Necrológica de Richard Johnson

Isla Hombres Peces

Si a mediados de esta misma semana informábamos del fallecimiento del director italiano Alberto de Martino, hoy nos hacemos eco de la noticia de la muerte del actor británico Richard Johnson, acaecida ayer cuando contaba con 87 años de edad. Aunque poseedor de una trayectoria fílmica tan prolija como heterogénea, al igual que De Martino también fue un activo partícipe del efervescente panorama del cine de género europeo (y, más concretamente, del italiano) realizado desde finales de los sesenta hasta bien entrada la década de los ochenta.

De formación eminentemente clásica, Johnson cursó sus estudios de interpretación en la Royal Academy of Dramatic Art para posteriormente establecerse como uno de los miembros permanentes de la compañía de repertorio dirigida por el insigne John Gielgud, en la que, por ejemplo, tendría la oportunidad de personificar en no pocas ocasiones al Romeo protagonista de la inmortal obra de Shakespeare; primera etapa laboral ésta que se vio súbitamente interrumpida por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, con el consiguiente enrolamiento del joven actor en la fuerza naval de su país cuando apenas contaba con 18 años.

Cuando hierve

Apenas finalizada la contienda, Johnson retoma su actividad sobre las tablas en el west end londinense, compaginándola con su debut en el cine a comienzos de los 50 gracias a un pequeño rol no acreditado en El hidalgo de los mares, de Raoul Walsh. Al mismo tiempo, y progresivamente, el intérprete se va convirtiendo en una cara familiar entre la audiencia británica gracias a sus cada vez más frecuentes colaboraciones en una gran variedad de programas de la televisión inglesa. Tras algunos roles menores en otras tantas películas y series de televisión, Johnson consigue hacerse notar, nada menos que al lado de Frank Sinatra, Steve McQueen y Charles Bronson, en el film bélico ambientado en Birmania Cuando hierve la sangre (Never so few, John Sturges, 1959), a través del cual logra obtener un, en apariencia, provechoso contrato de trabajo que asegura su participación en los años venideros en un número determinado de films, siempre dentro del seno del mismo estudio: la Metro Goldwyn Mayer. Acuerdo éste el cual, en los años inmediatamente posteriores, iba a determinar decisivamente – y con toda seguridad para peor – el curso de la carrera del actor mucho más de lo que él mismo pudiera haberse imaginado.

Columna

Y es que si algo le faltó a Johnson en sus primeros y determinantes pasos en el mundo cine no fue tanto estar en el lugar preciso y en el momento adecuado, como contar con unas condiciones laborales favorables que le permitieran participar en ese proyecto que le hubiera supuesto el espaldarazo definitivo de fama y reconocimiento a nivel mundial. De esta manera, los mandamases de la Metro intentaron denodadamente transformarlo en una gran estrella a la primera oportunidad y contra viento y marea, por ejemplo, forzando al guionista Philip Yordan a incluir en el Rey de reyes producido por Bronston un personaje que se adecuara a las cualidades del actor, y permitiera así explotar todo su potencial; personaje éste que, por cierto, ni siquiera aparece en la Biblia y que fue metido por lo tanto con calzador dentro de la narración de la vida de Jesucristo filmada en 1961. Consecuentemente, y aunque Johnson disfrutara en esta ocasión de la ventaja de contar con bastantes minutos de presencia en pantalla (se rumorea que cerca de una hora de metraje), debido a la excesiva duración alcanzada por el epic rodado en España por Nicholas Ray, la participación del actor es por desgracia eliminada finalmente del montaje que llega a las salas de cine.

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La otra gran oportunidad perdida en estos primeros compases delante de las cámaras fue aún más sangrante si cabe: Johnson es la primera elección, tanto del director Terence Young como del productor Albert Broccoli, para encarnar a James Bond en 007 contra el Dr. No, el film que inauguraría la saga protagonizada por el célebre agente secreto doble cero. Desafortunadamente, incompatibilidades inherentes a su contrato en exclusiva con la MGM le impedirían vincularse al proyecto, por mucho que el actor declarara a posteriori que el principal motivo para declinar el papel fue que no le convencía el hecho de firmar un acuerdo tan a largo plazo, y que le obligara además a rodar toda una serie de películas asociadas al mismo personaje; justamente, y por otra parte, más o menos el mismo tipo de acuerdo leonino que había firmado apenas un par de años antes con la Metro.

Más peligrosos que los hombres

Curiosamente, Johnson protagoniza ya a finales de los sesenta un díptico compuesto por los hoy ya olvidados fims Más peligrosas que los hombres y Más peligrosas todavía, que actualizaban de manera oportunista al clásico personaje pulp Hugh “Bulldog” Drummond, claro antecedente literario de James Bond, para aprovecharse así del nuevo gusto del público por el modelo de cine de espías impuesto por las exitosas adaptaciones cinematográficas de las novelas de Ian Fleming. Este par de películas, dirigidas ambas por Ralph Thomas, tomaba como claros modelos a seguir las parodias que se realizaban por esas mismas fechas al otro lado del charco, con la saga de Matt Helm, protagonizada por Dean Martin, y las andanzas del agente Derek Flint, encarnado por James Coburn, como máximos y más obvios referentes. Por cierto, el personaje de Hugh Drummond fue encarnado con anterioridad por actores como Ronald Colman, Ray Milland o Walter Pidgeon, y como curiosidad creo que merece la pena destacarse que la versión protagonizada por Pidgeon (Calling Bulldog Drummond, 1951) supuso, asimismo, una de las primeras apariciones en pantalla de Richard Johnson.

De todas formas la vinculación del actor con el universo Bond no termina ahí, ya que en los años noventa participaría en el telefilm La vida secreta de Ian Fleming, en el que, y en una vuelta de tuerca bastante rebuscada, Jason Connery – primogénito de Sean – daba vida al padre literario del célebre agente con licencia para matar.

The Haunting

Ya que parecía que hasta ese momento el mundo del cine no podía ofrecerle en el aspecto profesional más que falsas promesas de éxito, oportunidades perdidas y todo tipo de frustraciones, Johnson volvió por esos mismos años a sus raíces convirtiéndose en uno de los miembros fundadores de la prestigiosa Royal Shakespeare Company, volcándose casi en exclusiva en su primera vocación teatral. Aunque, inesperadamente, este regreso a los orígenes dio como resultado su implicación en la película por la que en la actualidad es principalmente recordado. Buscando Robert Wise intérpretes británicos para su adaptación situada en Inglaterra de la novela de Shirley Jackson La maldición de Hill House, el director de Ultimátum a la Tierra decide ofrecerle el principal personaje masculino a Richard Johnson tras quedar impresionado al verle actuar en una representación de Los diablos, obra teatral, por cierto, llevada al cine con no poca polémica por Ken Russell casi una década más tarde.

El Asesinato De Julio Cesar

A pesar del éxito cosechado tanto de crítica como de público, The Haunting no hace avanzar significativamente la carrera de Richard Johnson, teniendo que conformarse durante el resto de la década en desempeñar pequeños roles en esas producciones histórico-bélicas de Hollywood tan propias de los sesenta, así como con encarnar papeles algo más relevantes en las cada vez más habituales coproducciones entre países europeos, encontrando a su vez un aliado imprevisto en la figura de Charlton Heston, al que conoció durante el rodaje en Egipto de Kartum. Heston no sólo contaría con él un tiempo después para desempeñar el papel de Cayo Casio en el Asesinato de Julio César (en la que Johnson coincidiría con su mentor John Gielgud), si no que en el Marco Antonio y Cleopatra rodado en nuestro país le encomendaría asimismo el curioso cometido de doblar al inglés más académico, y mediante diferentes entonaciones según las características de cada personaje, a los tres principales actores españoles que participaron en esta coproducción: es decir, Fernando Rey, Juan Luis Galiardo y Aldo Sambrell. Prueba de la inmejorable relación entre Johnson y el protagonista de Ben-Hur es el hecho de que ambos protagonizarían posteriormente tres versiones televisivas de, respectivamente, Un hombre para la eternidad, La isla del tesoro y El crucifijo de sangre, ésta última con Johnson en el papel del sensato Dr. Watson y con Heston como un poco creíble Sherlock Holmes.

Crucifijo Sangre

Aunque el actor británico ya trabajó en 1966 a las órdenes de Damiano Damiani en Las diabólicas del amor, fue sobre todo a partir de mediados de los 70 cuando Johnson comienza a ser reclamado por una cinematografía transalpina que, en su constante búsqueda de nuevos filones por explotar, a esas alturas ya había dejado de lado casi definitivamente el giallo para abordar otras variantes del género mucho más acordes con los éxitos que la cinematografía mundial dictaba en aquellas fechas en lo que al terror respecta. De esta forma, Johnson encabeza el reparto de Poder maléfico (Chi sei?, Ovidio G. Assonitis, 1974) copia de El exorcista, casualmente (¿… o no?) filmada el mismo año que la también italiana El anticristo (L’anticrist, 1974, Alberto de Martino), siendo el film de Assonitis un exploit aún más descarado si cabe que la estupenda aproximación al tema de las posesiones demoníacas llevada a cabo por el recientemente desaparecido De Martino. A este título le seguirían otros que incidirían en la ya comentada veta sobrenatural como El medallón ensangrentado (Il medaglione insanguinato, 1975, Massimo Dallamano), así como cintas más próximas a la ciencia ficción o a la aventura, como dos dirigidas por Sergio Martino: La isla de los hombres peces (L’isola degli uomini pesce, 1979) o Caimán (Il fiume del grande caimano, 1979), en las que además Johnson coincidiría con otros habituales del cine de género italiano de aquellas fechas como fueron los “exiliados” Mel Ferrer o Joseph Cotten.

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De todas maneras, y si hay que destacar un título de esta etapa en concreto que actualmente detenta con todo merecimiento la etiqueta de clásico – mal que les pese a algunos – ese sería el Nueva York bajo el terror de los zombi de Lucio Fulci, película que no sólo significó la puesta de largo de la particular, y visceral, concepción del terror que detentaba el director de El más allá, si no que representó también el mejor personaje – el del enloquecido Dr. Menard – al que Johnson había podido hincar el diente (permítanme el símil a colación de esta película) desde que casi dos décadas atrás interpretara a otro doctor en la mencionada The Haunting, de Robert Wise.

THE MONSTER CLUB, Britt Ekland, Richard Johnson, Donald Pleasance, 1980

“El club de los monstruos”: Britt Ekland, Richard Johnson y Donald Pleasance.

Con puntuales regresos al terror británico con su participación en The Comeback (Pete Walker, 1978) y el entrañable y fallido intento de resucitar el espíritu de la Amicus que supuso la divertida y coral El club de los monstruos (The Monster Club, 1981, Roy Ward Baker), la última etapa profesional de Richard Johnson, como va pareciendo casi norma en los actores de una cierta edad, se vería marcada en su mayor parte por trabajos televisivos, en series de una u otra forma relacionadas con el género como Tales of the Unexpected, Se ha escrito un crimen o Historias de la cripta, a la vez que comienza a diversificar sus cometidos en la profesión tímidamente, entrando en el terreno de la producción a través de un puñado de películas, entre las que se cuentan títulos como Castaway, protagonizada por Oliver Reed y dirigida por Nicholas Roeg. Por último, y ya en su tramo final de actividad como actor, cuenta con pequeñas apariciones (o mínimas, según el caso) en títulos más o menos populares y/o recientes como Lara Croft: Tomb Raider (Simon West, 2001), Scoop (Woody Allen, 2006) o la exitosa adaptación del best seller El niño con el pijama de rayas, donde encarnaba al abuelo del infante protagonista.

Scoop

En un aspecto más frívolo cabe señalar como curiosidad que Johnson estuvo casado cuatro veces y que su segunda esposa durante los breves 13 meses que duró su matrimonio fue nada menos que Kim Novak, la explosiva protagonista de Picnic.

El Chico Con El Pijama De Rayas

Aunque, como ya hemos comentado, Johnson nunca tuvo la suerte – o, mejor dicho, la habilidad –  de elegir las proyectos que más y mejor pudieran haberle beneficiado en cada momento de su carrera, contar con una trayectoria que abarca casi siete décadas de trabajo continuado, y poseer asimismo una filmografía en la que podemos encontrar un buen número de títulos de culto, creo que son motivos más que suficientes para que su figura, atractiva e inquietante a partes iguales, quede para siempre en nuestro recuerdo.

Descanse en paz.

José Manuel Romero Moreno

Published in: on junio 7, 2015 at 7:11 pm  Comments (1)  
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One CommentDeja un comentario

  1. Un actor que mereció mejor suerte de la que tuvo, sin duda. Personalmente siempre le asociaré a sus dos papeles para Martino.

    Por cierto, hoy también nos ha dejado otro actor mítico del cine de género europeo: el francés Pierre Brice, el inolvidable Winnetou en las adaptaciones de las novelas de Karl May de la década de los sesenta. Siguiendo con su vinculación con las adaptaciones literarias, también interpretaría a la más célebre creación de Johnston McCulley en la psicotrónica “El Zorro contra Maciste”, personaje que volvería a retomar aunque con ligeras variaciones de nuevo a las ordenes de Umberto Lenzi en “El caballero enmascarado”, cuya acción se situaba en la Extremadura del siglo XVII. En su haber destaca además el haber protagonizado todo un clásico del gótico italiano como es “El molino de las mujeres de piedra”. Por último, y a modo de curiosidad, cabe añadir que a lo largo de su trayectoria participaría en varios films españoles, caso de los magníficos policíacos “Los atracadores” y “Pacto de silencio”, o el western de Manuel Esteba “Una cuerda al amanecer”. Descanse en paz.


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