Entrevista a Claudia Gravi (segunda parte)

A continuación os ofrecemos la segunda y última parte de la amena entrevista que mantuvimos con la actriz de origen belga, Claudia Gravi. En esta ocasión hablamos de sus últimos trabajos, su presencia en superproducciones europeas a las órdenes de Enzo G. Castellari o Matt Cimber, o de su experiencia personal y profesional junto a personalidades tan dispares como Eloy de la Iglesia, Vicente Aranda o María José Cantudo. Para los más nostálgicos hay espacio para sus recuerdos sobre su participación en la serie televisiva australiana Valle secreto.

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Claudia firmándonos un ejemplar de sus memorias  Cuando me bajé del Baobab.

  • Tras una temporada en Italia regresas otra vez a España al romperse tu matrimonio…

Yo me largué de Italia absolutamente distrotta, sin saber que iba a ser de mi vida, la verdad. Entonces me fui un mes a Bruselas con mi coche y mi perro y luego me vine para Madrid, ya que tenía el apartamento donde vivo actualmente. Cuando llevaba tres días en Madrid me llamó mi representante y me propusieron Los nuevos españoles. Eso fue realmente mi vuelta al cine español.

  • En Los nuevos españoles, estrenada en 1974, coincides con quien se convertiría en tu pareja, su director Roberto Bodegas…

Cuando rodábamos y después hacíamos el doblaje de Los nuevos españoles se nos caía la baba, pero mientras hubo una relación de trabajo no pasó nada. Fue una vez que se terminó la película cuando iniciamos una relación que duró trece años. Yo estaba colada totalmente, estábamos muy enamorados. Pero sabía que si tenía una relación con este hombre, director de cine, nunca más iba a trabajar con él. Si no tenía relación con él iba a ser la protagonista de todas sus películas. Por ejemplo, en Corazón de papel, que hizo Patxi Andión con Concha Velasco, Antonio Martín, que era el brazo derecho del productor José Luis Dibildos, me decía que parecía que habían escrito el papel principal femenino pensando en mí. Y tanto. Pero no me importó no hacer esa película por las circunstancias que explico.

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Fotograma de Los nuevos españoles.

  • En tu vuelta a España trabajas con un director tan singular como Francisco Regueiro en Las bodas de Blanca

Ay, ¡qué loquito es! Buena gente, loco como él solo, con talento, original, pero muy buena gente. Fue divertido. Justo cuando terminé de rodar esta película me tuve que ir a Roma, a la Sacra Rota, al interrogatorio, que parecía la Inquisición, ya que después de un año de casados mi marido y yo decidimos anular nuestro matrimonio, aunque yo nunca me había querido casar, y menos por la Iglesia.

  • También rodaste un par de películas con Eloy de la Iglesia, La criatura y Miedo a salir de noche, del que dices que es el precursor de Pedro Almodóvar…

Sí, porque las películas de Eloy siempre eran de escándalo, políticamente “no correctas”, era un revulsivo. A Eloy le gustaba mucho provocar.

  • Sin ir más lejos, en Miedo a salir de noche, que en principio se trata de una comedia, hay una secuencia bastante fuera de tono con el resto de la película en la que te arrancan un pezón.

¡Qué horror! Con unas tenazas. Eso se rodó en mi casa. Se hizo en el parque de Berlín, me parece, pero luego el primer plano se hizo en mi casa, obviamente no era mi pezón, era un efecto especial. De hecho aún guardaba por ahí en una caja el recambio del falso pezón, aunque se ha puesto seco y lo he acabado tirando. Era todo un montaje: el pezón, por debajo inyectar sangre,… por eso se hizo en mi casa. Eloy era un tío muy tierno, yo le quería mucho, lástima que cayera en la droga.

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Claudia antes de ser “despezonada”.

  • Ya en los 80 participaste en dos series en coproducción con Australia, La isla de los fugitivos Valle secreto, esta última muy recordada por los niños de aquella época…

Esto también tiene su historia. Fue una serie que coincidió con una época en la que yo estaba muy mala anímicamente. Al mismo tiempo que estaba haciendo Miedo a salir de noche estrené en el Bellas Artes una obra de Alfonso Vallejo titulada El cero transparente, con la dirección de William Layton. Layton era un profesor maravilloso, pero a la hora de dirigir la cosa cambiaba. Utilizaba el método Stanislavski de improvisar, que está muy bien a la hora de la creación del personaje, pero llega un momento en que el director tiene que intervenir. No había manera, hasta que tres días antes del estreno José Carlos Plaza intervino y dio las pautas. En el reparto estaban Fernando Delgado y Pedro del Río, ¡todos muertos, tú! Yo era la única mujer, y lo pasé de verdad muy mal, nunca me había ocurrido y nunca me volvió a ocurrir eso del pánico escénico. Tenía que entrar en escena y lo hacía con una angustia que casi había que empujarme. Se me quedó una inseguridad, que es lo peor que le puede pasar a un actor. Al mismo tiempo con Eloy, empecé a tenerle también miedo a la cámara. Recuerdo un plano- contraplano con Pepe Sacristán, en el que Eloy me echó la bronca: “Claudia, la cámara está aquí, ¿qué haces?”. Iba huyendo y, claro, no podía seguir así. Así que estuve varios meses sin trabajar. No quería trabajar. Y fue cuando me llamaron para hacer la serie Valle secreto en Australia. Entonces abordé el trabajo en Australia con unas ganas y un entusiasmo que me demostraban que ya estaba bien para seguir actuando.

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Claudia Gravi en La isla de los fugitivos.

Luego hice allí también La isla de los fugitivos. Estuvimos a punto de no poder hacerla porque el sindicato de Australia es muy severo, y no nos dejaban rodar más de tres capítulos. Por cierto, allí me encontré con Julio Iglesias, en Sydney, y no podía hacer más de tres conciertos, por no ser australiano. Y aunque el productor quería volver a contratarnos a Aldo Sambrell y a mí para la segunda serie, no le dejaban. Entonces la idea era mandarnos a Fidji una semana y volver, para que nos dieran otro visado de trabajo. Yo pensé: “Uy, pues qué bien, Fidji”, pero al final como era un productor muy importante, Roger Mirams, todo se solucionó y nos quedamos sin ir a Fidji.

  • Como has comentado, el otro representante español en la serie era Aldo Sambrell, con el que parece ser que no te llevaste muy bien…

Me llevaba muy bien pero era un ligón. Una cosa… Yo riéndome se lo decía a su mujer Cándida: “no sé cómo soportas a este tío”. Viajamos juntos desde París, teníamos que ir a Londres pero había una huelga, así que salimos de París a Sydney y en el avión trataba de ligar conmigo. “Aldo, no te entiendo, ¿cómo vas a ligar conmigo?, espera, cuando lleguemos a Australia te ligas a una australiana de estas maravillosas”, y se reía, claro. Se reía mucho porque yo le tomaba el pelo que no veas. Al final creo que Aldo más que ligar, jugaba a ligar.

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Claudia junto a Aldo Sambrell en La isla de los fugitivos.

  • Rodaste Tuareg en 1984 a las órdenes de Enzo G. Castellari, pero tu papel se vio muy reducido, ¿sabes por qué razón?

Eso fue una superproducción. Yo me tiré ahí en el desierto casi tres semanas, con unas secuencias muy bellas. Éramos dos mujeres, yo la mayor y otra joven, Ritza Brown, una italiana que hacía de mujer de Mark Harmon, el protagonista. En una escena su marido mataba a mi marido en un duelo y había un primer plano mío al atardecer, en el que miraba el duelo y aceptaba que era el destino. Entonces había una subtrama de la historia que seguía el destino de esta mujer con sus hijos por el desierto y buscaban refugio en el campamento de la mujer del que había matado a mi marido, ya que para los tuaregs es sagrada la hospitalidad, y teníamos unas secuencias muy bonitas, bastante feministas. Y se ve que el director o la producción italiana pensaron: “¡qué cojones de feminismo, fuera!” Total, que a mi solamente me quedó una secuencia tomándome el desayuno con el marido en la jaima y luego el primer plano, ¡toma ya! Siempre digo que es el primer plano más caro del cine español.

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El primer plano más caro del cine español.

  • A las órdenes de Matt Cimber participas en la segunda película del díptico que rodó en España,Yellow Hair and the Pecos Kid. ¿Cómo recuerdas el rodaje?

Rodamos en Almería. Matt Cimber era un tío muy amable y encantador. La historia es que yo tenía una representante y precisamente en la película de Tuareg trabajaba Eugenia Escrivá que iba a trabajar en Yellow Hair. Eugenia me comentó que en la película había un personaje que me iría muy bien. “Cuando venga Matt Cimber, el director, yo te aviso”. El papel era de una india bruja que predecía cosas. Una vez Eugenia me dijo que Cimber estaba en Madrid llamé a mi representante para que fuera a verle. Cuando volvió me dijo: “no, no le has gustado”. “¿Y eso?” “Que no te ve”, me contestó. Me parecía raro. Si una que conocía el guión me decía que podía hacer el personaje y esta que no lo había leído me decía que no me querían me sonaba extraño. En realidad. La verdad era que quería meter a otra actriz en mi lugar. Así que, en lugar de darme por vencida, me disfracé de india, llamé a un maquillador maravilloso, vino, y me hizo unas fotos que no parecía ni yo. Me puse un sombrero de cowboy, maquillada… Me fui personalmente con la foto al centro Colón y la dejé a la atención del señor Matt Cimber. Pues a las dos horas me llamó el tal Cimber diciéndome que quería verme inmediatamente. Fui y me contrató. Fue estupendo. Tuve que doblar mi personaje, se hizo en inglés y ni yo misma me reconocía. Y mi inglés era perfecto porque el mismo director me hizo de coach. Era muy trabajador y perfeccionista.

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Claudia junto a Lauren Landon en Yellow Hair and the Pecos Kid.

  • ¿Qué me puedes contar de su estrella principal, Laurene Landon?

Laurene era una loca estupenda. Muy guapa, un cuerpo…, altísima. Yo que soy alta parecía una enana al lado suyo. Muy alegre siempre y se chupaba unas pastillas de redoxón de vitamina c, yo creo que se zampaba un tubo por día. Yo le decía que se iba a quemar la lengua con tanta vitamina c, porque además eran efervescentes. “It´s very good for your health”, me decía.

  • En tus memorias, tituladas Cuando me bajé del Baobab, cuentas una anécdota muy graciosa del rodaje en Grecia de La amante ambiciosa. ¿Qué tal te llevaste con su protagonista, María José Cantudo?

Yo le tengo mucho, no sé si cariño, pero me inspira mucha ternura la Cantuda, como la llamo yo. Porque ella es una chica de pueblo realmente, su origen es muy humilde. Pero siempre ha tenido ínfulas… además su hijo es abogado, así que su hijo sí que ha tenido esos estudios que la madre siempre hubiera querido tener. En aquel rodaje que comentas, cuando llegamos a Grecia Pepe Martín y yo, ella ya había estado rodando una semana. Una vez allí nos dicen que no se podía seguir rodando, pero que mientras tanto íbamos a permanecer en Atenas. Fue cojonudo, unas vacaciones pagadas, imagínate… Al preguntar el motivo del parón me dijeron que se debía a que estaban cambiando el guion. Lógicamente, yo había aceptado el primer guión, por lo que les pedí que me dijeran en que iban a consistir esos cambios, ya que tal vez a mi no me gustaran. “No, no tiene nada que ver con tu personaje, sigue siendo un personaje muy bonito. Es el personaje de la Cantudo el que cambia”, me dijeron. Originalmente, en el guión mi marido, al que interpretaba Pepe Martín, era un empresario y yo una concertista de piano. Un día mi marido se iba a un tablao y veía una chica que bailaba flamenco como Dios, por lo que se proponía lanzarla como bailaora. Ese era el personaje que la Cantudo rechazó. En su lugar, propuso que fuera una estudiante de derecho universitaria a la que descubre Pepe Martín. Como los productores, el italiano, el griego y el español, eran unos consentidos, transigieron y tuvieron que volver a escribir la historia, mientras Pepe Martín y yo nos dedicábamos a hacer turismo en Atenas.

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Claudia junto a Pepe Martín en La amante ambiciosa.

Es este afán intelectual, que no me parece mal, por el que yo le tengo tanta ternura… Supongo que habrá cambiado, porque lo que te hablo pasó hace mucho tiempo. El caso es que siempre le gustaron mucho las joyas. Amante que ha tenido, amante que ha arruinado a fuerza de comprar joyas. Durante el parón del rodaje Pepe Martín y yo hacíamos turismo y un día fuimos a ver el Museo Arqueológico de Atenas, que es una belleza. Hay salas y salas, vitrinas con joyas de oro macizo, brazaletes, pendientes de oro con rubíes… Por la noche, durante la cena, le contamos a la Cantudo lo que habíamos visto. “Ay Cantudo, que hemos visto unas joyas en el museo arqueológico…” Al oírnos se le iluminaban los ojos. “¿Ah, sí? ¿Todo de oro?”, nos preguntaba. “Oro macizo”, “No me digas. Oye, ¿y se puede comprar?” Mira, a mi me dio una ternura, te juro que la hubiera besado en la boca. “Mi vida, eres tan sorprendentemente ignorante que te quiero.”

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Claudia junto a Ajita Wilson en La amante ambiciosa.

Bueno, yo nunca he sido una estrella del destape. Es un poco amarillista, más de rumores: Telecinco, vamos. Pero es curioso porque José Aguilar ha escrito libros estupendos. De Sara Montiel, tiene también un libro maravilloso de los galanes del cine español, que está muy bien editado además, y tiene en la portada la cara de Paco Rabal, como no. Me invitó Aguilar a la presentación que se hizo en la SGAE. En este de las Estrellas del destape no pude ir, o no quise ir; más bien creo que fue lo segundo. Porque claro, aunque él me incluya, en realidad yo no fui una actriz del destape.

  • En este libro María José Cantudo también dice que ella no se considera una actriz del Destape…

¿Cómo no lo va a ser si el primer destape integral en cine lo hizo ella y en teatro Victoria Vera? Pero es que, aparte, hizo mucho destape. Yo he hecho destapitos, porque era una época en la que a muchos directores les daba mucha vergüenza y era el productor el que decía: “Aquí tiene que haber tetas y culos”. Y como a los directores les daba tanta vergüenza, siempre te intentaban convencer con lo de que se trataba de un desnudo artístico.

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Claudia posando para La Abadía en la librería 8 y 1/2.

  • Imagino que durante la Censura llegaste a rodar dobles versiones de tus películas…

No, a mi no me pasó lo de rodar una doble versión, pero sí que la hubo en alguna película en que participé. Te explico. Esto me pasó con Cuatro desertores, una película totalmente blanca, de amor y aventura, que hicimos en España. Era el año setenta, así que te puedes imaginar que no se podía hacer nada. Coincidió que fue la época en que me casé y me fui a vivir a Italia. Un buen día yendo por el centro de Bruselas mi madre vio un cartel anunciando a Claudia Gravi en Cuatro desertores. Así que ni corta ni perezosa entró al cine a verla y casi le da el ataque cardiaco. El distribuidor francés que había comprado la película, cambió todos los nombres del equipo salvo el mío, contrató a una striper de Pigalle para que rodaran una doble versión haciéndose pasar por mí. Me llamó mi madre llorando y la tuve que decir que parecía mentira que me hubiera parido y no se hubiera dado cuenta de que no era yo. Por lo visto la película tuvo mucho éxito en Bélgica y luego la mandaron a París, ya que mi representante en Italia, Yvette, que viajaba mucho a París me comentó que me había visto anunciada en un cine en una fotografía gigante en la que aparecía desnuda. En vista de esto, vi que aquello había que pararlo. Así que cuando la película llegó a Italia contraté al mejor abogado para que parara la exhibición de la película como así ocurrió.

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Fotograma de Cuatro desertores, de Pascual Cervera.

  • ¿Cuál de tus películas has visto más veces y en cual te gustas más?

Quizá Los nuevos españoles, porque era una película interesante, bonita, y el personaje mío era maravilloso. Incluso todavía me reconocen por esa película o también por Juncal. Pero a decir verdad no me gusto en ninguna película, o al menos no del todo. Siempre me gustaría volver a hacerla. Aunque hay una en la que me gusto hasta cierto punto, Soldados, de Alfonso Hungría, con Ovidi Montlor, Paco Algora, y Marilina Ross, que se fue a Argentina y está haciendo una carrera como cantante increíble. Esa es una película de la que guardo un recuerdo fantástico; la verdad es que de todo lo que he hecho con Alfonso Hungría tengo un recuerdo estupendo.

  • ¿Con qué director te hubiera gustado trabajar y no pudiste?

Me hubiera gustado mucho trabajar con Saura, Berlanga, o Camus, que son amigos pero nunca he trabajado con ellos. El que sí estoy muy contenta de haber trabajado con él es Vicente Aranda, con el que hice Los jinetes del Alba y Libertarias. Cuando me volvió a llamar para esta última me hizo mucha gracia, ya que le pregunté cómo iba a ser mi personaje. “Una Madame…” “¡Coño, me vas a especializar en Madames!” Y es que en Los jinetes del Alba ya había hecho de una alcahueta. Por cierto, que en esta película coincidí con Victoria Abril, de la que me habían hablado muy mal, y fue todo lo contrario. ¡Qué gran profesional!

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Claudia y su madame de Libertarias.

  • ¿Cómo ves el cine que se hace actualmente en España?

Me encanta. La isla mínima me fascinó. Actualmente hay un abanico de géneros mucho más grande. Puedes elegir más que hace treinta años. Y tenemos una cantidad de actores maravillosos. Estoy fascinada con las nuevas generaciones y además, pueden prepararse, porque en mis tiempos matricularse en una escuela de arte dramático no estaba bien visto. La mayoría, los Ferrandis, Sacristán, etc…, han sido autodidactas pateándose los escenarios.

  • Ya, por último, ¿cuál ha sido tu último trabajo como actriz?

Lo último que he hecho ha sido la obra Hagamos lo que hagamos.Ya sabéis cómo sigue el dicho “…al hoyo vamos”. Ha tenido mucho éxito. La escribió Paco Racionero, pero con los tiempos que corren y la crisis… Trata de dos hombres y una mujer jubilados que se encuentran en un parque, y ahí pasa de todo. El año pasado empezamos en Almagro, en el teatro de Valdepeñas con casi dos mil espectadores, y después la pasamos por Toledo, Ferrol, Arnedo y Reus. También estuvimos es Arnedo donde nos pasó una anécdota cómica. Íbamos a taquilla, y aunque fue bien, después de pagar dos noches de hotel para los tres actores y el regidor, y los gastos, resultó que sacamos en limpio cincuenta euros para cada uno… ¡viva el amor al arte!

 Jesús Palop

Published in: on junio 26, 2015 at 6:30 am  Comments (1)  
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  1. Excelente interviú…noraboa.


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