El gótico español: Un folletín costumbrista y castizo. Un repaso a un subgénero autóctono a través de Neville y su film La torre de los siete jorobados (I)

-Pero ¿es que nos va usted a recitar un folletín?

-Sí, señor.  Un folletín de la vida real…que parece una pesadilla…

La torre de los siete jorobados, la novela

Cartel de "La torre de los siete jorobados".

Cartel de “La torre de los siete jorobados”.

Ficha Técnica:

Dirección: Edgar Neville. Productores: Luis Judez, Germán López Prieto para Judez-Films, España Films. Guion: José Santugini, Edgar Neville, basado en la novela de Emilio Carrère [y Jesús de Aragón y Soldado]. Fotografía: Enrique Barreyre [Henri Barreyre], Andrés Pérez Cubero. Música: José Ruiz de Azagra. Montaje: Sara Ontañón. Decorados: Pierre Schild, Francisco Escriñá, Antonio Simont, Francisco Canet Cubel. Intérpretes: Antonio Casal (Basilio Beltrán), Isabel de Pomés (Inés), Guillermo Marín (doctor Sabatino), Félix de Pomés (Don Robinsón de Mantua), Julia Lajos (madre de la ‘Bella Medusa’), Julia Pachelo (Braulia), Manolita Morán (La ‘Bella Medusa’), Antonio Riquelme (Don Zacarías), José Franco (espectro de Napoleón), Manuel Miranda, Emilio Barta, Antonio L. Estrada, Luis Ballester, Luis Latorre, Rosario Royo, Julián García, Francisco Zabala, Natalia Daina, Carmen García, José Arias, Antonio Zaballos… Nacionalidad y año: España 1944. Duración: 80 min. B/N.  Distribución: España Films-Germán López.

Argumento: En la capital del reino, a finales del siglo XIX, no encontramos con Basilio Beltrán.  Éste es un joven muy supersticioso, aficionado al juego, que está prendado de los encantos de una cantante de variedades apodada “La Bella Medusa”. Para poder llevarla a cenar, junto a su inseparable y glotona madre, Basilio se acerca al casino y acepta las indicaciones en la ruleta del difunto arqueólogo don Robinsón de Mantua. A cambio, el fantasma le pide que descubra quién fue quien le asesinó y cuide de su sobrina Inés, amenazada también.  Con la ayuda de un amigo suyo, el agente Martínez, Basilio tendrá que resolver el misterio del lugar donde una banda de jorobados se reúnen para ejecutar sus planes criminales: una secreta sinagoga subterránea denominada “la torre de los siete jorobados”.

Fotograma del film: Pasadizos secretos

Fotograma del film: Pasadizos secretos.

1- La realización. Edgar Neville o el amor a una ciudad y a un arte.

Para Edgar Neville Romrée, IV Conde de Berlanga del Duero[1], como para otros muchos intelectuales de su generación, su carrera artística y sus decisiones políticas o ideológicas, se encontraron en medio de una encrucijada, entre el estallido de la Guerra Civil y la aceptación del nuevo régimen que supuso una larga posguerra y que, a muchos, les hizo sobrevivir con la opción del humor[2]. Algunos, como el caso de Neville (de cuna aristocrática), tuvieron que llegar a cierto pacto para preservar su privilegiado status. Si bien, no nos engañemos, aunque fuera tildado a la ligera como adicto al régimen[3], no hay que olvidar que mantuvo férreamente su independencia en su vida y en su arte.

Cartel de "Domingo de Carnaval".

Cartel de “Domingo de Carnaval”.

Para alguien que empezó con cierta bohemia en el mundo del arte, coqueteando con las vanguardias de la época, esta opacidad estética en la que se movía casi con temor, tenía que ser toda una carga. Su carrera literaria propiamente dicha fue escasa[4], pero el cine fue su gran amor. Bueno, en realidad, sus amores fueron dos. Hollywood, por supuesto. Desde finales de los años veinte, la gran época dorada, se instala en Washington como agregado diplomático (entra en la carrera en 1924), y pronto se hace amigo de todas las stars del momento.  Su otro gran amor fue su ciudad natal, Madrid. A la cual, desde su dolor al contemplarla tan destrozada y desolada por la guerra, le dedicará sus mejores obras como realizador. Un  canto de amor, impregnado de la tristeza y la oscuridad del momento, que no impidieron que, desde cierta añoranza, recuperara la ciudad de su infancia, de su bohemia y sus tertulias. Sentimiento cargado de ambivalencia, ya que al mismo tiempo se hace patente un cierto odio o rencor. Nunca se cansó de repetir: “Madrid me mata”. Y, de algún modo, junto a la ciudad chulesca y de zarzuela, también retrata esa corrupción del alma de la metrópoli a través de callejas mal iluminadas o de niebla londinense, de pícaros patibularios, de crímenes esperpénticos (El crimen de la calle Bordadores -manipulación casi verbenesca del siniestro y auténtico crimen de la calle Fuencarral, donde se vio implicado hasta el mismísimo padre de Millán Astray- o Domingo de carnaval son buenos muestras de ello).

La siniestra calle de bordadores.

La siniestra calle de bordadores.

Si bien en la primera cinta nos podemos encontrar con una lectura del amarillismo y la manipulación de los medios informativos (y su poder), vamos a pasar de esta lectura sociopolítica (al igual que el propio crimen en sí en que se inspira resultó ser), a una implicación pictórica en la segunda (talento éste, el de pintor, que Neville desarrollaría años más tarde).  El carnaval reflejado en el otro film bebe sus fuentes de las estampas de Goya, pero sobre todo de su amigo Gutiérrez Solana al que ya advirtió en sus años de la bohemia y las tertulias de café de que algún día haría una película inspirada en sus cuadros (el mismo Solana no pudo disfrutar de tal evento pues falleció antes del estreno).  Como anécdota del film reseñar que el protagonista, Fernán Gómez, se hallaba trabajando al mismo tiempo en otra producción, de ahí que durante gran parte del metraje su personaje aparezca con una máscara: se trataba de un doble.

PinturaspinturaMás pinturasLos carnavales de Goya y Solana.

 Los carnavales de Goya y Solana.

Neville junto a una de las máscaras carnavalescas.

Neville junto a una de las máscaras carnavalescas.

Otro buen ejemplo del cine fantástico de Neville, de marcada influencia yanki, y aunque su film más recordado sea el que analizaremos desde estas líneas, es el cortometraje Verbena, donde la huella de Tod Browning y su clásico Freaks planea por todas sus secuencias, y prefigura el insólito universo castizo de su film de género más conocido. La originalidad de la película pasa por el uso del musical autóctono como elemento integrador de la historia. Neville construye este cortometraje y La Parrala (homenaje a la cantaora Dolores Parrales Moreno), dentro de una serie de films que la productora Ufisa[5] promovía en 1941, bajo el título genérico de Canciones, inspirados en coplas de gran popularidad del momento.

"La Parrala".

“La Parrala”.

La acción tiene lugar en una verbena en un barrio madrileño. Don Paco, el dueño de la barraca de fenómenos, llamada “El palacio de las maravillas”, pregona sus atracciones. Levinsky, un aventurero extranjero, llega a la feria y le exige a don Paco que le pague un dinero que adeuda. Don Paco le invita a pasar a su espectáculo, donde está actuando Madame Dupont (la cupletista Amalia de Isaura), la mujer barbuda. Don Paco le enseña a Levinsky éste y otros números, como Rachmaninov, el traga-peces, y, sobre todo, Stella Matutina (Maruja Tomás), la cabeza parlante, de la cual el aventurero se prenda instantáneamente. Mientras los fenómenos se reúnen para cenar, Levinsky hace firmar a don Paco la cesión de Stella Matutina para llevársela a América. Felipe, el novio de Stella/Estrella, que trabaja en el tiovivo, se queda muy contrariado cuando se entera de la noticia. Igual que el resto de sus compañeros. Madame Dupont, tras afeitarse, decide ocupar el puesto de cabeza parlante, pero tiene tan mala pata que el público se queja: “Podían haber tirado la cabeza, en vez del cuerpo”. Ella se marcha enfadada, desvelando entonces el truco.

Los "freaks" de Browning.

Los “freaks” de Browning.

Los enanos descubren que Levinsky es un fugado de presidio, convicto por trata de blancas y que, además, en un circo en el que los enanos trabajaban en Marsella, asesinó a una trapecista. Levinsky huye perseguido por los fenómenos que terminarán tomándose la venganza por su mano como en la mencionada cinta de Browning. Estrella[6] ya no tiene que marcharse y Felipe pone el tiovivo en marcha. Se montan juntos en un caballito.

"El Palacio de las Maravillas".

“El Palacio de las Maravillas”.

Con Chaplin en Hollywood.

Con Chaplin en Hollywood.

Es esta primera etapa hollywoodense donde comienza a formarse el artista que todos conocemos.  Es en Estados Unidos donde concluye su novela, Don Clorato de Potasa, cuyos primeros capítulos ya habían visto la luz en Madrid, y que se publica definitivamente en 1929. Es una época de aprendizaje del oficio. Trabaja, como muchos coetáneos (Jardiel Poncela, p.e.) como dialoguista para algunas de las versiones en español de las películas producidas por la Metro (antes de instaurarse el doblaje, momento en el que vuelve definitivamente a España). Allí en América saluda con alegría  la llegada de la II República, y a su regreso filma y estrena su primer film: Yo quiero que me lleven a Hollywood (como no podía ser de otra manera). Prosigue su carrera literaria y cinematográfica, a la par que la diplomática, al ritmo de los acontecimientos. En el 35 es destinado a Madrid, estrena El malvado Carabel y se afilia a Izquierda Republicana. En el 36 regresa brevemente a Hollywood para retornar a Madrid en las primeras semanas de la contienda. Muy pronto el gobierno lo destina a la embajada de Londres donde su ideario da un giro (bien por miedo, por conservar sus privilegios…) y comienza a ejercer labores de espionaje y boicot a favor de los sublevados. El ministerio correspondiente lo cesa definitivamente. Tras realizar varias gestiones desde París en 1937 vuelve a España para ponerse al servicio de los sublevados y se afilia a Falange. Pronto empieza sus labores propagandísticas. Una vez acabada la guerra retoma sus labores diplomáticas y artísticas, abandonando paulatinamente las primeras en favor de la segundas. Fruto de aquella experiencia bélica es el film y la novela Frente de Madrid.  Muchos intelectuales de aquella generación tuvieron distintos destinos, más o menos trágicos (la muerte), más o menos tristes (el exilio). Pedro Muñoz Seca y Pedro Luis de Gálvez serían ejemplos preclaros de aquella bohemia a la que pertenecía Neville[7].  Cada uno fusilado por un bando. Algunos se comprometieron con una u otra causa hasta el final, otros, simplemente, rehuyeron cualquier compromiso político. Se debían a su arte. Otros iban cambiando de situación por pura supervivencia, cruzaban la calle para que no les alcanzaran los tiros.

Continuará…

Miguel Ángel Plana

Como figurante en Luces en la ciudad (escena eliminada).

Como figurante en Luces en la ciudad (escena eliminada).

[1] Para saber más sobre Neville, su época, su vida y su obra, es de obligada recomendación el excelente estudio de Juan Antonio Ríos Carratalá, Una arrolladora simpatía. Edgar Neville: de Hollywood al Madrid de la posguerra,  Editado por Ariel en 2007.

[2]  Es el caso de la llamada “otra generación del 27”, integrada por gente como Mihura, Jarciel Poncela o Alvaro de la Iglesia.

[3] En Frente de Madrid, la censura saboteó el final previsto inicialmente y en el cual un miliciano comunista y un falangista se estrechaban la mano (de similar factura capriana al dueto de armónicas entre el capital y el proletariado de Vive como quieras).

[4] Dado que nos interesa más su obra cinematográfica, mencionaremos que a la par que un buen puñado de relatos humorísticos y poemas, cultivó básicamente el teatro (11 comedias), con obras tan emblemáticas como El baileLa vida en un hilo, La extraña noche de bodas, Alta fidelidad, etc…  Y la novela (escribió nueve más) Don Clorato de Potasa, una ácida caricatura de la sociedad y la época del momento (1929).

[5] “Unión de Films Internacionales, Sociedad Anónima” fue una productora creada por el empresario de origen logroñés Saturnino Ulargui Moreno en 1940, y responsable del grueso de la producción cinematográfica nacional de posguerra.

[6] Para el personaje central, Neville recupera su relato “Stella Matutina”, que publicó en la Revista de Occidente en 1928. La Stella del cuento es una verdadera cabeza parlante, una muchacha que lleva tanto tiempo haciendo el número que un buen día se da cuenta de que no tiene cuerpo y que no lo necesita. Don Simón, otra cabeza, esta de cartón, propiedad del ventrílocuo, consuma el amor que su propietario sentía por la chica. Tras varias peripecias las dos cabezas se fugan y acaban camufladas en el escaparate de una peluquería.

[7] Para conocer mejor lo que fueron aquellos años previos a la contienda y la vida de la bohemia de principio de siglo es de muy recomendable lectura la excelente y grandiosa novela de Juan Manuel de Prada, publicada por la Editorial Valdemar en 1996, Las máscaras del héroe.

Cartel de "El crimen de la calle Bordadores/Fuencarral".

Cartel de “El crimen de la calle Bordadores/Fuencarral”.

The URI to TrackBack this entry is: https://cerebrin.wordpress.com/2015/08/03/el-gotico-espanol-un-folletin-costumbrista-y-castizo-un-repaso-a-un-subgenero-autoctono-a-traves-de-neville-y-su-film-la-torre-de-los-siete-jorobados-i/trackback/

RSS feed for comments on this post.

One CommentDeja un comentario

  1. Publicamos la primera entrada de tres de un extenso e interesantísimo artículo sobre “La torre de los siete jorobados” que iremos desgajando en las próximas semanas. Asimismo, supone el debut como colaborador de la abadía de Miguel Ángel Plana, uno de los más ilustres y veteranos especialistas de cine fantástico de nuestro país.


Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: