Entrevista a Gonzalo López-Gallego sobre su nueva película “The Hollow Point”

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La vigésimo segunda edición del Fant echaba a andar el pasado viernes 6 de mayo con una gala de inauguración que tuvo como plato fuerte la proyección de
The Hollow Point, la tercera película con producción estadounidense dirigida por Gonzalo López-Gallego en lo que supuso su première a nivel europeo y prácticamente mundial, a decir de las declaraciones de su responsable durante la presentación previa a su pase en el festival bilbaíno. Tras Apollo 18 y Open Grave, el cineasta madrileño abandona los componentes fantásticos para brindar un nihilista thriller fronterizo de poderosas interpretaciones y diálogos afilados, poblado por personajes situados en el límite, tanto moral como geográfico. Un proyecto, en suma, que por potencial y resultados reúne todos los requisitos necesarios para consagrar definitivamente a López-Gallego en la Meca del Cine, a poco que le acompañe la suerte que por calidad merece.

Ian McShane y Patrick Wilson en un instante de "The Hollow Point".

Ian McShane y Patrick Wilson en un instante de “The Hollow Point”.

Durante la presentación de Open Grave en el Festival de Sitges del 2013 ya anunciaste que tu siguiente proyecto iba a ser lo que ha terminado por convertirse en The Hollow Point. ¿Cómo ha sido el proceso de gestación a lo largo de estos casi dos años y medio?

Ha sido un periodo de gestación largo. No sé si también cuando estuve en Sitges comenté que en ese momento teníamos como protagonista a Timothy Olyphant, a quien después perdimos al preferir hacer otras cosas. Desde su salida hasta que apareció Patrick Wilson para hacer el personaje principal pasó un tiempo. Lo bueno es que todo ese periodo me permitió trabajar mucho la puesta en escena y la planificación de la película, de tal forma que cuando comenzó el rodaje llevaba los deberes hechos y tenía una idea muy clara de lo que quería hacer, lo que dados los pocos días de los que disponíamos me facilitó mucho las cosas.

No obstante, a comienzos de 2014 se anunció que tu próxima película llevaría por título Sanctuary y narraría la historia de un pueblo sudamericano que desaparece de forma misteriosa. ¿Qué pasó con este proyecto?

Muchas veces se anuncian películas un poco rápido, que pasado el tiempo no llegan a materializarse. En este caso concreto lo que ocurrió es que se pidieron cambios de escritura al guionista y, como suele pasar en el cine independiente, los productores no querían pagarle por este trabajo extra. Así que el guionista dijo que no hacía esos cambios y la cosa se quedó ahí. Pero era un proyecto muy interesante, por más que fuera cierto que necesitaban hacerse cambios de escritura.

The Hollow Point transcurre en la frontera entre los Estados Unidos y México, lo que de algún modo conecta con tu tendencia por desarrollar tus historias en lugares aislados y hostiles, en un rasgo que se viene repitiendo en tu filmografía desde El rey de la montaña

Puede ser, aunque a decir verdad ninguna de las películas en las que se da esta circunstancia las he escrito yo, como sí ocurre en Nómadas o Sobre el arco iris, que eran más trabajos de autor o más personales, por decirlo de algún modo. Y aunque en El rey de la montaña trabajé en el libreto, este partía de un guion original de Javier Gullón. Pero sí que sé que me gustan las tramas sencillas en las que pueda centrarme en pocos personajes y enfrentarles a los rigores de la naturaleza, del frío, del calor, del dolor… Me gusta ver reflejados estos elementos de una forma realista y en eso también juega un papel importante la situación de aislamiento.

La frontera entre los Estados Unidos y México ha sido profusamente utilizada como marco de acción dentro del cine contemporáneo. ¿Has tenido algún film como referente a la hora de plasmar tu visión de este espacio geográfico?

Quería apartarme de referencias e intentar dejarme llevar por lo bien escrito que estaba el guion y los personajes, y hacer una planificación exhaustiva, como te he dicho antes. Mi objetivo era ser muy quirúrgico y contar exactamente lo que tenía en la cabeza, de tal forma que cada plano te llevara al siguiente de una forma orgánica y bien hilada, enfrentándome a cada secuencia con la intención de ofrecer lo que a mi entender era la información básica o más importante y, en función de eso, hacer el tratamiento del trabajo de cámara.

López Gallego durante la rueda de prensa de "The Hollow Paint" en el Fant, acompañado de Iñaki López de Aguileta, director de Cultura del Ayuntamiento de Bilbao.

López Gallego durante la rueda de prensa de “The Hollow Paint” en el Fant, acompañado de Iñaki López de Aguileta, director de Cultura del Ayuntamiento de Bilbao.

En esta ocasión has contado con un atractivo reparto encabezado por Patrick Wilson, Ian McShine, John Leguizamo, James Belushi o Lynn Collins. ¿El contar con actores de este calibre te ha supuesto una mayor presión?

Claro que tienes esa sensación de ser un fan, por ejemplo, de McShane, y de pronto verte trabajando con él, pero como es encantador y una persona maravillosa que lo pone todo muy fácil… Así que, bueno, al principio un poco de mini estrés sí que pude tener, porque cada actor es distinto, tiene experiencias disímiles, y formas de enfrentarse a los personajes diferentes, lo que te obliga a reaccionar lo más rápido posible para saber cómo vas a resolver el trabajo concreto con cada uno de ellos. Pero una vez que empezó el rodaje se pasó. Además, todo el mundo que participó en la película entró con muchas ganas. El guion era muy potente, se leía muy bien, y los diálogos en inglés son muy finos, con muchos dobles sentidos, mucha ironía y un sentido del humor muy socarrón, lo que hacía que los actores estuvieran muy motivados.

En vista del reparto reunido, ¿es The Hollow Point tu película más ambiciosa hasta la fecha, aunque solo sea en términos productivos?

No lo sé. Sí que puede ser la película que ahora mismo siento más afín con el tipo de cine que me gusta ver y en el que pienso que puedo darle ese peso que me gusta a los actores. Tiene acción, tiene violencia, pero aparte de todo eso hay unos personajes a los que puedo dedicar tiempo.

Eso te iba a decir. Al igual que en tus anteriores películas, las relaciones que se establecen entre los diferentes personajes vuelven a tener un peso importante en el desarrollo de la trama. ¿Puede decirse que te sientes más interesado por el desarrollo de los personajes y sus relaciones que por las historias en las que habitan?

Por supuesto que si tienes una historia estupenda la película se va a contar sola. Pero si por alguna razón esa historia no es tan estupenda, sí que creo que rascando y rascando en los personajes puedes descubrir cosas que luego afecten a la historia y la complementen; elementos muchas veces subjetivos y/o emocionales que al final afloran en la película de determinada forma.

Como tenía ganas e ilusión, en mi primera película, Nómadas, dediqué un tiempo larguísimo a desarrollar biografías completas de los personajes para conocerlos. Y eso se me ha quedado posteriormente como método de trabajo y en cada guion que llega me enfrento a los personajes de esa forma. Lo que pasa en The Hollow Point es que la primera vez que leí el guion de Nils Lyew me encontré con que ese trabajo estaba casi ya hecho. El guion parece como si hubiera sido la adaptación de un libro, y entonces al leerlo tienes la sensación de que esos personajes tienen una vida detrás. Así que a la hora de desarrollar las biografías de trabajo no tuve que inventarme nada; lo único que tuve que hacer fue charlar con Nils y hacerle una entrevista como la que me estás haciendo tú sobre cada personaje.

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Una vez más, además de dirigir te has encargado también del montaje. ¿Te resulta difícil juzgar tu propio trabajo desde un punto de vista externo?

Siempre es complicado. Considero que soy capaz de disociarme a la hora de montar la película y no pensar en lo que he hecho como director, pero supongo que en el fondo es imposible. En cualquier caso, lo que sí que es vital para mí es saber que voy a ser el montador a la hora de rodar la película, porque así voy montándola en la cabeza y sé lo que estoy contando, y si voy bien, sobre todo en películas independientes como las que estoy haciendo, en las que no sobra el dinero y hay que dedicarles mucho tiempo a mimar las cosas y a planificarlas muy bien. No vale eso de “ya veremos luego cómo lo montamos”. No. Y yo así sé exactamente si lo tenemos o no lo tenemos.

Eso no quiere decir que lo que yo tenga en la cabeza sea lo mejor. Luego te sientas, discutes y a lo mejor alguien te sugiere mejores opciones. Pero así por lo menos sé que tengo una opción para montar que funciona. En relación a esto, me he dado cuenta que en el trabajo con los productores he aprendido bastante a ser más montador que director, y a probar lo que me están proponiendo y ver qué pasa. A no ser que lleguemos a un punto en el que lo que me estén proponiendo sea demasiado descabellado, claro, y entonces tenga que salir a proteger la película. Y en el caso de The Hollow Point en general ha habido un buen trabajo colaborativo. Ha habido peleas, cierto, pero peleas sanas que han hecho que la película casi siempre haya ido a mejor.

En una industria tan supuestamente estricta y controladora como la hollywoodiense, ¿te resulta difícil que transijan con exigencias como que te encargues personalmente del montaje o te rodees de gente de tu entorno, como puede ser el caso de José David Montero, tu inseparable director de fotografía?

Depende de la película. En Apollo 18 pude llevarme a José David. Pero finalmente fue al único que pude, aunque tampoco supuso un problema. Por ejemplo, me pusieron como diseñador de sonido a Wylie Stateman que, además de ser una persona maravillosa, ha hecho el sonido de todas las películas de Tarantino y Oliver Stone. Es toda una eminencia en Hollywood, aprendí mucho con él y aún seguimos siendo amigos.

En cambio, si son películas independientes como las dos últimas, sí que encuentro una forma para poder trabajar con la gente que quiero. Además de por la comodidad, al permitirme poder montar y hacer el sonido aquí en España, la mejor tarjeta que tengo de convencer a los productores para ello es el trabajo que ha hecho la gente de la que me rodeo. Y el sonido que hace Daniel Urdiales o la música de Juan Navazo hablan por sí solas.

De tus películas americanas, Apollo 18 fue estrenada sin pena ni gloria en España, mientras que Open Grave aún permanece inédita comercialmente hablando. ¿Te afecta de algún modo no ser profeta en tu tierra?

Me sorprendía al principio. Sobre todo en el caso de Apollo 18, que fue una película que en los Estados Unidos se estrenó en cines con tres mil trescientas copias, y en Inglaterra y Francia también se distribuyó de forma masiva. Sin embargo, en España lo hizo de forma muy restringida, aunque también influyó que era el momento en el que la crisis estaba en su punto más álgido. Pero es una pregunta complicada. Lógicamente me encantaría que mis películas fueran más visibles en España, para que, entre otras cosas, pudieran verlas mi familia y amigos y no se las tuviera que poner yo en casa, pero llega un momento en que me da igual.

Y después de tres películas consecutivas producidas en los Estados Unidos, ¿te sientes ya totalmente integrado en aquella industria?

Para nada. No me siento integrado en ninguna industria.

Entonces, ¿entra en tus planes volver a rodar alguna película en un futuro en España?

Sí. Yo vivo en España y quiero rodar aquí películas que me gusten. El problema es que en España no te llegan guiones y, aunque a mí me gusta tener ideas para guiones, ni soy escritor ni tengo tiempo ello. Es más, considero que aporto más como director a un guion ya hecho que si hago mis propias historias, porque sé que en este caso me puede la ansiedad de rodar y no tengo la paciencia que requiere un guionista para dedicar el tiempo necesario para hacer un trabajo firme.

Si en España hubiera un mercado de guionistas que estuvieran bien pagados, una industria de guiones y guionistas en suma, podría rodar aquí. Pero no la hay, por lo que debo centrarme en los guiones que me envía mi agente desde los Estados Unidos. No obstante, ahora mismo estoy intentando hacer una película en España con un guion de Nacho Faerna muy personal y muy bonito que se llama American Star. Estamos viendo cómo sacarlo adelante y sería estupendo el poder hacerlo aquí.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on mayo 13, 2016 at 6:32 am  Dejar un comentario  
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