Cine-Bis – Cine de género alrededor del mundo – nº4

Título: Cine-Bis – Cine de género alrededor del mundo – nº4

Autores: Pablo Herranz, Davide Pulici, Carlos Aguilar, Adrián Sánchez, Javier G. Romero, Daniel Aguilar, Santiago y Andrés Rubín de Celis y Pablo Fernández

Editorial: Quatermass

Datos técnicos: 132 páginas (Bilbao, abril 2015)

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Se mire por donde se mire, tanto juzgándolo por méritos propios como comparándolo con el resto de revistas consagradas al género que se editan en este país, a estas alturas y desde su aparición el de Cine bis no deja de resultar un caso curioso: incluso, en más de un aspecto y sin temor a exagerar, podríamos calificarlo de excepcional.

Se cumplirá el próximo otoño dos años del nacimiento de una publicación que ya en esos nada inseguros primeros pasos demostró poseer similares, si no mayores, niveles de calidad que otros fanzines del ramo con docenas de números a sus espaldas: logro éste exclusivamente atribuible tanto a la prolongada experiencia previa como a la profesionalidad desplegada hasta la fecha al frente de la cabecera por Javier G. Romero, así como también a la valiosísima implicación de Carlos Aguilar en el proyecto (si no me equivoco, los dos únicos nombres que han participado, en uno u otro grado, en la elaboración de cada una de las entregas), así como del resto de los impecablemente seleccionados colaboradores.

Este elevado y nada habitual nivel de (auto)exigencia, que ha conformado ya desde sus comienzos la personalidad única de la publicación, no ha traído por fortuna como previsible consecuencia que la línea editorial a seguir se quede estancada en un seguro, práctico y conservador esquema, gracias al cual poder asegurarse ofrecer, siempre dentro de una más o menos “obligada” periodicidad, un producto poseedor de unos mínimos estándares de calidad.

Más bien al contrario, lejos de limitarse al campo de acción de unos parámetros más o menos delimitados Cine bis es una publicación que, gracias a su particular filosofía, no sólo puede permitirse el lujo de seguir sorprendiendo a sus lectores si no que aún puede conseguir también el milagro de superarse a sí misma, número a número y en cuanto a términos de calidad se refiere: algo que queda sobradamente demostrado en una última entrega que, en opinión de quien esto escribe, resulta ser la más completa y deslumbrante de todas las publicadas hasta la fecha.

Y es que, y sin desmerecer en absoluto al resto de materias tratadas en el presente volumen, al menos dos son los contenidos que, bajo mi punto de vista, convierten este número en poco menos que imprescindible a la hora de figurar en las estanterías de toda biblioteca cinéfila que se precie.

Se trata de dos entrevistas, confeccionadas a modo de homenaje a sus respectivos entrevistados al contar ambas con la peculiaridad de haberse publicado póstumamente: una es la dedicada por Carlos Aguilar a Howard Vernon, actor de origen suizo que, de ser un habitual de la Serie B europea de los 60, y de colaborar con directores de la talla de Fritz Lang, Jean Pierre Melville o Woody Allen, pasó casi sin solución de continuidad – y de la mano de Jesús Franco – a hundirse en los más oscuros cenagales de la Serie Z continental. A lo largo de una conversación algo desencantada pero repleta de ironía, Vernon no duda en lanzar sus dardos, más o menos envenenados según el caso, sobre figuras tan míticas del cine europeo de género como pudieran ser los casos de, entre otros, Klaus Kinski, Alain Delon o el recientemente fallecido Cristopher Lee.

Dejando a un lado el morbo que pudiera acarrear el hecho de que el protagonista de Gritos en la noche no tuviera pelos en la lengua a la hora de responder a todas y cada una de las preguntas de Aguilar, tanto por la palpable confianza que se evidencia entre entrevistador y entrevistado – reflejada perfectamente a lo largo de sus páginas -, como por el indudable interés de las declaraciones vertidas en ella, esta entrevista es a mi parecer la mejor de las que hasta el momento ha elaborado para Cine bis el autor de Un hombre, cinco balas.

La otra excelente entrevista que nos podemos encontrar en este cuarto número la consagra Javier G. Romero a Raúl Artigot, dando de esta manera voz a un representante de una de las facetas de la profesión más comúnmente ignoradas tanto por los medios como por el gran público, la de director de fotografía, resultando en un bastante extenso y revelador diálogo el que el director de Cine Bis mantiene con el responsable de la factura visual de títulos tan populares de nuestra cinematografía, y a la vez tan diferentes entre sí, como pudieran ser La semana del asesino, Yo hice a Roque III o El buque maldito, y realizador asimismo de una de las cintas pertenecientes al fantaterror menos vistas en su momento por cuestiones de censura, El monte de las brujas.

Sirve pues esta entrevista tanto como sustancioso adelanto a una autobiografía que Artigot dejó escrita poco antes de morir, y que esperamos vea la luz en breve, así como a modo de tributo a un profesional de nuestro cine tan prolífico como poco valorado, como por otra parte parece ser triste norma en este país, y que nos dejó las pasadas Navidades a la edad de 78 años.

Repasando ya el resto del sumario, por fortuna los artículos contenidos en este último número rayan a muy similar altura que los anteriormente comentados:

Dentro de la gran variedad temático/geográfica que por lo común nos suele brindar Cine bis, nos podemos encontrar con un estudio sobre el cine decamerótico italiano escrito por Davide Pulici que, de manera análoga a su ensayo sobre la saga de Emanuelle negra publicado en el número 3, se ocupa de trazar las principales características de este subgénero surgido al calor del enorme éxito en Italia de El decamerón (Il decameron, 1971) de Pier Paolo Pasolini. Aunque resulte éste un recorrido atrayente y ameno, Pulici se centra más en enumerar las particularidades generales del cine decamerótico antes que en comentar detalladamente algunos de sus títulos en concreto. Aún así, y teniendo en cuenta la avalancha de films adscritos a la corriente que se realizaron en el país transalpino en apenas dos años, la labor de síntesis del especialista italiano se revela en esta ocasión más que meritoria.

Por su parte, Pablo Herranz nos da las claves para entender el por estos lares poco conocido fenómeno del musical soviético que, aunque realizado a la par que los clásicos hollywoodienses del género, en ningún momento se cae en la tentación de efectuar las inevitables comparaciones entre ambas cinematografías, ofreciendo en su lugar una mirada desprejuiciada en la que el cine musical ruso de entreguerras es analizado como género perfectamente válido en sí mismo, sin necesidad alguna pues de confrontarlo constantemente con su homólogo yanki.

Se dibuja así una tan inteligente como esclarecedora panorámica histórico/cinematográfica, en la que tampoco se cae en el recurso fácil de colocar en primer término los rasgos más extravagantes o curiosos que los films pertenecientes al género, y vistos con ojos occidentales, pudieran deparar hoy en día. Primera parte esta de un excelente artículo que, obviamente, tendrá continuidad en el próximo número de Cine bis.

Y si de segundas partes hablamos, Adrián Esbilla pone punto y final a su pormenorizado estudio sobre el thriller coreano, exponiendo las constantes inherentes al género negro allí realizado, así como la influencia ejercida por las singularidades histórico-geográficas del país sobre su producción cinematográfica en los últimos quince años. Siguiendo con el cine oriental, el artículo monográfico que en cada número tiene como objetivo desentrañar un film de culto más o menos ignoto esta vez corre de la mano de Daniel Aguilar (autor del libro Japón sobrenatural), que se encarga de relatarnos las circunstancias de la realización del film de terror Historia sobrenatural del jorobado (Kaidan semushi otoko, 1965, Hajime Sato). Film pionero en su momento dentro de la cinematografía nipona por atreverse a abordar un modelo de cine de horror alejado de las tradicionales historias de fantasmas, ofreciendo en su lugar una aproximación, estética y narrativa, más próxima tanto a The Haunting como al terror gótico que por esas mismas fechas realizaban Bava y Margheriti en Italia. Por otra parte, Aguilar no se limita exclusivamente a arrojar luz sobre la película o la filmografía de su realizador, si no que es asimismo capaz de ofrecernos una lúcida perspectiva de la filosofía de trabajo que, a comienzos de los años 60, tenían los diferentes estudios consagrados al cine de género en Japón.

Los hermanos Santiago y Andrés Rubín de Celis asumen a su vez el reto de acercarnos la fascinante vida y obra de Cy Endfield, director americano que, tras despuntar en su país a comienzos de los 50 con varios filmes inscritos en el noir, fue incluido en las tristemente célebres listas negras promovidas por el infame senador McCarthy, viéndose entonces forzado a trasladar su residencia a Europa, y más concretamente a Inglaterra, con el fin de poder seguir ejerciendo su actividad detrás de las cámaras: empezando prácticamente desde cero, Endfield logró convertirse progresivamente en uno de los más eficientes artesanos del cine británico, abordando con el tiempo proyectos de cierta envergadura como la “harryhausiana” La isla misteriosa, así como escribiendo, produciendo y dirigiendo Zulú (1964), una de las más definitorias e importantes cintas de aventuras de su década, estelarizada por Stanley Baker y un primerizo Michael Caine.

Y precisamente del protagonista de la portada trata el último de los artículos que podemos disfrutar en esta cuarta entrega. Bajo el epígrafe de La guerra fría de Harry Palmer, Pablo Fernández se encarga de examinar de manera concisa, entretenida y nada pedante (adjetivos, por cierto, perfectamente extensibles en mayor o menor medida al resto de textos de este número) tanto los tres largometrajes como los dos tardíos telefilms protagonizados por Caine en la piel de Harry Palmer, espía británico creado por el novelista Len Deighton a principios de los sesenta como respuesta más o menos realista al éxito del fenómeno de James Bond.

Y siguiendo con la tónica de dedicar el último espacio de la revista a conversar con los diferentes editores de fanzines de España, en esta ocasión le toca el turno a Manuel Valencia, fundador, editor y director del mítico, imprescindible y longevísimo (un cuarto de siglo ya) 2000 maníacos, con una entrevista que aunque no depare demasiadas sorpresas a nivel informativo, sobre todo si eres seguidor de Valencia y/o del veterano fanzine, no se puede negar sin embargo que acabe resultando una charla ágil, divertida y bastante simpática.

En resumidas cuentas, todo aquel que tenga la suerte de que un ejemplar de este cuarto número vaya a parar a sus manos podrá comprobar por sí mismo que, tanto por originalidad en la elección de contenidos como por su rigurosidad a la hora de abordarlos, a día de hoy – por desgracia o por fortuna – Cine bis sólo puede rivalizar consigo misma dentro del marco del panorama editorial español. No me resisto a destacar por último, y una vez más, la importancia que al apoyo visual otorga Javier G. Romero como perfecto complemento a los magníficos textos, consiguiendo con su maquetación atractiva, sobria y prístina que Cine bis, más que leerse, se devore. 

José Manuel Romero Moreno

Published in: on julio 22, 2015 at 5:39 am  Dejar un comentario  
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