Entrevista a Ruggero Deodato

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El pasado sábado 25 de junio “Phenomena-The Ultimate Cinematic Experience” llevó a cabo una sesión de lo más especial. Ese día a partir de las siete y cuarto de la tarde, y en colaboración con “El buque maldito”, la sala que regenta en la Ciudad Condal el proyecto capitaneado por Nacho Cerdá proyectaba la controvertida Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust, 1980), con la presencia de su director, un jovial Ruggero Deodato que, además de presentar la película, finalizado el pase mantendría un interesante debate con el público asistente.

En las horas previas a que esto ocurriera, mantuvimos con el septuagenario cineasta la siguiente entrevista, en que repasamos su trayectoria, desde sus primeros pasos en la industria cinematográfica como ayudante de dirección de Roberto Rossellini y otros pesos pesados del cine italiano de la época, hasta llegar a Ballad in Blood (2016), el que ha supuesto su regreso a la gran pantalla en formato largo veintitrés años después de la que fuera su anterior película para cines, prestando especial atención a alguno de los títulos más emblemáticos de su filmografía.

¿Cómo nace su vocación cinematográfica?

Yo vivía en un barrio de Roma donde estaban todos los actores y directores de cine. Pero aunque por ello tenía cierto contacto con la gente del mundillo, ya que sabía bailar y tocar el piano, nunca había pensado dedicarme a la dirección. Todo surgió porque habitaba en el mismo edificio en el que vivía Roberto Rossellini; era su vecino de arriba. Gracias a ello tenía amistad con su hijo Renzo. Así que un día Rossellini me propuso trabajar como ayudante suyo, acepté y ahí empezó todo: como quinto asistente de dirección. Por cierto que cuando le dije a mi padre que iba a hacer cine, creyó en mí y contestó que podía hacerlo.

Además de con Rossellini, durante su etapa de ayudante de dirección trabajó junto a otros grandes directores italianos como Riccardo Freda o Sergio Corbucci. ¿Qué aprendió con cada uno de ellos?

Siempre digo que mis maestros fueron Roberto Rossellini, Sergio Corbucci y Mauro Bolognini. Cada uno me ha dado cosas. Rossellini me dio la realidad, ya que el realismo de mis películas es rosselliniano. Corbucci me ha dado la crueldad. Y Bolognini la elegancia. Gracias a él he podido hacer muchos comerciales en los que necesitaba jugar con la elegancia de la luz en la fotografía.

En cuanto a Freda, era un director muy enérgico. Para mi era un gran director. Tenía una experiencia increíble, hasta el punto de que llegué a rodar con él dos películas distintas de forma simultánea: Los amantes de Verona / Romeo e Giulietta (1964) y Genoveva de Brabante / Genoveffa di Brabante (1964)[1]. Era un hombre con una cultura increíble, y quizás fuera el más inteligente de todos los directores con los que trabajé. El problema era que tenía un carácter muy fuerte, lo que hacía muy difícil trabajar con él. Todo lo contrario de Rossellini, que además de ser muy creativo, tenía un enorme carisma que le hacía ser encantador con todo el mundo.

Otro de estos nombres propios del cine popular italiano con los que trabajó durante su etapa de ayudante de dirección fue Antonio Margheriti, quien estaría involucrado en la que sería su ópera prima, Ursus il terrore dei kirghisi [tv/dvd: Ursus, el terror de los kirgueses, 1964]. ¿Qué ocurrió para que, aunque dirigida por usted, fuera firmada finalmente por Margheriti?

Empecé a rodar Ursus il terrore dei kirghisi como ayudante de Margheriti, pero transcurridas dos semanas me dijo que había firmado un contrato para rodar otra película, por lo que tenía que marcharse. Para que los productores no le llevaran a los tribunales, me pidió que asumiera la dirección durante las cinco semanas que restaban para terminar la película.

Como dices, originalmente la autoría del film se acreditó únicamente a Antonio, hasta que hace cosa de dos años recibí un DVD de la película en cuya carátula aparecían como directores los nombres de Antonio Margheriti y Ruggero Deodato. De repente comencé a recibir de la sociedad de autores bastante dinero procedente de los derechos de Ursus il terrore dei kirghisi. Cuando fui al Ministerio a ver lo que pasaba, descubrí que alguien me había puesto en el registro como director y no como ayudante de dirección, que era de lo que figuraba en un principio. Pienso que es cosa del hijo de Antonio, Edoardo. Gracias a ello estoy recibiendo bastante dinero por esta película que, aunque no es buena, sí que la emiten mucho por televisión.

Ruggero con Diego López durante el coloquio posterior al pase de "Holocausto caníbal" en Phenomena.

Ruggero con Diego López durante el coloquio posterior al pase de “Holocausto caníbal” en Phenomena.

Ya desde estos comienzos sus trabajos se desarrollan dentro de los márgenes del cine de género en el que se circunscribirá prácticamente el resto de su carrera. ¿Fue una decisión personal, o le empujó de algún modo la industria?

Dejando a un lado los casos de Ursus il terrore dei kirghisi y de Gungala la pantera nuda (1968), en la que despidieron al director inicialmente contratado y me llamaron para sustituirle, que fueron accidentes, y aparte de Fenomenal e il tesoro di Tutankamen (1968), cuando me propusieron hacer Donne… botte e bersaglieri (1968) le pregunté a Bolognini si creía que yo era capaz de hacer un film como ese, que era un musical. “Claro que sí”, me respondió. “Yo empecé también rodando un film comercial y ahora hago películas que participan en festivales”. Pero después de hacer otra nueva comedia musical vi que aquello no era mi género, ni tampoco lo que quería hacer. En las películas cómicas realmente el que manda es el cómico que la protagoniza, que es quien cobra más dinero, y el papel del director se limita a decirle que sí a todo. Y a mí eso no me gustaba, por lo que me propuse variar.

El cambio fue vital para mí, ya que, además de mandar sobre mis películas, me permitió cambiar constantemente de registro con respecto a lo que había hecho hasta entonces. Por ejemplo, si en una revista de National Geographic encontraba una historia sobre caníbales que me gustaba, como me pasó en Mundo caníbal, mundo salvaje (Ultimo mondo cannibale, 1977), escribía un tratamiento de una página, se lo presentaba al productor, y al día siguiente estaba de camino a Malasia para el rodaje. Y después de vivir todos los problemas de tribunales que sufrí con Holocausto caníbal, rodé algo tan diferente como Los invasores del abismo (I predatori di Atlantide, 1983), que es un film de ciencia ficción, cuando antes de Holocausto caníbal venía de hacer una película romántica como El adiós de un campeón (L’ultimo sapore dell’aria, 1978). El caso era cambiar de género. Es ahora, después de tanto tiempo, cuando tengo ganas de volver a hacer una película fuerte como Holocausto caníbal. Pero ya digo que me gusta cambiar de estilo para evitar encasillarme y no dedicarme a hacer siempre lo mismo.

En este sentido, ¿le molesta que su nombre suela ser asociado por parte de la crítica y el público al cine de terror?

Sí, aunque en Italia soy más conocido por ser director de anuncios publicitarios o de varias series televisivas que en su momento tuvieron mucho éxito que por ser el responsable de Holocausto caníbal. Y lo mismo ocurre con los fans que me encuentro en los festivales especializados a los que soy invitado, que no solo son admiradores de Holocausto caníbal, sino que conocen el resto de mis películas. En cualquier caso no puedo negar que es algo que ocurre. Te contaré una anécdota. Rodando un anuncio publicitario en Bolonia todos los extras vinieron el último día con el póster de Holocausto caníbal para que se lo firmara. O hace pocos años, cuando rodé un documental para la Guardia di Finanza[2] titulado Il vero e il falso. El general de Finanzas me llamó porque era el padre de una compañera de mi hija, e ignoraba que yo era el director de Holocausto caníbal. No se enteró hasta un día en que se reunió con otros coroneles y generales y le recriminaron cómo se le había ocurrido contratar a Ruggero Deodato, que era famoso por ser el director de Holocausto caníbal.

En vista de lo que comenta, ¿piensa que le ha beneficiado o que le ha perjudicado el impacto cosechado por Holocausto caníbal en el posterior devenir de su carrera?

En Italia estuve muerto profesionalmente porque me prohibieron el film y me pasé cuatro meses detenido con la condicional. Después de cinco meses, la película fue liberada penalmente, pero no consiguió un éxito inmediato. Para nada. Veinte años más tarde, al estrenarse El proyecto de la bruja de Blair (The Blair Witch Project, 1999) fue cuando todo el mundo dijo que esa película la había hecho antes Ruggero Deodato con Holocausto caníbal. Y fue a partir de ese momento que la gente volvió a hablar de mí y la película nació de nuevo. Ocurrieron cosas tan curiosas como que un periódico muy de izquierdas de mi país llamado Il manifesto, que en su momento me llamó de todo, diciendo que la película era muy mala, veinte años más tarde publicara dos páginas a todo color proclamando que Deodato había sido el primer cineasta en hablar de verdad sobre el control de los medios con Holocausto caníbal.

¿Y qué es lo que tiene Holocausto caníbal para que, transcurridos tantos años, siga funcionando entre el público?

Porque está viva. Lo normal es que, cuando un director vea una película suya, piense siempre que ahora está vieja. Sin embargo, cada vez que veo Holocausto caníbal me da la sensación de que es nueva, no tiene edad; es como si acabara de realizarla.

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Un director con el que ha tenido una especial conexión ha sido Wes Craven, con el que ha compartido proyectos, además de haber contado en sus películas con dos actores tan asociados a la filmografía del norteamericano como David Hess y Michael Berryman…

Cierto. Wes Craven iba a dirigir Infierno en diretta [dvd: Cut and Run, 1985], pero en aquella época yo era más famoso que él, por lo que el productor acabó dándome a mí la película, que hice cambiando un poquito la historia. Antes ya había hecho Trampa para un violador (La casa sperduta nel parco, 1980), en la que trabajé con un actor que lo había hecho anteriormente con él, y que era David Hess. El proyecto surgió cuando estaba rodando la parte de Holocausto caníbal que transcurre en Nueva York. El día antes de regresar a Italia me llamó el guionista de la película, Gianfranco Clerici, para presentarme a un actor muy bueno que había hecho La última casa a la izquierda (The Last House on the Left, 1972) y que quería que protagonizara una historia que había escrito para mí. En ese momento Hess era más conocido que yo, lo que hizo que al principio tuviera muchos encontronazos con él. Pero después lo arreglamos todo, hasta el punto de que hemos acabado haciendo cinco películas más juntos. Es un actor magnífico.

¿Y qué me dice de Michael Berryman?

El caso de Berryman es curioso. Cuando hice el casting en Los Ángeles para Infierno en directa yo quería a este actor que había visto en Alguien voló sobre el nido del cuco (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, 1975)[3]. Sin embargo, por más que preguntaba nadie parecía conocerlo. Pero un día un mensajero trajo hasta mi oficina un book de una agencia de actores. Pues bien, cuando levanté la vista para coger el paquete y darle las gracias me encuentro con que era Michael Berryman, que ayudaba en la agencia. No podía creérmelo. Y así empezó mi relación con él, junto al que también he rodado cinco películas.

Una de estas películas sería el film de fantasía heroica Los bárbaros (The Barbarians / I barbari, 1987), el cual estuvo producido por la Cannon. ¿Cómo le surgió la oportunidad de trabajar con la últimamente tan revindicada productora norteamericana?

La Cannon me llamó para hacer un Conan, pero con un tono más fuerte, un poco en la línea de Holocausto caníbal. Acepté y un mes antes de empezar el rodaje me enviaron a los dos gemelos que iban a ser los protagonistas para que les conociera y comenzara a trabajar con ellos. En ese tiempo que estuve preparando la película con ellos fue todo muy cómico y muy ridículo, porque se pasaban el tiempo discutiendo continuamente el uno con el otro. En vista de ello pensé que cómo iba a hacer una película fuerte con aquella pareja. Así que lo que hice fue un film cómico de fantasía. Cuando la película estaba ya terminada me llamó el productor [ejecutivo], que era John Thompson, para decir que iba a venir junto a Menahen Golan y Yoram Globus para ver cómo habían quedado Simbad, el rey de los mares (Sinbad of the Seven Seas, 1989) y Los bárbaros. Primero vieron el film de Castellari[4], y mientras ya conmigo nos dirigíamos hacia otra sala para ver mi película, Thompson me dijo: “Ahora te van a matar. Simbad no les ha gustado nada y encima tú has hecho un film cómico. ¿Qué vamos a hacer?” Pues bien, nada más terminar la proyección Golan y Globus rompieron a aplaudir y a gritar bravo. Quedaron tan contentos que incluso me ofrecieron ir a Hollywood a trabajar con ellos.

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Tras Los bárbaros su siguiente film es Bestia asesina (Un delitto poco comune, 1988), para el que contó con un atractivo reparto internacional encabezado por Michael York, Donald Pleasence y Edwige Fenech y que, personalmente, considero un cruce de caminos entre la entonces reciente versión de La mosca (The Fly, 1986) de David Cronenberg con el clásico literario “El fantasma de la ópera”. ¿Eran esos los referentes que manejaba a la hora de afrontar el proyecto?

No. Mi película es de corte realista, ya que trata una enfermedad real como es la progeria. Nunca pensé en hacer de Cronenberg porque, entre otras cosas, yo no soy amante de los films que hacen ese tipo de horror. Me gustan más El orfanato (2007) o Los otros / The Others (2001), películas que juegan con los temores del público en un entorno realista. Lo que no me gustan son los films de monstruos como es La mosca.

Poco tiempo después de Bestia asesina, coincidiendo con la llegada de los noventa deja de dirigir para cine. ¿A qué se debió?

El cine italiano de género estaba muerto. Como yo quería seguir trabajando, escribí una película con niño llamada Mamma ci penso io (1992), que rodé en Venezuela. Y después preferí hacer series de televisión, porque en esa época este formato te daba la oportunidad de viajar por el mundo. Así pude trabajar en Costa Rica junto a Bud Spencer con la serie Non siamo angeli (1997), o viajar por África durante año y medio para hacer Thinking About Africa (1998). Para mí era una oportunidad fantástica y como me gusta trabajar en cualquier cosa…

Su regreso a la gran pantalla no se produciría hasta el pasado 2013 con The Profane Exhibit, un film de sketches a cargo de diferentes directores, con el que compartiría créditos con gente tan distinta como Uwe Boll, José Mojica Marins, Nacho Vigalondo o su compatriota Sergio Stivaletti, pero que apenas ha tenido distribución…

El proyecto estaba orquestado por norteamericanos. Me mandaron una historia con la condición de que debía narrarla en tres minutos. Pero el contenido de la historia no me gustaba nada, así que les dije que yo escribiría otra a mi gusto y, si me la aceptaban, sería esa la que rodaría. La ambienté en la ciudad donde tengo mi casa, en la región de Liguria, donde hay un castillo de los Borgia y un puente sobre un acueducto romano altísimo, unos noventa metros, en el que mucha gente se suicida, entre ella la hija de Rockefeller. En mi historia dos niños van al puente a ver si ven a alguien tirarse por el puente. En el momento que van hay una loca que está pensando en tirarse. Y allí se quedan esperando a ver si esa mujer se tira o no. Así hasta que llega la medianoche y se produce un desenlace que es toda una sorpresa.

Como la historia les gustó a los productores estadounidenses, me mandaron el dinero necesario e hice la película que yo quise. Pero, ¿sabes lo que pasó? Me llamaron para presentar la película en varios festivales como Austin y Bruselas, y resulta que lo único que se proyectaba era mi corto de tres minutos; el resto lo habían “botado”. En Austin, por cierto, viví una experiencia muy bonita. La proyección era en un lugar inmenso que estaba abarrotado de gente y Phil Anselmo, el cantante de Pantera, que me ama, me presentó como si yo fuera una estrella de rock.

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En estos momentos, acaba de estrenar en el Festival de Lucca la que es su nueva película para cine en más de veinte años, Ballad in Blood. ¿Qué nos vamos a encontrar en ella?

Es una película realista que se basa en un hecho auténtico ocurrido en Italia hace aproximadamente cinco años a unos estudiantes que estaban de Erasmus; tres jóvenes que se habían estado drogando durante la noche de Halloween se encontraron al despertar a la mañana siguiente una mujer muerta en su casa sin que nunca se aclarara quién la había asesinado. A partir de esta historia me planteé hacer una película en la que los tres jóvenes trataran de recordar lo sucedido durante esa noche con el fin de descubrir quién mató a la mujer. Para ello buscan en el ordenador de la fallecida imágenes que le sirvan de pistan, registran su móvil… No obstante, el final de la historia es distinto a la original porque, aunque creo saber quién fue la asesina, he construido el desenlace de la película como a mí me ha parecido mejor.

Y mirando al futuro, ¿qué planes tiene? ¿Rodará esa rumoreada segunda parte de Holocausto caníbal?

No… Creo que no. Lo que sí puede ser es que ruede otra película que me han propuesto. Pero ocurre que no me gusta la historia que me han presentado, aunque sí me gusta la idea. Así que si me cambian la historia la haré, si no, no.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: ENORM

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[1] Nota del autor: En fuentes españolas la dirección de esta película es acreditada en solitario a José Luis Monter, mientras que en las italianas comparte la autoría con Freda.

[2] N.d.a.: “La Guardia di Finanza es una fuerza especial de policía que forma parte de las Fuerzas Armadas de Italia. (…) Desarrolla tareas de policía judicial y seguridad pública en el ámbito económico y financiero.” Extraído de Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Guardia_di_Finanza).

[3] N. d. a.: En la película de Milos Forman, Berryman hacía su primera aparición en pantalla de forma no acreditada encarnando a uno de los internados en el pabellón psiquiátrico.

[4] N. d. a.: Originalmente Simbad, el rey de los mares fue proyectada en formato de miniserie, siendo después reconvertida en largometraje con escenas nuevas rodadas por Luigi Cozzi para darle algo de uniformidad a la trama. Podemos fantasear con la posibilidad de que lo que vieron en aquella oportunidad los productores israelíes fue la miniserie original y que su disconformidad con sus resultados fuera lo que les llevara a guardarla en un cajón hasta que en 1989 decidiera recuperar la inversión realizada rehaciéndola para poder estrenarla en cines.

Published in: on septiembre 9, 2016 at 6:08 am  Comments (5)  
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  1. […] (‘Cannibal Holocaust’) y que muchos la habéis visto. Pues bien, en La abadia de Berzano encontraréis una muy interesante entrevista a Ruggero Deodato, su […]

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  3. […] bal’ (‘Cannibal Holocaust’) y que muchos la habé is visto. Pues bien, en La abadia de Berzano encontraré is una muy interesante entrevista a Ruggero Deodato , su […]

  4. Muy buena entrevista…

    Muchas gracias.

    • Muchas gracias a ti por el interés, Joanna.😉


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