La pelle sotto gli artigli [vd: La piel bajo las uñas / Semillas de sangre]

86604semillas-de-sangre

Título original: La pelle sotto gli artigli

Año: 1974 (Italia)

Director: Alessandro Santini

Productora: Produzione San Giorgio Cinematografica

Guionista: Alessandro Santini

Fotografía: Luigi de Maria

Música: Francesco Santucci

Intérpretes: Gordon Mitchell (Profesor Helmut), Geneviève Audry (Doctora Silvia Pieri), Tino Boriani (Doctor Gianni DAni), Ettore Ribotta (Comisario Rinaldi), Renzo Borelli, Agostino De Simone, Ada Pometti, Mirella Rossi…

Sinopsis: Una serie de salvajes asesinatos tiene en alerta a la policía que no encuentra la forma de dar con el sádico homicida. Todos los crímenes siguen un patrón común: las víctimas son prostitutas cuyos cuerpos aparecen horriblemente mutilados, presentando además restos de carne humana putrefacta entre las uñas de las manos.

db_22729p11403666

Desde sus mismos orígenes, el giallo demostró una especial capacitación para fusionarse con otros (sub)géneros en principio alejados de sus constantes. Resulta bien indicativo a este respecto que el mismo año en que Mario Bava otorgara carta de naturaleza al estilo con la fundacional La muchacha que sabía demasiado (La ragazza che sapeva troppo, 1963), y cuando este aún no se había asentado dentro de la producción genérica del cine popular italiano, Antonio Margheriti tendía un puente entre la hasta entonces imperante escuela gótica y los nuevos rumbos que acabarían por relevarla con la notable El justiciero rojo (La vergine di Norimberga, 1963), en la que los elementos propios de la primera se combinaban con una intriga detectivesca que tenía por objetivo desentrañar el autor de los asesinatos cometidos en el viejo castillo donde se ambientaba la historia. A esta circunstancia habría que añadirle la influencia que desde bien temprano evidenció el thriller all’italiana sobre una serie de títulos que, si bien ajenos a sus principales señas identificativas, participarían en cambio de sus más distintivos rasgos estilísticos, en especial su manierismo escénico y su peculiar sentido visual.

vlcsnap-2015-04-29-22h50m25s35

Con toda lógica, y al igual que sucediera una década antes con el péplum y por aquel mismo tiempo se estaba repitiendo con el moribundo spaghetti-western, la sobreexplotación a la que había sido sometida la fórmula en que se apoyaba provocaría que, una vez superada su etapa de esplendor, se multiplicara la aparición de estos híbridos que trataban de aportar savia fresca al desgastado estilo. De entre estos intentos, pocos alcanzarían el grado de delirio exhibido por La pelle sotto gli artigli [vd: La piel bajo las uñas / Semillas de sangre, 1974]. Ahí es nada; a lo largo de su recorrido argumental, este oscuro y poco conocido ejemplar entremezcla la figura del doctor Frankenstein con los sanguinarios crímenes de Jack el destripador, sazonando el conjunto con unas leves pinceladas de nazixploitation, muertos vivientes y multitud de desnudos femeninos, en su mayoría gratuitos, dispuestos a través de una trama giallesca que funciona por medio de la acumulación de ingredientes.

vlcsnap-2015-04-29-22h51m01s146

A juzgar por los elementos enumerados, es fácil deducir la pertenencia de la propuesta a las filas de la más recalcitrante Serie Z. Una naturaleza que, en cierto modo, es anunciada por el protagonismo de Gordon Mitchell, para entonces presencia habitual de esta clase de productos. Sin ir más lejos, una de estas cintas donde se daría cita sería la “coetánea” Frankenstein ’80 (1972), en la que el actor norteamericano daba vida a un descendiente del célebre científico creado por Mary Shelley del que su profesor Helmut en la presente se antoja poco menos que un trasunto. Al fin y al cabo se trata de un eminente doctor que investiga cómo alargar la vida eternamente mediante la sustitución de los órganos muertos por otros vivos. La divulgación de sus teorías entre sus colegas más cercanos coincidirá con la aparición de una serie de cuerpos que presentan unos rasgos comunes: además de pertenecer a mujeres de “moral distraída”, a todos se les ha extirpado alguno de los miembros y su autopsia revela la existencia de restos de piel humana muerta debajo de las uñas de las manos.

vlcsnap-2015-04-29-22h57m23s120

Por si no fuera suficientemente obvia la resolución de la incógnita planteada por la enclenque trama, a pesar de los tramposos giros de guion destinados a confundir al personal, la escena con la que se abre la cinta se encarga de despejar las escasas dudas que pudieran existir en este sentido, gracias a la inclusión de un primer plano en el que no es demasiado difícil adivinar, a poco que se observe, cuál es la verdadera identidad que se esconde tras la enlutada media que deforma el rostro del asesino. Pero mientras que en los mejores exponentes del subgénero estas carencias narrativas eran compensadas por el incontestable poder expresivo de sus imágenes, tales extremos brillan aquí por su ausencia. Frente a la extraordinaria inventiva visual exhibida por los trabajos de Bava, Sergio Martino o Dario Argento, el acabado de La pelle sotto gli artigli se caracteriza por la pobreza formal que arroja a todos los niveles, ya sea por una estática y zarrapastrosa puesta en escena construida a través de sostenidos planos secuencia en los que la cámara sigue el deambular de los personajes desde un mismo emplazamiento fijo, o bien por una inexistente dirección de actores por exceso o por defecto, en la que solo se salva el trabajo interpretativo de Ettore Ribotta, quien encarna al prototípico comisario encargado de llevar el caso.

vlcsnap-2015-04-29-22h53m32s117

Además de ocuparse del libreto, el responsable de semejante desaguisado respondería al nombre de Alessandro Santini, desconocido cineasta cuya escueta trayectoria como realizador comprendería cinco films desperdigados a lo largo de diez años. Al menos a nivel oficial, ya que en diversos foros especializados se conjetura con la posibilidad de que en su confección intervinieran dos nombres propios del cine de Serie Z trasalpino como Bruno Vani y, sobre todo, Renato Polselli, con los que Santini ya había colaborado con anterioridad. Estas mismas voces añaden que la película tuvo una postproducción bastante conflictiva, en gran medida debido a los encontronazos surgidos con las autoridades cinematográficas a causa de la presencia de varias secuencias subidas de tono que, en teoría, pospondrían su estreno durante varios años, no consiguiendo el preceptivo expediente de censura hasta finales de 1974 a cambio de perder varios cientos de metros de metraje por el camino, lo que no impediría que su distribución comercial fuera, según parece, bastante limitada.

vlcsnap-2015-04-29-22h48m44s20

Esta serie de circunstancias podrían explicar el por qué de un demencial montaje plagado de incongruencias argumentales, la más llamativa de las cuales se encuentra en cierta conversación entre una pareja en la que la mujer informa a su novio de su intención de comunicar a la policía la misteriosa desaparición de su compañero de piso, cuando momentos antes hemos sido testigos del interrogatorio al que ambos han sido sometidos a raíz de presentar la denuncia. Dentro pues de la nula entidad que preside el conjunto, merece la pena destacar un par de escenas que sobresalen por derecho propio entre la apatía reinante, si bien tal apreciación se sustente en su valor simbólico y no en una supuesta cualidad artística. La primera es la aludida secuencia pre-créditos, en la que queda sintetizada la idea de base sobre la que se sustenta la propuesta, es decir, la adopción de la figura del mad doctor a los modos del giallo, al presentar al prototípico matarife con gabardina, guantes y sombrero negros que instaurara como canon Seis mujeres para el asesino[1] (Sei donne per l’assassino, 1964) acechando en un cementerio del que acabará robando un cadáver. La otra son las imágenes de tono documental protagonizadas por la representación de un teatro de guiñol que sirven de fondo a los títulos de crédito y que pueden ser interpretadas como un aviso para navegantes del tono que va a adquirir el relato, especialmente durante su desenlace.

José Luis Salvador Estébenez

vlcsnap-2015-04-29-22h49m03s215

[1] No es esta la única referencia a un título emblemático del estilo que se da cita a lo largo de la cinta; al igual que en El gato de las nueve colas (Il gatto a nove code, 1971), la lista de sospechosos se sitúa en torno a los empleados de una clínica medica, prolongándose los parecidos al propio edificio que le da cabida y, más concretamente, al análogo detalle escénico de esa rampa para automóviles que da acceso a su interior.

The URI to TrackBack this entry is: https://cerebrin.wordpress.com/2015/04/30/la-pelle-sotto-gli-artigli-vd-la-piel-bajo-las-unas-semillas-de-sangre/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: