa en la vida real de Neil Marshall, a la sazón productor del proyecto, narra la extraña relación que se establece entre la nueva inquilina de una vivienda y el espíritu que en ella mora, exhibiendo una encomiable capacidad para la creación de ambientes que, por desgracia, no se corresponden con un desarrollo dramático que progresivamente tiende al desvarío. A caballo entre ambas opciones se situaría Haunt, película que a través de la autoconsciencia pretende modernizar con escasa fortuna una típica historia de casa encantada incluyendo como motor narrativo el drama juvenil que viven sus protagonistas. Aunque esta vez en versión licantropía, similares planteamientos esgrimiría Wolves, enésima muestra del nocivo influjo que el éxito de la saga Crepúsculo viene ejerciendo sobre cierta corriente de cine fantástico mainstream que tuvo su premiere mundial en “Nocturna”.

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Dentro de la concurrida temática de fantasmas y casas encantadas también figuraría la que, por derecho propio,  se erigiría en la gran decepción del festival. Lord of Tears llegaba a “Nocturna” envuelta entre una gran expectación provocada, en gran medida, por su autoproclamada condición de cruce de caminos entre The Wicker Man y The Haunting, además de manejar otros prestigiosos referentes. Por si aún quedaran dudas, durante su presentación, su productora y guionista, Sarah Daly, echaría más leña al fuego al compararla con las películas de la Hammer. Por desgracia, solo bastaron unos cuantos minutos para comprobar cuan infundadas eran aquellas manifestaciones. El problema estriba en la escasa autocrítica con que sus responsables asumen las limitaciones que conlleva una producción de bajo presupuesto como la que tienen entre manos, malogrando así las buenas ideas que atesora el conjunto. De este modo, sus loables intenciones de narrar un relato de terror gótico de ascendentes tradicionales, rico en atmósferas y sugerencias, chocan con unos resultados ridículos, de estética amateur, actuaciones imposibles y puesta en escena incompetente. Sirva de ejemplo la inenarrable escena del baile a cámara lenta con que la huésped deleita al atolondrado protagonista, concebida para otorgar un aura de lirismo y extrañamiento, pero tan torpemente realizada que lo único que conseguiría fue arrancar sonoras carcajadas entre los asistentes.

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De la que también se esperaba más en vista del espectacular éxito de taquilla que había conseguido en su país de origen era la rusa Viy, máxime al basarse en el relato homónimo de Nikolai Gogol que a su vez ha servido de base a dos clásicos absolutos de la historia del cine fantástico como son La máscara del demonio de Mario Bava y la menos conocida y más fiel adaptación soviética de 1967. Entre sus aspectos positivos cabe mencionar un apabullante acabado visual que tiene su mejor reflejo en la atractiva galería de seres fantásticos que pueblan la cinta y que viene a corroborar la ambición con la que ha sido concebido un proyecto que cuanta con la presencia de Charles Dance en su reparto. Paradójicamente, son en estas mismas aspiraciones donde se encuentran las principales debilidades del conjunto. En su afán por configurar un producto equiparable a los blockbusters hollywoodienses, la película adopta varios de sus tics desgraciadamente más habituales, en especial un humor infantiloide y bobalicón que, junto con una resolución racionalista y la incorporación de varios elementos de steampunk que la hermanan con títulos tan poco recomendables como Van Helsing o Wild Wild West, desvirtúan el espíritu de lo narrado. Al menos habrá que decir en su descarga que problemas logísticos motivaron que la copia proyectada se correspondiera con el montaje ruso y no el internacional como en un principio estaba previsto, por más que cueste creer en las manifestaciones en este sentido del director del evento, Luis Rosales, que la media hora de diferencia entre ambas arreglase semejante desaguisado.

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Así llegamos a la participación española, que con la excepción hecha de la ya comentada La cueva, lo haría en secciones no competitivas, en su mayoría dentro de “Panorama” y “Premiere”, espacio este último específicamente creado para albergar en exclusiva premieres de títulos nacionales. Junto a representantes procedentes de otros países, entre los títulos ofrecidos en el primer apartado tendríamos a Panzer chocolate, la anunciada primera película interactiva del mundo, cuya propuesta se enmarca dentro del resurgir que la nazixploitaion viene atravesando en los últimos años de la mano de pequeñas producciones de carácter independiente como es el caso. Rodada en inglés con miras internacionales, su argumento sigue los pasos de su protagonista en la búsqueda de un supuesto refugio nazi enclavado en el Pirineo catalán. Sin ser del todo un producto desdeñable, su nivel queda muy por debajo del atractivo que posee su punto de partida, en parte por un errático desarrollo que se inicia como La búsqueda, prosigue bajo las formas de un prototípico slasher juvenil, y termina a lo En busca del arca perdida.

Rueda de prensa de "Wax". De izda. a dcha.: Jack Taylor, Víctor Matellano, Jimmy Shaw y Colin Arthur.

Rueda de prensa de “Wax”. De izda. a dcha.: Jack Taylor, Víctor Matellano, Jimmy Shaw y Colin Arthur.

En cuanto a “Premiere”, dos serían los films a los que propiciaría su puesta de largo. Por un lado se encontraría La mujer que hablaba con los muertos, en el que, tras el giallo Buenas noches, dijo la señorita pájaro, César del Álamo vuelve a la carga con un nuevo ejercicio de estilo de la mano de una historia construida en base a una situación única, la reunión de un grupo de personajes en torno a una mesa en la que llevan a cabo una sesión de espiritismo, al que algunos recriminaron su estatismo escénico y su exceso de verborrea. Y por otro Wax, la esperada ópera prima en el formato largo del también historiador Víctor Matellano, que llegaba a “Nocturna” con un año de retraso con respecto a la fecha inicialmente prevista. Acorde a sus antecedentes profesionales, el novel cineasta plantea a diferentes niveles un juego cinéfilo preñado de guiños, tributos y citas que, en última instancia, resulta una de las principales razones de ser de un producto terrorífico de lo más digno nacido con una clara vocación genérica. A lo positivo del saldo, hay que sumarle la incorporación del doctor Knox, icónico personaje al que da vida de forma sobresaliente el veterano Jack Taylor.

Aun si cabe de forma más explícita, el discurso reivindicativo esgrimido por su largo de ficción sería prolongado por Matellano en ¡Zarpazos!, otro de los títulos que el omnipresente colmenareño presentaría en “Nocturna” y que se completarían con el cortometraje La cañada de los ingleses, Vampyres aparte. Extensión audiovisual del libro de su autor Spanish Horror, ¡Zarpazos! viene a cubrir una importante laguna al suponer el primer acercamiento global en formato documental al movimiento del fantaterror español. Ahora bien, su voluntariedad y carácter pionero no quitan para que la visión que ofrece del fenómeno se antoje sesgada, bien sea por su discutible estructuración, la elección de según qué invitados y el uso que se hace de ellos, o los gazapos informativos detectados en determinadas declaraciones. De forma consecuente, ¡Zarpazos! sería programada en doble sesión con la magistral Una vela para el diablo, el clásico nacional rescatado por esta edición dentro de una jornada que Sergio Molina, coordinador de “Nocturna” e hijo de Paul Naschy, no dudó en calificar como “el día del cine fantástico español”. Si el año pasado María José Cantudo arropaba con su presencia el pase de El huerto del francés, en esta ocasión fue su propio director, Eugenio Martín, quien en compañía de su esposa, la ubicua Lone Fleming, presentó a los asistentes este magnífico y genuino intento de crear un modelo de cine de terror de raíces autóctonas con el que en pleno franquismo criticara el rancio puritanismo ultra católico de aquello que se ha venido a denominar “la España profunda”.

Jaume Balagueró dirigiéndose a los asistentes tras recibir el premio "Maestros del fantástico".

Jaume Balagueró dirigiéndose a los asistentes tras recibir el premio “Maestros del fantástico”.

Pero Una vela para el diablo no sería, ni mucho menos, el único clásico español en ser programado. Por petición expresa del homenajeado, Mientras duermes serviría de complemento al acto en el que el festival haría acto de entrega a Jaume Balagueró de su galardón “Maestros del Fantástico” como reconocimiento a su labor dentro del género. Aparte de evidenciar lo equivocado del film escogido, a juzgar por la escasez de público que se daría cita, la sesión viviría uno de los momentos más surrealistas de esta edición una vez que concluida la proyección debiera de suspenderse el coloquio prometido entre el director catalán y los asistentes ante la incomparecencia del primero. Más tarde nos enteraríamos de que Balagueró se había ido de cañas con Marta Etura y Luís Tosar, perdiendo entre charla y charla la noción del tiempo. Para cuando quisieron darse cuenta, el pase de la siguiente película ya había superado su ecuador.

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Quien sí que respondería gustosamente a las preguntas de los aficionados sería Tobe Hooper, el primero de los “Maestros del fantástico” en recoger su premio y, sin duda, el que más pasión despertó en su visita a Madrid, tal y como pudo comprobarse por la expectación que despertarían todas y cada una de las actividades en que participó. Como no podía ser de otro modo, la escenificación del tributo brindado se acompañaría con la proyección en una excelente copia remasterizada de su emblemática La matanza de Texas coincidiendo con el cuarenta aniversario de su realización. Ni qué decir tiene que el disfrutar de semejante obra maestra del séptimo arte en una pantalla de cine, en tan excelentes condiciones, y con su responsable como testigo, resultaría una experiencia única, mágica e irrepetible, que a buen seguro nunca olvidaremos todos los allí reunidos. Como quiera que no hay dos sin tres, el tercer y último “Maestros del fantástico” recaería en otro mito viviente del cine fantástico, comparable en su importancia y trascendencia al mismísimo Tobe Hooper. Un Dario Argento mucho más simpático que lo que su leyenda dice visitaría “Nocturna” durante el fin de semana para recibir un homenaje que tendría su epílogo con el pase de la magnífica Rojo profundo en su denominado director’s cut.

Detalle del atrezzo que decoró el photocall en la proyección de "Al filo del mañana".

Detalle del atrezzo que decoró el photocall en la proyección de “Al filo del mañana”.

Junto a Balagueró, Hooper y Argento, hubo otros nombres propios que, si bien no de un modo presencial, sí que formaron parte de esta segunda edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid. Días antes de su estreno comercial en salas y coincidiendo con la tournée promocional que su equipo realizaba ese mismo día por diferentes ciudades del orbe –circunstancia por la que se llegó incluso a rumorear con la posibilidad de una hipotética visita relámpago a “Nocturna”-, la sección “Panorama” acogió la premiere de Al filo del mañana, un espectáculo cien por cien disfrutable protagonizado por Tom Cruise y Emily Blunt que cuenta con una primera parte muy por encima de lo habitual en esta clase de productos en la que la realización de Doug Liman sabe sortear con oficio los obstáculos inherentes a una historia cíclica como la que desarrolla. Sin movernos de la ciencia ficción especulativa, pero con un tono eminentemente reflexivo, la gala de inauguración ofrecería The Zero Theorem, el más reciente trabajo de Terry Gilliam, en el que el integrante norteamericano de los Monty Phyton reincide en sus habituales obsesiones existenciales, acompañado de su particular sentido estético, cierta sensación de deja vu y una excesiva dilatación narrativa en comparación con lo previsible de su historia.

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Si The Zero Theorem había protagonizado la inauguración, The Raid 2 lo haría en la clausura. Tres años después de la aquí estrenada con el título de Redada asesina, Gareth Evans vuelve a ponerse a los mandos para retomar las andanzas de su protagonista con esta estilizada secuela que no se conforma con ser más de lo mismo. Racionando mediante brillantes y espectaculares set pieces de acción la violencia hiperbólica que fuera la principal seña de identidad de su predecesora, The Raid 2 expande su universo ahondando en los aspectos dramáticos a través de un épico y ambicioso relato ambientado en el mundo de las mafias, elemento este tan característico del último thriller asiático. No en vano, es lo rutinario de su argumento, junto a la dispersión narrativa a la que le conducen las exageradas dos horas y media que se toma en contarlo, las principales máculas que se alzan contra un film pese a todo notable, aunque más por sus fragmentos que en su conjunto. Sea como fuere, lo cierto es que su propuesta fue recibida con los brazos abiertos por un respetable que en su mayoría jaleó y ovacionó algunas de sus impactantes escenas, poniendo el broche perfecto a esta segunda edición de “Nocturna”. O, al menos, a nivel oficial, ya que la mañana del domingo aún reservaría las últimas proyecciones.

CONCLUSIÓN FINAL 

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Decíamos el año pasado desde estas mismas líneas que era imposible que con su escueto presupuesto de cien mil euros la primera encarnación de “Nocturna” hubiera podido hacer más con menos. Pues bien, el paso del tiempo se ha encargado de demostrar lo equivocado de aquellas palabras. Con un recorte del treinta por ciento, “Nocturna” 2014 no solo ha conseguido igualar a su predecesora, sino que la ha superado ampliamente en todos los sentidos. El objetivo de consolidar la propuesta se ha cumplido con creces, gracias a una fórmula que, en gran medida, ha consistido en pulir lo ya esbozado el año pasado. La presencia de invitados ilustres, una programación centrada en títulos independientes pero sin olvidar la cuota de protagonismo para grandes estrenos y nombres propios, y una especial atención al formato corto han vuelto a ser las coordenadas básicas en las que se ha movido el certamen. Pero, junto con ello, la organización también ha potenciado otros aspectos que por cuestiones logísticas hace ahora doce meses no pudieron desarrollarse del modo deseado.

Mesa redonda sobre fanzines. De izda. a dcha.: Txemita Picapiedra (Neutrón), Antonio Busquets (moderador), Javier Castellanos (Exhumed Movies) y David García (MonsterWorld).

Mesa redonda sobre fanzines. De izda. a dcha.: Txemita Picapiedra (Neutrón),  Javier Castellanos (Exhumed Movies),  Antonio Busquets (moderador) y David García (MonsterWorld).

Un apartado que encabeza, por derecho propio, un programa de actividades paralelas que acabó gozando de un peso específico equiparable, salvando las distancias, al del mismo festival propiamente dicho. La idea de convertir a “Pre-Nocturna” en la I Muestra de Cine Fantástico Latinoamericano (Latinoamérica Fantástica) se reveló un acierto de todo punto, que ayudó a elevar el atractivo e interés de este prólogo destinado a que los más impacientes pudieran calentar motores antes del inicio del certamen. Mención aparte merecen las mesas redondas, ruedas de prensa y presentaciones realizadas a lo largo de la semana. Una mesa redonda en torno al cómic fantástico con la participación de nada menos que Carlos Pacheco, Alfonso Aizpiri, Manuel Berrocal y Óscar Manuel Martín, otra dedicada al mundo de los fanzines aprovechando el auge que de un tiempo a esta parte viene experimentando este formato en nuestro país, los avances de Vampyres, Welcome to Harmony y Maldita venganza, películas todas ellas que actualmente se encuentran ultimando sus detalles antes de ser estrenadas, o una instructiva master class a cargo de “Inside FX” sobre maquillaje protésico, fueron algunos de los variados contenidos que ayudaron a dar color a las mañanas de “Nocturna” potenciando el ambiente festivalero y que, salvo contadas excepciones, contaron con un inmejorable respaldo por parte del público. Además, el hecho de que la mayoría se llevara a cabo en el fórum de la céntrica Fnac de Callao ayudó a que el certamen se abriera al exterior y, por tanto, que aumentara su repercusión y presencia en la vida diaria de la ciudad.

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Y ya que hablamos de repercusión, no podemos pasar por alto cómo en esta segunda sesión hemos sido testigos de los primeros síntomas del asentamiento que en diferentes estratos comienza a disfrutar el Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid. Algo que ha podido comprobarse en la nómina de títulos reunidos, que si no de un nivel superior a los vistos el año pasado, sí que han lucido en líneas generales un mayor nivel productivo. No obstante, con ser importante, la mejor noticia en este sentido ha sido el apreciable aumento de público que se ha vivido en las proyecciones, mejorando en seis mil espectadores el anterior registro existente, según los datos difundidos por la organización. Sin llegar a colgar el cartel de no hay billetes, la afluencia media de las sesiones ha crecido considerablemente de un modo palpable, a lo que sin duda no ha sido ajeno una mejor y lógica distribución de horarios que ha permitido la demandada posibilidad de poder escoger y combinar entre las películas programadas en las dos salas habilitadas a tal efecto. El ejemplo más gráfico de todo ello estaría en la existencia de un grupo de fieles parroquianos que a estas alturas ya han hecho de “Nocturna” algo propio, tal y como se pudo comprobar por los gritos y aplausos con los que sería recibida la aparición de Cthulhu, símbolo por antonomasia del certamen, en la cabecera introductoria de todas y cada una de las proyecciones.

22 - Y esto fue todo amigos

A tenor de todo lo expuesto, resulta obvio que la valoración de esta segunda encarnación debe de ser forzosamente positiva. Puestos a buscarle inconvenientes, quizás el aspecto más reprochable esté en el funcionamiento de un departamento de prensa que, al contrario del año pasado, dejó bastante que desear, hasta el punto que mediada la semana algunos nos viéramos obligados a buscarnos la vida por nuestra cuenta a la hora de hacer entrevistas a algunos de los invitados ante la falta de respuestas a nuestras peticiones por parte de sus responsables. Una circunstancia que, en espera que sea subsanada de cara a futuras cita, en cualquier caso no quita el buen sabor de boca de un festival que para su tercera edición, y con la previsible entrada de capital público, promete seguir creciendo. Mientras eso ocurre, de lo que no hay duda es que con tan solo dos ediciones a su espalda “Nocturna” se ha convertido en toda una realidad. Ojalá que dure y lo siga siendo por muchos años.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda & Jesús Palop

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Published in: on junio 24, 2014 at 6:30 am  Comments (4)  
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4 comentariosDeja un comentario

  1. Como siempre excelente crónica, además de q no puedo estar más de acuerdo con las apreciaciones de las pelis.

    • Vaya, pues no sabes lo que me alegra que coincidamos en nuestras opiniones. Deduzco entonces que estuviste en el Festival, ¿no es así? A ver si la próxima vez nos conocemos en persona… (si no lo hicimos ya, que con esto de los nicks…) 😉

  2. Sí que lo conoces, sí.

    • Ya, ya. Al día siguiente de responderle me dijo quien era. 😉


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