Siete orquídeas manchadas de rojo

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Siete orquídeas manchadas de rojo (Sette Orchidee Macchiate di Rosso, 1972) es uno de los giallos más destacados y exitosos de Umberto Lenzi, cineasta que cuenta con un buen puñado de títulos dentro del género. Su edición en DVD por parte de Regia Films, dentro de su excelente colección “Cinema Giallo”, supone una ocasión perfecta para recuperar o descubrir esta obra imprescindible para los amantes del género, realizada durante su momento de mayor apogeo.

LA PELÍCULA

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Lo primero un poco de contextualización para situar a Siete orquídeas manchadas de rojo (Sette Orchidee Macchiate di Rosso, Umberto Lenzi, 1972) dentro del género. Umberto Lenzi es un aplicado “artesano” dedicado al cine de género (serie B en su época de esplendor en Europa, Z con la llegada del declive), que afrontaba productos de toda índole con eficacia. Tras realizar más de veinte títulos entre los que encontramos aventuras, dramas históricos, péplums, westerns, películas basadas en fumettos (populares cómics italianos) o exploitations de James Bond, entre otros géneros y subgéneros, aprovechando que hacia finales de los sesenta el giallo empezaría a despuntar gracias a Mario Bava, allí estaría (entre otros) un Lenzi en plena forma para subirse al carro de la nueva corriente. Su primera incursión en el género, Orgasmo (Id. 1968), supuso el que obtendría la mejor acogida en taquilla de sus giallos, e inauguró la trilogía de lo que el mismo Lenzi denomina sus thrillers sexys – que completan Así de dulce, así de maravillosa (Così dolce, così perversa, 1969) y Una droga llamada Helen / Paranoia [vd: Un tranquilo lugar para matar, 1970], inspiradas tanto por La muchacha que sabía demasiado (La ragazza che sapeva troppo, Mario Bava, 1962-, como por Las diabólicas (Les diaboliques, Henri-Georges Clouzot, 1955).

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Incansable (durante esa época no es raro encontrar en su filmografía tres o hasta cuatro películas en un mismo año), su siguiente giallo, Un lugar ideal para matar / Un sitio ideal para matar (Un posto ideale per uccidere, 1971), no satisfizo ni al público, ni a la crítica y ni siquiera al propio director. Es entonces cuando llega El pájaro de las plumas de cristal (L’uccello delle piume de cristallo, 1970)[i], y con su descomunal éxito marca las pautas que a partir de entonces serán imitadas en el giallo hasta el agotamiento. De nuevo, Lenzi rápidamente recoge el testigo y surge así Siete orquídeas manchadas de rojo, el título que nos ocupa (cuyo rendimiento en la taquilla también fue excelente). Tras él, Lenzi insistirá en el género con la estupenda Detrás del silencio / Il coltello di ghiaccio (1972), la más floja Spasmo (Id, 1974) y la ya muy zetosa pero divertida El ojo en la oscuridad / Gatti rossi in un labirinto di vetro (1974), coproducida al igual que alguna de las anteriores por España y rodada en Barcelona.

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De modo que sí, Siete orquídeas manchadas de rojo es una imitación paso por paso del modelo marcado por Argento en su ópera prima. Sólo que una imitación muy bien hecha, al contrario de lo que se puede decir de otras muchas que vendrían más adelante, tanto italianas como coproducciones con otros países europeos e incluso alguna española. Tenemos el asesino enguantado (sombrero y abrigo negros incluidos) que ataca preferiblemente con arma blanca y en plano subjetivo, las bellas muchachas acosadas y mutiladas que dan lugar a bonitos cadáveres que parecen maniquís, los indicios engañosos (algunos francamente sutiles) para despistar y provocar falsas conclusiones en el espectador, el plantel de sospechosos (cualquier personaje podría albergar un maniaco homicida en su interior), la violencia explícita (puede que hoy parezca poca cosa, pero para 1972 la cinta es bastante cruda[ii]), las elaboradas escenas de crímenes creativos, los elementos perversos y/o sórdidos que salpican y conforman la trama (drogas, homosexualidad, infidelidad, crueldad animal o locura, entre otros)…

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En definitiva, que el film constituye un manual del perfecto giallo; todos los ingredientes que Argento combinó y aplicó para crear la receta del éxito de un género que vivía su época de mayor popularidad (ese año se produjeron más de treinta giallos), se dan cita en esta excelente muestra de oficio por parte de Lenzi y un equipo en estado de gracia, aderezados con un suave toque de poliziesco: la trama detectivesca y la fría lógica está un grado por encima del delirio y la locura reinantes en el modelo Argento. Todo ello da lugar a un giallo que rebosa perfección, dirigido con mano firme y una caligrafía clásica exquisita (excepto, claro, por un abuso obsesivo del zoom). Filmada en un elegante formato panorámico (2,35:1), ya desde los créditos se aprecia el estupendo trabajo de fotografía: un misterioso personaje conduce de noche por la autopista, lo que permite jugar con las luces y da lugar a una bonita secuencia nocturna. Todos los apartados técnicos y artísticos exhiben gran calidad (también destacan la escenografía y el montaje) y se complementan con eficacia; se nota que la industria italiana vivía buenos momentos.

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La trama puede resultar algo mecánica y fría: es un engranaje en el que cada movimiento conduce al siguiente y no queda espacio para digresiones, quedando fuera de la ecuación cualquier atisbo de romance, drama o motivación que no sea estrictamente necesaria para comprender los hechos (por su puesto esta es una característica también presente en los giallos de Argento). Todo se reduce a un pasatiempo siniestro, un reto o acertijo que se plantea a un espectador abrumado por el itinerario de los personajes (solo peones) que avanza a un ritmo frenético sin darle tiempo de reflexionar, y en la que debe poner los cinco sentidos ya que se crea la sensación de que cualquier detalle puede resultar capital para resolver el enigma o al menos para dar un nuevo giro en el instante más inesperado. Para lo que si que encuentra tiempo el film es para desperdigar aquí y allá la típica ironía y misantropía italianas, cargando las tintas contra la Iglesia y, sobre todo, contra la policía, rasgo característico en la obra del director. Incluso hay detalles que hacen que los periodistas tampoco salgan muy bien parados. Casi todos los miembros de estos estamentos son reaccionarios, bárbaros, ignorantes, incompetentes y/o antipáticos. Incluso el inspector Vismara, en un divertido arranque de sinceridad, reconoce que el trabajo de la policía siempre es inútil: “Si no fuera por un soplo de vez en cuando… Sólo que en estos casos no hay soplos”. Pero en general todos los personajes que pueblan este enfermizo universo son en mayor o menor medida mezquinos, egoístas, huraños y desconfiados, lo que además da pie a que el espectador desconfíe de todos ellos.

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El trabajado guión[iii], como hemos señalado, está diseñado para mantener la atención del espectador en todo momento y para ello se vale de todo tipo de recursos, como el montaje de acciones paralelas, el doble sentido en los diálogos, o la superposición de varias acciones en una misma escena (a veces incluso en un mismo plano). Muchas veces, esto ocurre de una forma extradiegética, ya que el doble sentido (tanto de los diálogos como de las acciones) no es percibido por los personajes, sino por el público: una cosa es lo que los personajes ven y escuchan y otra son las conclusiones a las que está llegando el espectador derivadas de dichos diálogos o acciones. La cinta está plagada de detalles y explicaciones para que todas las piezas encajen y no dejar cabos sueltos, objetivo que en contadas ocasiones no consigue (¿a quién llama Rafael Ferri, el sospechoso criador de pastores alemanes, tras la visita de Mario?, o, de nuevo Rafael, ¿cómo sabe que Mario está en el hospital cuando aparece acechante para suministrarle información?), pero hay tantos elementos a los que atender que tampoco se nota demasiado.

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Este exceso de información hace que en la cinta se hable mucho, lo que puede llegar a agotar al espectador que no se preste cómplice al juego que el film propone. Y es que ya se sabe que en este género, a pesar de su condición popular, se exige una predisposición que hace que no sea del gusto de todo el mundo. Resulta curioso comprobar lo objetivo y consciente de las virtudes y defectos del film que resulta Lenzi en sus declaraciones: “…una película magníficamente rodada con una creíble pero pedante historia, con muchas secuencias en las que la policía habla durante varios minutos para dar pedestres explicaciones a los acontecimientos, lo cual distrae la atención de la audiencia”[iv]. Sirva como ejemplo de las técnicas empleadas por el guión para mantener la atención arriba citadas la presentación de Giulia: la primera vez que vemos a la muchacha (pelo corto: imagen moderna) aparece en una tienda, probándose un muy poco convencional vestido de novia y advirtiendo a la dependienta de que no es de su agrado ya que ella preferiría algo más clásico (vaya, quizá no sea tan moderna, piensa el espectador), pero que su prometido lo ha elegido por ella (sin conocerle ya tenemos una predisposición negativa ante el personaje de Mario). Suena el teléfono y preguntan por Giulia para colgar cuando ésta responde extrañada de recibir una llamada allí. Inmediatamente comprobamos cómo el autor de la llamada es el misterioso asesino al que hemos visto previamente matar a dos mujeres, y que además llama desde la cabina que está justo enfrente del local en el que se encuentra la chica.

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Mientras nos preocupamos por la seguridad de Giulia, aparece súbitamente Mario haciéndonos sospechar que puede ser el responsable tanto de la llamada como de los crímenes, lo que se refuerza por nuevos mensajes que hacen que se gane nuestra antipatía: reprocha de forma grosera a la dependienta que el vestido de Giulia debe llevar un pañuelo, ya que si no “parece una fulana” (mensaje directo a la audiencia: acabamos de contemplar como el probablemente reprimido asesino ha acabado con una puta). A la vez, nos estamos enterando de que Mario es un importante diseñador y el creador del vestido, lo que explica su fijación por elegir la ropa de Giulia, pero también puede sugerirnos (si tenemos suficientes prejuicios, y hay que situarse en el contexto de la época) que se trata de un homosexual reprimido. Siguen los sutiles indicios para que sospechemos de Mario: cuando Giulia le explica que le han llamado y colgado, éste le resta importancia, alegando que una chica guapa debe estar acostumbrada al acoso. Comprobamos así cómo esta escena no solo se limita a presentarnos y definir a los que luego iremos confirmando que se tarta de los dos personajes principales, sino que además introduce un elemento de suspense y, sobre todo, juega con la información que proporciona al espectador para mantenerlo ocupado haciéndose una idea de cual puede ser la identidad del asesino. Es más, los detalles de la personalidad de los protagonistas que nos da siempre están enfocados a su función dentro de la trama. Vamos, lo que es la esencia del whodunit.

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Lenzi, todo un veterano del género a estas alturas de su carrera, aprovecha y potencia con habilidad estos elementos de guión que proporcionan falsos indicios, además de introducir otros puramente de realización y montaje, como la asociación del asesino con algún personaje (inocente, claro) mediante el corte directo; el asesino llama a una posible víctima, corte a un personaje colgando el teléfono, o el inteligente uso de la elipsis para jugar con las expectativas del espectador: Mario debe conseguir un teléfono y así localizar a una potencial victima antes de que sea demasiado tarde (en paralelo sospechamos que la mujer puede estar a punto de ser atacada por el criminal), pero la persona que puede darle ese teléfono le dice que no lo tiene y le cierra la puerta en las narices mientras Mario insiste. La siguiente vez que vemos a Mario está llegando al lugar que buscaba, ha conseguido el teléfono e incluso ha llamado, acciones que nos ahorra el director. Incluso hay mensajes de lo más subliminales, como la primera aparición de Barrett, un obsceno hippie, pintando de rojo el torso desnudo de una joven.

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Como giallo prototípico que es, en Siete orquídeas manchadas de rojo están presentes, por descontado y para alegría de los detractores del género, los indicios de misoginia y conservadurismo característicos del mismo. Las víctimas parecen ser seres depravados: prostitutas, adúlteras, artistas y demás bellas y liberadas señoritas preferiblemente en ropa de cama o directamente desnudas. Algún varón de dudosa reputación también cae. Guilia se libra por los pelos ya que, como hemos visto, su moderno look oculta a una mujer como-Dios-manda. Pero si profundizamos un poco, la verdad es que la película utiliza este elemento como una pieza más del puzzle, para jugar con las expectativas y sorprender o despistar al espectador, y, como hemos visto, siempre con cierta distancia irónica, el retrato que hace de los personajes más conservadores tampoco es muy halagüeño precisamente. Un momento que ejemplifica esto es cuando Mario busca información sobre un personaje clave para resolver el misterio por las iglesias, y los curas le reciben con hostilidad, incluso uno le llega a decir que busque en determinado lugar donde se reúnen “pintores, artistas, melenudos y vagabundos” (¡lo que le pone sobre la pista adecuada!). Además esta regla de víctimas de mala vida no siempre se cumple: la primera es (por lo que sabemos) una inocente anciana. Claro, que el asesino la mata por error al confundirla con otra persona, pero más adelante se producen más casos: la profesora tampoco tenemos constancia de que tuviera ninguna tacha en su reputación, más allá de su intención de ir a confesarse.

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Las escenas más terroríficas, aparte del clímax[v] en el que se revela la identidad del perturbado asesino (con un gran zoom-susto), son, evidentemente, las de sus ataques, y están cuidadosamente planificadas. En este aspecto destacan las de la tercera víctima, la artista americana Kathy, que acaba con la bella imagen de su cadáver salpicado de pintura; la de Elena Marchi (Rosella Falk[vi]), que además de proporcionar otra excelente y cruel imagen, el asesino arrastrando de un brazo y el pelo el cuerpo inconsciente de la víctima, hace un excelente uso del montaje paralelo e incluye un homenaje a Seis mujeres para el asesino (Sei donne per l’assassino, Mario Bava, 1964); y el plato fuerte de la función, la del taladro, ciertamente sádica y brutal, cuyo comienzo remite a otra película, esta vez posterior: Vestida para matar (Dressed to Kill, Brian De Palma, 1980), el corte en la mejilla que reciben las víctimas en ambas secuencias no deja lugar a dudas de la inspiración de De Palma en este film (quien por otro lado jamás ha ocultado sus referentes).

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En cuanto al elenco, el actor italiano Antonio Sabato (Sr.) en el papel de Mario, si bien no está especialmente brillante, sí que realiza una correcta interpretación. La otra protagonista es la alemana Uschi Glas, que ya había participado en un buen número de adaptaciones de Edgar Wallace en su país, los denominados krimis, no por casualidad señalados por varios especialistas como precursores en cierto sentido del giallo. Y como secundarios tenemos a un buen puñado de solventes profesionales, todos nombres más o menos habituales en el género como Renato Romano, Pier Paolo Capponi, Bruno Corazzari, Marina Malfatti o la citada Rosella Falk. La espectacular Marisa Mell, coprotagonista de Diabolik (Id. Mario Bava, 1968), también realiza una célebre intervención.

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Se ocupa de la eficaz banda sonora el prolijo compositor Riz Ortolani, recientemente fallecido, aunque antes reivindicado y recuperado por Tarantino para algunos de los recopilatorios que suponen las bandas sonoras de sus películas. Destacar también el hábil uso que hace Lenzi de la música y, sobre todo, de su ausencia, ya que en la mayoría de las escenas de asesinato, o más bien durante el acoso que precede al ataque en sí del criminal, la pista musical queda en silencio.

LA EDICIÓN

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La edición comercializada en DVD por Regia Films de Siete orquídeas manchadas de rojo ofrece una imagen de una calidad excelente, respetando como siempre su formato original (en este caso el ya comentado de 2.35:1), contando con mejora anamórfica para pantallas 16:9. El sonido en su versión original en italiano es más que correcto y se acompañan de los pertinentes subtítulos en castellano. Sin embargo, la calidad de sonido del doblaje español de la época es bastante deficiente. No trae ningún extra. En la autoría del DVD, por otra parte, se detecta un fallo: a partir del capítulo 6, o lo que es lo mismo, del minuto 54 aproximadamente, si se intenta cambiar de capítulo o avanzar o retroceder rápido, la pista salta y volvemos a ese capítulo (a veces a otro posterior, pero no al indicado), por lo que es imposible ir directamente a ningún punto de la película a partir del citado código de tiempo. En cualquier caso en modo reproducción no da ningún error.

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Por lo demás, la presentación del Dvd a nivel formal sigue los estándares de la colección “CinemaGiallo” de Regia Films a la que pertenece: estuche amaray transparente para una carátula reversible ilustrada por diferentes carteles originales del estreno del film en distintos países virados a amarillo y rojo.

Nacho Carrero

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[i] Darío Argento había trabajado a las órdenes de Lenzi como guionista del film bélico La brigada de los condenados / La legione dei dannati (1969).

[ii] Siete orquídeas manchadas de rojo supuso el primer paso de Lenzi del terror psicológico hacia el físico. Recordemos que ese mismo año rodaría El país del sexo salvaje (Il paese del sesso selvaggio, 1972), que dio el pistoletazo de salida a las exploitations de caníbales, género al que más adelante aportaría burradas como Caníbal feroz (Cannibal Ferox, 1981).

[iii] Escrito por Roberto Gianviti y el propio Lenzi, parece ser que está basado en la novela de Edgar Wallace The Puzzle of the Silver Half Moons. Así se publicitó en Alemania, dónde se añadió el crédito e incluso una voz en off al principio de la película a modo de presentación a cargo del propio Wallace (una representación de él, se entiende…). Nos encontramos de este modo con la última adaptación del autor por parte de los estudios Rialto (no olvidemos que el film es una coproducción entre Alemania e Italia), que tantas habían producido, aunque Siete orquídeas manchadas de rojo “tiene mucho más de giallo que de krimi” (Craig Ledbetter en su European Trash Cinema dedicado al giallo). Otras fuentes afirman que la película se basa en la novela Rendez-vous in Black, del escritor americano Cornell Woolrich, o incluso en ambas. Ninguna de las dos novelas está acreditada en la versión original italiana de la película.

[iv] Entrevista realizada para Spaghetti Nightmares, de Luca M. Palmerini y Gaetano Mistretta, Fantasma Books.

[v] Respecto del mismo hay muchas opiniones negativas. No estoy de acuerdo; a mí me parece correcto. En todo caso un poco precipitado, pero es lógico, ya que es casi otra convención del género que una vez desvelada la identidad del asesino, el juego ha terminado, y lo mejor es acabar cuanto antes. Al respecto citar las palabras de Roberto Alcover Oti para su crítica de la película que nos ocupa en el dossier dedicado al giallo del número 412 de la revista DirigidoPor… “La resolución final, el descubrimiento del asesino y de sus motivaciones es a menudo prosaica, siempre por debajo de unas expectativas generadas por la truculencia y creatividad de los crímenes”.

[vi] Excelente actriz de peculiar físico vista en Fellini 8 ½ (8 ½, Federico Fellini, 1963) y que el aficionado al giallo reconocerá también de otros míticos títulos como La tarántula del vientre negro (La tarantola dal ventre nero, Paolo Cavara, 1971) o El día negro (Giornata nera per l’ariete, Luigi Bazzoni 1971).

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FICHA TÉCNICA

Título original: Sette orchidee macchiate di rosso / Das Rätsel des silbernen Halbmonds

Año: 1972 (Italia, República Federal Alemana)

Director: Umberto Lenzi

Productor: Lamberto Palmieri

Guionistas: Roberto Gianviti, Umberto Lenzi, Paul Hengge [solo acreditado en la versión alemana], sobre una historia de Umberto Lenzi

Fotografía: Angelo Lotti

Música: Riz Ortolani

Intérpretes: Antonio Sabato (Mario), Uschi Glas (Giulia), Pier Paolo Capponi (Inspector Vismara), Rossella Falk (Elena Marchi), Marina Malfatti (Kathy Adams), Renato Romano (Sacerdote), Claudio Gora (Raffaele Ferri), Gabriella Giorgelli (Inez Tamborini), Aldo Barberito (Teniente Palumbo), Bruno Corazzari (Barrett), Franco Fantasia (Teniente Renzi), Petra Schürmann (Concetta di Rosa), Ivano Davoli (Palmieri), Linda Sini (Wanda), Nello Pazzafini (Raoul), Carla Mancini, Enzo Andronico, Fulvio Mingozzi, Nestore Cavaricci, Marisa Mell…

Sinopsis: Tres mujeres son brutalmente asesinadas consecutivamente por una misteriosa figura que deja sobre sus víctimas un colgante en forma de media luna. Una cuarta mujer, Giulia, es acechada por el asesino, que finalmente la ataca en un tren cuando disfruta de su luna de miel. Giulia sobrevive, pero la policía orquesta un falso funeral con la esperanza de atrapar al culpable, aconsejándola que permanezca oculta para así evitar otro posible ataque. Mientras el departamento policial investiga, Giulia y su marido, Mario, tratarán de dar con el homicida por su cuenta.

*Todas las imágenes de la película que ilustran este artículo pertenecen a capturas de la edición comentada.

Published in: on noviembre 17, 2015 at 6:39 am  Comments (1)  
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  1. La película está basada, sin lugar alguno a la duda, en esa obra citada de Cornell Woolrich. Así lo hizo saber Lenzi en su día en una entrevista. Un salís y magnífico blog. Suerte!


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