Necrológica de Bud Spencer

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“Mi padre ha muerto en paz a las 18:15 sin sufrir dolor alguno. En esos últimos momentos en los que ha tenido a toda su familia junto a él su última palabra ha sido “Gracias”. En tan emocionantes términos comunicaba el pasado día 28 el productor y guionista Giuseppe Pedersoli la muerte por causas naturales a la edad de 86 años de Carlo Pedersoli, más conocido para el mundo del cine por el sobrenombre de Bud Spencer.

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Remontándonos a los comienzos del actor, se podrían establecer si se quiere varias e inesperadas similitudes entre este napolitano nacido en 1929 y alguien en principio con tan poco en común como sería el también llorado Paul Naschy. A saber: ambos fueron deportistas de élite en su juventud (Spencer practicó la natación, Naschy la halterofilia), los dos trabajaron como extras gracias a su físico en sendas superproducciones americanas filmadas en sus países de origen (Rey de reyes en el caso del español, Quo vadis en el del italiano), y, por último, ambos tuvieron que cambiar su nombre cuando, a finales de los años 60, se encontraron con la oportunidad de protagonizar los filmes que harían despegar sus respectivas carreras.

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Curiosamente, y a pesar de ser yerno del productor Giuseppe Amato (en cuyos créditos se encuentran Ladrón de bicicletas o La dolce vita, nada menos), Spencer se mostró siempre reacio a hacer valer sus influencias familiares a la hora de entrar en el mundo del cine. Así las cosas, y unos seis años después de la muerte de su suegro, Pedersoli recibió la llamada del director Giuseppe Colizzi, que aún recordaba sus proezas en el campo de la natación, para que protagonice Dios perdona… yo no (Dio perdona… io no!, 1967), ya que para el personaje de Hutch Bessy precisa de alguien de sus imponentes y peculiares características físicas.

Anibal

Esta película supondría, además del primer papel de relevancia en la filmografía de Spencer, su primer western junto a Terence Hill (que en aquella ocasión interpretaba a un personaje llamado ¡Cat Stevens!), aunque ya habían coincidido en 1959 en el Aníbal codirigido por Carlo L. Bragaglia y Edgar G. Ulmer, por mucho que sus personajes no llegaran a encontrarse en ningún momento en pantalla.

Dado que Dios perdona… yo no supuso el mayor éxito de taquilla en Italia en 1967, Spencer fue de nuevo reclutado para intentar repetir el logro (también en compañía de Hill y de nuevo con Colizzi tras las cámaras), en Los cuatro truhanes (I quattro dell’Ave María), suerte de secuela con los mismos personajes que la anterior y que volvió a dar en la diana, ya que se convirtió en el segundo western más visto en 1968 en Italia, tras nada menos que el Hasta que llegó su hora de Sergio Leone.

La Colina de Las Botas

La improvisada trilogía se daría por concluida un año más tarde con La colina de las botas (La colina degli stivalli), film que aunque no gozara de tanto éxito como los anteriores, pero que sirvió para confirmar a un Bud Spencer ya cercano a la cuarentena de edad como una de las presencias ineludibles en los westerns que se rodaban en Europa a finales de la década y ya en plena decadencia del género.

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Así las cosas después de Dios perdona… yo no, Bud colaboraría en tres westerns ya sin la compañía de Hill, Ojo por ojo (Oggi a me… domani a te!, 1968), Más allá de la ley, película protagonizada por Lee Van Cleef en la que Spencer aparece sin su característica barba, y Un ejército de 5 hombres (Un esercito di 5 uomini, 1969), film con guión de Dario Argento, el cual un par de años después le daría la oportunidad de interpretar al personaje del amigo del protagonista en una de sus giallos menos vistos, Cuatro moscas sobre terciopelo gris (4 mosche di velluto grigio, 1971).

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Tras contar con un rol secundario en la bélica Y Dios está con nosotros (protagonizada por Franco Nero) la pareja Spencer-Hill se volvería a encontrar en 1970 en Le llamaban Trinidad, film que haría historia dentro del cine de género del continente por más de un motivo: su director y guionista, Enzo Barboni había intentado ya poner en pie el proyecto en 1966 durante el rodaje de Adiós, Texas, en la cual ejercía de director de fotografía, dándole a leer el guión a su protagonista, el anteriormente citado Franco Nero, pero al no mostrar éste interés el libreto quedó guardado en un cajón a la espera de un panorama más favorable para este acercamiento cómico al spaguetti.

Le Seguían Llamando...

Fue sólo después de dirigir su primera película, el también western La puerta del infierno, cuando a Barboni se le permitió hacerse cargo de su acariciado proyecto. Le llamaban Trinidad iba a estar protagonizada en un principio por Peter Martell (Dos hombres van a morir) y George Eastman (Django el taciturno), ambos ya presentes, por cierto, en la ópera prima de Barboni, pero finalmente los papeles protagonistas de Trinidad y Bambino acabaron recayendo en Terence Hill y Bud Spencer, a los cuales el director ya conocía al haber trabajado como operador de cámara en Un ejército de 5 hombres y El clan de los ahorcados, respectivamente.

El resto, como suele decirse, es historia. La mezcla de western a la Leone con un humor deudor del cine mudo y de los cartoons de la Warner supuso un tan enorme como inesperado éxito en toda Europa, desde Alemania a España, donde se convirtió en el spaghetti más taquillero de la historia siendo sólo superado por La muerte tenía un precio. Por otra parte, y en su país de origen, la primera entrega del díptico de Trinidad ocupa a día de hoy el puesto veintidós de las películas que más han recaudado en el país transalpino, tan sólo una posición por detrás de otra obra maestra de Leone, El bueno, el feo y el malo.

Le Seguían Llamando #2

Aunque la mayoría de los historiadores culpen a Barboni de certificar con su enfoque bufo y desmitificador la defunción del género (por mucho que éste se encontrara ya agotado desde mucho antes), el estreno al año siguiente de Le seguían llamando Trinidad, supuso un éxito comercial aún más aplastante si cabe que el del original, representando el quinto título más taquillero de la historia del cine italiano, así como el spaguetti más exitoso de todos los estrenados hasta el momento.

Le Seguían Llamando Trinidad

De este modo, el segundo boom del subgénero dio como resultado el que una avalancha de títulos imitativos, por lo general de muy baja estofa, inundara los cines de barrio de media Europa intentando sacar provecho de esta recién inaugurada fiebre por el western cómico, con títulos como, entre otros muchos, …Y le llamaban el halcón, Les llamaban Aleluya y Sartana, Trinidad y Sartana, dos angelitos, Jesse & Lester – Due fratelli in un posto chiamato Trinità (protagonizada por Richard Harrison), Les llamaban y les llaman dos sinvergüenzas (protagonizada por George Eastman), Los fabulosos de Trinidad, dirigida por Ignacio F. Iquino o Le llamaban Calamidad, de Alfonso Balcázar, todas ellas de 1972. Por otro lado, tan colosal fue el éxito de la pareja que incluso contaron con sus propios clones, representados en las figuras del americano Paul L. Smith (Mil gritos tiene la noche) y el italiano Michael Coby (Supersonic man), que como sosias de Spencer y Hill protagonizarían los ya algo tardíos Nos llaman Carambola (1974) y Les llamaban los hermanos de Trinidad (1975).

En El Oeste Se Puede Hacer Amigo

Incluso los propios Hill y Spencer por separado tratarían de capitalizar el éxito de las dos películas de la saga encarnando a personajes prácticamente calcados a los de Trinidad y Bambino, en films como Y después le llamaron el magnífico (también dirigido por Barboni) y Mi nombre es ninguno, en el caso de Hill, o, en el de Spencer, En el oeste se puede hacer…amigo, estomagante spaghetti familiar con niño escrito por nuestro Rafael Azcona.

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La pareja se reencontraría al poco tiempo en películas ya situadas en ambientes contemporáneos como ¡Más fuerte, muchachos! (que volvería a reunirlos con Colizzi), Dos misioneros, o la emblemática …Y si no nos enfadamos, con Donald Pleasence ejerciendo de villano de la función y la americana Patty Shepard (La noche de Walpurgis), interpretando el interés amoroso de Hill.

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Tras un paréntesis de tres años en los que se intentó convertir sin éxito a Massimo Girotti (verdadero nombre de Hill) en una estrella en los Estados Unidos por medio de su protagonismo en El heredero del billón de dólares y Marchar o morir (con Gene Hackman, Catherine Deneuve y Max Von Sydow apoyando al intérprete veneciano), éste volvió a reunirse en Dos superpolicías con Spencer, el cual, y sorprendentemente para algunos, demostró tener una carrera mucho más exitosa y constante en solitario que su compañero de refriegas cinematográficas.

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Con diecinueve películas en común con Spencer, Terence Hill declaraba ayer en Almería, donde casualmente se encontraba buscando localizaciones para un futuro proyecto, que “había perdido a su mejor amigo”. Por el camino se quedan guiones escritos por el propio Bud que jamás llegaron a materializarse, como un Don Quijote en el que Spencer hubiera encarnado a Sancho Panza, así como una nueva versión del Doctor Jekyll y Mr. Hyde en la que Hill interpretaría al primero y en la que, en vez de convertirse en un monstruo, se convertiría en el bueno de Bud al probar en sí mismo alguno de sus experimentos.

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Ya desvinculado de su asociación con Hill, la última parte de la filmografía  de Spencer se centraría sobre todo en el medio catódico con las tv movies en las que encarnaba al detective Jack “Extralarge” Costello o con la serie Noi siamo angeli, dirigida por Ruggero Deodato, el responsable de Holocausto caníbal. Además, el cada vez más orondo y entrañable actor participó en los últimos años en dos películas españolas como son Al límite (1997) e Hijos del viento (2000), no por casualidad, ya que estaban en parte producidas por su hijo Giuseppe, así como contó con un papel de importancia en Cantando dietro i paraventi, dirigida por el prestigioso Ermanno Olmi.

Mord ist mein Geschäft, Liebling Con Franco Nero

Curiosamente, una de sus últimas apariciones en la gran pantalla fue en la comedia alemana, también del 2000, Mord ist Geschäft, Liebling (Matar es mi negocio, cariño), en la que coincidió con Franco Nero, protagonista de esa secuela de Keoma que Enzo Castellari lleva años intentando poner en pie y en la que se intentaría reunir a viejas glorias del género como Fabio Testi, Tomas Milian o Gianni Garko, y en la que por supuesto también se contaba con un Bud Spencer que, por desgracia, ya no podrá formar parte del proyecto si éste llega alguna vez a hacerse realidad.

Como el propio Spencer declaraba cuando recordaba su rechazo a una oferta del mismísimo Fellini cuando éste le propuso actuar en su Satiricón: “Conozco mis límites, sé perfectamente lo que puedo hacer y lo que no y por lo tanto actúo en consecuencia. Yo no soy un actor, sólo soy alguien al que el público ha cogido cariño.”

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Como se ha podido comprobar estos últimos días a través del afecto demostrado por sus fans, Bud no se equivocaba. Con la pérdida de Pedersoli no sólo desaparece un actor más o menos entrañable, o incluso una manera de entender el cine popular que ya no volverá jamás: con él se nos va también una parte esencial del paisaje cinéfilo-sentimental de la infancia y adolescencia de millones de personas, tanto en este país como en el resto del mundo.

Descanse en paz.

José Manuel Romero Moreno

Published in: on junio 30, 2016 at 7:10 am  Dejar un comentario  
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