Entrevista a Tom Savini

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Rick Baker no fue el único nombre mítico del campo de los efectos especiales que visitó la pasada edición del Festival de Sitges. Un lustro después de que el certamen le homenajeara haciéndole entrega como reconocimiento a toda su carrera del premio honorífico “Máquina del Temps”, Tom Savini regresó a la población barcelonesa. Lo hizo para acompañar la presentación de Smoke and Mirrors: the Story of Tom Savini, un documental biográfico que recorre tanto su impresionante trayectoria profesional como su faceta más humana y familiar.

Programado dentro de la sección “Panorama Documenta”, tras el primer pase de Smoke and Mirrors: the Story of Tom Savini el responsable de los efectos y maquillajes de títulos tan emblemáticos y trascendentales en el devenir del cine de terror del último cuarto del siglo XX como Zombi, Creepshow, Maniac, Viernes 13, La matanza de Texas 2 o El día de los muertos, entre muchos otros, se sometería a las preguntas de los asistentes, dentro del atractivo nuevo formato que ha propulsado este año el certamen catalán de cara a hacer más interactivas las proyecciones. Poco antes de que eso ocurriera, los medios acreditados disfrutaríamos la oportunidad de poder entrevistar de forma personalizada a esta institución del cine fantástico moderno.

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Regresa a Sitges para presentar el documental biográfico Smoke and Mirrors: the Story of Tom Savini. Este y otros reconocimientos vienen a recalcar el elevado estatus que detenta para los aficionados al cine fantástico. ¿Se considera usted mismo una leyenda del género?

No, no me considero una leyenda. Siempre me sorprende cuando alguien dice esto, porque yo tengo mis propias leyendas: Dick Smith y Rick Baker, entre otros. Pero sin duda me hace muy feliz que me lo digan.

¿Qué le empujó a dedicarse al mundo del cine en general y al de los efectos especiales en particular?

Todo empezó por la película El hombre de las mil caras (Man of a Thousand Faces, Joseph Pevney, 1957), en la que se narra la historia de Lon Chaney. Viendo esta película me di cuenta de que alguien podía ser capaz de crear monstruos, así que decidí convertirme en uno de esos hombres. Antes de eso pensaba que los monstruos eran reales, pero al ver esa película la magia se desvaneció por completo: desapareció la absoluta certeza que tenía hasta entonces de que esas criaturas eran reales. Lo bueno es que, de repente, otro tipo de magia apareció en mi vida: la revelación de que, realmente, podía crear monstruos por mí mismo.

Su carrera está íntimamente relacionada con la de George A. Romero, con el que ha colaborado en muchas de sus películas…

Sí, creo que hemos hecho nueve películas juntos. Nos conocimos cuando yo estaba en el instituto. Él vino de visita a mi escuela buscando a un chico y a una chica para actuar y me escogió a mí. Después hicimos Martin y Zombi… Vivíamos en Pittsburg, muy cerca el uno del otro, así que lo teníamos muy fácil para ir a cenar, a una fiesta, o a la hora de rodar una película juntos. Él te dejaba improvisar y no se ceñía al guion. En Zombi, por ejemplo, había muy pocos efectos, así que contribuí e inventamos el 80% de los que se ven en la película. Incluso como actor siempre te deja improvisar: aunque tengas unos diálogos marcados en el guion te permite que los digas de la forma que a ti te resulte más cómoda. Curiosamente, mi participación como actor en Zombi ni siquiera estaba reflejada en el libreto; simplemente decidimos entre los dos que me vistiera de motero y apareciese en la película. Incluso, con el paso de los días, mi personaje fue teniendo cada vez más y más relevancia dentro de la trama. Aparte de todo esto, con George te puedes divertir tanto como con el que más: es un amigo para mí.

Ya que menciona esta película, los zombis que creó para la originalmente titulada Dawn of the Dead han marcado el canon a seguir en la representación de los muertos vivientes hasta nuestros días. ¿Le molesta el que otra gente haya imitado su trabajo o, por el contrario, se siente orgulloso de ello?

No, no me molesta. Por ejemplo, en The Walking Dead están constantemente copiando cosas que hicimos en Zombi. Te puedo dar multitud de ejemplos al respecto, como el machete en la cabeza o la niña con la muñeca, que está tomada de La noche de los muertos vivientes. Pero no me molesta, me lo tomo como un cumplido. Siempre he pensado que me gustaría volver a hacer Zombi porque antes que ella estaba La noche de los muertos vivientes, que era una película en blanco y negro y en donde lo único que hicieron para crear a los zombis fue dotarlos de una tonalidad gris: les pusieron maquillaje gris y ya está. Y aunque luego no se viera en pantalla, la luz que usaron en el rodaje los hacía parecer azules o verdes, ¡era terrible! En El día de los muertos fue la primera vez que hicimos zombis completamente disparejos. Había diferentes colores para las distintas etnias y nacionalidades. Todo lo que hicimos en Zombi fue con maquillaje gris, y así apenas se podía distinguir quién era humano y quién zombi. Hoy en día, la diferencia entre humanos y zombis es extrema. Los dientes, los esqueletos… Son más esqueléticos. Ha habido una clara evolución en las técnicas de maquillaje, pero me temo que en el momento en que hicimos Zombi no estaba tan claro quién era un muerto viviente y quién no.

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Sus efectos suelen ser muy gráficos y sangrientos. ¿Le marcaban algún tipo de pautas en cuanto a los límites que no se podían traspasar de cara a no tener problemas de censura?

Creo recordar que nunca he sufrido ningún tipo de censura. Con Zombi recomendaron que nadie por debajo de los diecisiete años fuera a ver la película pero, aparte de eso, creo que nunca he tenido mayores problemas de censura con ninguna de mis creaciones. Fui fotógrafo de guerra en Vietnam y vi cosas horribles, muchos cadáveres y mucha sangre, y la gente cree que mi interés en los efectos especiales nace de ahí, pero, como ya he dicho antes, mi interés viene de cuando tenía once años y visioné la película sobre Chaney. Cuando llegué a Vietnam fui testigo de la realidad de primera mano y cuando hago efectos especiales me remito a lo que viví allí: de ahí supongo que viene mi reputación de realista, porque siempre intento hacer las cosas correctamente desde un punto de vista anatómico, basándome en todo momento en lo que vi durante el combate. Pero creo que nadie jamás ha acudido a mí quejándose porque lo que hago sea “demasiado realista”. Siempre intentamos hacer las cosas de la manera más realista posible y así poder comprobar los rostros de terror en la audiencia. Eso es lo que me emociona realmente… No ver la película, sino la reacción del público: ver su evolución hasta que sufren un ataque al corazón (risas).

Pero, ya te digo, nunca me han censurado, que yo recuerde. Bueno, sí. En mi remake de La noche de los muertos vivientes teníamos material realmente gráfico: cabezas explotando, sangre por todos lados… La MPAA (Motion Picture Association of America) quería que cortara esas escenas y que rodara una versión en la que no mostrara nada de eso, donde las cabezas explotando no apareciesen. Pero no podía permitir que una película que llevaba el título de La noche de los muertos vivientes y en la que constaba mi nombre y el de George A. Romero fuera cortada de esa manera. La gente estaba esperando un auténtico baño de sangre y de ningún modo podía defraudarles. Estuve presente cuando montaron la película en Los Ángeles y luché para que se viera lo máximo posible de ese material. Por ejemplo, para poder sortear a la MPAA por la escena final de Taxi Driver, Martin Scorsese tuvo que cambiar el color de la sangre, pero sin embargo los efectos gore siguen ahí. En el caso de La noche de los muertos vivientes mi pretensión era que viéramos íntegramente todos esos horribles efectos pero, y aparte de esto que comento, no creo que haya sufrido muchos más encontronazos con la censura.

Por contaros otra experiencia que tuve con los censores, en Viernes 13, parte 4, el director Joseph Zito me pidió que exagerara hasta el máximo el tono de los efectos gore, que no me preocupara en resultar exagerado: cuando la junta de censura vio el film terminado obviamente les pareció demasiado sangrienta, así que, y a pesar de que luego la cortamos accediendo a sus exigencias, aún acabó resultando igualmente una película bastante violenta. Creo que en ese caso en concreto fuimos más listos que ellos.

Durante su reciente estancia en Sitges, Rick Baker comentaba que uno de los motivos que le han llevado a abandonar la profesión ha sido la manera en que ha cambiado la forma de trabajar en la industria. ¿Cuál es su opinión a este respecto?

Entiendo perfectamente que Rick Baker esté enfadado, porque en El hombre lobo en vez de encomendarle a él el trabajo recurrieron al CGI para la transformación. También está el caso de Steve Johnson en el Hulk de Ang Lee: se gastó un millón de dólares con el propósito de crear un espectacular Hulk mecánico para que luego le dijeran: “Hemos pensado que lo vamos a hacer con CGI”, por lo que todo ese trabajo se fue al garete… Ya no servía para nada. En la película Donde viven los monstruos Johnson creó un montón de marionetas animatrónicas y luego le ocurrió algo similar: también decidieron recrearlas por CGI. Creo que Rick Baker está cansado de lo que está ocurriendo. Pero estoy convencido de que volvería a trabajar si le ofrecieran hacer una película de hombres lobo a la antigua usanza. Es un artista. No creo que le importe demasiado el dinero, pero sí tiene esa necesidad de crear monstruos.

Aparte de trabajar en efectos, también ha ocupado la silla de director en varias ocasiones. ¿Qué le llevó a dar este salto?

Bueno, yo siempre he dirigido, al menos en lo que respecta a los efectos especiales. Está estipulado en mi contrato, ya que algunos directores no están capacitados para hacerlo; simplemente no entienden la magia. Titulé a un par de libros que escribí explicando mis técnicas Grande Illusions, porque creo que lograr que un efecto funcione es comparable a realizar un buen truco de magia. Nuestro deber último es que los efectos funcionen en pantalla. Son como trucos de magia, y nosotros, como magos, somos los encargados de que nada falle y de que los espectadores crean que es real. Los magos, al igual que nosotros, también usan una serie de aparatos mecánicos para engañarte, para hacerte creer que lo que ves es verdad.

En lo referente a lo de dirigir, no fui yo quien lo decidió, sino George A. Romero. Él fue el que me pidió que trabajara en el remake de La noche de los muertos vivientes, así que lo primero que pensé fue: “Genial, voy a encargarme de los efectos de los zombis”. Y él me dijo: “No, no; quiero que dirijas la película”. Antes ya me había propuesto dirigir tres episodios de Cuentos desde la oscuridad, y supongo que basándose en mi trabajo en la serie decidió más tarde que debía hacerme cargo también del remake. Así que, como ves, la posibilidad de rodar mi primera película vino a mí de una forma absolutamente natural.

Además de esto que comento, ya había dirigido alguna que otra obra durante el tiempo que estuve en el ejército, cuando estaba destinado en Vietnam. Mi lema se podría resumir en que “cuanto más sepas hacer, más oportunidades de trabajo tendrás.” La gente me pregunta a veces “¿cómo puedo meter la cabeza en el negocio del cine?” y yo les respondo, “bueno, ¿qué sabes hacer?” Si tú eres fotógrafo, maquillador o actor (o las tres cosas a la vez, como pudiera ser mi caso), es obvio que será más fácil que las puertas del cine se te abran de par en par. En mi caso (y en Smoke and Mirrors: the Story of Tom Savini se puede ver esto que digo), desde que era pequeño he hecho todo tipo de trabajos, que es algo que supongo que me viene de familia, ya que mi padre sabía hacer de todo: fue carpintero, fontanero, zapatero, electricista… La clave como digo es saber hacer muchas cosas y además hacerlas todas bien, por supuesto. Por ejemplo, yo empecé en el cine cuando no era más que un simple fotógrafo, pero aún así logré abrirme camino. Así que eso es lo que siempre digo: “Cuantas más cosas sepas hacer, más trabajo tendrás”; además, es la primera frase del libro que escribí, y básicamente significa que si quieres entrar en el negocio tienes que saber hacer muchas cosas y hacerlas bien, porque alguna de ellas seguro que te permitirá entrar.

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De sus incursiones como director, la más famosa es, sin duda, su comentado remake de La noche de los muertos vivientes. El que en el desenlace cambiara al personaje de color del original por una mujer ¿fue una manera de reflejar la opresión del sexo femenino en contraste con la denuncia de la segregación racial que algunos autores han querido ver en la película de Romero?

No, mi único pensamiento era que los actores tuvieran un look similar al de los personajes de la película original, excepto en el caso de Barbara, que la cambié respecto a cómo era en 1968, porque en la época en que rodé mi versión ya era habitual que hubiera mujeres protagonistas fuertes: Aliens ya se había estrenado, habían aparecido heroínas como Sigourney Weaver. El final del remake iba a ser en principio igual que el del original, pero de pronto se me ocurrió, ¿por qué Barbara no vuelve y ayuda a esta gente? Entonces George me dijo que estaba muerta, pero le respondí que nadie había visto cómo moría, así que podíamos hacerla volver tranquilamente y de esta manera tener al final a nuestra heroína femenina.

En todo caso, a finales de los sesenta George no tenía intención de hacer referencia alguna a la segregación racial: él simplemente escogió al mejor actor y éste resultó ser negro. En aquella época el tema racial estaba aún a flor de piel, por lo que es normal que se establezca esa conexión. Aun así, creo que todas las películas que hace George consiguen de algún modo reflejar la época en las que fueron filmadas, aunque sea de una manera inconsciente. En El diario de los muertos, por ejemplo, me sorprendió mucho que George supiera tanto de móviles y videojuegos, así como la manera en que los incorporó a la historia. Creo que siempre hace eso, incorporar los temas de la realidad del momento a su obra, y creo que es por ese motivo por el que todo el mundo ama sus películas.

Siguiendo con su labor como realizador, entre sus próximos proyectos se encuentra el dirigir un remake de la coproducción hispano-mexicano-italiana La invasión de los zombis atómicos. ¿En qué fase se encuentra el proyecto en estos momentos y qué es lo que le llamaba la atención del film de Umberto Lenzi para querer revisionarlo?

En realidad, es un proyecto que me ha ofrecido un productor alemán con vistas para que lo dirigiera. Actualmente se encuentra en fase de pre-producción. De hecho, aún se está buscando financiación para poder levantar la película.

No obstante, por encima de la dirección o los efectos especiales, en los últimos años ha venido potenciando mucho su faceta como intérprete. ¿A qué ha respondido esta reorientación de su carrera? ¿Tiene algo que ver con el que de un tiempo a esta parte haya decrecido su labor como técnico de efectos especiales?

La razón principal es que cuando trabajo como técnico de efectos en una película siempre trato que me den también algún personaje para interpretar, por muy pequeño que sea. Ya que tengo cierto renombre en el campo de los efectos especiales de maquillaje, casi siempre me conceden el capricho, y me dejan interpretar algún papel aunque, como ya digo, sea mínimo la mayoría de las veces. Mi trabajo como maquillador supone estar constantemente en contacto con los actores, así que creo que son dos facetas que van más unidas de lo que se pudiera pensar en un principio: por lo tanto, cuando me pongo delante de una cámara como actor puedo de alguna manera recurrir a mi experiencia en el campo de los efectos especiales. Aparte de todo lo dicho, intento actuar siempre que puedo por el simple hecho de que me resulta muy divertido hacerlo.

José Luis Salvador Estébenez

Traducción: Juan Pedro Rodríguez Lazo & José Manuel Romero Moreno

Fotografías: Juan Pedro Rodríguez Lazo

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