Open Windows

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Título original: Open Windows

Año: 2014 (España, Estados Unidos)

Director: Nacho Vigalondo

Productores: Enrique López Lavigne, Belén Atienza, Mercedes Gomero

Guionista: Nacho Vigalondo

Fotografía: Jon D. Dominguez

Música: Jorge Magaz

Intérpretes: Elijah Wood (Nich Chambers), Neil Maskell (Chord), Sasha Grey (Jill Goddard), Nacho Vigalondo (Richi Gabilondo), Iván Gonzalez (Tony), Adam Quintero (Pierre), Daniel Pérez Prada (Triop), Jake Klamburg (Triop#2), Jaime Olías, Rachel Arieff, Raúl Cimas, Carlos Areces, Julián Villagrán, Michelle Jenner, Miguel Noguera…

Sinopsis: Nick Chambers, webmaster de una página dedicada a la sensual Jill Goddard, podrá conocer al fin a su actriz favorita gracias a un concurso que ha ganado. Sin embargo, una vez en la habitación del hotel recibe una misteriosa llamada que le convertirá en la única persona capaz de salvar a Jill Goddar del terrible peligro que corre…

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La última película de Nacho Vigalondo ha levantado bastante polvareda y pasiones de todo tipo. Los hay que enseguida se han apresurado en denominarla como “La ventana indiscreta del siglo XXI” o se han inventado términos como tecnothriller o tecnogiallo para definirla. Sin embargo, hay otros que la ven como una tomadura de pelo sin pies ni cabeza, llena de giros incoherentes y “sacados de la manga”. En la sala en la que la vi, preguntas como “¿pero esto qué es?” acompañaron la proyección formando una extraña banda sonora a lo largo de la película. Efectivamente, estamos ante una obra desconcertante; una locura que se desmadra más y más. Pero aún así, y aunque no lo sepa, ese espectador que se queja en su butaca está formulando la pregunta correcta: “¿PERO ESTO QUÉ ES?”.

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Nacho Vigalondo, gran amante del cine de Hitchcock, ha creado un thriller excesivo muy en la línea de Brian De Palma. Es inevitable que películas como Doble cuerpo o Femme Fatale, ambas dirigidas por el realizador estadounidense, se vengan a la cabeza mientras toda esa vorágine de ventanas se abren frente a uno. En Open Windows,como ocurre en el cine de De Palma e incluso en el giallo (otro género que sale bastante a colación a la hora de hablar de ella), se traza una trama (a menudo débil) que se sujeta sobre giros increíbles e intrigas desorbitadas. Pero Vigalondo no se conforma con ello y se sirve además de la ciencia ficción, el mundo de los videojuegos e, incluso, el del cómic, para realzarla y llevarla aún más al extremo. Y todo ello para hablarnos de los peligros de Internet y la falta de privacidad que existe en sus usuarios a la hora de exponerse en redes sociales y demás. Internet nos ofrece una alternativa más excitante en la que podemos crearnos otra identidad, pero el precio que nos pide a cambio es que abandonemos nuestra propia vida. En este sentido encontramos un punto extra en el hecho de que Chord, el hacker psicópata interpretado por Neil Maskell, aparezca casi toda la película con el rostro cubierto y que otro hacker (“pequeño” SPOILER) simplemente no tenga rostro. Ambos juegan a ser dioses en un mundo que controlan y en el que pueden hacer prácticamente todo lo que quieran gracias a su anonimato y a las herramientas que les proporciona Internet y la tecnología, aunque paradójicamente una vez llegados al desenlace descubrimos que el único personaje que parece “real” es el de la víctima, Jill Goddard (Sasha Grey).

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Pero me estoy desviando un poco de lo que pretendo explicar. Al inicio de este texto decíamos que el espectador confuso (y/o cabreado) de Open Windows se estaba planteando la pregunta correcta y esta era “¿PERO ESTO QUÉ ES?”[1]. Todas las películas tienen distintas capas de lecturas, unas más y otras menos, por supuesto, pero hay algunas que se prestan más a que podamos indagar en ellas. Cuando escuché “¿pero esto qué es?” en la sala yo también lo hice (aunque interiormente, por cierto) y me puse a darle vueltas. Pensé que no era casual que Open Windows arrancase con un ejercicio de metacine, ni que tras ese falso tráiler pasásemos a la presentación de la misma en el Festival de Austin (Texas), dónde Nacho Vigalondo, en un pequeño papel de director (llamado Richi Gabilondo), tiene un rifirrafe con la actriz protagonista de su película, Jill Goddard. También deberíamos tener en cuenta que en un momento de esta presentación Richi Gabilondo dice que no le gusta meter pesadillas en sus películas, pero Open Windows termina siéndolo de algún modo. ¿Casualidad? No lo creo. Como tampoco me lo pareció el hecho de que en el film se den falsas identidades a lo Edgar Wallace o que haya un personaje “amorfo”. Prestemos también atención al tema Ghost Rider de Suicide que se repite hasta en tres ocasiones a lo largo de la cinta, y al hecho de que en dos de ellas es quitada abruptamente por orden del personaje de Maskell, que dice textualmente que es una mierda. Tampoco es del gusto del personaje principal, Nick Chambers (Elijah Wood), así que, ¿qué pinta esta canción en la película?  “¿PERO ESTO QUÉ ES?”, esa es la pregunta. La pista nos la da Vigalondo en un último giro de la trama en la que se desvela el misterio y alguien dice: “Este CD es mío, se llaman Suicide y son la hostia”. Es entonces cuando comprendemos que el que habla no es Nick Chambers, ni Nevada, ni siquiera Elijah Wood… Sino Nacho Vigalondo que, raudo y veloz, corre a salvar a la chica en peligro.

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Open Windows es la fantasía que todo director de cine parece anhelar, y es la de convertirse en el héroe de su función para rescatar a la chica de la película (prototipo de la mujer de sus sueños que no puede conseguir, tal vez) y comenzar quizás una bonita historia de amor con ella. No hace falta irse demasiado lejos para encontrar ejemplos. Ahí tenemos a Alfred Hitchcock y sus amores platónicos (y enfermizos) con Janet Leigh, Tippi Hedren o Grace Kelly. Nacho Vigalondo, al igual que Hitchcock (y muchos otros directores), se vale de su protagonista (en este caso Elijah Wood) para ver cumplida su fantasía[2]. El director, mediante su protagonista, se deja hacer por el malvado de la historia y accede a pasar por todas esas trampas imposibles, para después tomar el control de forma magistral en ese último giro final de la película que decíamos.

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Open Windows es un canto de amor al cine y sobre todo a la figura del director. Su narración se va viciando conforme avanza y se distancia progresivamente de la realidad. Pero no nos equivoquemos, lo hace de un modo premeditado, así que dejémonos llevar por ella del mismo modo que lo hace su protagonista y gocemos del viaje que nos propone. Estamos ante un ejercicio de estilo, de cine puro, y cuanta más realidad le exijamos más lejos estaremos de lograr disfrutarlo. Esa pregunta que emerge en el espectador está ahí por algo, así que busquemos posibles respuestas. Estamos ante una película que gana más y más con cada visionado, así que ¡bienvenida sea! Por desgracia cosas como Open Windows no ocurren todos los días.

Juan Pedro Rodríguez Lazo

[1] Debería aclarar que no siempre se repetía esa misma pregunta durante la proyección y que había variaciones. Algunas hasta mal sonantes.

[2] En sus dos anteriores películas, Los cronocrímenes y Extraterrestre se daban unas relaciones hombre-mujer de lo más frustrantes.

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3 comentariosDeja un comentario

  1. “¿Pero esto qué es?”. Cierto, muy atinado. Aquí mi crítica: http://www.pasadizo.com/index.php/component/peliculas/?view=peliculas&id=2469&type=sinopsis

  2. Leída tu reseña, Bela. Muy buena, como siempre…
    Aunque es curioso como muchos le piden realismo a Open Windows, cuando no debería ser así. Me recuerda un poco a lo que ocurrió con Gravity…
    En todo caso, si la vuelves a ver, como ya tienes superado el bache de la incredulidad y sabes a lo que te vas a enfrentar, puede que hasta la disfrutes .
    😉 😛

  3. […] Bishop –Dance of the Dead (2008)–, Marcel Sarmiento –Deadgirl (2008)– y Nacho Vigalondo –Open Windows (2014)–. Un ilusionista perturbado que consigue una capa que le da un gran poder, una máquina […]


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