Entre dioses y monstruos. Historias de cine y vida

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Título: Entre dioses y monstruos. Historias de cine y vida

Autor: Joan Lluís Goas

Editorial: Editorial Alrevés

Datos técnicos: 224 páginas (Barcelona, Septiembre, 2016)

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Una década al timón del mejor festival de cine del mundo y más de tres años presentando un mítico programa de televisión dan para mucho. Y es básicamente de las experiencias adquiridas en el primero de esos foros de lo que nos habla Joan Lluís Goas en Entre dioses y monstruos. Historias de cine y vida. Aunque su labor en el Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges es lo que da verdadero peso a su trayectoria, quizás el rostro de Joan Lluís sea más conocido por el común de los mortales gracias a “Noche de lobos” (si de comunes se nos puede calificar a los aficionados al cine de terror, que ya es mucho calificar), ese espacio de Antena 3 TV donde se emitía cada semana una película del género recurrentemente presentada con aquel famoso «buena luna, criaturas de la noche» que se hizo tan popular.

Que este sea el primer libro de Joan Lluís sorprende mucho, pues alguien con ese currículum y que en una de las solapas de la sobrecubierta (sí, tapa dura con sobrecubierta, …aun hay clases) se atribuye la condición de «periodista, articulista y gestor cultural» no es habitual que hasta ahora no vea cumplimentado semejante hito. Pero nunca es tarde, y menos si de lo que se trata es de hacernos a todos partícipes de anécdotas y sentimientos alumbrados durante tantos años de estrecha relación con la historia pasada y contemporánea del cine fantástico mundial.

Treinta y tres son los capítulos dedicados a ciertos personajes, individualmente o como grupo, sobre los que Goas vuelca sus comentarios (directores y actores en su gran mayoría), algunos tan emocionados como emocionantes, ya sean nacidos del cariño surgido durante un encuentro, que pudo ser fugaz o continuado a lo largo de los años, ya desde la admiración previa profesada por una figura más tarde conocida en carne y hueso. En todos los casos se trata de personalidades fundamentales para la historia del tipo de cine que al autor tanto le interesa y al que tantas horas le ha dedicado. Pero también se otorga un espacio a la desilusión, a la caída de mitos y al ataque frontal contra otros individuos, los menos (alguno vinculado al cadáver todavía caliente de una pretendida industria del cine de género en nuestro país), que según la experiencia vivida por Joan Lluís parecen merecer, a sus ojos, esa clase de referencias y no otras. Lo asombroso es cómo el barcelonés logra, sutilmente, incrustar dichas críticas dentro de un tono elegante, meloso y de prosa seductora, capaz, a poco que uno se despiste en la lectura, de quedar mimetizadas entre tan particularmente tierno follaje. Un ejemplo: cuando habla de su encuentro con cierto individuo, intocable para algún sector del fandom, se nos regala una perla como la que sigue: «puedo afirmar que tal vez haya dejado de ser el director de moda del nuevo cine fantástico italiano, pero tengo que reconocer que por lo menos ya no huele mal». No voy a desvelar de quien se está hablando, ya lo descubriréis al leer el libro. Es de agradecer, dados los tiempos que corren que, cosa rara, la corrección política no parece incluirse entre las directrices vitales de quien ya a su edad  tiene muy poco de lo que esconderse, cuyas heridas del alma, aunque cerradas, mantienen como recordatorio una visible cicatriz. Una edad que solo suponemos, pues en el texto de presentación que se hace del autor en la solapa se evita incluir el año de su nacimiento, lo que estimo un simpático y muy premeditado gesto de coquetería.

De ninguna manera el título del libro podía hacer más justicia a aquello que podemos encontrar en su interior. En sus páginas descubrimos como esos dioses del celuloide pueden ser a la vez tan humanos como monstruosos, tan adorables como despreciables, tan encantadores como insoportables, tan terrenales como divinos. Aun así, la mayoría de los retratados han conseguido, de una u otra manera, convertirse en alimento de nuestros sueños y sedante para nuestras pesadillas. Esa es la  magia del cine; y, a la postre, eso es lo más importante.

En las palabras de Goas se percibe la nostalgia y un sentimiento sincero asentado en el recuerdo de unos tiempos que ya no volverán, pero que quedarán retenidos en su memoria formando parte indisoluble de su existencia. Todos esos recuerdos, aunque personales, intransferibles y únicos, son con los que, en cierto modo, Goas incita al lector a reproducirlos en su propia vida, a darse la oportunidad de regalarse momentos similares, capaces de llenar el espíritu de ilusión, emoción y felicidad, que bien servirán para aportar combustible a futuros períodos de mayor sosiego. Una memoria compartida desde la seguridad de quien, implícitamente, reconoce haber tenido un paso por la vida donde ha vivido mucho –valga la expresión–, ansiando merecer durante la mucha que le quede –el tono nostálgico obliga– cuanto menos una porción igual de singular y provechosa que la que ya ha hecho historia.

Juan Andrés Pedrero Santos

 

Published in: on octubre 11, 2016 at 9:48 am  Dejar un comentario  
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