Noche silenciosa, noche sangrienta

La salida al mercado el pasado mes de noviembre por parte de Tyrannosaurus de la novelización de Noche silenciosa, noche sangrienta, supone una inmejorable excusa para acercarnos a esta oscura película, la cual, y aunque con el paso de los años ha logrado crearse una pequeña legión de admiradores en torno suyo en medio mundo, aún continúa inédita en nuestro país en DVD.

Tras la publicación, en mayo del 2015, de La noche de los muertos vivientes en forma de novela, la barcelonesa Tyrannosaurus Books nos sorprendía hace apenas unos meses con la puesta a la venta de la novelización de otro film de culto, Noche silenciosa, noche sangrienta: y si bien la película dirigida por el ignoto Theodore Gershuny no llega a rozar siquiera el nivel de seguimiento de la obra maestra de Romero, sí que es merecedora en cambio, y por más de un motivo, de la, en ocasiones, aleatoria etiqueta de cult movie, como trataremos de explicar a continuación.

Como en el caso de la de La noche de los muertos vivientes esta adaptación viene firmada por Declan Sinnot y, también como era de esperar, el libro toma como guía (en ocasiones de manera demasiado literal), el tortuoso relato contenido en el film que toma como base; una modesta película estrenada con no demasiado éxito a comienzos de los setenta pero que se fue ganando con el tiempo cierto status entre los aficionados, sobre todo gracias a su condición de precursora de las cintas pertenecientes al subgénero slasher que se rodarían a partir de entonces y durante las siguientes décadas.

Producida por la Cannon pre-Golan & Globus, y por el Lloyd Kaufman anterior a la fundación de la Troma, Noche silenciosa, noche sangrienta fue filmada en las afueras de Nueva York por un reducido equipo proveniente de la escena underground de la ciudad. Dirigida por Theodore Gershuny y protagonizada por su entonces esposa Mary Woronov, actriz y modelo que antes de convertirse en una habitual de la escudería Corman (por títulos como La carrera de la muerte del año 2000 o Hollywood boulevard), había formado parte de la factory fundada por Warhol a comienzos de la década anterior, al igual que otros personajes asimismo presentes en esta película, como veremos más adelante.

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A la hora de llevar a buen puerto la filmación de La noche de la oscura luna llena (junto a Deathouse, otro de los títulos alternativos de la película), el director y su peculiar troupe lo hicieron valiéndose de un reducido presupuesto de apenas 300.000 dólares; los mismos con los que, por otra parte, contaría casi una década más tarde John Carpenter para acometer la realización de La noche de Halloween (Halloween, 1978), película con la que la de Gershuny comparte más de una similitud, además del aspecto económico.

Nos podemos encontrar de esta manera con coincidencias puntuales entre ambas como pudieran ser la fuga del asesino de una institución mental, o la ubicación temporal de la trama en el marco de una festividad típicamente americana; navidades, en un caso, la noche de brujas, en el otro. A todo ello habría que sumar el hecho de que parte de las andanzas del psychokiller nos sean mostradas desde su propio punto de vista, así como que el motivo que le impulsa a cometer sus crímenes tenga su origen en un suceso de naturaleza traumático-familiar que tuvo lugar en el pasado. Trágico acontecimiento éste que, como era de prever, irán pagando con sus vidas toda una serie de personajes relacionados con las diferentes instituciones (la alcaldía, la oficina del sheriff, el diario local…) del pequeño y, en apariencia, tranquilo pueblo de Willard.

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Esta retorcida historia de venganza, en la que todos y cada uno de los personajes implicados parecen tener un terrible secreto que ocultar, viene firmada por Jeffrey Konvitz, por aquella época un simple abogado que trabajaba en la Gran Manzana. Sin embargo, y apenas un par de años después del estreno de esta película, Konvitz lograría situarse en los primeros puestos de las listas de best-sellers gracias a su primera novela, la también terrorífica La centinela: relato éste con ecos de La semilla del diablo que contaría con una posterior, y excelente, adaptación cinematográfica por parte de Michael Winner, en la que, curiosamente, y al igual que esta Noche silenciosa, noche sangrienta, contaría en su reparto con la presencia de John Carradine.

En lo que respecta al guion del título que nos ocupa, resulta evidente en esta ocasión que es el Psicosis de Alfred Hitchcock el principal referente del que se sirve Konvitz a la hora de dar forma a su libreto. Y no sólo por su clara adhesión temática al american gothic, o a la preponderancia en ambas de una morada de ominosa presencia (el motel Bates y la mansión Butler, respectivamente), sino también por la desembozada invocación de ciertos resortes y trucos narrativos ya presentes en el clásico estelarizado por Anthony Perkins. Por ejemplo, y como justamente ocurría en el film de Hitchcock, aquí se nos hace creer que determinado personaje va a ser el principal protagonista de la historia, para poco tiempo después quitarlo de en medio de manera pretendidamente sorpresiva. Volviendo a La centinela, y puestos a buscar rasgos en común, resulta curioso comprobar el hecho de que ambos films escritos por Konvitz cuenten con el personaje de un padre que, debido a su amoral comportamiento, influye de manera tan negativa en la estabilidad mental de su hija que la conduce inevitablemente a la locura… aunque en diferentes grados en ambos casos, eso sí.

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En lo referente a su ritmo narrativo, y aun contando con la baza de un impactante comienzo, por desgracia su devenir posterior acaba resultando algo monótono, como por otra parte lo es el de la inmensa mayorías de films adscritos a este subgénero. A pesar de todo es de justicia reconocer que en casi ningún momento se termina por perder el interés por aquello que se nos muestra en pantalla. En realidad, el mayor problema de la película lo podríamos encontrar en el hecho de que, y con la posible excepción del encarnado por Mary Woronov, todos los personajes muestran ya desde el principio un comportamiento tan excesivamente mezquino que, como espectadores, no nos llega a importar demasiado en realidad si éstos finalmente viven o mueren.

Así las cosas, y entre la curiosa galería de especímenes que desfilan por su metraje, cabría destacar el incorporado por Patrick O’Neal, protagonista unos años antes de La carta del Kremlin, de John Huston, y presente asimismo en ejemplares del género tan distintos como La cámara de los horrores o The Stuff (Innatural): en el caso de Noche silenciosa, noche sangrienta O’Neal interpreta a un abogado de mediana edad llegado a Willard con el propósito de ejercer de intermediario en la venta de la mansión, a la vez que aprovechará tal circunstancia (además de para sacar tajada económica), para mantener un affaire extramarital con su mucho más joven secretaria.

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Resulta inevitable asimismo no mencionar al ubicuo y antes citado John Carradine; visto lo visto, ninguna película de terror era lo suficientemente modesta, ni ningún papel lo bastante insignificante, como para no contar en ella con el concurso del ya veterano actor. En esta ocasión el patriarca de los Carradine interpreta al pintoresco y mudo editor del periódico local, el cual, y dada su condición, se comunica con el resto de personajes exclusivamente a través de un timbre.

Retomando nuevamente a su historia, seguramente la algo rutinaria evolución de los acontecimientos ayude por otra parte a que la lectura del diario de Simon Butler (punto clave en la resolución de la trama), resulte aún más impactante si cabe. Este descubrimiento nos es mostrado a través de un inquietante flashback, radicalmente alejado del estilo visual del resto de la película, más cercano al “arte y ensayo” – e incluso al surrealismo –  antes que al goticismo reinante en la mayor parte de la cinta. Además, y no creemos que responda a la casualidad, en esta suerte de enloquecida performance participan también algunos de los componentes de la antes mencionada factory de Warhol, como pudieran ser los casos de Ondine, el travesti Candy Darling, o el actor, y también director de Flaming Creatures o Thundercrack!, Jack Smith.

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A pesar de este altamente perturbador clímax final, si a día de hoy Noche silenciosa, noche sangrienta figura en los libros de la historia del género es principalmente por establecer las bases fundamentales, junto a la posterior y bastante superior Navidades negras, de lo que un tiempo más tarde se conocería como slasher, modalidad ésta que contaría entre sus más célebres exponentes con títulos tan legendarios y sobreexplotados como La matanza de Texas, Viernes 13 o la ya citada La noche de Halloween.

Tras permanecer oculta más de una década, este protoslasher disfrutaría de una segunda vida con el pase que el programa televisivo Elvira’s Movie Macabre le dedicara a mediados de los 80, para pasar más tarde a ser una obra de dominio público y, por lo tanto, libre de derechos para cualquiera que quisiera comercializarla en formato doméstico a partir de entonces. Esta característica, sumada al hecho de que el culto en torno a ella no ha hecho más que crecer a lo largo de los años, ha propiciado que recientemente se rodaran un par de secuelas oficiosas, Silent Night, Bloody Night: The Homecoming (2013), y Silent night, Bloody Night 2: Revival (2015), sin ningún tipo de relación o continuidad entre ambas.

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En cuanto a la novela editada ahora por Tyrannosaurus, si ésta cuenta con algún mérito es principalmente no representar una mera extensión de la historia narrada en la película del 72. El texto de Declan Sinnot cuenta de esta manera con una entidad propia, por mucho que se atenga (de forma demasiado taquigráfica en ocasiones), tanto a los diálogos que los diferentes personajes mantienen entre sí como a las descripciones físicas de los actores que encarnan a los mismos.

En cualquier caso, la novela se revela necesariamente menos sutil que el film en la que se basa, sobre todo a la hora de lograr mantener ocultos todos los secretos que de forma progresiva se nos van desvelando en la película: esto ocurre desde el preciso momento en el que el autor decide desvelar más temprano las motivaciones del asesino, otorgándole así al mismo tiempo un mayor protagonismo del que goza en la cinta de Gershuny, en la cual permanece oculto durante la mayor parte del metraje.

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Por otro lado, lo más satisfactorio de enfrentarse a una obra de tan singular gestación es que esta novelización de Noche silenciosa, noche sangrienta no engaña absolutamente a nadie ni tampoco pretende ser nunca más de lo que es, no ocultándose así en momento alguno su asumida condición de producto derivativo… y hasta bastardo.

De este modo, su autor se muestra tan efectista como eficaz, tan descriptivo como desvergonzadamente sangriento y sensacionalista, potenciando así hasta sus últimas consecuencias todos aquellos elementos que eran tan sólo sugeridos en la película… sobre todo en lo concerniente al sexo y a la violencia. Por poner un ejemplo, Sinnot consagra nada menos que un capítulo entero a la hora de describirnos (con todo lujo de detalles, por supuesto) los dos primeros crímenes, cuando en cambio en el film, y aun conservando todo su impacto y crudeza, estas muertes en concreto se resuelven en apenas unos segundos.

En resumidas cuentas, y tanto si se conoce la película que toma como modelo como si no, la lectura de esta novela – presentada además en un tan entrañable como manejable formato bolsilibro –  resulta satisfactoria al 100% y, por lo tanto, recomendable en igual medida.

José Manuel Romero Moreno

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FICHAS TÉCNICAS

EL LIBRO

Título: Noche silenciosa, noche sangrienta

Autor: Declan Sinnot

Editorial: Tyrannosaurus Books

Datos técnicos: 170 páginas (noviembre, 2015)

Sinopsis: Un cuerpo carbonizado aparece sobre la nieve del jardín de la casa Butler. Veintidós años después llegará al pequeño pueblo de Willard un abogado con la orden, por parte del nieto de Butler, de vender la casa. Una venta que reabrirá viejas heridas del pasado en las fuerzas vivas de la comunidad y desvelará un terrible y oscuro secreto.

LA PELÍCULA

Título original: Silent Night, Bloody Night

Año: 1972 (Estados Unidos)

Director: Theodore Gershuny

Guionistas: Theodore Gershuny, Ira Teller y Jeffrey Konvitz

Fotografía: Adam Giffard

Interprétes: Patrick O’Neal, James Patterson, Mary Woronov, Astrid Heeren, John Carradine, Walter Abel, Fran Stevens…

Sinopsis: Al convertirse en el único heredero de la antigua mansión familiar, Jeffrey Butler visita el lugar para proceder a su venta, pero ahora alguien ha vuelto para vengarse y los posibles compradores están siendo asesinados. Mientras Jeffrey, que irá descubriendo su pasado, se unirá a Diane Adams, la hija del alcalde, para tratar de descubrir el misterio.

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