47 Festival Internacional de Cinema Fantástic de Catalunya – SITGES

Entre los pasados 3 y 12 de de octubre tuvo lugar la 47 edición del Festival Internacional de Cinema Fantástic de Catalunya – SITGES. Durante diez días la ciudad costera barcelonesa volvió a vestir sus mejores galas para convertirse un año más en el epicentro mundial del cine fantástico, ofreciendo un perfecto escaparate en el que tomar el pulso a la última hornada de producción genérica, gracias al centenar largo de títulos proyectados en sus cuatro sedes y repartidos entre sus diferentes secciones. Ante la imposibilidad material de comentar todos los films que allí se proyectaron, a continuación presentamos una selección representativa a través de la cual pretendemos ofrecer nuestra personal visión de lo que fue el certamen y de las realidades que en él se vivieron.

WHAT WE DO IN THE SHADOWS (Taika Waiti & Jemaine Clement, 2014)

Acreedor además de una mención especial por parte del Jurado oficial, la comedia neozelandesa What We Do In The Shadows se alzaría con el siempre democrático premio del público destinado a la mejor película. Con evidentes puntos en común con otro falso documental de hace un par de temporadas, la belga Vampires de Vincent Lannoo, la cinta coescrita y codirigida por Taika Waiti y Jemaine Clement, intérpretes también de dos de los papeles principales, se sumerge en el día a día de un grupo de vampiros que comparten piso en la Wellington actual. El contraste entre la cotidianidad habitual del modo de vida de la juventud de hoy pasado por el tamiz de la singular mitología de sus personajes protagonistas conforman la base de una propuesta en la que Waiti y Clement satirizan algunas de las encarnaciones vampíricas más extendidas dentro de la cultura popular. Un planteamiento interesante, sin duda, pero que no daba para un largometraje, lo que provoca que, transcurrido el ecuador del metraje, empiecen a flaquear las ideas y su discurrir acabe pecando de reiterativo, perdiendo así gran parte de la chispa y brillantez que poseía hasta el momento. Ello no quita para que se trate de un título simpático y divertido, aunque carente del nivel que cabría esperar a tenor de los reconocimientos conseguidos.

housebound

HOUSEBOUND (Gerard Johnstone, 2014)

What We Do In The Shadows no sería la única parodia genérica procedente de Nueva Zelanda que pudo verse durante esta cuadragésimo séptima edición. A ella habría que añadirle la presencia de Housebound. Escrita y dirigida por Gerard Johnstone, el film en cuestión se inscribe en teoría dentro de un subgénero tan transitado en los últimos tiempos como es el de las casas encantadas, si bien lo hace de forma un tanto particular. El arresto domiciliario de la protagonista en el hogar materno, donde tienen lugar fenómenos en principio sobrenaturales, es el punto de partida de una narración que entremezcla comedia, terror y thriller, sin cargar las tintas en ninguna de las vertientes, y haciendo un inteligente uso de los resortes característicos de este tipo de relatos, hasta desembocar en un último tramo plagado de giros de guion a cada cual más sorprendente. Esta manifiesta capacidad para reinventar continuamente su metraje sobre la marcha y, con ello, las expectativas creadas por el espectador, es a la vez uno de los mayores logros y la principal pega de un conjunto cuya falta de definición genérica acaba por dejarla un poco en tierra de nadie, sin que resulte tan hilarante como se propone ni tan terrorífica como debiera. Con todo, se trata de un trabajo hasta cierto punto simpático, aunque solo sea por las excelentes prestaciones de su elenco interpretativo.

Ana Lily Amirpour, directora de "A Girl Walk Home Along at Night", posando ante los medios en el photocall.

Ana Lily Amirpour, directora de “A Girl Walk Home Along at Night”, posando ante los medios en el photocall.

A GIRL WALKS HOME ALONE AT NIGHT (Ana Lily Amirpour, 2014)

Apadrinada por un viejo conocido del certamen, Elijah Wood, no por casualidad acreedor de la honorífica “Màquina del Temps” hace un par de años, A Girl Walks Home Alone At Night acumularía un total de tres galardones en su paso por tierras catalanas, lo que le convertiría en uno de los títulos más galardonados de esta edición. Para ella sería el premio del Jurado Joven, el premio “Citizen Kane” que nombraría a Ana Lily Amirpour mejor director novel, así como una mención especial por parte del Jurado de la Sección Oficial. De este modo, el Festival de Sitges reconocería una de las apuestas más singulares de esta temporada, tanto por el origen persa de su directora y guionista, como por su condición de neowestern vampírico rodado en riguroso blanco y negro. No obstante, el atractivo de la ópera prima de Amirpour no se limita a la exótica conjunción de tan pintorescos ingredientes, sino que se encuentra plagada de múltiples aciertos, especialmente en lo referente a su acabado formal. Por un lado, gracias a una depurada estética más propia de una novela gráfica, derivada de la extraordinaria mano de su realizadora para la composición de planos en combinación con la contrastada fotografía de Lyle Vincent, pero también de la audaz idea de trasladar los usos y costumbres de la sociedad iraní a un entorno más propio del American Way of Life de los años cincuenta. Fruto de ello son estampas tan poderosas como las apariciones en medio de la noche de su protagonista por las solitarias calles de un típico barrio residencial de los Estados Unidos, ataviada con el tradicional chador en lugar de la habitual capa vampírica, en lo que supone una ingeniosa analogía. Esta idea de mezclar dos culturas tan distintas como la árabe y la occidental, y que en buena parte resume la razón de ser de un film producido en los Estados Unidos en lengua persa con actores originarios de aquellas latitudes, es también trasladada a su banda sonora, formada a base de una interesante mezcla de ritmos tradicionales y canciones pop iraníes, junto a otros temas anglosajones. Pero si visual y sonoramente A Girl Walks Home Along At Night resulta un film de una riqueza extraordinaria, en materia narrativa no lo es tanto. Los ropajes indies y fantásticos no logran ocultar el parecido que su rutinaria historia sobre seres marginales que consumen su vida con la noche como testigos guarda con la de esos dramas iraníes que tanto triunfan en según qué tipo de festivales cinematográficos. Con ellos también comparte una languidez narrativa que mediado el metraje desemboca en pura deriva, sin que el preciosismo de sus imágenes consiga hacer nada para espantar el tedio al que conduce.

GOODNIGHT MOMMY (Severin Fiala & Veronika Franz, 2014)

Otra ópera prima que no se iría de vacío en su visita al Festival de Sitges sería el primer largo de ficción formado por Severin Fiala y Veronika Franz, quienes con Goodnight Mommy, título internacional del original alemán Ich seh, Ich seh, se llevarían a su Austria natal el Méliès d’Argent y una mención especial del Jurado de la Crítica. Una excesiva recompensa para un título que, en realidad, se limita básicamente a entremezclar el clásico setentero El otro con la asepsia estética y perversidad discursiva de su paisano Michael Haneke, adaptando para ello determinado estilo muy característico de cierto cine europeo de pretensiones autorales. No por casualidad, la exagerada influencia que a nivel argumental y de puesta en escena ejerce el citado film de Robert Mulligan, hasta el punto de antojarse una suerte de remake encubierto, junto a su frialdad expositiva, provoca que su discurrir narrativo resulte en todo momento tedioso y previsible, tan solo animado por la sequedad con la que es mostrada la violencia y vejaciones que los dos infantes protagonistas someten a la que ellos no reconocen como su madre y que ocupa el último tercio de metraje.

Aaron Moorhead y Justin Benson durante la presentación de "Spring" en el Auditori.

Aaron Moorhead y Justin Benson durante la presentación de “Spring” en el Auditori.

SPRING (Aaron Moorhead & Justin Benson, 2014)

Uno de los aspectos que puso de relieve esta edición del Festival de Sitges fue la abundancia de títulos dentro del fantástico actual en sus diferentes variantes dirigidos por parejas de directores. Algo que pudo comprobarse en el propio cuadro de ganadores. Además de los mencionados Severin Fiala y Veronika Franz, los norteamericanos Aaron Moorhead y Justin Benson conseguirían una mención especial para Spring, reconocimiento que se antoja insuficiente para reconocer los atributos de la que, sin dudas, fue una de las mejores y más completas obras vistas a lo largo del certamen. Dos años después de su presentación en sociedad con la atmosférica y sensorial Resolution, la pareja de cineastas da un gigantesco paso adelante en su evolución con una obra que, compartiendo ciertos elementos comunes con la previa, resulta mucho más ortodoxo desde el punto de vista cinematográfico, evidenciando la extraordinaria madurez alcanzada en tan corto espacio de tiempo por sus responsables. El que su argumento funcione independientemente tanto como una cinta de género al uso como una fábula romántico-fantástica ejemplifica la riqueza de matices que posee una película repleta de lecturas y plena de sugerencias, basada en el desarrollo de sus personajes. La contraposición entre la mentalidad mediterránea y anglosajona, aprovechando su ambientación en Italia, es solo uno de los muchos diálogos interesantes de un conjunto que reflexiona sobre el amor, la muerte y la vida. Temas profundos y complejos, pero que son tratados con una total sencillez y naturalidad, sin caer en ningún momento en la pretenciosidad que podría esperarse en un principio. Sin lugar a dudas, uno de los títulos más redondos vistos a lo largo de la Muestra, al que puestos a buscarle peros solo cabe reprocharle la excesiva dilatación de su último acto.

POS ESO (Samuel Ortí Martí “Sam”, 2014)

Siguiendo con las menciones especiales otorgadas por el Jurado de la Sección oficial, la concedida a Pos eso serviría para que esta cinta de animación por clymation se convirtiera en la única representante nacional dentro del palmarés de este año. De entrada, y más allá de cualquier otro tipo de consideraciones, hay que reconocer la valentía y el empeño puesto por su director principal ideólogo,  Sam, en lo que ha supuesto su debut en el formato largo tras una larga y dilatada trayectoria dentro del cortometraje, por sacar adelante un producto de estas características, máxime teniendo en cuenta la miopía dominante en la producción cinematográfica patria. Claro que culminar con éxito semejante empresa no ha sido tarea fácil. Nada menos que tres años le ha llevado al valenciano materializar un proyecto cuyos resultados, desgraciadamente, no se corresponden con las esperanzas depositadas. Y no será porque Sam traicione sus orígenes. Al igual que en sus anteriores cortometrajes, Pos eso se apunta a la comedia costumbrista típicamente cañí, en este caso entremezclando la sátira al mundo de los famosos con una historia de posesiones. El problema estriba en que el cambio de formato se le atraganta al novel cineasta, a lo que tampoco ayuda una historia demasiado simplona, haciendo que el conjunto funcione mejor si se le considera una sucesión de secuencias aisladas, es decir, una serie de cortos, en lugar de un todo.

JAIME MARK IS DEAD (Carter Smith, 2014)

Dentro del apartado técnico, a la norteamericana Jaime Marks is Dead le correspondería el premio a la mejor fotografía por el trabajo de su operador Darren Lew, cuyo uso de una paleta apagada que, por momentos, dota al conjunto de un aspecto cercano al blanco y negro, plasma a la perfección la atmósfera melancólica e intimista que pretende transmitir esta singular historia de fantasmas morales y espirituales. Perteneciente a esa veta fantástica del cine indie norteamericano que tan activa se encuentra de un tiempo a esta parte, y en la que también se inscribiría la justa ganadora de esta edición, I Origins de Mike Cahill, Jaime Marks is Dead supone el más reciente trabajo de Carter Smith, cineasta al que algunos recordarán por ser el responsable hace unos años de la cinta de terror Las ruinas, por más que se trate de la excepción que confirma la regla dentro de una obra caracterizada por el tratamiento de temáticas homosexuales bajo un envoltorio fantástico. Por si hubiera alguna duda, Jaime Marks is Dead prosigue esta senda. La relación de amistad más allá de la muerte surgida entre el espíritu de un estudiante fallecido y uno de sus compañeros de clase, no carente de cierta pulsión sexual, es la excusa empleada por Smith para hablar del mobbing escolar o el rechazo al diferente, en esta mirada a los conflictos propios de una edad de desorientación y cambios como es la adolescencia. Demasiadas pretensiones para un conjunto que, una vez presentada su premisa, se dedica a dar vueltas de forma machacona y cansina sobre sí mismo, posiblemente al no tener otra cosa que decir, a pesar de la impostada trascendencia con la que se trata de envolver al relato y que contrasta con la puerilidad de sus metáforas. De entre ellas, la más evidente y risible se encuentra en que la puerta de entrada interdimensional del homosexual espectro se encuentre en el interior de los armarios.

WELP [CUB] (Jonas Govaerts, 2014)

Sin llegar a la cantidad de representantes protagonizadas por muertos vivientes y/o infectados, una corriente que contaría con una destacada presencia dentro de la programación de esta edición de Sitges sería el de aquellas cintas influenciadas por el cine de décadas pasadas y, muy especialmente, el realizado durante los años ochenta. Quizás el film más representativo a este respecto sería la belga Cub, aunque solo fuera por el reconocimiento conseguido como mejor director por Jonas Govaerts. A caballo entre el survival y el slasher, su propósito no pasa por la de intentar reformular tan asentados estilos dándole la vuelta a sus rasgos más asumidos, sino que se conforma, simple y llanamente, en ofrecer un ejemplar canónico en cuanto a sus características, pero narrado de una forma distinta. En este sentido, la escena con la que se abre la cinta no puede ser más clarificadora al respecto. En ella se muestra a una chica corriendo por un bosque mientras trata de escapar de lo que a primera vista parece una criatura monstruosa, pero que más tarde descubrirá ser un niño asilvestrado con una máscara de un ser cornudo; de fondo, unos acordes a base de sintetizadores de indudables ecos carpenterianos suenan como banda sonora. Toda una declaración de principios de cómo, sin inventar nada nuevo, Cub da una ingeniosa vuelta de tuerca a este tipo de historias, ofreciéndolas desde un novedoso punto de vista. Para ello, la habitual pandilla de jóvenes ávidos de juerga, sexo y alcohol en algún remoto paraje son sustituidos por un grupo de boy scouts dispuestos a pasar un fin de semana en contacto con la naturaleza. Semejante cambio repercute en que durante su primera parte la mayoría de los mecanismos y lugares comunes acuñados por esta clase de cintas sean omitidos en favor a una mayor atención al desarrollo de los personajes y las relaciones existentes entre ellos, por más que no dejen de ser los mismos estereotipos de siempre. Para cuando una vez se inicie la cacería, y con ella la llegada de tropos más familiares, la película se desenvuelve con una precisión y eficacia dignas de elogio, destacando en el cómputo global del conjunto las ingeniosas trampas empleadas por el matarife de turno con el fin de atrapar a sus víctimas.

Alexandre Bustillo y Julien Maury, directores de " ".

Alexandre Bustillo y Julien Maury, directores de “Aux yeux des vivants “.

AUX YEUX DES VIVANTS (Julien Maury & Alexandre Bustillo, 2014)

En la misma corriente revisionista también se encuadraría Aux yeux des vivants, el nuevo trabajo dirigido por el tándem compuesto por Julien Maury y Alexandre Bustillo. Tras ofrecer su particular visión del giallo italiano en À l’intérieur, su celebrada ópera prima, y tratar de recuperar la belleza poética de cierto cine fantástico francés en Livide, personal y poco conseguida aproximación al mito vampírico, en esta su tercera película los dos cineastas se encargan de homenajear la producción de principios de los ochenta de Steven Spielberg en general, y de la Amblin en particular, a la que le son dedicados numerosos guiños a lo largo del metraje, con Los Goonies y Cuenta conmigo a la cabeza. Siguiendo la senda de estos modelos, el leitmotiv argumental tiene su nexo de unión en las relaciones paterno-filiales, lo que llegado el momento hace que la película se aproxime en su vertiente terrorífica a ciertos clásicos del American Gothic construidos sobre idénticas premisas, como puede ser el caso de La matanza de Texas o Las colinas tienen ojos. No obstante, esta vena referencial no exime que Aux yeux des vivants sea un perfecto corolario de lo ofrecido por sus responsables en sus obras precedentes. Así, de la primera recupera, al menos en parte, sus desmanes hemoglobínicos, mientras que repite el esquema de la segunda, con un grupo de jóvenes metiendo las narices donde no les llaman para acabar topándose con el horror. Lo malo es que con ello también reaparecen sus principales defectos, entre los que sobresale la falta de verosimilitud que se apodera de muchas de las situaciones planteadas por un inconsistente libreto que, para colmo de males, desaprovecha cuando no abandona sus pocas ideas sugerentes.

IT FOLLOWS (David Robert Mitchell, 2014)

Similares referentes a los manejados por la cinta francesa se volverían a dar cita en It Follows, al igual que varios de los exponentes comentados a lo largo de este repaso, integrada dentro de esa nutrida veta fantástica de contornos indies que tanto auge viene tomando en los últimos tiempos. De nuevo la sombra de la Amblin vuelve a planear sobre un título que puede verse como una versión más adulta de la fórmula empleada por la factoría de Spielberg, al trasladar algunos de sus temas característicos de la infancia a la adolescencia. Repitiendo lo visto en aquellos films, la película dirigida por David Robert Mitchell mantiene en off narrativo el mundo de los adultos para centrarse en las vicisitudes sufridas por sus jóvenes protagonistas, en este caso un grupo de amigos perseguidos por una extraña identidad de naturaleza intangible. El que dicho ser esté representado como una figura abstracta conecta por otra parte con el modus operandi que John Carpenter empleara en su icónica La noche de Halloween, similitud subrayada por la banda sonora a base de sintetizadores de innegables ecos carpenterianos que acompaña a sus fotogramas. Pero si en su primigenia condición de producto terrorífico su balance ya es de por sí positivo, su valoración se eleva a la categoría de obra maestra si nos atenemos a la brillante reflexión en torno al tránsito de la adolescencia a la edad adulta con el sexo como elemento vector que subyace bajo sus imágenes. Un subtexto complejo y rico en niveles de lecturas al que contribuye de forma determinante la estudiada puesta en escena de la que hace gala su director, David Robert Mitchell, hasta el punto de que se hagan necesarios varios visionados para alcanzar a descifrar la magnitud de la obra.

BURYING THE EX (Joe Dante, 2014)

Por todo lo que ello conllevaría, la decisión de escoger un film de la particular idiosincrasia de Burying the Ex para protagonizar la mediática gala de clausura se antojaría toda una declaración de principios con la que el equipo organizativo encabezado por Ángel Sala hacía un guiño a los aficionados, al tiempo que se reafirmaba en las que vienen siendo sus principales líneas de trabajo desde que tomaran las riendas del certamen: el amor por el género fantástico puro y duro, y el respeto, preservación y reivindicación de su historia. Cuestión bien distinta es que la apuesta no se saldara del modo esperado en lo que a términos cualitativos se refiere, careciendo del nivel necesario que habría que pedir a la encargada de echar el cierre a un festival de la repercusión e importancia del que nos ocupa. Cinco años después de su anterior Miedos 3D, Joe Dante se vuelve a poner detrás de las cámaras con esta comedia romántica de terror con la que, sin traicionar sus raíces, intenta rejuvenecer su cine acorde a los nuevos tiempos. Pero ni la adopción de un argumento centrado en los devenires de un triángulo amoroso formado por veinteañeros, ni la participación de varias promesas del Hollywood actual como Anton Yelchin, Ashley Green o Alexandra Daddario sirven por sí solos para aportar savia nueva a una propuesta que suena a ya vista, y que, lo peor de todo, tampoco es que haga nada por ocultarlo. Por el contrario, su responsable parece estar más preocupado por trufar cada plano de guiños cinematográficos, con especial predilección en los dedicados al cine de terror italiano –cf. la ex-novia que regresa de entre los muertos para complicar la vida del protagonista se llama Evelyn, en clara referencia al film de Emilio Miraglia La noche que Evelyn salió de la tumba-, en lugar de intentar apartarse de caminos demasiado trillados a estas alturas. No quiere decirse con ello que se trate de un mal film. Es más bien una cuestión de expectativas. Y que, viniendo de alguien que entre finales de los setenta y principios de los ochenta legaría gemas indiscutibles del fantástico como Pirañas, Aullidos o Gremlins, por solo citar las más célebres, uno esperaba algo más que un trabajo tan insustancial como el presente, cuyo único valor reside, precisamente, en evidenciar las dificultades de su veterano director para conectar con los gustos del público actual.

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LIFE AFTER BETH (Jeff Baena, 2014)

Sin entrar en comparaciones cualitativas, resultaría curioso el comprobar la similitudes argumentales que el film de Joe Dante mantendría con Life After Beth, debut tras las cámaras del hasta ahora guionista Jeff Baena, autor asimismo del libreto. Su estreno dentro de la Sección Oficial del último Festival de Sundance da una pista muy aproximada del tono y el estilo que maneja una cinta que también comparte con la coetánea avalancha de títulos indies el protagonismo de jóvenes veinteañeros ajenos al resto del mundo, absortos en sus problemas personales. Eso es lo que le ocurre a Zack, su protagonista, sumido en una profunda depresión a causa de la pérdida de su novia, de la que sólo se repondrá cuando descubra que la muchacha ha regresado de entre los muertos. A partir de esta premisa, que en cierto sentido puede interpretarse como la otra cara de la moneda de la reciente Memorias de un zombie adolescente, el debut de Baena cuestiona la idealizada visión del amor de cierta parte de la población, al tiempo que aboga por la necesidad de pasar página sean cuales fueren las circunstancias. Todo ello es expuesto mediante los bruscos e inexplicables cambios de conducta que la tal Beth experimenta debido a su nueva condición, si bien se eche en falta una mayor hondura en su trazado dramático, especialmente detectable en su acomodaticio desenlace. Lo que queda, así las cosas, es una agradable comedia con un sentido del humor un tanto delirante, que se beneficia del trabajo de un espectacular reparto encabezado por Dane DeHaan y Aubrey Plaza, magnífica en su papel de muerta viviente, bien secundados por el veterano John C. Reilly.

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MONSTERS: DARK CONTINENT (Tom Green, 2014)

Monsters: Dark Continent (2014) es una secuela —otras fuentes la definen como un remake situado en otro entorno— del aburridísimo film Monsters (2010) de Gareth Edwards. Ahora, otro director, Tom Green (en su debut en el cine y el formato largo, tras trabajar en series como Misfits o Blackout) aporta una idea similar al concepto de la previa: tenemos de nuevo a los monstruos colonizando la Tierra, y el ejército norteamericano tratando de combatirlo. La película busca ser una alegoría sobre el intervencionismo yanqui, y en ese sentido es una cinta de guerra descrita con las constantes del último cine de la temática, con una narración nerviosa, cámara en mano y colores saturados. Desde esa perspectiva, el resultado es más directo y nítido que en la entrega anterior, y además la película está mejor narrada y es incluso más entretenida. No parece casualidad que, precisamente, pierda parte de su fuerza durante un último tramo en el que trata de emular el tono melancólico e intimista de su predecesora, lo que hace que el saldo no llegue a ser tan positivo como en un principio pareciera. En cualquier caso se trata de una secuela que supera ampliamente a la original, tomando los mismos ingredientes de aquella y enfocándolos hacia una conformación más elaborada en todos los aspectos. Carlos Díaz Maroto

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BACKCOUNTRY (Adam MacDonald, 2014)

Backcountry (2014) es un film canadiense basado en hechos reales, escrito y dirigido por Adam MacDonald, habitual actor de la simpática serie Rookie Blue, y que aquí debuta en el formato largo tras dos cortos, contando con su excelente compañera y protagonista de la serie, Missy Peregrym, al frente del escaso reparto. Una pareja, de excursión por el bosque, es atacada por un oso. Con esa breve premisa MacDonald realiza un sólido ejercicio de estilo incursionando, con una gran capacidad para el uso del formato panorámico y el sonido, dentro de la modalidad del terror que un estudioso como Juan Antonio Molina Foix denominó como “naturaleza en rebeldía”, basada en el ataque al ser humano por representantes de esta, como los animales. MacDonald efectúa un estudio de caracteres donde la falta de auto-confianza del novio conduce a todo lo que acontece en la cinta. Un pequeño gran film. Carlos Díaz Maroto

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DEAD SNOW 2: RED VS. DEAD (Tommy Wirkola, 2014)

Como su propio título indica, Dead Snow 2: Red Vs. Dead prolonga las andanzas de los zombis nazis que colocaran en el mapa cinematográfico a su director, el noruego Tommy Wirkola, hace ya cinco años. En este sentido, la fórmula empleada no difiere mucho de lo visto entonces. La diferencia estriba en la efectividad con la que es llevada a cabo, pudiendo decirse que esta secuela consigue todo aquello que su supravalorada predecesora prometía pero ofrecía solo a medias. Lo hace, además, sin limitarse a ser un calco al cuadrado de lo recogido por aquélla, como parece ser moneda común en un buen número de continuaciones coetáneas. Por el contrario, si la primera parte trataba de emular de forma más o menos descarada el tono y la estructura de Posesión infernal, Dead Snow 2: Red Vs. Dead se aparta de manoseados modelos para buscar un camino más original y acreedor de una propia mitología, que a la postre se traduce en un festín de sangre y miembros amputados, preñado de momentos absolutamente antológicos. Nadie está a salvo de las hordas de revividos soldados, ya se trate de ancianos, niños, gays o minusválidos, lo que da una idea del sentido del humor gamberro, irreverente y políticamente incorrecto que se gasta un título que no tiene nada que envidiar a films de similar ralea tan mitificados como puede ser el Braindead de Peter Jackson.

Fabrice Du Welz junto a dos de las protagonistas de "Alléluia": su pareja en la vida real Helena Noguerre y Lola Dueñas.

Fabrice Du Welz junto a dos de las protagonistas de “Alléluia”: su pareja en la vida real Héléna Noguerra y Lola Dueñas.

ALLÉLUIA (Fabrice Du Welz, 2014)

Tras seis años de silencio, Fabrice Du Welz ha reaparecido en este 2014 con dos nuevos trabajos, los cuales formarían parte de diferentes secciones de esta edición del Festival de Sitges. De este modo, “Órbita” programaría Colt 45, un soberbio thriller que recoge y actualiza la herencia del mejor polar francés clásico, con el que el cineasta belga se aparta de su estilo acostumbrado para brindar un film mucho más asequible de cara a la gran audiencia. Todo lo contrario ocurriría con su otro título proyectado, encuadrado dentro de la sección “Oficial Fantàstic Competición”. En Alléluia, Du Welz retoma los principales elementos temáticos sobre los que pivotaran sus anteriores Calvaire y Vinyan, acentuando si cabe su propensión por las historias sobre relaciones enfermizas, y mostrando una vez más su capacidad para la creación de atmósferas decadentes. Dividida en cuatro actos, desarrollados en torno a las otras tantas conquistas amorosas de Michel, su protagonista masculino, la trama desgrana la tormentosa historia de amor entre éste, un maduro gigoló acostumbrado a timar a las mujeres con las que contacta, y Gloria, una cuarentona inmigrante que se gana el sustento limpiando cadáveres en una morgue; dos seres solitarios cuya mutua e irracional atracción les hará recobrar la ilusión en sus grises vidas, para poco a poco ir dejando a la luz la parte oscura de su personalidad, empujándoles a una espiral de engaños, sexo y muerte. Un planteamiento ya conocido, hasta el punto de ser inevitable la alusión al clásico de culto Los asesinos de la luna de miel, pero que es encarado por su director con una ilusión y mimo propios de un principiante. Esto no quita para que se trate de un plato no apto para todos los gustos, al que sus molestas y nada disimuladas ínfulas autorales suponen un pretencioso lastre, víctima de una evidente falta de ritmo, y al que, incluso, le sobra metraje. Pero no menos cierto es que, junto a estos defectos, convive un riguroso trabajo de puesta en escena que tiene su máxima expresión en el empleo de los gestos y detalles como herramientas para definir las complejas psicologías de sus roles principales, acumulando momentos de pura magia cinematográfica, como aquel en el que Gloria entona una melodía en la que comenta la falta de comprensión que la gente puede tener por un amor como el que se procesa con su pareja, mientras se dispone a descuartizar a la primera de sus víctimas; sobre el papel una situación de lo más absurda, pero que vista en pantalla posee una fuerza arrebatadora, a lo que contribuye de forma decisiva el excepcional trabajo interpretativo desplegado en todo momento por una Lola Dueñas en estado de gracia.

MUSARAÑAS (Juanfer Andrés & Esteban Roel, 2014)

Poco le tendría que envidiar en este sentido el trabajo ofrecido por Macarena Gómez en Musarañas, película que ha significado el bautismo de fuego de Pokeepsie Films, productora propiedad de Álex de la Iglesia y de la que ahora es su esposa, Carolina Bang, la cual encarna también un pequeño personaje. No en vano, la entregada performance de la menuda actriz cordobesa se erige en el principal foco de interés con el que cuenta el salto al formato largo como directores de Juanfer Andrés y Esteban Roel, quienes para su debut en la gran pantalla se descuelgan con una historia de lo más típica. Ambientada en la España de la posguerra, su trama se desarrolla siguiendo el prototípico esquema del hogar enclaustrado y formado solo por féminas en el que la irrupción de un elemento masculino será el detonante que rompa el ya de por sí frágil estatus imperante, sacando a la luz oscuros secretos durante largo tiempo callados, un poco a la manera de como lo hacían Los ojos azules de la muñeca rota o Luto riguroso, por solo poner dos ejemplos cercanos. La similitud con estos modelos añejos deja entrever las debilidades de una película cuya ambientación temporal es utilizada con la previsible intención de articular la consabida metáfora sobre la España de la época, dominada por la represión sexual, moral y ética derivada del nacionalcatolicismo reinante. Y es que, si algo se puede recriminar a la ópera prima de Andrés y Roel, es el de ser un trabajo demasiado formulario en todos sus aspectos, echándose en falta un mayor arrojo por parte de los noveles cineastas a la hora de asumir ciertos riesgos, en lugar de conformarse con lograr la corrección formal que exhiben a todos los niveles. Prueba de ello son los golpes de efecto que, a modo de giros de guion, se acumulan durante el tercio final, con el propósito de crear un continuo efecto sorpresa en la audiencia, pero que a la hora de la verdad se revelan de lo más previsibles para cualquier espectador mínimamente avezado, haciendo que su, en teoría, espectacular y desmadrado clímax se siga con interés, pero sin un ápice de emoción alguna.

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THE GUEST (Adam Wingard, 2014)

En vista de los excelentes resultados cosechados entre crítica y público por su anterior y magnífica Tú eres el siguiente, quien más y quien menos esperaba con un mínimo de expectación lo que podía dar de sí el nuevo trabajo de Adam Wingard y su inseparable guionista Simon Barrett. Al igual que su predecesora, The Guest se inscribe en los terrenos del thriller, aunque esta vez desechando los ribetes terroríficos, ubicando de nuevo su trama en el corazón de una prototípica familia norteamericana. Empero, aquí comienzan y terminan los paralelismos entre una y otra, ya que su nuevo film se aparta radicalmente del estilo acostumbrado hasta el momento por sus responsables, antojándose una obra mucho más personal y ambiciosa, fruto inequívoco de una mayor madurez artística, con la que Wingard y Barrett diríase que reclaman el lugar que sin duda merecen entre los más interesantes creadores actuales de cine de género. Una apuesta no exenta de riesgos debido al acentuado cambio de registro, pero también al heterodoxo cóctel de elementos sobre el que se cimenta la propuesta, pero que, sin embargo, se salda de forma netamente positiva. Gran parte del mérito hay que atribuírselo al hábil manejo de un material tan sensible y a la perfección y equilibrio con la que se conjuntan todos los apartados implicados. Desde la interpretación que Dan Stevens efectúa de ese nada fácil invitado, pasando por la modélica construcción dramática que Barrett realiza partiendo de un argumento en apariencia sencillo, hasta terminar por la inspirada puesta en escena de Wingard, basada en la combinación de una violencia áspera y seca con cierto manierismo estético, reservado, no obstante, para los compases finales, todo funciona a las mil maravillas, hasta el punto de que los bruscos cambios de tono o la existencia de un buen puñado de situaciones que, en otro contexto, parecerían forzadas, deban interpretarse como aciertos antes que como errores. Como no podía ser de otro modo, el fruto resultante se traduce en un apreciable actioner, que algunos han querido equiparar al Drive de Nicolas Winding Refn, y no solo por el parecido físico existente entre sus actores principales.

TOKYO TRIBE (Sion Sono, 2014)

La maratón sorpresa del último sábado en el Auditori daría la oportunidad de visionar Tokyo Tribe, el más reciente trabajo de Sion Sono, considerado el enfant térrible del cine japonés, lo que viniendo de una filmografía tan tendente a lo bizarro y la psicotronía como la nipona no es decir poco. Por si hubiera alguna duda, en su última película Sono demuestra el porqué de este calificativo, con un trabajo que en más de un sentido prolonga lo expuesto en su anterior Why Don’t You Play in Hell? Tanto es así que, si en aquella ofrecía su personal homenaje al séptimo arte, esta vez es la cultura hip-hop la que centra este alucinado cruce de caminos entre The Warriors y West Side Story, basado en un manga de Santa Inoue. El partir de un material ajeno no es impedimento para que Sono se lo lleve a su terreno, dando forma a un musical de dos horas de duración sobre una guerra de bandas callejeras a ritmo de rap, rodado según los cánones estéticos y narrativos de la serie Z del país del Sol Naciente, pero con una factura visual, un apabullante dominio de la técnica y, en fin, un nivel productivo que para sí quisiera este tipo de cintas. El resultado es tan excesivo como se podría antojar en un principio, siendo uno de esos ejemplares incapaz de dejar indiferente a nadie: o se le ama o se le odia, así de simple. De lo que no hay duda es de la capacidad de atrevimiento y transgresión, expuesta en el modo en que sintetiza la mentalidad de cierto tipo de rap al hacer que el desencadenante de toda la trama sea el ego por convertirse en el que la tiene más grande.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Julio Cerrillo

Published in: on noviembre 19, 2014 at 9:08 pm  Dejar un comentario  
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