“Nocturna Visionary Award 2015”: Entrevista a Alexandre Aja

Aja(AnaPicos)

Tras darse a conocer en todo el mundo con Alta tensión, Alexandre Aja se convertiría en uno de los nombres más importantes dentro del panorama de cine fantástico y de terror actual gracias al impacto cosechado por su versión del film de Wes Craven Las colinas tienen ojos, uno de los mejores y más aclamados títulos que ha dado el género en lo que llevamos de nuevo milenio. Su éxito propiciaría en cierta medida que en los años siguientes la trayectoria del francés se desarrollara de forma exclusiva en la realización de diversas actualizaciones de viejas (y no tan viejas) películas. Así ha sido hasta el que, por el momento, supone su más reciente trabajo, la adaptación de la novela homónima Horns.

Con ella visitaría en fechas recientes la capital de España para inaugurar de forma oficial la tercera edición del Nocturna-Madrid International Fantastic Film Festival, dentro de una gala en la que el certamen le haría entrega del “Nocturna Visionary Award” como reconocimiento a su “contribución en el devenir del cine fantástico presente y futuro”. Durante su agradecimiento por el premio recibido, el galo reconocería la influencia que sobre su trabajo tendría en sus inicios el cine de género español. Este sería el primero de los muchos titulares que brindaría en las declaraciones públicas que realizaría durante su estancia madrileña, la cual se completaría con los diferentes encuentros que mantendría al día siguiente con medios y aficionados.

Hasta el momento todos tus trabajos se han inscrito de un modo u otro dentro de los terrenos del cine fantástico. ¿De dónde viene tu vocación cinematográfica y, en especial, tu inclinación hacia este género en concreto?

Pienso que todo proviene de la niñez, de esa época en la que todos disfrutamos contándonos nuestras pesadillas. A la vez que, de algún modo, me aliviaba de mis miedos contándoles a mis amigos lo que había soñado, me iba dando cuenta de que además me resultaba cada vez más excitante y divertido el hacerlo.

Otro factor importante para que decidiera dedicarme al mundo del cine fue alquilar en el videoclub El resplandor con tan sólo seis o siete años, cuando se suponía que debería haber cogido Superman 2. Tras su visionado, y aunque en ningún momento pude parar de verla, estuve durante mucho tiempo traumatizado por sus imágenes. Sólo entonces me di cuenta realmente del poder que tiene el cine: con algunas películas te puedes llegar a sentir totalmente inmerso en ellas, como me ocurrió a mí por vez primera con la de Kubrick. En mi opinión, si te sientes a gusto con una película, no sólo la ves o la disfrutas como espectador; lo ideal es conseguir saltar al otro lado de la pantalla y así poder vivir la historia. Tener la posibilidad de convertirte en el personaje, en suma. Esa clase de películas que no sólo miras, sino que vives, esas que te mantienen sentados de principio a fin en tu butaca, creo que son la experiencia más fuerte que puedes tener como espectador a la hora de ir al cine. Eso es lo que asimismo me sirve de impulso para intentar lograr algo parecido a través de mi trabajo.

Alta tensión supondría tu carta de presentación a nivel internacional. ¿Qué referentes manejabas a la hora de dar forma a esta cinta?

 Alta tensión surge de la frustración que sentía desde finales de los ochenta hasta bien entrados los noventa con respecto al género de terror. Durante esa época me sentía decepcionado cada vez que iba al cine y no ver ninguna película que realmente me aterrorizara. En esos años creo que la popularidad de films como Scream y sus imitadoras se encargó de apuñalar el cine de género, al menos durante un tiempo. Viendo Scream casi deseaba que saliera Freddy Krueger y se cargara de una vez a Ghostface

Como reacción a este contexto, Alta tensión nació con el propósito de volver atrás en el tiempo y recrear de algún modo las antiguas películas de los setenta que realmente me impresionaron: La noche de Halloween, La última casa a la izquierda, La matanza de Texas, Las colinas tienen ojos, Torso: violencia carnal, así como muchos otros más. Mi intención era brindar una especie de homenaje a todo ese cine, usando además elementos de lo más simple: una noche, una casa, una chica, un asesino. Asimismo, Alta tensión sólo contaba en total con seis o siete minutos de diálogos, por lo que también intenté simplificar al máximo en ese aspecto. Y, por la respuesta que obtuvimos del público y de la crítica, creo que logramos plenamente nuestro objetivo.

La aparición de Alta tensión serviría en cierto sentido como detonante para la eclosión en los años posteriores del denominado nuevo cine de terror francés con títulos como Martyrs, A l’interieur o Frontier(s), pero que tan pronto como apareció, desapareció. En tu opinión, ¿qué factores propiciaron que este movimiento tuviera una vida tan efímera?

La clave está en que el público francés no apoya suficientemente el propio cine de género que se realiza en el país. Te pondré un ejemplo muy ilustrativo a este respecto y, además, de lo más paradójico: mis películas producidas en los Estados Unidos tienen más éxito en Francia de lo que lo han tenido las que rodé allí. Y así pasa: cada vez que un director hace una película de terror en mi país la consigue vender en todo el mundo, menos en la propia Francia. Parece como si el público local rechazara cualquier film de este género que estuviera protagonizado por actores franceses. No puedo entender cuál puede ser el motivo, pero el hecho es que así ocurre. Si tenemos los directores y también las películas, ¿por qué la audiencia no va a las salas a verlas? ¿Por qué en cambio sí lo hacen cuando provienen de España o de los Estados Unidos? Realmente no lo comprendo.

En cualquier caso, soy consciente de que estas películas que has nombrado, y que me parecen muy buenas e interesantes todas, son muy populares en el resto del planeta; sin embargo, el hecho es que cuando se estrenaron en mi país fueron un absoluto fracaso en taquilla, que apenas reunieron cincuenta mil o sesenta mil espectadores, lo que traducido en dinero no es suficiente para cubrir gastos, ni siquiera para producciones con presupuestos reducidos como éstas. Es decir, si todos estos títulos no hubieran contado con el apoyo previo de las ventas al resto del mundo, nunca hubieran podido realizarse teniendo en cuenta la miseria que recaudaron en Francia.

Tu siguiente trabajo sería tu grandioso remake de Las colinas tienen ojos de Wes Craven. ¿Cómo surgió este proyecto?

Tras el éxito de Alta tensión, cuando fui a Hollywood a reunirme en los grandes estudios con ejecutivos y gente del cine en general, la primera persona que conocí fue Wes Craven. En cierto sentido fue como si estuviera predestinado. Primero, porque el que yo sea aficionado al género es, básicamente, gracias a él. Aparte de El resplandor, una de mis mayores experiencias terroríficas relacionadas con el cine fue ver Pesadilla en Elm Street. Más tarde, cuando conocí al que durante mucho tiempo ha sido mi coproductor y coguionista, además de mi amigo, traía consigo una revista en cuya portada aparecía Shocker, 100.000 voltios de terror y, casualmente o no, nuestra primera conversación, la charla que cimentó nuestra amistad, fue también sobre Craven.

Originalmente, la primera reunión que mantuve con él era para hablar de otro proyecto que en principio parecía interesante, pero que luego no lo sería tanto. Fue casi como una broma, ya que una de las primeras preguntas que Wes me hizo fue si conocía Las colinas tienen ojos. Por supuesto le dije que sí, que la conocía muy bien, sin pensar que en realidad estábamos allí para eso: para ser el responsable de su remake. De alguna manera, y de todas las películas que ha rodado, Las colinas tienen ojos no es precisamente la favorita de Wes, una opinión que yo también comparto. Es indiscutible que no es tan buena como La última casa a la izquierda u otras que ha hecho. El caso es que Craven estaba un poco frustrado al no haber podido rodar la película original tal y como él hubiera deseado, así que hacer esta nueva versión supuso para él una gran oportunidad a la hora de poder arreglar ciertas cosas que no le gustaban de la primera. Creo que fue una gran colaboración entre ambos.

Desde ese momento en el que desembarcaste en los Estados Unidos, hasta la reciente Horns, toda tu carrera se ha desarrollado por medio de nuevas versiones de otras películas. ¿Ha sido una decisión personal, o de algún modo se ha tratado de algo impuesto por la industria?

Aparte de que el concepto de remake es algo casi consustancial al género de terror desde hace algunos años, actualmente los departamentos de marketing dominan casi por completo los grandes estudios de Hollywood y, siempre según ellos, si el material en que se inspira un film, bien sea un cómic, un videojuego o una película antigua, cuenta de antemano con una base de aficionados ya creada, una vez realizada resulta muchísimo más fácil venderla. Por supuesto, con esta manera de pensar que tiene Hollywood en la actualidad resulta muchísimo más fácil conseguir financiación para rodar un remake que para filmar un proyecto más personal, así que en el caso de Horns soy consciente de que he tenido mucha suerte.

Aunque si lo piensas bien, y en la práctica, a lo largo de mi trayectoria sólo he hecho dos verdaderos remakes: Las colinas tienen ojos y Maniac. Del resto, Reflejos tenía poco que ver con la película original y Piraña definitivamente no es un remake del film de Joe Dante. Sé que está categorizada como tal, pero no creo que lo sea de ninguna manera, ya que toma como base un guion completamente original. Lo que ocurre es que finalmente decidimos ponerle ese título por cuestiones meramente comerciales, pero no porque tuviera demasiado que ver con la película clásica.

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¿Qué elementos buscas o te determinan para que decidas volver a llevar a la gran pantalla una película ya realizada?

En mi opinión, los remakes únicamente tienen sentido cuando toman como material de partida una película que no sea una obra maestra absoluta; por eso, cuando acepté realizar el de Las colinas tienen ojos, era porque pensaba que sería posible mejorar el original. Por este mismo motivo nunca aceptaría hacer una nueva adaptación de La última casa a la izquierda o de La matanza de Texas. Sin embargo, en el caso concreto de Las colinas tienen ojos resultaba adecuado hacer una nueva versión. Por eso trato de ser muy cuidadoso a la hora de elegir: desde que estoy en Hollywood me han ofrecido rodar todos los remakes que puedas imaginarte, pero siempre intento considerar qué proyectos justificarían la realización de una nueva versión, así como si existe la posibilidad de arrojar una nueva mirada a una historia que ya se haya hecho previamente.

Entre todos tus títulos, sin duda uno de los más controvertidos ha sido Piraña 3D, la cual en su estreno sería muy criticada por ciertos sectores de aficionados que esperaban encontrarse con algo más crudo, un poco en la línea de Las colinas tienen ojos, en lugar de un trabajo tan cómico y gamberro. ¿La consideras una película incomprendida?

Mi intención como cineasta es evitar hacer la misma película una y otra vez. Creo que ése es uno de los mayores problemas con el cine de género. Si haces algo como Alta tensión, entonces los productores van a querer que hagas un montón de películas exactamente igual a Alta tensión, con las mismas escenas repetidas una y otra vez. Para mí esa forma de trabajar me resulta muy aburrida y nada desafiante. Prefiero aproximarme a cada película que hago con un estilo diferente. De esta manera, Alta tensión no tiene nada que ver con Las colinas tienen ojos, que a su vez no guarda relación alguna con Reflejos que, definitivamente, no tiene absolutamente nada que ver con Piraña 3D.

Piraña 3D fue un guion que leí aproximadamente siete años antes de rodar la película y que me encantó. Me pareció uno de los guiones más divertidos y llenos de humor negro que había leído en mi vida. Además, tenía el aliciente de estar repleto de gore. Realmente deseaba hacerla y de esta forma el proyecto estuvo dándome vueltas en la cabeza durante mucho tiempo. La verdad es que, una vez que por fin logré hacerla, me lo pasé en grande rodándola, aunque mucha gente me había aconsejado que no lo hiciera, que rodar una película así era tomar un riesgo demasiado grande. Sin embargo, en líneas generales la película resultó un gran éxito, ya que creo que la gente disfrutó con esa vuelta al espíritu gamberro del cine de género típico de los ochenta, o sea, un festival de sangre y tetas a tope. Para mí también fue una experiencia divertida, sobre todo porque estaba en una etapa en la que veía que me estaba haciendo mayor y hacerla fue una especie de reacción hacia el hecho de no envejecer, de intentar volver a ser joven de nuevo. Es algo que se da en todas mis películas, y en cualquier tipo de expresión artística, de hecho: de algún modo son el reflejo de quien eras en el momento de realizarlas.

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Esto nos lleva a la siguiente pregunta. Dados tus antecedentes familiares, en concreto el hecho de que tu madre ejerza la crítica de cine, ¿tienes en cuenta la opinión que pueda tener este gremio a la hora de rodar tus películas?

Es cierto que vengo de una familia muy cinematográfica: mi padre es director de cine y mi madre escribe sobre cine, así que en mi casa, además de que estábamos todo el tiempo viendo películas, me dotaron desde pequeño de las herramientas necesarias para leer una película de la manera apropiada. Pero cuando estoy rodando un film trato de no pensar ni en el público ni en la crítica: sólo pienso en lo que me gustaría ver a mí cuando voy a una sala de cine; si tengo un poco de suerte quizás no sea el único, y habrá más gente que comparta mis mismos gustos y quiera ver la misma película que yo. Creo que aquellos que se preocupan demasiado de lo que el público o la crítica quieran ver acaban perdiendo su propia visión, su propio estilo.

En los últimos años, aparte de como director, también has ejercido de productor y/o guionista en varios títulos de cineastas de tu entorno. ¿Cómo surge esta faceta de tu carrera y hasta dónde llega tu implicación en estos films?

No me gusta poner mi nombre en una película en la que, de una u otra manera no haya formado parte del proceso creativo, ya sea en la escritura del guion, el rodaje o la posproducción. Esa es la principal razón de que no produzca más, ya que siempre acabo implicándome demasiado. Mi principal problema es que tengo la necesidad constante de seguir haciendo películas, y cuando sólo las dirigía me llevaba al menos dos años realizar cada una. Ahora, ejerciendo como productor, puedo diversificarme un poco más en ese sentido. Además de estar involucrado creativamente en todo lo que produzco, intento asimismo estar presente en los rodajes. Así, cuando estoy enfrascado en algún nuevo guion, estoy a la vez en el set de rodaje de un film que estoy produciendo, y cuando estoy dirigiendo estoy a la vez escribiendo mi próximo proyecto. Además, para facilitar el trabajo siempre intento colaborar con gente cercana, o incluso que sean amigos míos, como ha ocurrido con Maniac y The Pyramid.

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Hablemos de Horns, tu nueva película, en la que, sin desmarcarte de los elementos propios del género, sí que evidencias una marcada evolución con respecto a tus trabajos previos…

Nada más finalizar Piraña 3D comencé a leer las primeras galeradas del libro de Joe Hill. Al leerlo no podía creer que al principio me hiciera reír, luego me hiciera sentirme aterrorizado, también conmovido, para hacerme reír de nuevo unas páginas más adelante, a la vez que lograba que me sintiera totalmente sumergido en este loco mundo de fantasía; cada página que pasaba me producía una emoción diferente o me inspiraba alguna imagen. Sin duda alguna es uno de los mejores libros que he leído en mi vida, y ya entonces decidí que tenía que hacer todo lo que estuviera en mi mano para llevar esta historia a la gran pantalla. Esto sólo me ha ocurrido una vez antes, y fue con la novela gráfica Agujero negro, de Charles Burns. Estuve contratado para llevarla al cine, pero al final no pude conseguir que se materializara, y hasta el día de hoy aún lamento que el proyecto no fructificara. Así que cuando más tarde leí Horns y experimenté la misma clase de impacto que con la obra de Burns intenté esforzarme al máximo para que esta vez su realización sí llegara a buen puerto.

Como dices, la película se basa en una novela de Joe Hill, hijo de nada menos que Stephen King, quien siempre ha sido muy crítico con las adaptaciones a la pantalla de sus libros. ¿Qué le ha parecido al autor de Horns el resultado de la traslación de su obra?

La opinión de Joe Hill, lo cual me hace muy feliz, es que la película que hemos hecho adapta con bastante fidelidad su libro. En este caso era muy importante para mí que el autor quedara satisfecho con el resultado final, ya que no es muy común que te llegues a enamorar de una novela, tal y como a mí me sucedió con ésta. Nunca antes había sentido una conexión tan cercana y personal con un material que no hubiese escrito yo mismo: parecía como si Joe y yo fuéramos hermanos, que proviniéramos de la misma familia, que tuviéramos la misma forma de pensar.

Por lo tanto, y ya que yo quería que estuviese presente durante todo el proceso, nos dispusimos a adaptar la novela junto a Joe. Me parecía vital que el resultado final fuera lo más fiel posible a su trabajo que, obviamente, era mi principal inspiración, ya que a veces abordas la adaptación de un libro pero no tienes la necesidad de ser totalmente fiel a la fuente original. Quizás sólo coges parte de la historia, algunos personajes, el escenario donde se desarrolla la acción y nada más. Pero en esta ocasión quería hacer algo más que eso: mi intención en este caso era ser fiel al cien por cien a la novela.

Alexandre Aja junto a Luis Rosales durante un instante del encuentro con los fans del cineasta francés.

Alexandre Aja junto a Luis Rosales durante un instante del encuentro con los fans del cineasta francés.

En estos momentos te encuentras completando un nuevo trabajo, titulado The 9th Life of Louis Drax, también basado en fuentes literarias. ¿Qué puedes adelantarnos sobre él?

Un día rodando Horns hablé con Max Minghella, que interpreta al coprotagonista de la película, y me dijo que su padre, Anthony Minghella, director de El paciente inglés, antes de fallecer tenía la intención de adaptar esta novela, Las vidas de Louis Drax, de Liz Jensen. Me comentó que era una historia estupenda y que sin duda me veía a mí dirigiéndola. Por supuesto, esto suponía un gran reto, porque Minghella era un director extraordinario. Así que la leí y la encontré tan original y nueva que empecé a colaborar con Max en la escritura del guion casi de inmediato.

Acabamos de rodarla estas pasadas navidades, y ahora estamos en el último proceso de posproducción, por lo que esperamos poder tenerla terminada para el próximo otoño. Es muy diferente no sólo a Horns, sino también a todo lo que he hecho antes: es la última película de género que he hecho, aunque no significa que vaya a ser la última película de género que haga, pero creo que mi próximo film se alejará aún más del género del terror o del thriller, ya que cada vez que afronto un nuevo proyecto mi principal propósito es, además de encontrar una historia, que sea lo suficientemente atractiva como para que merezca la pena el esfuerzo de rodarla, hacer algo que no se haya hecho antes, lograr encontrar un material con el que no sientas que estás haciendo lo mismo de siempre una y otra vez.

No obstante, pese a este alejamiento del género que anuncias, desde hace varios años trabajas en la adaptación del manga de ciencia ficción Space Adventure Cobra. ¿Quiere decir esto que de momento dejas aparcado este proyecto?

Space Adventure Cobra es un proyecto que me devuelve a mi niñez. Era uno de los anime más exitosos tanto en Japón como en Francia cuando era niño. Recuerdo salir del colegio corriendo para llegar a mi casa y no perderme ningún capítulo de la serie. Aunque teníamos Star Wars y Cobra por la misma época, esta última era mucho más sexy, divertida y estaba llena de humor. Escribí un borrador hace años, y estuvo a punto de entrar en producción, pero el estudio que la iba a financiar cambió de directiva y finalmente no pudo ser. De todas maneras, aún intento conseguir que algún día se ruede.

Curiosamente, cuando se estrenó el pasado verano Los guardianes de la galaxia me di cuenta de que era demasiado parecida a mi guion: los mismos personajes, el mismo tipo de humor, casi la misma historia…, por lo que tuvimos que volver a nuestro libreto y reescribirlo desde la primera página. Ahora estamos trabajando en una nueva historia, a ver qué tal nos va. Creo que Los guardianes de la galaxia es una película asombrosa, pero no quiero hacer lo mismo que alguien ya haya hecho antes. De todas maneras, una de las consecuencias positivas que ha acarreado el éxito de la película de Marvel es que los estudios ya no me podrán decir como hasta ahora para rechazar mi guion que el humor en el espacio nunca funciona, que debería abordar el proyecto en un tono más serio, a lo El caballero oscuro. Al menos, la existencia de Los guardianes de la galaxia me sirve para probar que estaba en lo cierto, que existe una posibilidad real de hacer una película de ambientación espacial y que a la vez sea divertida.

Traducción: José Manuel Romero Moreno

Fotografía: Ana Picos (cabecera), Juan Mari Ripalda

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