Experimenter: La historia de Stanley Milgram

Experimenter_poster

Título original: Experimenter

Año: 2015 (Estados Unidos)

Director: Michael Almereyda

Productores: Danny A. Abeckaser, Fabio Golombek

Guionista: Michael Almereyda

Fotografía: Ryan Samul

Música: Bryan Senti

Intérpretes: Peter Sarsgaard (Stanley Milgram), Winona Ryder (Sasha Menkin Milgram), Anton Yelchin (Rensaleer), Kellan Lutz (William Shatner), Taryn Manning (Mrs. Lowe), John Leguizamo (Taylor)…

Sinopsis: En 1961, el psicólogo Stanley Milgram llevó a cabo en la Universidad de Yale una serie de experimentos sobre la obediencia. La investigación, planteada a raíz del juicio a Adolf Eichmann, pretendía dilucidar la relación de las personas con la autoridad. Pronto el doctor empieza a comprobar ciertos aspectos del comportamiento humano que no habían sido descubiertos, lo que va a provocar una de las polémicas más impactantes del siglo XX.

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Más que una biografía de Stanley Milgram, Experimenter: La historia de Stanley Milgram es una especie de falso “falso documental”, una exploración de la vida de un científico real que estudió las relaciones sociales y que fue conocido principalmente por el experimento “maestro – alumno”, iniciado en 1961. La base principal de su obra se nos muestra sin ninguna épica, y sin ninguna relevancia especial a priori, salvo que las importantísimas consecuencias de su estudio van tomando relevancia a medida que pasan los años. Vamos, más o menos la estrategia opuesta a la adaptación de la vida de Alan Turing en The Imitation Game (2014). El famoso experimento en cuestión era sencillo: dos sujetos se colocan en habitaciones separadas y uno se le da la consigna de cómo debe ser la administración por escala de descargas eléctricas según las respuestas incorrectas. El truco es que el “alumno” es un señuelo que en realidad no está recibiendo las descargas ya que el fin es comprobar hasta que punto la gente está dispuesta a hacer daño otro ser humano, simplemente porque alguien con autoridad les dice que lo hagan. Las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial todavía estaban frescas en la mente de todo el mundo – el final del experimento coincide con la ejecución de Adolf Eichmann –  y junto a este, hubo un movimiento de experimentos sobre el comportamiento humano que trataban de entender la naturaleza social de ciertos actos psicopáticos. Los resultados mostraban que la mayoría de la gente permite someterse a la autoridad, y bajo su influencia son capaces de infligir daño a otras personas, pero Milgram se hizo más famoso por engañar a los sujetos del experimento más que por las verdades sobre el ser humano que reveló, incluso a pesar del resto de experimentos que hizo, algunos si cabe más interesantes y valiosos que el “Maestro-alumno”.

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En un biopic al uso, la mayoría de los guionistas intentarían encontrar alguna manera para que el experimento se convierta, de alguna manera, en una metáfora de la vida de Milgram, y en cierto modo Almereyda está tratando de dar la vuelta a esa tendencia. La mayoría de tiempo se centra en sus trabajos, detallando algunas de sus pruebas más allá de su proyecto más conocido, y hace bastante hincapié en dejar claro que el personaje debería de ser recordado por la calidad y los resultados de su trabajo y no por las tibias polémicas que inspiró entre las personas que, en realidad, ni habían estudiado sus conclusiones. De este modo, las secuencias más intrigantes se encuentran en la segunda etapa de la película, en la que Almereyda muestra algunos de esos otros trabajos como la carta perdida y los seis grados de separación. Ese enfoque, que consigue un tono aséptico y bastante plano, resulta un esfuerzo paradójico al despojar de herramientas de evaluación de la vida personal del personaje, y el resultado a veces carece de la nitidez necesaria para huir de esas ideas preconcebidas en los biopic.

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Una de los detalles más sorprendentes es la facilidad con la que Almereyda hace que parezca natural el gran número de herramientas que pone a su disposición y la forma inteligente en la que las utiliza. Detalles que van desde lo Dogma, como las escenas rodadas con fondos planos, en blanco y negro o los exagerados cromas retro en el coche a otros que directamente utiliza a un elefante en la habitación (una metáfora literal a cuando hay que hablar de algo peliagudo). La primera vez que Milgram rompe la cuarta pared, por el contrario, es casi sin llamar la atención, para aclarar un punto menor, pero el uso del recurso va creciendo hasta llegar al punto en el que Milgram no sólo parece bastante consciente de que es un personaje de ficción, sino que incluso después de muerto, es como si todavía estuviera tratando de recuperar el control de la narración desde el más allá. Puede que descrito suene demasiado referencial, o un tanto experimental, pero nunca se superpone a la idea principal que trata de transmitir la obra y sencillamente funciona como un elemento de ruptura divertido y no demasiado invasivo.

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Un algo desmejorado, o sencillamente muy delgado, Peter Sarsgaard conduce su actuación por el lado más silencioso, una contención que da la correcta impresión de que la persona que habla es una persona sumamente inteligente. Su visión congestionada de un Milgram seco es la percha en la que se sujeta sin peligro la película. Su frialdad inicial va dando un paso hacia una ironía que fluye del conocimiento preciso que el personaje posee de ciertos aspectos de la conducta humana, mientras que su figura, mitificada por su trabajo y la fama que le rodea, encuentra algunos puntos de bisagra con los que dar algunas pistas de que es más emocional que lo que deja ver. Un constante tira y afloja que consigue que el espectador simpatice con su orgullo herido mientras resulta ligeramente irritante por tener demasiado.

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Experimenter es un recital de Sarsgaard y Milgram, pero hay un reparto lleno de sorpresas en papeles menores y otros que están a su lado en todo momento. Winona Ryder es la que más tiempo aparece como su novia, y después esposa, Sasha. Un papel extraño, un contrapunto que refleja la curiosidad del espectador, la dedicación, y a veces la exasperación se escapa a lo que se pudiera esperar. Hay un montón de caras conocidas entre los secundarios, Jim Gaffigan como uno de los primeros colaboradores, John Leguizamo, el difunto Antón Yelchin o Lori Singer como sujetos experimentales, Dennis Haysbert y Kellan Lutz como los actores protagonistas en una película para la televisión  inspirada en el trabajo de Milgram. El metajuego con esa película demuestra que Almereyda se divierte guiñando hacia el público y mantiene una apariencia consistente cuando pasa desde la década de 1960 a la horterada de la década de 1970. A pesar de que su prosa estéril la aleje un poco la implicación con lo que se cuenta, no se puede negar que es un trabajo discreto, pero siempre elegante.

Jorge Loser

Published in: on agosto 26, 2016 at 6:11 am  Dejar un comentario  
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