Entrevista a Phil Hawkins, director de “The Last Showing”

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Puede considerarse a Phil Hawkins todo un niño prodigio del cine inglés. Formado de modo autodidacta, con tan solo trece años ya había realizado su primer corto y con veinticuatro su ópera prima. Ahora, recién entrado en la treintena, acumula diferentes reconocimientos y galardones, tanto en festivales cinematográficos como de spots publicitarios, habiendo dirigido también videos musicales y espacios televisivos. Por si aún quedaran dudas acerca de su valía, cabe añadir que el propio Steven Spielberg en persona le apadrinaría hace unos años en un reality show catódico sobre cineastas emitido en los Estados Unidos.

Con todo este bagaje a sus espaldas, Hawkins visitaría “Nocturna” para presentar The Last Showing, uno de los dos films recientes que pudieron verse a lo largo del certamen protagonizados por el más mediático de los Maestros del Fantástico de este año: Robert Englund. En ella, el intérprete de Freddy Krueger da vida a un viejo proyeccionista de cine que, tras ser apartado de sus funciones debido a la implantación de los sistemas digitales, llevará a cabo una retorcida venganza: secuestrar a una pareja de espectadores para obligarles a participar en el rodaje de una película terrorífica en la que las muertes de los personajes sean verídicas. Esta sencilla trama da pie para que el joven cineasta inglés realice un ejercicio metacinematográfico en el que, entre otras cosas, reflexiona acerca de las nuevas formas de consumir el cine por parte del público, tal y como él mismo nos expuso en la entrevista que mantuvimos a propósito de la proyección de su película.

¿Cómo surge el proyecto de The Last Showing?

Como supongo que les ocurrirá a otros directores, siempre había pensado en escribir y rodar una película de terror, pero me frustraba el hecho de que en el cine de terror moderno prevalezca por encima de todo el intentar impresionar al espectador por medio del gore, mientras que mi intención primera era filmar una película más cercana al terror psicológico. No obstante, cuando me metí de lleno en la escritura del guion me di cuenta de que me inclinaba casi más hacia el psychothriller que hacia el terror. También fue durante este primer proceso cuando la figura de Robert me vino a la mente y así fue como la historia, además de ir tomando forma, fue adquiriendo un estilo propio, casi de film de meta-terror, en el que además a través del personaje de Robert podía aprovechar para expresar mi opinión acerca del cine de terror actual.

Como dices, tus anteriores películas se encuentran bastante alejadas del género terrorífico. ¿Qué te llevó a hacer un film de este género?

Aún intento encontrar mi propio estilo, así que siempre estoy probando cosas diferentes. Por ejemplo, mi última película está más encuadrada dentro del género de acción o aventuras, por lo que es bastante distinta a The Last Showing. Siempre y cuando me sienta interesado en abordar y desarrollar unos personajes o una historia en concreto que me atraigan, no me importa realmente el género al que pertenezcan.

Por ejemplo, lo que hemos intentado reflejar en The Last Showing es el cambio que se ha producido estos últimos años en el modo en que consumimos cine, así como también la manera en que está evolucionando el terror. Me encanta el cine de terror, pero tampoco todo: me gustan sobre todo Carrie, La semilla del diablo, Pesadilla en Elm Street y otras por el estilo. Esas son mis películas preferidas, y The Last Showing es una especie de reacción a la metamorfosis que el género ha sufrido estos últimos tiempos.

Dado tu bagaje previo, ¿existe mucha diferencia entre rodar una película de terror y otra de otro género?

Sí, supongo que es diferente, pero porque cada película es diferente. La manera de rodar que elijas en cada caso, más que por el género, viene determinada por la historia que quieras contar. Siempre intento adaptar mi manera de filmar a la historia que cuento, si creo que de esa manera voy a poder mejorarla sustancialmente. En una película de terror, o en un thriller, el trabajo con la cámara es absolutamente crucial, y más aún en un film como The Last Showing, donde el cine además es el escenario principal, y en el que una correcta utilización de la fotografía o de la iluminación es primordial. Así que sí, cada película es diferente porque siempre depende de la historia y de lo inspirado que estés a la hora de ser capaz de exprimirle todo su potencial.

Robert Englund y Phil Hawkins posando para los medios.

Robert Englund y Phil Hawkins posando para los medios.

El principal reclamo de cara al público con el que cuenta la película es, sin lugar a dudas, la presencia de Robert Englund, cuyo rol guarda ciertas semejanzas con otros papeles suyos como Freddy Krueger o El fantasma de la ópera, dado su perfil de demiurgo de la historia. ¿Escribiste el personaje pensando expresamente en él?

Sí. Obviamente conozco el trabajo de Robert en la saga de Pesadilla en Elm Street y en El fantasma de la ópera, así como en muchos otros trabajos más, pero Robert es un actor al que siempre he querido ver haciendo algo diferente: verle protagonizar una película en la que no tuviera que estar todo el rato detrás de la máscara, o interpretando personajes demasiado excéntricos cuyo único propósito sea el de asustar. Sabía que un actor de su talento sería capaz de hacer algo distinto, así que, cuando escribí esta historia, y al ser de alguna forma una película de meta-horror, se me ocurrió que lo idóneo sería que una leyenda del género interpretara a este personaje en concreto, y Englund fue muy receptivo cuando se lo propuse, lo cual me alegró muchísimo, por supuesto.

Como admirador del género ¿te sentiste intimidado a la hora de trabajar con toda una leyenda como él?

¡Por supuesto! (risas) Recuerdo que tuvimos una larguísima conversación por teléfono acerca del personaje y realmente no daba crédito a estar hablando personalmente con él. He visto un montón de películas suyas y, obviamente, lo admiraba. Pero lo bueno de mi relación con Robert es que simplemente conectamos: tiene un conocimiento cinematográfico casi enciclopédico, así que sabía exactamente lo que hacer en cada momento, cómo abordar su personaje de forma profesional, directamente, sin tonterías ni pérdidas de tiempo.

Robert estaba comprometido por completo con la película y trabajamos en equipo perfectamente. Eso sí, en muchos momentos no pude evitar tener presente que este tipo fue el que me asustó cuando era niño interpretando a Freddy Krueger; de hecho, recuerdo haberle corregido levemente su actuación en un momento dado, y unos segundos después pensado: “¡Oh, Dios mío! ¡Le he dicho a Robert Englund que algo que ha hecho no me ha gustado!” Sin duda existieron esos momentos en los que era plenamente consciente del nivel de la leyenda con la que estaba trabajando, pero con lo que me quedo al final de la experiencia es con su compromiso y sus ganas de trabajar. Fue un auténtico placer trabajar con Robert. Aparte, él es totalmente opuesto al personaje que interpreta, lo cual creo que otorga a su trabajo mucho más mérito del que ya de por sí posee.

Y, en general, ¿cómo fue el trabajo con el equipo de actores, teniendo en cuenta lo reducido del reparto y el hecho de que en muchas escenas tuvieran que trabajar sin tener que interactuar con nadie?

Bueno, durante el rodaje combinamos diferentes estilos de interpretación, porque teníamos actores de diferentes escuelas: unos eran más proclives a la improvisación, pero a Robert, por ejemplo, le gusta tenerlo todo controlado, por lo que era muy interesante verles colaborar juntos e intentar sincronizar sus casi opuestas formas de trabajar.

Una película de este estilo era muy desafiante para los intérpretes, porque cuando actuaban en las escenas situadas en el cine tenían que reaccionar ante la pantalla sin tener nada delante; tenían que ser capaces de mostrar toda una serie de emociones ante algo que no podían ver. Pero por fortuna podían verse a sí mismos en el combo después de rodar cada escena, para así poder ir puliendo los errores que hubiera en cada momento. Además, Robert, al ser el último en incorporarse el rodaje, pudo reaccionar a todas estas escenas grabadas previamente en la sala de cine, por lo que su parte fue relativamente más sencilla que la de los otros, ya que pudo reaccionar ante algo más tangible.  Técnicamente fue muy laborioso, pero creo que, tras toda la posproducción y el trabajo de montaje, realmente funciona muy bien.

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A lo largo del metraje haces multitud de referencias y guiños a los aficionados al género, empezando por el hecho de que los protagonistas vayan a ver Las colinas tienen ojos 2 de Wes Craven. ¿Era una manera de homenajear al cine de terror que te ha influenciado?

Por supuesto. Mi intención era incluir tantas referencias como me fuera posible en lo que al cine de terror respecta, y Wes era una cita obligada debido a la presencia de Robert Englund en la película. Por otra parte, al tratarse de una película ambientada en un cine, nos pudimos permitir el capricho de llenarlo todo con posters y fotos de otras películas, al tiempo que intentamos emular planos de films míticos, como El resplandor y muchos otros. Sabía que esta clase de referencias les iba a encantar a los fans del terror en general y a los de Robert en particular. Y aunque no soy demasiado aficionado a la moda del torture porn, también incluí referencias a estos títulos más modernos en consideración con el segmento más joven de la audiencia. Quizás algunos espectadores puedan opinar que hay demasiados homenajes, o incluso que son innecesarios, pero para mí resultó muy divertido la posibilidad de ir deslizando todas estas referencias a lo largo del metraje.

En cualquier caso, homenajes aparte, mi principal propósito era rodar una película que no estuviera libre de controversia: que no estuviera del todo seguro de si el público realmente iba a querer ir a verla.

La preponderancia de temas y ambientes puramente cinematográficos da pie para que, como ya has adelantado, realices un ejercicio metalingüístico en el que reflexionas acerca del modo en el que ha cambiado el cine en diferentes campos con el transcurrir de los años. ¿Dicho componente estaba ya desde el principio o surgió sobre la marcha?

Originalmente la idea era hacer una película situada en una sala de cine, pero luego se fue transformando de forma progresiva en una especie de reacción al terror moderno, en confrontación con el más clásico. Así que, en realidad, todo surgió de manera bastante orgánica, como ya dije antes, como una respuesta a los cambios que el género ha ido experimentando estos últimos años.

Este componente metalingüístico acerca a The Last Showing a otros ejemplos de lo que podríamos denominar cine de terror posmoderno, como puede ser el caso de Scream, por seguir con Wes Craven. ¿Era esa tu intención?

Me encanta Scream, creo que es una película muy original. De ese estilo también me gusta mucho La cabaña en el bosque; me pareció fantástica. Me gustan las películas que no sólo se atreven a cuestionar otras películas, sino también aquellas que cuestionan la manera en que percibimos la realidad y que nos fuerzan a replantearnos nuestra propia manera de vivir. Y no tienen por qué pertenecer forzosamente al género de terror: ahí tenemos por ejemplo El show de Truman. Es por ello que The Last Showing no es sólo un film de terror. También aborda el conflicto héroe-villano, y creo que es interesante ver la transformación de villano a héroe que sufre el personaje de Robert en la película.

Englund y Hawkins en un instante de la rueda de prensa de "The Last Showing" en "Nocturna".

Englund y Hawkins en un instante de la rueda de prensa de “The Last Showing” en “Nocturna”.

El debate que planteas se divide entre el modelo clásico de consumir cine representado por Stuart, el personaje interpretado por Englund, y el concepto más moderno que encarna la joven pareja protagonista. ¿Cuál es tu posición personal en este enfrentamiento?

En mi caso lo que pretendo con cada nuevo proyecto es hacer una película lo más exitosa posible, y que la vean todo tipo de audiencias, a ser posible en una sala oscura y rodeado de otros espectadores. Pero la distribución ahora está cambiando, quizás de una manera excesiva con el video-on-demand, aunque tampoco es que esté en contra de ese tipo de exhibición en concreto. Soy consciente de que el cine también lo consumen  padres con sus hijos pequeños, así como parejas jóvenes, por lo que no puedes enfocar tu película exclusivamente a un determinado tipo de público o a un único modelo de exhibición. También pienso que, en cierto sentido, es triste que se haya perdido la figura del proyeccionista. Actualmente, cuando voy a una sala de cine, no hay nadie a quien reclamar cuando la imagen se ve mal o hay problemas con el sonido. Donde antes había una persona, por desgracia, hoy en día sólo hay un ordenador.

Debido a sus motivaciones subyacentes, es fácil que ciertos espectadores, entre los cuales me incluyo, puedan desarrollar cierta empatía hacia Stuart, lo que no deja de ser paradójico tratándose de un psicópata…

Era importante que Stuart fuera ante todo un personaje frustrado por el sistema, y que esto se viera representado sobre todo en la figura de su jefe en el cine, el personaje al que tan bien interpreta Malachi Kirby. Para mí el personaje de Stuart es el verdadero héroe de la película, quizás porque es el que más se parece a mí, además de porque me parecía divertido que la audiencia sintiera simpatía por el supuesto villano de la película y que además comprendiera sus motivaciones a la hora de hacer lo que hace.

El final abierto de la película da pie para una posible segunda parte. ¿Se encuentra tal posibilidad entre tus planes?

En efecto, estoy abierto a una continuación. Actualmente estamos escribiendo una secuela, así que si los fans quieren, si esta primera parte funciona, el proyecto de una secuela es posible, de ahí ese final abierto. Así Robert puede regresar: el personaje del proyeccionista nunca va a morir.

Ya por último, sé que acabas de rodar una nueva película titulada Four Warriors. ¿Qué nos puedes adelantar sobre ella?

Four Warriors es una película de acción y aventuras situada en épocas medievales, al estilo de Juego de tronos pero en un tono mucho más familiar, sin desnudos ni sexo. Poco más puedo desvelar de ella. Creo que es posible que se estrene este verano o de aquí a final de año, como muy tarde.

José Luis Salvador Estébenez

Traducción: José Manuel Romero Moreno

Fotografías: Juan Mari Ripalda

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