Delirium

Delirium

Título original: Delirium

Año: 1983 (España)

Directores: Antonio Navarro, Luis Albors, Raúl García, Javier Reyes

Productor: Joaquín Domínguez

Guionistas: Antonio Navarro, Luis Albors, Raúl García, Javier Reyes

Fotografía: Federico Ribes

Intérpretes: José Manuel Martí, Ana Gracia (Sara), Jaime Bordera, Matías Mas, Montse G. Romeu…

Sinopsis: Un escritor descubre que su novia Sara ha muerto el mismo día de la presentación de su nueva obra. Impotente por la pérdida, el hombre entra en un mundo pesadillesco en el que se convertirá sucesivamente en un judío que está a punto de ser fusilado por los nazis; un caballero medieval que va a parar a un molino en el cual vive un extraño señor junto a su mujer; y por último se comunicará a través de un magnetófono con Sara, quien ahora “vive” en una dimensión diferente.

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Delirium es una de esas películas malditas que tuvieron una nula vida comercial en el momento de su estreno. Su paso por diversos festivales como la Seminci de Valladolid, donde fue recibida con cierto desinterés por parte de crítica y público, tampoco ayudó demasiado a colocarla en el lugar que se merecía. De este modo, y al igual que otros muchos títulos, Delirium ha logrado sobrevivir gracias al esfuerzo e interés de coleccionistas y auténticos arqueólogos de nuestro cine[1], que con sus fanzines y foros han rescatado a estas películas de un olvido más que probable y absoluto.

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Delirium nació como una práctica más de cinco amigos recién salidos de la facultad de imagen, formado por Antonio Navarro, Raúl García, Luis Albors, Javier Reyes y el actor José Manuel Martí que, con muy poco dinero pero con un inmenso talento, quisieron dar aires nuevos al cine español. Para tal fin concibieron una productora a la que denominaron “El regador regado”, con la que previamente realizaron el corto Nostalgia de comedia muda, en el cual intervinieron como actores personalidades de la talla de Luis G. Berlanga, José Luis López Vázquez o Verónica Forqué, ni más ni menos. Aunque en este caso concreto la labor de los implicados estuvo más o menos repartida – pues aunque la dirección del corto esté compartida entre Antonio y Javier, también encontramos a Raúl y Luis en funciones de actor y productor, respectivamente-, para su salto al formato largo decidieron vertebrar la historia en cuatro partes que fueron escritas y dirigidas por cada uno de ellos y protagonizada por Martí. Curiosamente, la película consigue una homogeneidad sorprendente y termina siendo una cinta moëbius[2] experimental que se sirve de varias obras literarias para inspirarse a la hora de dar forma a sus diferentes segmentos.

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Puede que su carácter marcadamente onírico, en el que el arte y la muerte forman una parte importante de su entramado, no la augurase una productiva carrera comercial, sobre todo si tenemos en cuenta la enorme confusión que reinaba en el cine español de la época, inmerso en unos momentos de profundos cambios que se trasladaba a unos espectadores desorientados por lo que había en aquellos momentos en las salas de cine (en la mayoría productos eróticos) y lo que estaba por venir (la muerte del cine comercial, en pos de uno más artístico que propició la Ley Miró); pero, tal y como descubriremos en la entrevista a Javier Reyes que publicaremos en breve, la mala fortuna acompañó a Delirium desde el inicio, estando herida de muerte desde el mismo momento de su alumbramiento. Según apuntan otro de los responsables del film, Antonio Navarro, en la entrevista realizada por Alfonso y Miguel Romero para “Psychotronik Kult Video”[3], el rodaje de la cinta estuvo lleno de problemas que derivaron en continúas riñas entre sus artífices – sobre todo con el propio Reyes, a quién acusa de haber gastado más de la mitad de la película virgen que tenían para rodar la totalidad de la cinta-, aunque la estocada definitiva vendría por parte de su productor que la desterró para siempre a esa naturaleza maldita de la que hablábamos al inicio, al no depositar una copia de la película en la Filmoteca Nacional.

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Pese a los continuos problemas que tuvieron durante su gestación, sus artífices consiguieron aunar cuatro historias diferentes sin ningún separador que anuncie el principio y el final de cada una, logrando un film bastante sólido que demuestra una inventiva y también una osadía poco frecuente por aquella época. Puede que el único punto que juega en su contra sea la disparidad de duraciones entre los segmentos, siendo los dos últimos los que más se exceden en el metraje y los que entorpecen de algún modo la narración más amena que fluía al inicio de la cinta. Sin embargo tanto el buen hacer de sus responsables, como la excelente interpretación de José Manuel Martí (sobre cuyas espaldas recae gran parte del peso de la película) y el resto del reparto formado mayormente por actores amateurs[4], además de una eficiente fotografía por parte de Federico Ribes, se vieron lastrados por la mala suerte que siempre acompañó al proyecto. Puede que sea por culpa de esa mala fortuna y la escasa repercusión que tuvo esta modesta producción, , que de sus cuatro realizadores, tan solo Raúl García y Antonio Navarro continuaron en el mundo del cine, si bien dentro de la rama de la animación, llegando a colaborar con la Disney en títulos como El Rey León (The Lion King, 1994) de Roger Allers y Rob Minkoff, o Tarzán (Tarzan, 1999) de Chris Buck y Kevin Lima, para después llegar a dirigir con el tiempo sus propios largometrajes: Los tres reyes magos (Antonio Navarro, 2003) y El lince perdido (Raúl García & Manuel Sicilia, 2008). De Luis Albors apenas queda rastro alguno y de Javier Reyes, que continuó su carrera en televisión, daremos cuenta en los próximos días.

Juan Pedro Rodríguez Lazo

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[1] Como José A. Diego, alma mater de la antigua web Psychotronik Kult Video y actualmente uno de los responsables del foro y fanzine Exhumed Movies.

[2] Es decir, una película cuyo principio y final son idénticos. Véase como ejemplo otra cinta moëbius: Carretera perdida (Lost Highway, 1996) de David Lynch.

[4] Aunque en el caso de Ana Gracia, si bien de una manera algo modesta, ha desarrollado una sólida carrera posterior como actriz secundaria, apareciendo en diversas series de televisión como Compañeros o películas como La vaquilla (1985) de Luis G. Berlanga, La ardilla roja (1993) de Julio Medem, o Camino (2008) de Javier Fesser, por mencionar solo los títulos más destacados.

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  1. Iniciamos un dossier especial sobre uno de los muchos films malditos encuadrados dentro de los límites del fantástico que se realizaron a comienzos de los ochenta: “Delirium”. Escrito por nuestro colaborador Juan Pedro Rodríguez, este especial se completará con la publicación en unos días de la entrevista realizada a uno de los directores participantes en la película, Javier Reyes.


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