Electric Boogaloo: La loca historia de Cannon Films

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Título original: Electric Boogaloo: The Wild, Untold History of Cannon Films

Año: 2014 (Australia)

Director: Mark Hartley

Guionista: Mark Hartley

Productores: Veronica Fury, Hugh Marks, Brett Ratner

Fotografía: Garry Richards

Música: Jamie Blanks

Participantes: Franco Zeffirelli, Albert Pyun, Tobe Hooper, Sybil Danning, Michael Dudikoff, Franco Nero, Robert Forster, Richard Chamberlain, Dolph Lundgren, Elliott Gould, Bo Derek…

Sinopsis: Electric Boogaloo, la loca historia de Cannon Films narra, a través de entrevistas y fragmentos de sus films, las hilarantes peripecias de Menahem Golan y Yoram Globus, dos primos israelíes cuya pasión por el cine cambió (para mejor o peor) la forma de hacer y comercializar películas.“

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Documental en apariencia catalogable como uno más de los innumerables efectos secundarios de esa ola nostálgico-reinvindicativa que de un tiempo a esta parte viene ocupándose en enaltecer (siempre con mejor o peor fortuna) todo programa de TV, canción o película con su génesis fechada a lo largo de la década de los 80, corriente ésta sin duda producto de una generación marcada por su extremado apasionamiento (justificado en la mayoría de los casos) a la hora de querer revivir de manera colectiva sus más íntimos recuerdos de infancia, y que viene siendo elocuentemente representada en nuestro país por el éxito del libro Yo fui a EGB y derivados, así como por diversas iniciativas en lo cinematográfico tales como el Phenomena Experience o el reestreno en pantalla grande en los últimos meses de films capitales para la niñez de todos aquellos espectadores que ya rebasen ampliamente la treintena – o se acerquen peligrosamente a la cuarentena – como pudieran ser Los cazafantasmas (The Ghostbuster, 1984) o Los Goonies (Goonies, 1985).

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Frente a esta actitud en general condescendiente con todo aquel fenómeno cultural y/o popular que cuente con tres décadas de antigüedad, hay que reconocer que – y aunque gozaran en su momento del favor mayoritario del público – antes de la salida al mercado del estupendo libro Cannon Films. La generación del videoclub vol. 1  las películas surgidas del seno de la productora comandada por Menahem Golam y Yoram Globus no sólo no gozaron jamás en su mayor parte de una óptima consideración crítica  (algo perfectamente comprensible si tenemos en cuenta la naturaleza explotativa de su cine), si no que ni tan siquiera fueron merecedoras a posteriori de una oportunidad de análisis en retrospectiva por parte de autores mínimamente cualificados, limitándose por desgracia el ejercicio de su “estudio” (por calificarlo de alguna manera) a presuntos expertos en cine “cutre”: autoproclamados popes de la cultura basura que, con una actitud tan pazguata como insufriblemente garrula, consagran su tiempo a hacer escarnio de unos títulos imperfectos pero definitivamente entrañables y que, sin lugar a dudas y casi como norma, acaban resultando infinitamente más dignos y divertidos que cualquier reseña que pudiera salir del teclado de estos supuestos “críticos”, orgullosos enarboladores – con tan poca gracia como escaso conocimiento cinematográfico – de la bandera de un mal entendido concepto de la casposidad.

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Y aunque en un principio sería fácil suponer que este Electric Boogaloo se inclinaría igualmente a la hora de narrarnos la historia de la Cannon por esta pretendidamente osada y frikoide perspectiva, afortunadamente no nos hallamos ante tal coyuntura: de hecho representa una sorpresa relativa su más que pertinente y ajustado tono así como su aproximación objetiva al tema, puesto que ninguno de los dos trabajos previos en el campo del documental del australiano Mark Hartley hacían presagiar que pudiera salir tan bien parado de la ambiciosa empresa de reflejar, de forma medianamente neutral y en menos de dos horas, los incontables altibajos de una compañía tan trascendental y definitoria de la cultura popular ochentera, y además con tal abundancia de títulos en su catálogo, como lo fue la presidida por los dos primos israelitas.

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Sin embargo, y aunque nadie les pueda negar la virtud de la amenidad e incluso resulten sumamente brillantes en el aspecto formal, tanto Not Quite Hollywood (2008) – dedicado al cine de género australiano y de similar subtítulo a éste de la Cannon: The Wild, Untold History of Ozploitation!– como Machete Maidens unleashed! (2010)centrado en su mayor parte en la filmografía filipina de la factoría Corman- acaban arrojando, por desgracia, unos resultados manifiestamente mejorables desde el punto de vista puramente histórico e informativo, al ser concebidos desde una perspectiva superficial e inadecuadamente posmoderna, así como estar básicamente dirigidos hacia todo aquel aficionado al cine que tenga la errónea noción de que todo el grindhouse y la exploitation es equiparable en cuanto a calidad a la supercool obra de Quentin Tarantino, Robert Rodríguez y cía.: asimismo son claramente manipuladores en cuanto a la excesiva glorificación que se hace de este tipo de cintas mediante un tan hábil como deliberadamente engañoso montaje de las imágenes de las pelis comentadas, mostrando exclusivamente los mejores segmentos de éstas y dotando así de un irresistible encanto – siempre a los ojos del espectador inexperto – a toda una serie de films cercanos por lo común a la mediocridad, cuando no directamente intragables.

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De igual manera, resulta poco menos que cuestionable el enfoque que se le da a la presentación de las intervenciones de los entrevistados (con figuras con tanto que decir al respecto como John Landis, Joe Dante o el ubicuo y ya citado Tarantino) troceadas y mezcladas sin piedad en la sala de montaje mediante un corte videoclipero que, si bien se revela sumamente beneficioso y efectivo en cuanto a términos de ritmo, acaba transformando finalmente ambos films en simplones desfiles de extractos de tráileres, combinados con una larga sucesión de anécdotas (más o menos interesantes… más o menos sustanciales) pero que nunca llegan a profundizar realmente en las características y peculiaridades de sus supuestos objetos de estudio. volviendo a este Electric Boogaloo, y aunque probablemente nos encontremos ante el trabajo más convencional de Hartley, con toda seguridad sea a la vez el más eficaz de todos los rodados por su autor hasta la fecha, debido sencillamente a que la historia de la Cannon es ya de por sí tan fascinante, exagerada y – parafraseando uno de los dos títulos que Stallone rodara para ellos – “over the top”, que sería absolutamente innecesario manipular o añadir otros elementos ajenos a ella para que acabe resultando más atractiva y/o interesante.

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Así las cosas, y aunque haya más de una ausencia notable como pudieran ser las del citado Stallone, Chuck Norris, Van Damme o los mismísimos Golan y Globus (estos dos últimos ocupados por esas mismas fechas en la realización de un documental de cuño propio sobre sí mismos, The Go-Go Boys, originado precisamente en la noticia de la realización del film que nos ocupa), Mark Hartley permite que el heterogéneo grupo de directivos, guionistas, realizadores y actores que colaboraron con la compañía sea en última instancia el encargado de relatar los humildes y ambiciosos comienzos, el increíble y veloz auge así como la calamitosa caída en la ruina financiera de tan arriesgada empresa, abundando todos ellos en detalles y anécdotas de la estrambótica personalidad de Menahem Golan y dejando algo de lado (una de las pocas flaquezas del documental) al mucho más discreto, y mente finaciera del dúo, Yoram Globus. De esta manera, y apoyados en una cronología tan precisa como la que ofrece la propia fecha de realización de las películas, los responsables de esta crónica se sirven en esta ocasión de los clips de los films solamente con ánimo ilustrativo, muy lejos por lo tanto de erigirse en la razón última de su existencia, como sí ocurría – como ya hemos comentado – en sus anteriores y parcialmente fallidos intentos de abordar las cinematografías bis australiana y filipina.

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Sin ánimo de exhaustividad pero de forma bastante completa si tenemos presente su duración estándar, se va tejiendo y desvelando a través de este enorme y colorido mosaico de declaraciones la innegable influencia de la Cannon (para mal o para bien) en el panorama del cine comercial de esos años y de los futuros, así como se detallan los más variados estilos, facetas y géneros que lograron proporcionar finalmente a la compañía del “cañón” una personalidad propia, única e intransferible: de este modo, por su metraje van desfilando ninjas (sean éstos american ninjas o de los genuinos), oportunistas softcores (Bolero, Mata-hari), musicales que se aprovechaban de las modas del momento… o directamente ayudaban a impulsarlas (como podría ser la saga Breakin con respecto al breakdance), así como el proceso de lanzamiento al estrellato de Chuck Norris, las últimas películas dignas que Tobe Hooper filmara (Invasores de Marte, Lifeforce, La matanza de Texas 2) o el fallido intento de acceder a ligas mayores fichando a grandes ganchos para la taquilla como Sylvester Stallone, o reactivando (y volviendo a enterrar durante décadas) franquicias en principio con garantía de éxito asegurado como las de Masters del universo o Superman.

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También hay espacio para sus improbables colaboraciones con autores tan alejados en principio de su filosofía como pudieran ser Franco Zeffirelli, John Cassavetes o Jean-Luc Godard, revelándose este aspecto otra de las contadas debilidades del documental, al no otorgar la extensión ni el tratamiento que merecen varias de las películas realmente distinguidas de la compañía (52 vive o muere de John Frankenheimer o El reportero de la calle 42 de Jerry Schatzberg), seguramente con el discutible propósito de reforzar esa imagen de paletos, ignorantes y charlatanes de feria que, machacona e implacablemente, insisten en ofrecer de los dos capos la inmensa mayoría de los entrevistados. Finalmente, y aunque tampoco falten las puyas y los chascarrillos a costa de los empeños más infructuosos y ridículos llevados a cabo por la Cannon a lo largo de su historia, en términos generales nos encontramos por fortuna ante un reportaje menos salvaje, alocado y hilarante de lo que nos quieren hacer creer a través de su título y sinopsis.

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Electric Boogaloo: La loca historia de Cannon Films es en definitiva un admirablemente sólido, entretenidísimo y a ratos subyugante documento en el que además, y para más mérito, en momento alguno se recurre a ese sentimiento peligroso y tan poco objetivo llamado nostalgia: aún así, y tras su visionado, no podremos evitar recordar con melancolía unos tiempos entrañables en los que la vida en general, y el mundo del espectáculo en particular, parecía mucho más simple y disfrutable.

José Manuel Romero Moreno

[vimeo:https://vimeo.com/118733275%5D

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